Islas Galapagos
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Tanto se habla de la protección de la naturaleza en Galápagos que lo primero que le viene a uno a la cabeza, cuando piensa en este especialísimo archipiélago, es cómo conseguir un permiso para visitarlo. Se puede pensar que es éste un lugar sobre todo reservado a los biólogos, botánicos, vulcanólogos, geólogos, oceanógrafos o universitarios enzarzados en proyectos de investigación. Y aunque todo ello es en alguna medida cierto, la verdad es que no hay para tanto y que nada más lejos de la realidad que las Galápagos formen un espacio cerrado.
De hecho, las Galápagos son un Parque Nacional abierto al público. Cualquier curioso que sienta interés por la naturaleza en cualquiera de sus formas, hallará en ellas el lugar ideal, accesible, donde encontrará una impactante manifestación del medio natural en todos sus campos. Eso sí, aseguran que la parte donde se autoriza la presencia de personas supone solamente el 3% de la superficie total del archipiélago. La fauna y la flora silvestre son los reyes y los humanos tienen reservado un papel más que discreto.
Dicho esto, hay que aclarar también que, seguramente, la barrera más importante para visitar Galápagos es la económica.
[editar] Por qué las Islas Galápagos son un lugar único
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Aisladas geográficamente en el océano Pacífico durante largo tiempo, a 1000 Km de la costa más cercana, en un lugar donde confluyen las frías corrientes marinas que suben desde el lejano Sur, ricas en nutrientes, con otras cálidas que llegan desde Panamá y del Pacifico oeste, dan origen a un ecosistema único en el mundo donde decenas de especies endémicas conviven.
Forman un grupo de 18 islas de origen volcánico, cuya geografía no deja indiferente. Elevados volcanes aun activos cuyas laderas descienden hasta el mar crean playas de arena negra donde habitan numerosas colonias de leones marinos. Tramos de costa acantilada donde las paredes rocosas presentan un espectáculo de formaciones y color que dejará alucinado a cualquiera. Enormes campos de lava negra se hunden en el mar azul separando playas de arena blanca donde al atardecer pueden verse tortugas marinas saliendo en la arena para cavar sus nidos y desovar.
Pasear entre galácticos bosques de palo santo. Ascender colinas por senderos de arenas rojizas desde cuya cima se observan desgarradores paisajes lunares. Recorrer recónditas playas de arena blanca mientras se observan colonias de lobos marinos en absoluta intimidad. Pasear en barca bordeando islotes y zonas rocosas repletas de pingüinos, iguanas y toda suerte de aves marinas. Nadar entre peces mariposa, peces loro, peces trompeta, tortugas, mantas rayas, tiburones, lobos marinos, pingüinos y multitud de peces de todas formas y colores es algo que, solo en Galápagos es realizable.
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[editar] Cuándo ir
Las Galápagos se pueden visitar durante todo el año, pero puestos a elegir, entre Diciembre y Junio es la época más recomendable. Corresponde a la época de lluvias, por lo general poco molestas y de corta duración, con temperaturas del agua y de la atmósfera más agradables y con un paisaje más verde que en la época 'seca'.
[editar] Cómo llegar, dónde alojarse, cómo moverse
La única forma de poner los pies en Galápagos, a no ser que uno disponga de su propio barco es por avión, vuelos únicos desde Guayaquil y Quito aterrizan en la isla de Baltra (Santa Cruz) o en la isla San Cristóbal.
Una vez allí, tanto en Puerto Baquerizo (San Cristóbal) como en Puerto Ayora (Santa Cruz) el viajero dispone de hoteles y pensiones de distintas categorías. Además, existen una amplia selección de restaurantes y bares locales donde uno puede tomar menús a precios muy razonables.
Sólo tres islas están habitadas y a partir de los límites de cada población todo se considera Parque Nacional. Dentro de las poblaciones tres opciones existen para moverse: a pie, en bici o en taxis locales.
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[editar] Una breve introducción sobre cómo se desarrollan las visitas al Parque. Algunas consideraciones a tener en cuenta
Cada isla cuenta con unos itinerarios marcados, éstos en la mayoría de los casos son senderos que hacen un recorrido a través de una área de especial interés. En algunas de las islas será interesante la geología, en otras la fauna y en otras, geología, fauna y flora.
El camino puede ser en llano y libre de obstáculos o bien, empinado y abrupto. Y en época de lluvias embarrado. Los recorridos nunca suelen durar más de una hora. Normalmente se realizan a horas intermedias del día y como las islas están situadas en el ecuador, el sol cae a plomo así que si no corre brisa puede hacer calor.
En todos los casos, las excursiones comienzan desde el mar y acaban en el mar por lo tanto, los accesos siempre se realizan desde una embarcación neumática. Y en todos los casos, sin excepción, acompañadas de un guía que, además de explicar, cuida de que se cumplan las normas de visita.
