Baia Mare

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[editar] Maramures

Baía Mare, es el punto de partida para la visita a los Maramures. Esta región, aislada, fronteriza con Ucrania, mantiene vivas viejas tradiciones y un rico patrimonio folclórico, que algunos habitantes atribuyen al hecho de ser los descendientes directos de los antiguos dacios.

Baia Mare y los Maramures son lugares tan atractivos como poco visitados. En ellos se tiene aún la sensación de retroceder al pasado y de recuperar la imagen de los pueblos españoles de hace 50 años. Aunque el tiempo corre deprisa, la gente todavía utiliza aquí muchos utensilios que en otros lugares estarían expuestos en un museo.

Pero aparte del atractivo de las gentes y de la naturaleza, otro de los tesoros que esconde la región son las iglesias de madera declaradas Patrimonio de la Humanidad. Casi todas ellas se encuentran en los valles de los ríos Mara e Iza y guardan características comunes. Están rodeadas de un cementerio al que se accede a través de una verja de madera tallada. Corona la iglesia un alto pináculo. Y si este pináculo está rodeado de cuatro torrecillas, significa que el lugar era sede de jurisdicción. El interior está dividido en pronaos y naos. Y la mayorìa de ellas han sido construidas por los habitantes de los lugares próximos.

La ruta que conduce a las iglesias es sinuosa y se compone de carreteras en mal estado, pero el entorno es de una gran belleza y en muchos lugares el ritmo de vida parece haberse detenido y por momentos regresar al pasado.

Como suele ocurrir, el tiempo permitirá una visita más o menos detallada a todo lo que hay que ver, pero en todo caso en cualquier viaje a Rumanía, debieran figurar los Maramures que sin duda cambiarán y perderán el fuerte atractivo que tienen hoy antes de que pase mucho tiempo.

Siendo las distancias pequeñas, una opción puede ser dormir en Maia Mare y hacer excursiones por los alrededores, pero si lo que se quiere es recorrer los valles con un cierto detalle, el estado de las carreteras hace difícil el ir y volver a Maia Mare.

Lo aconsejable en este caso es hacer un recorrido y dormir en los distintos pueblos sin deshacer el camino. Pero no siempre será fácil encontrar alojamiento si se viaja en época de fiestas o de vacaciones. No es que vaya a haber aglomeraciones de ningún tipo, es que habiendo muy pocos visitantes también hay muy pocos lugares donde dormir.

Llegado el caso, en algunas poblaciones las gentes del lugar conocen de casas particulares que ofrecen habitaciones a los visitantes cuando no hay ningún hotel a mano donde alojarse.


[editar] La ciudad

Maia Mare significa “gran mina” y tiene como punto central la plaza de la plaza de La Libertad donde se encuentra la casa del noble Iancu de Hunedoara (en el número 18) que expulsó a los turcos en el s.XV y llegó a ser regente de Hungría y el monasterio de los minoritas -franciscanos-(en obras) en el número 6. Desde la plaza también se contempla la torre Stefan, construida en 1347 y que alcanza una altura de 50 metros, .

Además Baia Mare cuenta con un gran museo al aire libre, que recrea los pueblos típicos de esta región fronteriza con Ucrania.

Alojamiento: Un lugar estupendo: Pensionea Ideal

Comer: En una de las calles que parte de la plaza, en Vasile Lucaciu, 7, ha abierto recientemente The Home. Lo atiende en perfecto castellano una chica de nombre Loredana y es del todo recomendable.


[editar] Las iglesias

Ver galería de fotos

Hay muchas iglesias de madera y como se ha dicho dependerá de tiempo disponible hacer uno u otro itinerario.

La primera toma de contacto con ellas puede empezar por de Surdesti. Hay que estar dispuesto a perderse un poco, pero por el camino se disfruta del magnífico paisaje y del entorno rural (carretas cargadas de paja tiradas por caballos, mujeres trabajando el campo con azadas y yuntas arando los campos). Es una delicia de recorrido que invita a parar a cada momento, pues todo llama poderosamente la atención.

La iglesia de Surdesti compone un lugar muy agradable. Construida en madera de abeto, está rematada por el pináculo más alto de Maramures (74 metros) y tiene pinturas de 1737. Llama poderosamente la atención encontrar un retrato de Juan Pablo II en un país de obediencia ortodoxa. Pero quien pregunte a la señora que enseña la iglesia sabrá que los lugareños profesan la religión católica-griega o uniata y por tanto reconocen la autoridad del pontífice de Roma. En la época de la dictadura de Ceaucescu, esta religión fué prohibida y no volvió a restablecerse el culto hasta el año 1989.

A dos kilómetros se encuentra otra bonita iglesia de madera que no hay que olvidar. Se trara de la de Plopis consagrada a los Santos Arcángeles y construida a finales del XVIII. Quizás su originalidad radica en el perfil tricúspide de la bóveda de la nave principal. Merece la pena disfrutar de la absoluta tranquilidad del entorno y si es al atardecer dejarse envolver por la magnífica puesta de sol sentados en los bancos de madera de la iglesia.

