Baden Baden
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Baden Baden tiene el toque de lo antiguo, de esa opulencia burguesa tan alemana que a quienes vienen de mundos latinos les parece pura aristocracia. Porque es verdad que en lo que ahora es Alemania, en el pasado se hermanaron nobles y burgueses alrededor de la industria y del dinero y de esa unión se derivaron resultados espléndidos en la arquitectura, en el arte y en general en el mundo de la cultura. El caso es que en Baden Baden el viajero nota nada más llegar que está en una ciudad singular, en una ciudad culta.
Para el visitante, Baden Baden sigue marcada por la imagen distinguida de su balneario. Amplios espacios verdes con árboles centenarios, jardines, fuentes y estanques dan lugar a una afortunada combinación entre ciudad y parque y hacen que aún hoy Baden Baden respire tranquilidad y mantenga buena parte del aire señorial que la caracterizó en el pasado.
[editar] Visitar la ciudad
Casi todo lo que se suele visitar en Baden Baden está al alcance de un cómodo paseo a pie. Quien esté de paso en ella, en un día podrá ver las principales atracciones. Aunque quien quiera disfrutar de su ambiente y dejar pasar las horas frente al Casino o en sus Baños deberá dedicarle un poco más de tiempo.
Lo que sí está claro es que los que lleguen en coche lo mejor que pueden hacer es aparcarlo y olvidarse de él mientras estén en la ciudad. A pie será fácil orientarse y difícil perderse, porque caminando se van a encontrar, casi sin proponérselo, los lugares de mayor interés.
(Ver plano de situación)
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[editar] Recorrer las calles
La ciudad clásica se divide en dos, una pegada a la otra. Por un lado está la antigua ciudad medieval que se reconoce por el trazado irregular de las calles, aunque los edificios sean más modernos.
Langestrasse es la vía principal de esta ciudad más vieja. Peatonal y muy animada, está llena de tiendas de todas clases, algún café, alguna pastelería y sobre todo de gente que pasea y se entretiene en los escaparates.
Un pequeño desvío por Hirschstrasse, hacia la montaña, lleva a las célebres Termas de Caracalla. El edificio, por el exterior es soberbio y refleja el boato que rodeó a Baden Baden como ciudad balneario. El interior, todavía en uso, es mucho más discreto en el espacio de entrada. Los aficionados a las delicias corporales aseguran que merece la pena apuntarse a alguno de los programas de aguas que se ofrecen para gozar tanto de las antiguas instalaciones como del abanico de masajes, chorros y baños que dispensan.
Más adelante, en Römerplatz, la ciudad se ensancha y aparece una plaza mucho más aireada. En ella, a poca distancia del edificio antiguo está el nuevo edificio de las Termas de Caracalla, mucho más funcional y democrático también. Con él lo del balneario pasa de señorial a popular y anuncia una época de mucho menos postín.
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Sophienstrasse, sale frente al nuevo edificio de las termas y deja atrás el recinto de la ciudad medieval. Con bulevar en el centro, muestra ya la opulencia de la época burguesa.
Aquí se encuentra el museo del célebre Fabergé, el joyero que hizo fortuna con los huevos primorosamente pintados que le recordaban a Rusia, su país de origen. Será por lo del nivel adquisitivo, pero su webestá sólo en alemán y en ruso.
Finalmente, por Sophienstrasse se llega al amplio espacio ajardinado donde se encuentra el elegante edificio clásico de la Kurhaus. En su interior se halla el Casino.
Manuel Vicent decía en el diario El País: "El casino de Baden-Baden pasa por ser el más lujoso del mundo. La fachada tiene un friso de leones alados que mantienen con las garras copas triunfales. Las cúpulas y los artesonados de las salas de juego están coronados por todos los dioses, ninfas y héroes posibles, con toda clase de alegorías y mitologías derramadas por las paredes. El Olimpo entero se vierte boca abajo sobre el tapete de las ruletas...."
Hay que saber que se organizan visitas guiadas al interior del Casino. Y aunque el viajero es posible que no llegue a entrar en las salas de juego, con lo dicho más arriba podrá hacerse una idea de lo que se pierde. En cambio, le será más fácil acercarse a la cafetería, que forma parte de la mitología romántica de centroeuropa y que bien merece tomar un café o dedicarle un momento.
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A la derecha de la Kurhaus aparece la alargada logia de la Trinkhale, construida también en una equilibrada y noble arquitectura de corte clásico. El interior está decorado con grandes frescos que hacen referencia a mitos y a leyendas del lugar. Y aloja, los domingos un animadísimo mercadillo de anticuarios. Merece la pena también detenerse en el café, en medio de un ambiente lleno de recuerdos.
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Sin apartarse del lugar y para no perderse nada de la liturgia de la visita, habrá que pararse un momento frente al busto en mármol blanco del Kaiser Guillermo I que se halla frente a la galería y que con su autoridad imperial -viste túnica de emperador romano- contribuye a elevar la dignidad de la escena. (Ver la imagen que encabeza este artículo).
A la izquierda de la Kurhaus se abre la Lichtentaler Allee, convertida casi en un parque romántico con sus sauces, praderas, surtidores y nobles edificios.
No hay que perderse el Museum Frieder Burda, en un luminoso edificio blanco con grandes aberturas al exterior y con una excelente colección de obras en papel de los más famosos artistas contemporáneos. La exposición se alterna con muestras temporales de primerísimo nivel. Lo dicho: aunque la calle invita a quedarse en ella, la entrada al museo está más que justificada.
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