Edimburgo
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[editar] Loa a la ciudad
Edimburgo es una ciudad espléndida, alegre, llena de atractivos, ideal para una visita de fin de semana ... o más si busca uno acomodo en las múltiples iniciativas culturales que desarrolla y que le dan fama.
Edimburgo vive en buena medida del turismo. Y lo hace porque tiene atractivos más que suficientes para llamar la atención de los visitantes. Es una ciudad dinámica y alegre y luminosa. Aunque para esto último es preferible ir en época de buen tiempo, lejos de los meses fríos y brumosos que el clima de Escocia padece durante buena parte del año.
Edimburgo es una capital y se palpa de inmediato cuando se pasea por el centro. Hay edificios de una nobleza extraordinaria, espacios urbanos de una amplitud y armonía difíciles de encontrar en muchas grandes ciudades, iglesias y monumentos numerosos y bellos, museos abundantes y unos jardines singulares tanto por su diseño como por su cuidado.
Y aunque es del dominio público no está de más recordar que Edimburgo, situada tierra adentro, tiene mar gracias a una especie de fiordo que acerca hasta ella la costa y que contribuye así a darle variedad y riqueza al paisaje de su entorno.
Además Edimburgo es una ciudad joven. Al amparo de su universidad y de sus programas culturales multitud de estudiantes del país y también de fuera acuden a ella y contribuyen a darle -día y noche- la animación de la que tanto presume.
[editar] Dónde alojarse
El centro de Edimburgo es para recorrerlo a pie. Bares, pubs, restaurantes, monumentos diversos, tiendas de todo tipo se reparten a lo largo de sus calles y plazas. Si en cualquier ciudad alojarse en el centro ofrece buenas ventajas, aquí permite estar en el meollo y gozar sin necesidad de grandes desplazamientos de la vida de la calle.
Siempre que sea posible, alojarse en las inmediaciones del centro será una buena idea.
[editar] Visitar la ciudad
Aunque hay muchas cosas que ver, la mayoría están cerca y resultará fácil organizarse para no perderse las principales.
[editar] El Castillo y la Milla Real
Aunque no son los monumentos más exquisitos, son probablemente los más típicos y combinan edificios y paseo de forma que ayudan a familiarizarse con la ciudad y a tomarle un poco el pulso para conocer donde están las cosas.
Castillo y Milla Real forman un recorrido peatonal que puede hacerse de sobras en medio día, dependiendo del ritmo que cada cual le imprima a la visita.
El Castillo de Edimburgo está en lo más alto de la ciudad y es visible desde cualquier punto de ella. Imposible desorientarse.
Es la visita obligada cuando se va con niños o se quiere ejercer de 'turista' sin cortarse un pelo. El interior tiene interés pero no es sobresaliente o imprescindible. Y la cola en la taquilla de entrada puede ser, según las épocas, suficientemente larga como para disuadir a los más dubitativos de si entrar o no entrar. Lo importante en cualquier caso es llegar hasta él, ver la explanada monumental que antecede a la muralla que lo protege -y que en verano está ocupada por la estructura enorme que sostiene las gradas del recinto donde se celebran los espectáculos del festival- y tener la perspectiva sobre la ciudad que se obtiene desde una localización tan elevada.
Frente al Castillo y a la explanada de acceso se abre High St. Es lo que popularmente de conoce como la Royal Mile, aunque la calle va tomando nombres distintos a lo largo de su recorrido.
Cuesta abajo, es una vía peatonal, muy turística, animada, llena de comercios y con numerosas calles y callejuelas que salen de ella a derecha y a izquierda.
Junto a ella se levanta la catedral de Saint Giles y el Museum of Edinburgh que reúne una colección variada de muebles, objetos diversos y obras de arte relacionados con la historia de Escocia. La Milla Real termina en el Palacio de Holyroodhouse, que sirve de residencia a la reina cuando acude a la ciudad, rodeado de jardines y abierto al público para la visita. Una pequeña muestra de la colección de arte de la reina, además de los salones de gran gala forman parte de lo que puede visitarse.
Muy cerca del Palacio de Holyroodhouse se levanta el nuevo Parlamento Escocés. Su aspecto exterior ha levantado tanta polémica como su coste que muchos consideraron astronómico. Quizás como resultado de la polémica, quizás por culminar una aspiración nacional enraizada en el alma de los escoceses, lo cierto es que se ha convertido en una atracción para los visitantes. Construido por el barcelonés Enric Miralles, dispone de una moderna sala de sesiones espectacular desde el punto de vista arquitectónico.