Continuando en dirección a Cavnic, importante estación invernal, se asciende por el puerto de montaña con nieve durante buena parte del año para descender a Budesti. Aquí llaman la atención los gorros que levan los hombres y destacan las enormes y elaboradas puertas de las casas. La iglesia es también muy conocida. Dedicada a San Nicolás, data de 1643 y es de las pocas que han conservado su estructura original sin modificaciones. El interior está decorado con iconos sobre cristal y madera y los personajes bíblicos visten trajes tradicionales.

El camino continúa hasta la biserica de lemn (es decir, la iglesia de madera) de Sugatag que se encuentra al lado de la carretera. Es una de las más antiguas de la región pues data de 1642.

Desde este lugar puede seguirse hacia Sighetu Marmatiei, para enfilar luego el camino de Sapanta próximo a la frontera de Ucrania. El pueblo es célebre por el llamado “cementerio feliz” obra de Stan Ion Patrag que murió en 1977. Este poeta, pintor y escultor tuvo la idea de dar al cementerio un toque de alegría pintando con vivos colores las cruces de madera a las que después añadió un poético y a veces irónico epitafio sobre la vida del fallecido. Además talló escenas que representan el oficio por el cual fue conocido el muerto. El color que predomina es el azul añil conocido como el azul sapanta. La verdad, es que resulta emocionante pasear entre las tumbas de este lugar sorprendente y poético. (Ver galería de fotos)

El 'cementerio feliz' justifica la visita a Sapanta, pero a la entrada del pueblo, justo al lado de la carretera, también conviene detenerse en la gran iglesia de madera rodeada, como es habitual, por otro cementerio con unos cientos de lápidas de piedra pero esta vez sin ningún tipo de fantasía.

De regreso a Sighetu y a la altura de Vadu Izei sale la carretera que recorre el valle de Iza. En Barsana habrá que visitar su antigua iglesia de madera, con el tejado en voladizo sobrepasando los muros exteriores y pintada de arriba a abajo con llamativos frescos de gran calidad. Está situada en lo alto de una colina, data de 1720 y forma parte del reducido grupo de ocho incluidas en la lista de Patrimonio de la Humanidad.

Pero sin llegar a tanta fama lo que ha contribuido también a la celebridad del pueblo ha sido el monasterio que se encuentra a la salida, a la izquierda de la carretera. Se trata de un complejo nuevo, construido en la década de los noventa, en madera y que ha conseguido convertirse en una verdadera referencia artística. Se trata de un conjunto de una gran belleza, donde se respira paz y tranquilidad, y donde las monjas han montado un pequeño hotel de 16 habitaciones completamente recomendable para detenerse a descansar. Como aliciente añadido ofrece la oportunidad de probar su magnífica cocina en la que destaca el famoso plato de arroz con verduras (sarmale). Para reservar: VilaBarsana.

Siguiendo por valle y por paisajes siempre sugerentes, la próxima parada es en la pequeña localidad de Stramtura. Aunque no figura en ninguna guía, tiene una coqueta iglesia de madera con su parte inferior pintada de azul.

Rozavlea será casi la última parada y la última iglesia de madera. Esta biserica cerrada al culto y transformada en museo, asegura la guía que es la más interesante de cuantas hay en la región, pero llegados a estas alturas es muy difícil decir cual es la más interesante de todas las que se han visitado. Terminada en 1717 cuenta con cubierta de doble vertiente recientemente restaurada, además de una notable galería de pinturas de los siglos XVIII y XIX.

El recorrido por las iglesias toca a su fin y el alojamiento bien puede buscarse -no es del todo fácil- en Bogdan Vodá pero antes y a unos escasos 3 km merece la pena llegar a Ieud. En este pueblo se halla la iglesia más antigua de Maramures. Después de aparcar el coche y caminar paralelos al río se llega a la iglesia de la Colina que data de 1364 y conserva fragmentos de frescos de 1792. En la torre de esta iglesia se descubrió el manuscrito más antiguo conservado en lengua rumana (llamado códice de Ieud). La tranquilidad del lugar permite disfrutarlo casi en soledad. Luego, de regreso al coche, tiene interés detenerse en un pequeño museo etnológico donde se exhiben útiles de labranza, prendas de vestir y elementos de la vida cotidiana de este lugar.

Más imágenes e información -en inglés- en la web de romanian.monasteries.org

[editar] Una sugerencia

Quienes dispongan de tiempo y flexibilidad en el viaje tienen la oportunidad de hacer una excursión muy recomendable. Se trata de la ruta en tren con máquina de vapor por una vía estrecha que sale de la estación de Viseu de Sus. El tren parte todas las mañanas a las 7 horas y durante 12 horas recorre este valle hasta la frontera de Ucrania. Hay que tener la precaución de llevar comida y agua y un chubasquero para la lluvia pues lo vagones son descubiertos y en caso de llover no hay sitio para guarecerse. En cualquiera de los casos es otra emocionante aventura.


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