Damasco

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Siria mapa-sur.jpg


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[editar] Damasco

Vayamos hacia atrás en el tiempo, a la primera época del Islam, para recrear el momento en el que Mahoma contempla la ciudad desde lo alto de la colina de Salehiyeh a la luz dorada del atardecer. Nos lo imaginamos allí comunicando con gran pena a sus seguidores la decisión de no entrar en Damasco (considerada el paraíso en la tierra), para reservarse el premio hasta llegar al verdadero paraíso celestial.

Es una más de las leyendas que jalonan la historia de la capital de Siria y que confirman la fascinación de los árabes por esta ciudad, comparable al Paraíso.

Damasco tiene un origen remoto. Hoy, la ciudad es considerada por algunos historiadores como el enclave humano ocupado permanentemente más antiguo del mundo. Según la leyenda Damasco o Dimashq (del arameo Dar Mishq, tierra bien regada) fue fundada por un nieto de Sem, hijo de Noé, en el alba de los tiempos. Según la tradición, por sus colinas caminó Caín llevando sobre sus hombros a su hermano fallecido para enterrarlo en un promontorio sobre el río Barada. Actualmente, el lugar es objeto de peregrinación para los drusos. También la Biblia cita a Damasco como el lugar de paso de Abraham en su ruta desde Ur, de Caldea, hasta la tierra de Canaán.

Damasco, fue la "Perla de Oriente" para Justiniano y la capital del glorioso imperio de los Omeyas (entre los años 661 y 750). En esta ciudad confluían la mayoría de las rutas comerciales llegadas de China, Persia y del Lejano Oriente, así como las del Sur de Arabia. En la época romana Damasco tenía la misma extensión que la propia Roma y era diez veces más grande que París. Incluso hoy, su casco viejo supera en dimensión al de muchas capitales europeas. Pero tampoco aquí la discusión se centra en el tamaño. Son las capas que ha ido dejando la historia las que hacen de la capital siria un lugar único. La ciudad vieja está recorrida por un hilo que conduce a los albores del cristianismo, conserva innumerables monumentos, hitos para la historia, para la arquitectura y para la religión, tanto cristiana como musulmana.


[editar] Visita a la ciudad

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El casco viejo de Damasco fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Está rodeado aún por las viejas murallas romanas, reconstruidas en parte durante épocas posteriores y ocultas con frecuencia entre los edificios que se adosaron a ellas. Las antiguas puertas siguen dando acceso a la vieja ciudad. Habrá que llevar un plano para callejear y para no perderse del todo. Y entre callejuelas, tiendas y tenderetes será cuestión de no perderse al menos los monumentos más importantes.

Se acostumbra a entrar en la ciudad vieja a través del zoco de Hamidíyeh, ordenado construir en el siglo XIX por el sultán otomano Abdul Hamid II, con comercios a ambos lados y un techo metálico que mitiga los rigores del clima.

Vista del bazar
Vista del bazar
Vista del bazar
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Al principio de la calle aparece la Ciudadela, un importante fuerte construido con finalidad militar y reconstruido y mejorado una y otra vez. Sirvió de residencia a los sultanes y hoy está sujeto a importantes obras de restauración.

Al final de la calle del zoco se alza un grupo de grandes columnas que formaban parte del templo romano de Júpiter Damascenus, del siglo II.


Antiguo templo de Júpiter
Antiguo templo de Júpiter
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Tras ellas se divisan uno de los minaretes de la Gran Mezquita de los Omeya. Fue el primer templo congregacional del Islam, edificado a partir del año 705 por el califa Al Walid. Reemplazaba a la Basílica de San Juan Bautista. La iglesia cristiana ocupaba a su vez el lugar del templo romano de Júpiter y éste venía a sustituir al templo del dios arameo Hadad.

Se han escrito libros enteros sobre la mezquita cuya arquitectura tanto influyó en la de Córdoba y que tanto añoraron los omeyas andaluces recordando la tierra de la que tuvieron que huir. Pero nada como entrar en ella sin prisa y dejarse seducir por su belleza. El patio, enorme, se llena de actividad, con devotos que acuden al rezo o simplemente paseantes. Los mosaicos dorados de los muros exteriores recuerdan el pasado bizantino de Damasco. En el interior, y a modo de anécdota, bajo una cúpula de mármol verde se supone que están los restos de San Juan Bautista, enterrados en la antigua basílica que había en el lugar y recuperados por los musulmanes que veneran igualmente al santo.

Mezquita Omeya
Mezquita Omeya
Mezquita Omeya
Mezquita Omeya
Mezquita Omeya
Mezquita Omeya
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Justo detrás de la mezquita, pegado a ella -e incluido en el billete de entrada-, en un pequeño mausoleo realizado en el año 1193, reposan los restos del famoso Saladino, el afortunado general que tanto luchó contra los cruzados. En el mausoleo de nogal está el cuerpo de Saladino, quien llevó siempre una vida austera. Pero hay otro a su lado de mármol, más ampuloso. Lo donó en homenaje a su histórico predecesor el kaiser Guillermo II, más aficionado a los lujos y menos inclinado a la modestia.


La mezquita de Sayyida Ruqayya está también muy próxima a la mezquita Omeya. Es moderna y fue construida con dinero iraní. Se veneran en ella los restos de la hija de Hussein, el descendiente de Alí a quienes los chiitas consideran el heredero legítimo de Mahoma. La decoración deslumbrante, contrasta con los modos más modestos de las mezquitas vecinas.


Mezquita de Sayyida Ruqayya
Mezquita de Sayyida Ruqayya
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Siguiendo por los zocos se llega al palacio Azem, un magnífico ejemplo de morada principesca, construida en 1743 como residencia del gobernador otomano en Siria y hoy convertido en museo. Es seguramente el mejor ejemplo de arquitectura damascena y por tanto una visita casi obligada para quienes quieran disfruta de ella.