Y muy cerca del Parlamento, se levanta la también espectacular carpa de Our Dynamic Earth. Es una nueva atracción de carácter científico y medioambiental que reproduce fenómenos climáticos y geológicos (un ambiente de bosque lluvioso tropical, un terremoto...) y que está pensada para mayores y sobre todo para pequeños.
[editar] El Holyrood Park
Colocado aquí, a continuación de la Royal Mile, no significa que sea un lugar de gran importancia. Es sólo que está muy cerca y que se ve desde el Palacio y desde el Parlamento. Y que apetecerá a los aficionados a caminar al aire libre.
El Holyrood Park es una montaña, o mejor, un espacio de relieve desordenado y de origen volcánico que se eleva sobre el llano de los alrededores y que ofrece una vista magnífica sobre la ciudad y el entorno. Unos senderos, algunos de ellos bastante abruptos, permiten llegar a la cumbre y disfrutar del panorama. Cuando hace buen tiempo se llenan de caminantes que encuentran la ocasión de practicar una pequeña aventura sin salir casi de la ciudad.
[editar] La Ciudad Nueva
Bueno, lo de nueva es un decir porque tiene algunos siglos de existencia, pero es la parte de la ciudad que queda al norte del Castillo y de la Milla Real.
Una especie de pequeño valle que termina en la estación de tren de Waverley se convirtió en una amplísima zona ajardinada que da aire a la ciudad. Son los Princes Gardens. Acercarse a ellos y atravesarlos o pasear y admirar su diseño y su cuidado es otra de las actividades que figura en cuaderno de cualquier visitante.
En ellos, en dos edificios de corte clásico, se hallan la National y la Royal Scottish Academy. Contienen una importante colección de arte que apreciarán todos los amantes del tema.
Limitando los jardines y discurriendo a lo largo de ellos está Princes Street, llena de tiendas y de bullicio. Y tras ella se extiende la llamada New Town, diseñada en el siglo XVIII como desahogo de la aglomerada ciudad medieval. Calles rectas y anchas entre las que destaca George St., dispuestas en cuadrícula, con edificios nobles y armónicos forman un conjunto agradable para recorrer, con numerosas tiendas y animado.
La pequeña Rose St. está llena de restaurantes y de bares y concentra durante buena parte del día y de la noche a gran número de paseantes y de parroquianos.
[editar] Museos
El Museum of Scotland cae, como tantas cosas, a pocos minutos de a Milla Real. Ha sido renovado recientemente y guarda una heterogénea collección de piezas que sirven para dibujar la historia de Escocia. Desde la arqueología hasta la tecnología están representadas en él. En el último piso se goza de magníficas vistas sobre la ciudad.
Junto al Museum of Scotland se levanta The Royal Museum cerrado en la actualidad (2009) pero en curso de una profunda remodelación. Su Great Hall, en esa arquitectura de hierro que tanto brilló en época victoriana para construir invernaderos y grandes estaciones merecería por sí solo la visita.
[editar] Fuera del centro
Aunque muy cerca, Carlton Hill es una colina pegada al centro y mantenida como parque. En su cumbre se alza una copia inacabada del Partenón conocida como el National Monument y que sirvió a los que deseaban que Edimburgo fuera conocida como la Atenas del Norte. Pero no es el monumento lo importante. La vista es la mejor que se obtiene de la ciudad y justifica el paseo en cuesta.
The Royal Botanic Garden. Un poco apartado del centro, el jardín botánico, extenso y muy bien cuidado, es ampliamente conocido y recoge merecidos elogios. La zona de invernaderos, mucho más amplia de lo que aparenta a primera vista, es muy interesante a pesar de que debe pagarse un billete de entrada especial para acceder a ella.
Leith es la desembocadura del río que bordea Edimburgo y el lugar donde se asentaban los tinglados y demás instalaciones del puerto. Con aspecto de zona industrial todavía, está sujeto a un programa de remodelación que pretende dar nueva vida a todo el barrio. Algunos restaurantes con encanto aparecen a orillas del río y el Britannia, el yate de la familia real se guarda amarrado en el muelle del Ocean Terminal, abierto a las visitas. Pero a pesar de que algunos folletos hablan del gran resurgir de la zona, la realidad es que quedan años antes de que el antiguo puerto se convierta en un atractivo espacio para el ocio.
Jupiter Artland. Una mansión rural del s.XVII, a las afueras de la ciudad, reconvirtió su enorme jardín con ayuda de artistas de lo más relevante para convertirlo en un singular museo de escultura al aire libre que merece la pena no perderse. Más información en Merece el viaje.
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