Brasilia
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Desde 1960, Brasilia es la capital de Brasil. Se ubica en el Distrito Federal, en la región central del país, en el Estado de Goiás (ver localización).
Con poco más de dos millones y medio de habitantes, la ciudad recibe principalmente visitantes relacionados con el Poder Público y Diplomático, aunque la amplia oferta cultural esté cambiando este panorama.
[editar] Proyecto y creación
La pregunta: “¿Quién es Oscar Niemeyer?”
“El arquitecto que diseñó Brasilia”, su más conocida respuesta.
Y verdadera.
Brasilia fue proyectada para ejercer de capital del país. Soñada por un presidente desarrollista, Jucelino Kubitcheck, planificada por Lúcio Costa y diseñada por Niemeyer. Fue construida en medio de la “nada” en apenas cinco años. Esta es, a lo mejor, su consigna más sorprendente.
La primera Constitución brasileña, de 1891, ya estipulaba que fuese demarcado en el Planalto Central, un área de catorce mil metros cuadrados para la construcción de la nueva capital del país. El área fue asignada tras el resultado del estudio de un grupo de expertos –médicos, geólogos, botánicos, liderados por un astrónomo- que definió el territorio con mejores condiciones naturales para acoger la futura ciudad.
Aunque la ‘primera piedra’ de la ciudad fuera depositada en el lugar en 1922, no fue hasta 1955 que se empezó a construirla. Esta demora se compensó finalmente con el empeño de un presidente que deseaba cumplir su meta electoral, estampada en el slogan “50 años en 5” (prometió que Brasil se desarrollaría en cinco años, lo que no había conseguido en cincuenta).
Un proyecto del arquitecto Lúcio Costa estableció el plan director de la ciudad. La idea principal del trazado original era hacer una ciudad en cruz. Simbolizando una simple cruz como quien señala un lugar en un mapa. De ahí, se mejoró el trazado hasta llegar al resultado final, que hace con que ahora, vista desde el cielo, la ciudad tenga la forma de un avión (para algunos, de un águila).
El plan urbanístico de Costa ordena la ciudad en áreas específicas para todas las actividades, así encontramos Brasilia dividida en sectores: el residencial, el financiero, el comercial, el hotelero… Increíble, pero cierto. En el cuerpo principal del avión imaginario, el llamado “Eje Monumental” con dieciséis kilómetros de extensión, donde se encuentran los edificios de la administración central y regional, además de la Catedral y el Teatro.
Cortándolo por el medio surgen, en ángulo, el Asa Norte y el Asa Sur (las alas), estrictamente reservadas a zonas residenciales. Justo en el centro de este cruce, la estación de autobuses y la Torre de la Televisión. Próximos a ellos el Sector Comercial Norte, el Hotelero Norte y el Financiero Norte, todos bien delimitados, que se repiten en igual forma en el sur.
Tanta exactitud y planificación hace que Brasilia despierte sentimientos ambiguos. La todopoderosa capital de palacios modernistas y largas avenidas es tachada por algunos como demasiado ‘fría’, mientras otros se deleitan con su monumentalidad arquitectónica, que la ha convertido en la primera ciudad moderna reconocida mundialmente como Patrimonio de la Humanidad (título otorgado por la UNESCO en 1987).
Si el trazado urbanista es obra de Lúcio Costa, el proyecto arquitectónico de la ciudad, su monumentalidad, es obra de Oscar Niemeyer.
Reconocemos su genial trazo nada más pisar en eje principal.Y hablar de Brasilia significa, inevitablemente, hablar de Niemeyer.
[editar] Un paseo por Brasilia
Empezamos nuestro paseo por Brasilia en el palacio de su principal anfitrión, el Presidente de la República. Para el llamado Palacio de la Alvorada, Niemeyer proyectó un edificio rectangular enmarcado en unas finas y arqueadas columnas de mármol blanco, que dan al bloque un elegante aspecto de levedad.
Muy próxima, la Plaza de los Tres Poderes. Allí se encuentran algunos de los edificios más significativos de la obra de Niemeyer: el Palacio del Planalto (sede de la Presidencia de la República), el Congreso Nacional (Cámara de Diputados y Senado) y el Supremo Tribunal Federal. Al observar el conjunto del Congreso Nacional no podemos dejar de admirarnos ante tamaño simbolismo plasmado en hormigón. En el centro, dos edificios de veintiocho pisos que tienen por función albergar la administración de cada una de las Cámaras. Estos se encuentran unidos entre sí formando una H que representa las palabras: hombre, honor y honestidad.
