Madeira

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[editar] Una pequeña introducción

El archipiélago portugués de Madeira (ver localización) emerge en medio al Océano Atlántico como un pequeño paraíso natural de envidiable diversidad paisajística.

Desde el siglo XIX ha sido destino habitual de la aristocracia europea que buscaba en su clima apacible un destino de retiro y descanso, y que ha dejado como herencia en la capital, Funchal, gran cantidad de casas señoriales.

Pero por lo que seguramente recordaremos Madeira, es por su exuberante naturaleza. Intensamente verde en algunas zonas, árida y volcánica en otras. El perfil de la isla se traza en una sucesión de telones de montañas, surcadas por profundos valles que al llegar al mar forman acantilados vertiginosos y a la vez, impresionantes.

Parte del paisaje verde de Madeira guarda restos de laurisilva (del latín, “bosque de laurel”), bosque subtropical que llegó a extenderse por el sur de Europa pero tras las glaciaciones sólo sobrevivió en las islas de la Macaronesia (Canarias, Azores, Madeira y Cabo Verde). Dada su singularidad en la flora del planeta, ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La laurisilva cubrió la isla hasta ser descubierta por los marinos portugueses en 1418, que quemaron sus bosques para cultivar y ocupar sus tierras. Se dice que los incendios fueron de tal magnitud que tardaron siete años en extinguirse.

La tierra era fértil y pronto las plantaciones de caña de azúcar traída de Sicilia por los colonizadores prosperó, y la villa de Funchal se convirtió en un atractivo puerto de mercancías. El azúcar se vendía a Inglaterra, Flandes y Castilla.

Así, el lucrativo comercio del azúcar no tardó en transformar la villa de Funchal en ciudad. De esas fechas edificios públicos y religiosos son testigos de una época de temprano esplendor, que acabó por llamar la atención de los ‘ladrones del mar’. En 1566, atracaron en el puerto de Funchal ocho galeones de la escuadra del pirata francés, Bertrand de Montluc (Peyrot) que saquearon la ciudad durante quince días.

Pero el desarrollo de Madeira no se vio perjudicado por el frecuente saqueo de piratas y la ciudad siguió creciendo hasta tornarse también, un importante puerto de pasaje de navíos ingleses provenientes de las Indias. Este tráfico llegó a ser tan numeroso e importante que se afirma que el turismo en Madeira empezó en el siglo XIX, cuando hubo que proporcionar alojamiento y alimentos a los que guardaban cuarentena.

Cuando el azúcar dejó de ser su principal fuente de riquezas, ha sido justamente esta actividad que le ha cogido relevo y se ha transformado en el motor económico de la isla.

Desde 1976, las islas de Madeira constituyen una región autónoma de Portugal. Además de la isla principal, más grande y de mismo nombre, existen otras tres pequeñas agrupaciones de islas: Porto Santo (la única habitada), las Desertas y las Selvagens (las dos últimas reservas naturales).

Madeira parece existir en un tiempo paralelo. La isla y sus habitantes siguen su ritmo y parecen vivir completamente independientes del continente. Probablemente sea así como han logrado preservar su magia a lo largo de los años.


[editar] Cómo llegar y cómo moverse

La mayoría de los vuelos que llegan a Madeira proceden de Lisboa, operados por la compañía aérea portuguesa TAP, y duran poco más de una hora y media. Otras compañías aéreas europeas también enlazan el vuelo a través de la capital lusa, sin embargo, en temporada alta podemos encontrar vuelos directos desde Madrid y Barcelona.

El aeropuerto de Madeira ha sido durante bastante tiempo una atracción en sí misma, por lo difícil que resultaba aterrizar en una pista que no llegaba a 3000 m de longitud. Hoy, esta ‘aventura’ es más amena, ya que se ha ampliado la pista, ahora construida sobre pilares y contrafuertes al borde del océano. Así que los menos aficionados a las emociones fuertes, tienen garantizado un aterrizaje tranquilo.

En el aeropuerto encontramos las principales agencias de alquiler de coches, que es la mejor manera de recorrer la isla. Un consejo muy válido es coger el seguro del coche a todo riesgo. ¿Por qué? A menos que seas experto en arrancar o aparcar en pendientes de 45º, es muy posible que se te escape el coche en alguna de las ‘casi verticales’ calles de Funchal o de las villas próximas. Además, muchas de las carreteras están en mal estado o tan pegadas a la montaña, que de las laderas o los túneles pueden caer cascotes mezclados con el agua.

Aún así, el coche sigue siendo la mejor opción para moverse por la isla.


