Colonia
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[editar] Colonia, la ciudad alemana y mediterránea
Puede parecer un contrasentido: Colonia responde a todos los tópicos y arquetipos sobre Alemania pero, al mismo tiempo, es una urbe vital, luminosa y abierta, hasta tal punto que casi parece una ciudad mediterránea.
Como muestra de su carácter genuinamente germano, Colonia es moderna, reconstruida casi en su totalidad tras ser destruida por sucesivas guerras, bien organizada, con un eficiente transporte público, un pujante pasado industrial, una universidad de prestigio que atrae a estudiantes de medio mundo, un centro comercial amplio, y una gran oferta de cervezas que sus habitantes beben con generosidad.
Pero Colonia es también la ciudad que ama el arte y cuenta con museos de fama mundial, que celebra fiestas populares en la calle casi cada mes (hasta su famoso Carnaval), que vive las tardes y las noches en terrazas y bares a la orilla del amplio río (por supuesto, el Rin), que goza del clima menos agresivo del centro de Europa, que acoge la colonia gay más numerosa del país, y cuyos ciudadanos hacen bandera de su simpatía y hospitalidad ante el visitante, conscientes de que el turismo es la industria más pujante de la ciudad en la actualidad. Por querer ser distinta, tiene hasta un dialecto propio, el Kölsch.
Para vivir Colonia se necesita más tiempo, pero para conocer lo mejor que ofrece pueden ser suficientes tres días. Eso sí, con un fin de semana incluido.
[editar] Arquitectura y estructura urbana
(Ver mapa de localización).
Colonia es una ciudad de tamaño medio donde viven 1,5 millones de personas. El centro histórico y urbano abraza el curso del Rin en su parte oeste, pero durante el siglo XX ha crecido, principalmente, hacia la orilla este en barrios bastante impersonales, y hacia el sur, con una amplia presencia de estudiantes universitarios e investigadores.
La ciudad no cuenta con muchas construcciones singulares. Lo que la define es una cuidada planificación urbana con edificios modestos pero armónicos, que encierran multitud de parques y plazas para la convivencia de los vecinos.
El casco histórico o Altstadt se extiende entre los puentes Deutzer y Hohenzollern. En un paseo calmado entre sus calles, se pueden descubrir varias construcciones típicas de la región, con fachadas estrechas, oscuras y escalonadas. Y, sobre todo, no hay que perderse algunas de las doce iglesias románicas de la ciudad, como St. Martin o St. Gereon, y el edificio del antiguo Ayuntamiento o Rathaus.
Especialmente interesantes y agradables son las dos plazas situadas más al sur de la zona histórica, Alter Markt y Neumarkt.
A poco más de un kilómetro del centro, se encuentra el Barrio Belga -Belgisches Viertel-. Agrupados en torno a la Brusseler Platz, se concentran edificios neoclásicos muy bien cuidados que albergan galerías, estudios de arte, tiendas de diseño, además de multitud de bares, restaurantes y discotecas. Es el centro de la moda y la vanguardia de la ciudad.
Junto a este barrio, se construye el último intento de programación económica y urbanística de Colonia, la ciudad de los medios o Medienstadt. No en vano, Colonia es la sede de las mayores cadenas de radio y televisión, y productoras audiovisuales de Alemania, que es tanto como decir de Europa. Se trata de un conjunto de edificios de cristal y aluminio, con grandes espacios públicos y, por supuesto, un parque con canal y lago artificiales.
Sin tantos medios y con más imaginación que planificación, la población más joven vive, recupera y cuida el barrio de Zülpicher, que se extiende entre la calle del mismo nombre y Choldwigplatz. Es la zona colindante al campus universitario y cuenta con docenas de tiendas, bares y restaurantes llenos de originalidad y colorido. Por todo ello es conocido como el Barrio Latino.
[editar] El Rin
Obviamente, el gran Rin es la razón y la fuente de la existencia de Colonia. Durante muchos siglos, la ciudad vivió del transporte en el río y de las mercancías que llegaban y partían de uno de los puertos más importantes del mundo. La actividad industrial se ha trasladado ahora lejos del centro, río arriba. Pero no por eso los Kolner se han olvidado del Rin.
El antiguo puerto es ahora Reihnauhafen, un complejo de oficinas, apartamentos y tiendas casi de lujo remozados en el interior de los antiguos muelles. Y como aquí no se desperdicia nada, tres de las antiguas grúas gigantescas del puerto están siendo sustituidas por edificios en cristal y aluminio -Kranhaus- para convertirlas en viviendas y sedes de empresas sin perder su antigua forma.
Y donde termina la modernidad, volvemos a la zona antigua. Porque la orilla del Rin donde acaba el casco histórico es un hervidero de terrazas, jardines y barcos convertidos en bares y restaurantes, donde los colonienses pasean y se divierten por las tardes y noches.
Sólo una decepción con el gran río: no hay que cruzar a la orilla izquierda (donde está el importante recinto ferial de Colonia), más que para ver la línea del cielo del centro de la ciudad.
[editar] Museos
La sucesión de museos y colecciones de arte que ofrece Colonia supera con mucho lo que se puede esperar de una ciudad de su tamaño. Pero por destacar lo más importante, señalaremos dos imprescindibles, el Museo Ludwig y el Museo Wallraf-Richartz.
El primero cuenta con docenas de obras de Picasso y todos los más importantes artistas modernos que se pueden citar. La riqueza de su colección hace que ofrezca salas dedicadas al arte pop, al expresionismo, a la vanguardia rusa, al movimiento Bauhaus, arte abstracto, al surrealismo y a todos los ismos del siglo XX. Es lo que tiene recibir donaciones de algunas de las familias más acaudaladas del mundo, como la que le da nombre al museo.