A ambos lados se encuentran las Cámaras, dos semiesferas que, si se superpusieran formarían un círculo, símbolo del equilibrio universal. La Cámara de Senadores, más pequeña, tiene forma cóncava ya que en ella deben prevalecer la reflexión, el equilibrio y la serenidad. La Cámara de Diputados es de mayor tamaño y de forma convexa, significando que está abierta a todas las ideologías, a escuchar las inquietudes del pueblo. Aunque se muestre un tanto utópica, la inspiración de Niemeyer simboliza un bonito sueño.
Un apunte. Cuentan que el 21 de abril, aniversario de Brasilia, surge aquí un paisaje único ya que en esta fecha el sol nace exactamente dentro de la H del Congreso.
Seguimos. Pasando el Congreso en dirección al centro se encuentran enfrentados dos edificios imponentes: el Palacio do Itamaraty y el Palacio de Justicia. El primero es la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, su forma es cuadrada con una sucesión de columnas de concreto cubierto de vidrio, al que se accede solamente por dos largas pasarelas. El Palacio de Justicia es muy similar en su forma, pero de este se destaca su fachada de arcos que sostienen grandes canaletas por donde caen, cual cascadas, cortinas de agua.
Por intención de Niemeyer, todos los edificios públicos se encuentran rodeados de espejos de agua que cumplen varias funciones: aumentar la humedad del aire, reflejar la luz y la iluminación nocturna, dar mayor seguridad a los edificios sin muros ni rejas, además de transmitir un aire romántico.
Desde aquí, para llegar hasta la Catedral debemos recorrer la Explanada de los Ministerios, un enorme espacio verde recorrido por dos avenidas a lo largo del cual se levantan los diecisiete edificios, todos idénticos, que albergan los Ministerios del Poder Ejecutivo.
La Catedral Metropolitana de Brasilia es totalmente diferente a cualquier otra conocida. Su forma exterior puede recordar la corona de espinas que llevara Jesucristo, o dos manos juntas levantadas al cielo en señal de oración, por ejemplo. En su exterior una doble hilera de esculturas de tres metros enmarcan su entrada.
Para llegar hasta su nave circular, ubicada en el subsuelo, se debe atravesar un túnel de piso y paredes oscuras. Llegando al interior impera una atmósfera sumamente luminosa y colorida, debido a que las paredes están hechas de vidrieras de multicolor diseño. Colgadas de la parte central del techo, tres enormes esculturas de ángeles penden sobre los fieles.
Para seguir hablando de los monumentos religiosos de Brasilia salimos del centro. Cruzamos el inmenso lago artificial Paranoá, por el recientemente inaugurado puente Jucelino Kubitschek. Ya considerado uno de los más bonitos del mundo, su diseño impresiona: sus mil doscientos metros de largo son formados por tres arcos en zigzag, representando el movimiento de una piedra rebotando en la superficie del agua.
Nos dirigimos a W3 S 702. Explicamos. Esta especie de escritura jeroglífica es la dirección donde se ubica el Santuário Don Bosco al que nos dirigimos. Significa Avenida W3 Sur, cuadra 702, denominación numérica de todas las calles de la ciudad. El Don Bosco es uno de los más bellos templos de Brasilia. Está rodeado por arcos de dieciséis metros de altura que enmarcan inmensas vidrieras en diferentes tonos de azul, que en su interior reproducen un cielo estrellado. La sensación es de que los trocitos de vidrio se mueven, según va cambiando la posición del sol. Otro elemento llamativo es la araña central, formada por siete mil tulipas de cristal de Murano.
Así se traza, o hemos trazado nosotros, la ciudad más planificada del mundo. Una ciudad entera que pudo ser inaugurada en 1960, tal cual de una sola obra se tratara. Son muchos los edificios que hacen de Brasilia una ciudad singular, un deleite para los ojos en donde no son necesarios conocimientos de arquitectura para poder apreciar que estamos frente a una verdadera obra de arte.
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