| Himba - Otras exposiciones de Jorge | |
Los himba viven el norte de Namibia y forman uno de los pueblos que mejor han conservado sus tradiciones y su forma de vivir en África. Habitan la región de Kaokoland, un espacio árido, de vegetación rala donde no es fácil la supervivencia. Árboles espinosos salpican el paisaje y algunos matojos y hierbas sirven de alimento a los rebaños. Los himba son semi nómadas que viven precariamente del pastoreo. Las aldeas son pequeñas y abiertas al paisaje, a diferencia de las de los masai de Kenia, por ejemplo, también ganaderos y que deben protegerse con empalizadas. Sus casas son chozas. Están hechas de palos delgados recubiertos de una piel de estiércol y barro, del mismo color del suelo en el que se asientan. Son tremendamente simples, propias de un lugar de clima desértico y de recursos muy escasos. A veces, en lugar de barro, las cubre una piel o un pedazo de tela, que deja pasar el aire a través de las costillas de leño que quedan al descubierto. Cabras y vacas constituyen el patrimonio de los himba. Las vacas tienen cierto significado religioso, lo mismo que el fuego. Pero la característica principal es el color de la piel y el elaborado peinado de las mujeres. Su belleza también es proverbial. En un país sin lluvias, no es de extrañar que el agua no figure entre los elementos de la higiene de las personas. En lugar de ella, las mujeres utilizan una mezcla de manteca procedente de las vacas, tierra molida y hierbas que se aplica sobre la piel y en el pelo. Ella es la que les da el tinte rojizo que las caracteriza y la que contribuye a modelar los complejos trenzados que adornan sus cabezas y que marcan también, de acuerdo con su forma y su exuberancia, la posición social. Una especie de falda, a modo de taparrabos de piel, es muchas veces el único vestido de hombres y mujeres. Pero en el caso de las mujeres, los adornos –collares y brazaletes- son en extremo llamativos y adquieren formas y tamaños sorprendentes. Las caracolas, grandes, que destacan en muchos de los collares, proceden, lógicamente, de tierras lejanas y se valoran como las joyas más preciadas. |
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