Hay que prestar atención a los embarques y desembarques. Los hay de dos tipos. Unos (los 'mojados') se realizan en playas donde la embarcación se aproxima a un punto donde el viajero salta al agua con poca profundidad, máximo hasta las rodillas y sale caminando. Y los otros (los 'secos'), más emocionantes pues la embarcación se aproximara al borde de las rocas y el viajero tendrá que saltar a tierra. Si el agua está en calma la operación no tiene ningún problema, pero si no es así, entonces el desembarco tiene que ser tipo comando, todos a una y rápido antes de que llegue la siguiente ola.
Teniendo en cuenta estas consideraciones y que al final de los paseos uno si lo desea puede darse un refrescante baño en el mar, el consejo es llevar una vestimenta lo mas anfibia posible.
El bañador debajo es indispensable, llevar prendas que si se mojan no pesen demasiado es aconsejable, lo mejor son las fibras transpirables.
Durante los recorridos, uno no creerá lo cerca que pasea de iguanas, lobos marinos y aves. Los tendrá a menos de un brazo de distancia, verá hembras de león marino amamantando a sus crías, enormes machos defendiendo su colonia, piqueros de patas azules cortejándose antes del apareamiento, fragatas anidando y, en algunos casos, tendrá que pasar por encima de las iguanas para poder embarcar o desembarcar.
Además de las excursiones por tierra, los programas incluyen increíbles paseos en snorkeling. Hay que estar preparado para nadar entre leones marinos, tortugas, tiburones, pingüinos, peces de arrecife y enormes bancos de pescado. Aunque el equipo lo suministrará el barco en el que se viaja, un buen consejo puede ser el de llevar el equipo propio, por lo menos una máscara que esté cómoda y dé pruebas de no empañarse. Y quien sea una persona friolera no dude en llevar un traje fino de neopreno (que llegado el caso se alquila también en los barcos en los que se viaja).
Si no quiere arrepentirse, cargue con una cámara de fotos, y si es aficionado no dude en llevar consigo un buen zoom.
[editar] Qué llevar a Galápagos
Gafas de sol y sombrero son esenciales, y el calzado ideal es aquel que puede mojarse pero que a la vez agarra el pie lo suficiente para caminar por terreno pedregoso y muchas veces pendiente. Los bastones telescópicos de trecking pueden servir de ayuda. Hay que llevar crema solar para la cara y los brazos. Y no hay que olvidar repelente contra los mosquitos porque en alguna de las islas son legión -aunque no son peligrosos- y auyentarlos se convierte en una tarea frenética.
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[editar] Cómo explorar las islas
Aquí, francamente, todo depende del bolsillo.
Existen tres posibilidades, la primera es a lo mochilero, existen tres bases, Puerto Ayora en Santa Cruz, Puerto Baquerizo en San Cristóbal y Puerto Villamil en Isabela. En estas poblaciones uno encuentra numerosas agencias donde contratar excursiones de un día a diferentes puntos. La oferta y los precios son muy variados.
Tanto si uno para en Puerto Ayora como sino, se puede contactar con Antonio Moreano de Galayachts, mail: antonio@galayachts.com. Nadie como él conoce las islas, es guía profesional y conduce y organiza excursiones por tierra y mar desde hace más de 10 años.
La segunda opción es reservar plaza en un barco de chárter. Estos barcos normalmente realizan cruceros organizados con dos programas por itinerarios distintos. Uno de tres noches y otro de cuatro noches. Aunque no es habitual, hay quien se apunta a uno de los programas y a continuación al otro, de modo que hace el recorrido completo de siete noches. El mar acostumbra a ser muy calmo y los barcos disponen de todos los servicios a bordo. Suelen ser embarcaciones de 10 o hasta 50 camarotes. ¿Cómo elegir? . Normalmente se efectúa una excursión por la mañana, el barco hace un pequeño desplazamiento y se sitúa frente al lugar donde se efectuará la excursión de la tarde. Y por la noche vuelve a desplazarse para fondear cerca de donde se desembarcará a lo largo de la mañana. Ello significa que se pasan muchas horas en el barco. Por ello, aunque los barcos pequeños tienen un atractivo evidente, los más grandes disponen de mayor espacio y ofrecen más recursos para el entretenimiento y la comodidad durante el tiempo en que se está embarcado. Todos disponen de guías profesionales, pues nadie puede poner el pie en una isla si no es acompañado por uno de ellos. Los guías suelen ser hombres y mujeres bien instruidos, que conocen la fauna y geología de las islas en profundidad.
Y la tercera opción, es recorrer las islas en el propio barco. En este caso y con tiempo de anticipación, será preciso contratar los servicios de un guía oficial y adquirir los permisos necesarios.