Palacio Azem
Palacio Azem
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Muy cerca llama la atención la puerta de Hammam el Nur-e-Din, antiguos baños bellamente restaurados.

Hammam el Nur-e-Din
Hammam el Nur-e-Din
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Un paseo de pocos minutos más nos conduce hasta la antigua Vía Recta de la que habla San Pablo, hoy zoco de Madhat Pachá, que lleva a un arco romano y a los zocos de los ebanistas y los orfebres. Al final de la calle está Bab Charquí, la puerta de la época romana, cerca de la cual se encuentra la capilla de Ananías.

Fuera de las murallas, cerca de la Ciudadela está el Museo histórico. Ocupa una preciosa casa -Beit Shami-, cuidadosamente restaurada, que vale la pena visitar.

Casa de Beit Shami
Casa de Beit Shami
Casa de Beit Shami
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Casa de Beit Shami
Casa de Beit Shami
Casa de Beit Shami
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a orillas del río Barada, impresiona la entrada del Museo Nacional de Damasco, el más importante del país. La fachada es la original del palacio Omeya de Qars el Heir al Gharbi, traída desde el desierto piedra por piedra. El museo aloja una espléndida colección de arte sirio, romano, bizantino e islámico, así como los valiosos frescos de la Sinagoga de Dura Europos y los de la tumba hipogea de Yarhai trasladada desde Palmira.


[editar] Alrededores de Damasco

  • Hacia el norte, dos pequeños pueblos recuerdan la tradición cristiana de Siria.

[editar] Seydnaya

Se encuentra a 30 Km de Damasco, ubicada en la cima de una colina. Seydnaya significa Nuestra Señora. Cuenta con un monasterio y una iglesia pegados a la roca, fundados en el 530 por Justiniano tras la aparición de la Virgen. Fue un importante centro de peregrinación para los cristianos de rito sirio, al que acudían para honrar el icono milagroso de la Virgen que según la tradición pintó San Lucas evangelista.

[editar] Malula

A unos 25 Km de Seydnaya, encaramado en las paredes de la montaña se encuentra la aldea de Malula. Presume de ser uno de los poquísimos lugares -los otros son los dos pueblos vecinos de Jabadin y Naja- donde todavía se conserva el arameo, la lengua que se hablaba en época de Jesucristo. Aquí se pueden visitar dos monasterios, el de San Sergius (de rito griego pero fiel a Roma) y el de Santa Tecla (ortodoxo griego).

Malula
Malula
Malula
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  • Al sur de Damasco

[editar] Santuario de Saida Zainab

Mucho más cerca de Damasco, a menos de 10 km, encuentra el Santuario de Saida Zainab. Interesará quienes sientan curiosidad por por la versión chiita del islam y por ver un templo de carácter muy distinto al resto de mezquitas y santuarios que se encontrarán de forma habitual. El interior está decorado con brillantez, con piezas de cerámica, dorados e incrustaciones en plata. Sobre todo los días de fiesta acuden muchos fieles de los alrededores a participar en los rezos.


[editar] Suweida

Numerosas huellas romanas se conservan en esta pequeña ciudad: restos de palacios, templos, baños públicos, arcos triunfales, un teatro y una gran muralla que la rodea. Pero tiene especial interés su nuevo museo donde se guarda una excelente colección de piezas halladas en la región, rica en yacimientos arqueológicos. Especial interés tienen los mosaicos de Shahba.


[editar] Shahba

Fue aquí donde nació el emperador romano Felipe el Arabe, quien gobernó entre el 244 y el 249. En su honor la ciudad cambió su nombre por el de Phillipopolis. Y el emperador la favoreció embelleciéndola y haciéndola reconstruir al estilo romano. Todavía se pueden ver el teatro, los baños públicos, el arco de triunfo...

Shahba: mosaico
Shahba: mosaico
Shahba: teatro
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[editar] Bosra

Si es posible, no hay que perderse la visita a Bosra, una ciudad negra, construida entera en piedra volcánica y que conserva en su interior, y en un sorprendente estado de conservación, las viejas ruinas romanas.

La ciudad se menciona ya los anales egipcios en el 1300 a.C.. Luego, se convirtió en la capital septentrional de los nabateos, en el primer siglo de nuestra era. En el año 106 toda la región fue anexionada por los romanos, quienes la convirtieron en la capital de la Provincia de Arabia.

Bosra se encontraba en las rutas de las caravanas que desde el mar de Arabia transitaban hacia Europa, hecho que le aportó prosperidad. Durante la era cristiana se convirtió en un importante primado. En ella se construyó (en el año 512) la primera catedral que se conoce de base cuadrada y con cúpula. Según la tradición fue en Bosra (antes de su conquista por los musulmanes en el año 634) donde Mahoma entró en contacto con la tradición cristiana de la mano de un sacerdote nestoriano llamado Buheira.

Bosra, declarada Patrimonio de la Humanidad, cuenta con uno de los teatros romanos mejor conservados de la cuenca mediterránea, con cabida para más de 9.000 espectadores. Y ofrece en la calle que sigue el antiguo 'documano' la oportunidad de pasear entre los baños romanos, el ninfeo, la puerta nabatea, los restos de la catedral, la mezquita de Omar y dos gigantescas y antiguas cisternas. Mezcladas las ruinas con la ciudad que se fue desarrollando a su alrededor, ofrece la rara sensación de no estar en un recinto arqueológico sino en un espacio vivo donde la actividad se mezcla con los viejos edificios de época romana.

Bosra: ruinas romanas
Bosra: ruinas romanas
Bosra: ruinas romanas
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Bosra: teatro
Bosra: teatro
Bosra: teatro
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