Pakse
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Pakse, es el punto de partida para visitar la provincia de Champasak -antiguo asentamiento de la realeza- y para llegar hasta el archipiélago de Si Phan Don (cuatro mil islas).
La ciudad propiamente de Pakse tiene poco interés y los viajeros que llegan a ella lo hacen en su mayoría para visitar las ruinas del Wat Phu Champasak situadas a 8 km de la ciudad, o lo que es lo mismo, a tiro de bicicleta.
[editar] Wat Phu
Este complejo, declarado Patrimonio de la Humanidad, posee un encanto especial. Está dividido en seis terrazas situadas sobre tres niveles principales unidos por un largo tramo de escaleras –a veces bastante pronunciadas– y flanqueado por estatuas de leones y nagas. El lugar está cubierto de una espesa vegetación y su relieve proporciona desde los puntos elevados magníficas vistas del conjunto. La fama del yacimiento reside en las ruinas de los pabellones –en el primer nivel-, en el ornamentado santuario dedicado al lingam de Siva , en las enigmáticas piedras del elefante y el cocodrilo y en la tremenda altura de los árboles que hacen del entorno un lugar casi místico.
La visita puede hacerse tranquilamente en un par o tres de horas.
Podemos alojarnos en Wat Phu –aunque no hay buenos hoteles- y aprovechar el tiempo sobrante para hacer una excursión a la isla de Don Daeng, donde parece no haber transcurrido el tiempo.
Otra de las opciones es continuar el viaje para llegar a dormir a Don Khong.
[editar] Don Khong (Si Phan Don)
Don Khong se encuentra en el archipiélago fluvial de Si Phan Don, en el extremo sur de Laos. Para llegar desde Wat Phu debemos utilizar un transporte hasta el muelle, cruzar en una barca el Mekong, tomar de nuevo otro transporte para llegar al cruce de la carretera 13 y sentarse tranquilamente a esperar otro sawngthaew que nos lleve hasta el cruce de Hatsay Khoun. Desde este punto, con el equipaje al hombro, habrá que caminar 500 metros hasta el embarcadero y de nuevo otro barco permitirá llegar Muang Khong (el puerto de la isla de Don Khong). ¡Así de facilito! …, estamos en Laos.
La isla de Don Khong, en medio del Mekong, incita a relajarse y disfrutar, y la mejor manera de hacerlo es alquilando una bicicleta para perderse por sus caminos y recorrerla. Posee 18 km de largo por 8 de ancho. La vida transcurre en ella tremendamente despacio y aunque Lonely Planet, dice que es difícil ser molestado por el ruido de algún coche, la realidad es que en la actualidad hay bastantes más motos y coches que los que dice la guía –son cosas del progreso. Aún así es una isla pintoresca, llena de arrozales y salpicada de pequeñas aldeas que justifican el ir parando para disfrutar del paisaje y de la gente.
Durante mi estancia, coincidí con la campaña de recogida del arroz en la que era habitual ver a familias enteras trabajando en las labores del campo. Sentarse en una terraza a orillas del río, era una experiencia de lo más gratificante.
Solamente una advertencia, en temporada baja no os descuideis a la hora de ir a cenar, pues es muy probable que a las 7 de la tarde ya esté todo cerrado.
[editar] Don Det y Don Khon
Para llegar a las islas de Don Det y Don Khon (no confundir con Don Khong) lo mejor es coger el barco que todos los días sale a las 8.30 de la mañana de Muang Khong y que aproximadamente en dos horas de navegación nos dejara en el embarcadero de destino.
Las dos islas constituían un enclave importante para que la línea de tren que unía Saigón (Vietnam) y Laos tuviera una base donde repostar durante la época colonial. Para ello los franceses construyeron un ferrocarril de vía estrecha en ambas islas que salvaba los rápidos del Mekong, además de unos muelles de carga. Pequeñas locomotoras tiraban de la carga y aún hoy en día se pueden ver los restos de las vías, los muelles y una locomotora abandonada en medio de los arrozales.
Como en el resto de las islas, la vida transcurre en Don Khon con tranquilidad y sin prisas. Es importante señalar que a este lugar todavía no ha llegado la electricidad y sólo a partir de las 18 horas funcionan algunos generadores. Lo normal es acostarse tempranito –salvo que nos queramos ir de marcha a Don Det que es donde se encuentran los chiringuitos que se mantienen abiertos a la caída del sol– y madrugar al día siguiente para aprovechar la luz natural, alquilar una bicicleta o liarse a caminar.
Se puede hacer una caminata de cinco kilómetros, para llegar a la aldea de Ban Hang Khon, siguiendo la antigua vía férrea, y de camino visitar pequeñas aldeas, bosques primarios y arrozales hasta llegar a la punta donde se encuentra el muelle de carga francés, frente a la frontera camboyana. En este punto es posible contratar los servicios de una barca para ver delfines del Irawadi, una de las criaturas más fascinantes del Mekong y que se encuentra en peligro de extinción.
De vuelta hasta el pueblo podemos parar en la playa del Mekong (e inclusive darnos un bañito) que está nada mas pasar las cascadas de Li Phi –el espíritu atrapado-. Este conjunto de rápidos cuyo ruido se escucha desde muy lejos es para los habitantes de la isla una trampa para los malos espíritus y por lo tanto ellos jamás se bañan allí.
Cerca de las cascadas, hay algún puestecito para tomar un refrescante coconut, comer unos plátanos o un pescadito asado. Si lo que queremos es llegar al pueblo y descansar en una terracita al lado del río, podemos elegir el 'Seng Ahloune Restaurant' donde degustar un delicioso pescado asado con patatas fritas en un bonito entorno muy cerca del puente.
También debo comentaros que aunque aquí no hay buenos hoteles –si exceptuamos el 'Auberge Sala Don Khone' que es un antiguo hospital de la época francesa y que en estos momentos (2008) se halla en pleno proceso de remodelación– son recomendables el 'Pan`s Guesthouse' y los seis bungalows que tiene el 'Seng Ahloune', justo encima del río con unas magníficas vistas y a un precio razonable (70.000 kits o 6 euros).
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