Pero además, el museo cuenta con una amplia colección de fotografía, y dedica una planta al videoarte y nuevas vanguardias.
Más información sobre el Museo Ludwig.
Y como familias adineradas ha habido muchas en Colonia, el coleccionista Franz Wallraf cedió sus obras a la ciudad, que se exponen en un bonito edificio financiado por el comerciante Johann Richartz. Por eso, además del dinero, pusieron el nombre al Museo Wallraf-Richartz, en el que se pueden ver multitud de obras flamencas y holandesas de los siglos XVI al XVIII (por supuesto, incluidas varias de Rubens o Rembrand), y otras pinturas europeas del XIX. La nómina de los artistas del Wallraf-Richartz incluye a Leonardo, Murillo, Monet, Manet, Van Gogh, Renoir, Cézanne, Gaugin o Munch, entre una larga lista.
Más información sobre el Museo Wallraf-Richartz.
Por si sobra tiempo y afán cultural, Colonia se enorgullece de su pasado en el amplio Museo Romano-Germánico, situado junto al Ludwig. También destaca el edificio del nuevo Museo diocesano Kolumba, diseñado por el arquitecto suizo Peter Zumthor.
Y por señalar dos curiosidades, a orillas del Rin se puede ver el Museo del Chocolate (ver más abajo) en un edificio con forma de tarta, y, obvio estando en Colonia, el Museo del Perfume.
[editar] Ambiente
Para conocer el carácter de los colonienses, nada mejor que ver cómo beben la cerveza tradicional de la ciudad. No es sólo que lo hagan en abundancia. Es que su cerveza es especial, y su forma de pedirla, servirla y pagarla, única. Por empezar, se llama Kölsch y se sirve en lo más parecido a las españolas 'cañas' que se puede encontrar al norte de los Pirineos. El camarero va reponiendo las cervezas a medida que cada cliente las termina y apunta en un posavasos tantos palitos como Kölsch ingiera el parroquiano. La única forma de parar la sucesión de cervezas es levantar el posavasos para que el camarero multiplique y haga la cuenta.
Esta abundancia de cerveza se nota en la vida que hacen los colonienses en plazas y terrazas. A destacar, las zonas que rodean a Heumarkt, Neumarkt y Rudolfplatz.
Para probar el carácter festivo de la ciudad, recordemos las zonas de bares, restaurantes y discotecas ya comentadas del Barrio Belga, la Zona Universitaria, Barbarossaplatz o Frisenplatz.
(Ver mapa de localización).
[editar] Compras y escaparates
Colonia tiene una animada vida comercial. Justo al sur de la Catedral arranca la calle peatonal más antigua de Alemania -Hohe Strasse-, alrededor de la cual se extiende una red de callecitas llenas de las tiendas más diversas y también de gente. Pasear por ella será un buen entretenimiento.
Cruzando Hohe Strase aparece Schildergase, más grande y más importante, con sus comercios de moda. Uno de ellos, en el número 65, es la tienda de Peek & Cloppenburg, con una piel exterior de láminas de cristal que lleva la firma del célebre Renzo Piano. Más adelante, en la otra acera, se llega a la Neumarkt Galerie coronada por el cucurucho pop-art de Claes Oldenburg.
Cerca, porque todo está cerca en el centro de Colonia, está la pequeña Ehrenstrasse, de vocación más 'trendy' como le corresponde por su proximidad a los barrios Belga y Zülpicher.
Los aficionados al arte tienen también su calle de galerías. Si pasean por Zeughausstrasse, (se llega a ella por la calle que arranca en frente mismo de la catedral) encontrarán unas cuantas con las que entretenerse.
Finalmente, quienes quiera atar cabos entre la ciudad de Colonia y el agua perfumada que tanta fama ha tenido pueden acercarse a la tienda de la famosa agua 4711 que está en Glokengasse, 4 y al Farina Museum (en Obersmarspforten, 21, cruzando Offenbachplatz) donde hay un pequeño museo dedicado a los aromas y las esencias.
Y hablando de museos para el consumo, no hay que olvidar el Museo del Chocolate patrocinado por Lindt (www.schokoladenmuseum.de), en un edificio espectacular al borde del agua, en el ambicioso proyecto de remodelación del antiguo puerto, con una cafetería con magníficas vistas al Rin en la que disfrutar, entre otras cosas, de cacaos de todas las variedades.
[editar] Y, por supuesto, la Catedral
Es lo más destacado, típico y tópico de Colonia. En realidad, está en pie gracias a que es lo que más se ve de la ciudad. Por eso, sirvió de guía a los aviones aliados que destruyeron casi todo lo demás de la ciudad y alrededores en la Segunda Guerra Mundial. Y por eso la respetaron.
Sus 157 metros de altura son vistos por seis millones de visitantes al año. El Dom es Patrimonio Histórico de la Unesco.
Lo mejor, la vista (en días claros) que se ve desde su torre sur tras subir 533 escalones. El interés resto del templo es irregular.
Y no, no hay remedio: por mucho que la limpien, la baja calidad de su piedra y la lluvia ácida le dan ese aspecto negruzco. Para viajeros románticos, por la noche, iluminada, es bastante más fotogénica.
[editar] Comer
Las callecitas detrás del Museo Ludwig hacia el Rin están llenas de restaurantes agradables donde poder comer o cenar.
Más singular es el Osman 30. Se encuentra en la torre de comunicaciones conocida como Kölnturm (In Mediapark, 8 - www.koelnturm.de). El edificio es de Jean Nouvel, pero lo más relevante es la vista que desde el comedor, en lo alto de la torre, se divisa sobre toda la ciudad.
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