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[editar]
Cada jornada los barcos cambian de lugar, de modo que cada día se amanecerá en una isla distinta.
Como algunas islas se encuentran a cierta distancia, a veces, la navegación para llegar a ellas se hará de noche. Esto dará la ocasión de observar la esfera celeste desde un punto en medio del Pacifico, sin ninguna otra fuente de luz que la del propio barco.
Durante el día hay que navegar atento pues puede uno convertirse en espectador de asombrosos espectáculos de vida. Es habitual observar enormes bancos de delfines nadando frente al barco y realizando saltos acrobáticos, así como concentraciones de rayas dando mortales fuera del agua.
Las aproximaciones a las islas, entradas en bahías y calas desiertas siempre son dignas de ver.
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[editar] Lo más impactante
Cada visita será inolvidable, el escenario siempre es distinto y la fauna varía mucho en especies y en número de una a otra. Lo mismo ocurrirá en los recorridos de snorkeling.
La primera visita de todas es la más impactante pues al principio se impone la sorpresa y uno no llega a imaginar lo que verá.
Nuestra primera visita fue Seymour Norte, una isla pequeña separada unos kilómetros al norte de Santa Cruz.
Mientras nos aproximábamos al desembarque recorriendo la costa rocosa, decenas de aves cubrían el cielo, sobre todo fragatas y piqueros de patas azules. Cuando ya andábamos a corta distancia de la orilla y veíamos las olas romper contra las rocas nos pareció que el desembarque seria impracticable, pero más adelante se veían dos plataformas talladas en la roca. El guía nos indicó que agarráramos nuestras pertenencias y nos preparáramos para saltar a tierra firme. Al principio aquello parecía arriesgado, pues uno, entre ola y ola, debía pisar un flotador inflable y rápidamente saltar a la resbaladiza plataforma donde un par de leones marinos dormitaban tendidos al sol como si nada pasara allí.
Enseguida debíamos retirarnos para dejar espacio a los siguientes. Ya retirados y a salvo, empezaba una caminata, por un sendero tallado en la piedra, hacia lo alto de un acantilado no muy elevado. En el camino se tiene el primer contacto con los leones marinos y las iguanas, que abundan esparcidos entre las rocas. Es habitual tener que pasar por encima de algunos que bloquean el sendero. Ya arriba del acantilado llega el momento de pararse y de observar con detenimiento el entorno. En el cielo se oyen multitud de aves que vuelan sobre el acantilado, se ven numerosos grupos de leones marinos tumbados al sol, otros nadando y otros andando torpemente entre las rocas.
Una vez todos reunidos, el guía hace una introducción y explica lo que se verá en la isla, pero aun así la realidad sobrepasa a la imaginación. La excursión empieza por un sendero que se interna en un bosque de palo santo, un árbol poco común, que carece de hojas y tiene el tronco blanco. El terreno está formado por arena volcánica de color cobre y rocas rojizas, algunas de gran tamaño. En el interior del bosque abundan los piqueros de patas azules, un ave que se ha convertido en icono de las islas. A pesar de ser una hábil pescadora que pasa largos periodos de soledad alejada en el océano, una vez llega a tierra, aparenta ser una ave torpe. Su figura es imponente, sus andares y cortejos son sumamente graciosos y muestra unas grandes patas de membranas como las de un pato, pero de color azul turquesa. También se ven grandes fragatas cuya envergadura puede llegar a medir más de un metro y medio. Anidan en los árboles y arbustos de los alrededores. Los machos en época de apareamiento hinchan bajo el cuello una enorme bolsa roja. De cuando en cuando cruza el sendero una amarillenta iguana que ignorando nuestra presencia escala una roca. Más adelante el recorrido gira hacia un claro que va a parar a una playa bordeada de rocas negras tras las cuales rompen enormes olas perfectas para el surf. El sendero que ahora es de arena blanca y fina corre paralelo a la playa donde abundan grupos de leones marinos e iguanas.
Durante los siguientes días saltamos de isla en isla recorriendo numerosos itinerarios. Vimos lagunas interiores pobladas de flamencos, anduvimos por playas donde se veían tortugas saliendo del mar, cruzamos extensas lenguas de lava negra que parecía recién solidificada, en ellas observamos extraños cactus que inexplicablemente crecían allí, vimos búhos solitarios que se escondían bajo las grietas que se forman entre los pliegues de lava brillante, bordeamos cráteres inundados de aguas verdes, subimos lomas desde donde se observaban extensas planicies de aspecto lunar, navegamos por una estrecha entrada al interior de un cráter en medio del océano y nadamos en acuarios naturales rodeados de lobos marinos, tortugas, pingüinos y multitud de peces de coral.
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