Ouro Preto

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[editar] Historia

Su nombre lo anuncia, Ouro Preto (Oro Negro) fue una de las capitales brasileñas más significativas de la época colonial. A finales del siglo XVII el explorador Fernão Dias dejaba la villa de São Paulo rumbo al norte para empezar su expedición más importante. Junto a cuarenta de sus hombres más unos cien indios y esclavos, cruzaron la selva, se enfrentaron a fieras salvajes y tribus indígenas para saciar las ganas de la Corona Portuguesa –y la suya misma de encontrar piedras preciosas en los rincones de Brasil. El pequeño ejército de Dias abrió la primera trilla en el sertão paulista en una aventura que dio inicio a una de las épocas más importantes de la historia de Brasil: el ciclo del Oro.

Atraídos por el mineral dorado, miles de aventureros llegaron a la región. En poco menos de dos décadas Minas Gerais poseía más de treinta mil habitantes, el triple de las poblaciones de Río de Janeiro o São Paulo, que no pasaban de ocho mil. Los portugueses también se contaminaron por la fiebre del oro. Tanto que, para evitar el éxodo, Portugal llegó a prohibir el viaje de los ciudadanos lusitanos a Brasil.

Gracias a la riqueza de entonces, Ouro Preto guarda uno de los mayores conjuntos de arquitectura barroca, motivo por el que fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, en 1980. Al pasear por sus acentuadas y estrechas laderas imaginamos que las piedras de las calzadas que aquí reposan desde hace siglos, nos susurran historias de un Brasil Colonial y sus gritos de independencia.

Casas típicas Ouro Preto
Casas típicas Ouro Preto
Vista de los tejados de la ciudad
Vista de los tejados de la ciudad
Plaza Tiradentes
Plaza Tiradentes


[editar] Para visitar Ouro Preto

Iglesia de Sao Francisco de Assis
Iglesia de Sao Francisco de Assis
Chafariz dos Contos
Chafariz dos Contos
Detalle arquitectónico
Detalle arquitectónico


Ouro Preto requiere tiempo, largos paseos y silencio. Silencio para escuchar estos susurros que nos trae el tiempo. Si cruzar un puente es abrir un nuevo camino, el nuestro empieza en el Puente dos Contos. Paso a paso, Ouro Preto nos lleva de vuelta al pasado en detalles que se revelan en las fachadas de las casas, en los balcones y puertas cuidadosamente tallados o en detalles como el de algunas cerraduras que, coronadas por una cruz, simbolizan la elevada clase social de sus moradores.


Ouro Preto está repleta de antiguos casones que conservan la historia de la Inconfidencia Mineira, nombre que se dio al movimiento revolucionario que llevó a la Independencia de Brasil. Por sus calles predicaba uno de sus protagonistas, José da Silva Xavier –Tiradentes-, hasta que fue delatado por algún traidor a la causa y cuya muerte lo transformó en héroe nacional. La plaza central de la villa lleva su nombre y abriga dos de los monumentos más fotografiados de la región: el Chafariz dos Contos, una preciosa fuente tallada en piedra y a su lado la Casa dos Contos, uno de los más bonitos palacios de la arquitectura colonial brasileña. Fue residencia del poderoso João Rodrigues de Macedo y era frecuentada por la elite de Ouro Preto.


Cruzando la Plaza Tiradentes llegamos a la Iglesia de São Francisco de Assis. Construida en 1766, es un magnífico ejemplo del barroco minero y la obra prima de uno de sus mayores artistas, Aleijadinho. Al visitar su interior lo mejor es empezar admirando la pintura del techo. La obra de Mestre Athaíde representa, en una admirable mezcla de colores, ángeles y santos con características originalmente brasileñas que lo diferenciaron de los cánones europeos. El altar principal también nos ofrece una grata sorpresa al descubrir que todas las figuras tienen un aspecto amable y expresivamente humano.


Otro nombre propio del arte sacro minero es el de la Iglesia de Nossa Senhora do Pilar, uno de los más exuberantes templos de la región. Construida en el apogeo de la decoración barroca, la excesiva ornamentación dorada de su interior puede llegar a deslumbrar al visitante. Es interesante saber que la iglesia original tenía una posición invertida a la actual, fueron las sucesivas reformas que ampliaron y reorientaron el templo.


Visitar Ouro Preto significa perderse en un sinfín de atracciones arquitectónicas, casonas, iglesias y museos. Significa embriagarse de tiempos pasado y de la historia brasileña.



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