Persépolis

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A 60 Km al noreste de Shiraz se encuentra Persépolis, declarada Patrimonio de la Humanidad.

Es el mejor conjunto arqueológico de Irán y sin duda un lugar que no puede faltar en cualquier visita al país.

“La ciudad de los persas”, como la llamaron los griegos, es un conjunto de palacios y otras dependencias sobre una gran plataforma, que a modo de terraza, sale a los pies de la Montaña de la Piedad.

La construcción comenzó con Dario el Grande (521-486 d.C.) y se continuó con nuevos palacios y dependencias durante los reinados de Jerjes I, Artajerjes, Jerjes II, Dario II, Ciro II, Artajerjes II, Artajerjes III. Finalmente el conjunto fue destruido por Alejandro Magno en el 331 d .C. en el curso de la conquista del imperio persa como parte de su campaña de expansión hacia el este.

Para dar una idea de la monumentalidad de lo que fue Persépolis basta decir que sólo el Palacio de Darío podría albergar a diez mil personas. Otras edificaciones importantes son la Puerta de los Países o Puerta de Jerjes, el Palacio de los Espejos y el Tesoro Imperial, así como su museo.

Pero más que el tamaño, lo sobresaliente es la belleza y la finura de los relieves, así como la variedad de las escenas donde se muestran a los diversos pueblos que rinden pleitesía al emperador.

El escaso turismo extranjero que visita actualmente Irán permite ver las ruinas de Persépolis con comodidad por regla general. Excepcionalmente, en las grandes festividades iraníes, los visitantes del propio país son numerosos.

En todo caso, llegar al recinto a una hora temprana ayudará a ver las ruinas con menos aglomeraciones y en un ambiente mucho más agradable. Y en época de calor, sobre todo, permitirá gozar de una temperatura mucho más benigna que en las horas de pleno sol.


[editar] Naqsh-e-Rostam

Muy cerca de Persépolis (a unos 6 km aproximadamente) se encuentran las tumbas de Darío I, Darío II, Jerjes y Artajerjes. Son magníficas y no debiera perdérselas nadie que haya llegado hasta Persépolis.

En las paredes verticales de la montaña se alojan las tumbas que se adornan con magníficos bajorelieves donde están representadas escenas y símbolos imperiales a la gloria de los monarcas. Una escena especialmente adornada muestra la victoria de Sapor I que hace cautivo en combate (en el año 259) al emperador romano Valeriano.

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