[editar] ¿Qué ver?: Una propuesta

Funchal
Funchal


Parece natural que escojamos como punto de partida para conocer la isla de Madeira su capital, Funchal. La ciudad funciona como una especie de eje del que se desprenden un abanico de atractivos culturales y naturales. Como la isla no es demasiado grande, podemos partir de aquí para hacer diferentes paseos cada día, y así disfrutar de la amplia infraestructura turística que dispone la capital, ya que la mayoría de los hoteles y restaurantes se encuentran por esta zona.

Al oeste de Funchal, pegado a la ciudad se encuentra Câmara de Lobos, un encantador pueblo de pescadores, cuya pequeña bahía está siempre adornada por barcas de mil colores. Uno de los restaurantes más conocidos de la zona, Doca do Cavacas, está construido en una roca sobre el mar y su terraza ofrece vistas espectaculares de la puesta de sol, que se esconde justo detrás del Cabo Girao, acantilado que separa Câmara de Lobos del mar.


En 1566, cuando los piratas atacaron en puerto de Funchal, las hermanas clarisas huyeron del centro de la ciudad, abandonando su convento para refugiarse detrás de las montañas, en lo que más tarde por ello se llamaría, Curral das Freiras. Se trata de una abismal caldera volcánica, a la que hoy se accede por una serpenteante carretera de vistas espectaculares de un paisaje verde vertiginoso que se repetirá en toda la isla. Visitar Curral das Freiras es una de las excursiones más famosas que se emprenden desde Funchal.

Câmara de Lobos
Câmara de Lobos
Barcas coloridas en Câmara de Lobos
Barcas coloridas en Câmara de Lobos
Curral das Freiras
Curral das Freiras


[editar] Noroeste de la isla de Madeira

Valles similares a este cruzaremos si partimos hacia el norte por la carretera que une Funchal a São Vicente. El perfil norte de la isla impresiona: picos cubiertos por la neblina de los cuales descienden montañas verdes hasta el mar.

De São Vicente a Porto Moniz, debemos coger la carretera vieja, una de las carreteras costeras más espectaculares de Europa. Tardó dieciséis años en construirse y bordea tan al límite los acantilados que no es apta para quienes sufren de vértigo. Atención, sólo está permitida la circulación en un sentido, de São Vicente a Porto Moniz, de este a oeste. Una experiencia irrepetible. Si en algún acantilado logramos dejar de mirar el mar, vale la pena mirar a la montaña, vertiginosa vecina a nuestra izquierda. Son muy frecuentes las cascadas de agua que caen desde alturas impresionantes.

Llegados a Porto Moniz, tendremos una de las pocas oportunidades de bañarnos en “el mar”, o más bien en las piscinas naturales adaptadas al baño. El mar es tan violento por estos parajes, que esta es la opción más segura y la elegida por los isleños.

Para quienes quieran adentrarse por las montañas de Madeira, seguir el trazado de las levadas (acequias), constituyen caminos de ensueño. Existen más de dos mil kilómetros de canales y cuarenta kilómetros de túneles tallados a pico en las paredes rocosas. Por encrespadas o inaccesibles que parezcan las alturas, las levadas transportan el agua mansamente y, lo que es aún mejor, ofrecen un sendero llano que discurre junto a ellas que nos permite seguirlas. Salvo en los tramos más expuestos, que requieren ganar o perder altura, caminar siguiendo una levada requiere así un esfuerzo mínimo y a la vez muy placentero.

Costa norte
Costa norte
Costa norte
Costa norte
Levada
Levada


En el extremo noreste de Madeira, Ponta de São Lourenço es un espectáculo aparte. Larga y estrecha cadena de riscos y barrancos volcánicos, hoy protegido como reserva natural, es uno de los puntos más fotografiados de la isla, y desde el cual tenemos una bonita vista de la vecina isla de Porto Santo.

Esta pequeña islita tangente a Madeira, tiene un paisaje completamente diferente, mucho más árido, pero cuenta con excelentes playas y un mar perfecto para los deportes acuáticos. Si estamos cansados y lo que queremos es playa, arena y sol, Porto Santo es la mejor opción. Diariamente salen ferries desde Funchal.

No muy lejos de la Ponta de São Lourenço, hacia el oeste, Santana. Población en la que encontramos las casitas de madera triangulares con tejado de paja, puertas y ventanas de colores, conocidas como palheiros. Sus reproducciones en miniatura son el souvenir más popular de Madeira, después del vino, claro.

Ponta de São Lourenço
Ponta de São Lourenço
Pico do Arieiro
Pico do Arieiro
Casa típica en Santana
Casa típica en Santana


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