Irlanda: región Oeste
De WikiDeViajes
Regresar a la entrada de Irlanda
El Oeste de Irlanda concentra las esencias del país y en la imaginación de los irlandeses es ahí donde se guardan con mayor fidelidad las tradiciones y las raíces de la nación. Para empaparse de Irlanda hay que visitar el oeste.
En buena parte ello es cierto debido al atraso que durante mucho tiempo caracterizó a las tierras de la fachada atlántica de la isla, con frecuencia yermas, rocosas y estériles, aisladas y dedicadas a una agricultura que ni siquiera era de subsistencia. El gaélico se conservó en esta región más que en otras partes, lo mismo que costumbres que fueron desapareciendo de las tierras que prosperaron en la costa próxima a Inglaterra.
El Oeste, erosionado y batido por el viento, cubierto de una pobre capa de hierba rala, es sin embargo de una belleza arrebatadora. Seguramente es la dureza que muestra la clave de su fuerza de evocación y la explicación de que los paisajes sorprendan y emocionen.
Galway es una pequeña ciudad. Su entorno es el de un desierto verde que gana en fuerza a medida que se penetra en la región de Connemara, que ocupa el occidente de la península.
- Connemara. Está protegida por un parque natural. Es una zona aislada, con paisajes variados -turberas, colinas, páramos, lagos y montañas- de belleza singular. Será un lugar idóneo para recorrer en coche, a través de algunas de las rutas más atractivas de la isla, y también a pie por senderos bien indicados. Las montañas más altas, las Twelve Bens, miden poco más de 700 m, pero crean las condiciones para una variada vida animal que incluye zorros, ciervos, caballos y aves diversas. Un centro de información ofrece consejo y datos prácticos para la visita. En la costa, de perfiles abruptos, las focas se dejan ver buena parte del año. Entre Roundstone y Clifden se encuentran extensas playas de arena cuando la marea está baja, limpias y solitarias. En el interior, a orillas de un tranquilo lago, aparece la romántica imagen de la abadía de Kylemore, una mansión palaciega de paredes blancas que acoge hoy un internado.
- El Burren. Se extiende a sur de la bahía de Galway. El paisaje vuelve a ser aquí el gran atractivo porque el suelo de piedra que se formó bajo el mar y que emergió con el tiempo rompiéndose en miles de pedazos crea un espacio único, desolado y solitario en el que es difícil no sentirse impresionado.
- Las flores dan vida al suelo calizo y fragmentado durante la primavera y el verano, lo mismo que las mariposas, célebres en este lugar. Cuevas -sólo se visita la de Aillwee- y lagos nada profundos, que suelen secarse en verano, dan riqueza al entorno. Además, vestigios del pasado como las cruces de Kilfenora, los fuertes prehistóricos de Cathair Dhun Lorais y el famoso dolmen de Poulnabrone, añadirán interés cultural al atractivo natural de la región.
- Acantilados de Moher. Son probablemente la atracción que más emociones despierta en una visita a irlanda. Y está justificado que sea así, porque el paisaje es sobrecogedor y magnífico. A lo largo de ocho km de costa un precipicio de hasta 200 m se pierde en el mar con una verticalidad que quita la respiración y que deja que la vista se extienda por la bahía de Galway y las islas Aran. Afortunadamente, algunos miradores debidamente protegidos permiten aproximarse al borde sin tener la sensación -justificada- de jugarse la vida.
- Ring of Kerry. Se supone que Kerry tiene un clima especialmente favorable, con más sol y mejor temperatura que el resto de Irlanda. Por eso los irlandeses aprecian la región y tienen en especial estima un circuito que transcurre por la península de Iveragh, cruzado por paisajes especialmente bellos y por agradables poblaciones. Los 180 km del recorrido deparan, tanto en el interior como en la costa, numerosos panoramas para recordar. La garganta de Moll, el fuerte de Stasigue y los paisajes del litoral, con playas de arena intercaladas entre masas de roca agrietadas por la fuerza del agua, crean un conjunto lleno de alicientes.
- Península de Dingle. Al norte del Ring of Kerry, la península de Dingle vuelve a ofrecer espléndidas vistas. Dingle es su pequeña capital. Llegar hasta el cabo Slea o embarcarse en Dumkin para hacer una excursión a las islas Blasket, casi pegadas a la isla de Irlanda, será siempre agradable.
- Península de Beara. La costa irlandesa se vuelve ilimitada debido a ese perfil recortado que parece más propio de los fiordos y que da lugar a un sin fin de penínsulas. Aquí también hay un Ring of Beara que permite recorrer el litoral y un Beara Way, para los aficionados a las caminatas. En la cercana isla de Garnish se puede visitar un jardín con especies exóticas que aprovecha el clima relativamente benigno de esta zona. Puede visitarse también el monumento megalítico de Derreenataggart con diez grandes bloques de piedra puestos en círculo. Se puede llegar a la isla de Dursey, tan próxima a tierra que se accede a ella por un teleférico. Y se visitará Eyerles con sus casas de colores.
- Cabo Mizen. Llegar hasta él supone acercarse al extremo del mundo. Está en la punta de la península de Mizen Head. Espléndidas vistas sobre el mar, acantilados poderosos y un faro con una pequeña exposición componen un escenario duro e impresionante.
- Dromberg. A lo largo de muchos siglos primitivos habitantes de Irlanda sembraron la isla de composiciones megalíticas tan grandes como misteriosas. El conjunto de Dromberg consta de 17 menhires de formas diversas colocados en círculo. Son uno de los monumentos más significativos de la cultura irlandesa.
- Cork y Cobh está al fondo de una grieta abierta en la costa. A su manera está a orillas del mar, pero en realidad, quien hizo de puerto de Cork fue la ciudad de Cobh, a unos 25 km, más pequeña y más próxima al mar abierto. Desde ella salían los barcos de los emigrantes que fueron a América y de aquí salió el Titanic en el fatídico viaje que terminó en naufragio. Una catedral, con el carrillón más grande de la isla, casas victorianas, edificios de colores frente a los muelles, muestran la importancia que tuvo Cobh y su puerto durante muchos años.
- Cork es una ciudad grande para lo que se estila en Irlanda: 125.000 habitantes. La atraviesa un río, el Lee, y un canal, de los varios que antiguamente hubo y que ahora se han convertido en estrechas callejuelas. Tiendas diversas, puentes antiguos, edificios viejos pero cuidados dan a la ciudad una atmósfera animada y agradable. La antigua Casa de Aduanas alberga ahora una galería municipal de arte, el viejo mercado de siglo XVII ha sido restaurado, la Abadía Roja, el museo de la Mantequilla en la antigua lonja desde la que Cork exportaba tradicionalmente el producto... dan motivos con los que entretenerse en la ciudad.
- Para los mitómanos del wishky -que aquí hay que llamar whiskey- no habrá más remedio que desviarse a Midleton, a 20 km de Cork, donde se halla la fábrica original de Jameson y que hoy se visita como una reliquia. Para informarse de los horarios, entrar en la web.
Regresar a la entrada de Irlanda









