Rio de Janeiro

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[editar] La 'ciudad maravillosa'

Rio eu gosto de você, cuadro estilo naïf de Lia Mitarakis
Rio eu gosto de você, cuadro estilo naïf de Lia Mitarakis


Todo es poco cuanto se diga sobre Río. Podrá haber alguna otra ciudad en el mundo que iguale su belleza. Pero es difícil pensar que ninguna la supere. Su situación junto al mar, el relieve que marca su geografía y que delimita sus barrios, la vegetación que la rodea y que adorna sus calles y el clima, hacen de ella un lugar privilegiado y único.

A ello, como en el resto de ciudades de Brasil, habría que añadir a los brasileños, que dan a la ciudad un aire de fiesta y vitalidad inconfundibles. Rio es una ciudad espectáculo por sus condiciones naturales, pero también por sus gentes. La vida alrededor de la playa da un tono singular a las avenidas litorales. Morenos, con un físico cuidado, tomando el sol o haciendo ejercicio, parece que los habitantes de Rio cultivan los atractivos del mar y el culto a la belleza como en ningún otro sitio.

Por supuesto, Río tiene también monumentos, pero no es una ciudad que destaque por ellos. Río es una ciudad a la que se va a ver la calle, a pasearse por ella, mirar a la gente, disfrutar de la naturaleza, en definitiva, para dejarse llevar por la vida le la que disfrutan los cariocas.


[editar] ¿Cuándo ir a Río? ¿Cuántos días?

Río de Janeiro tiene un clima tropical y la temperatura media es de 22ºC. Así que puede recomendarse el viaje en cualquier época del año, salvo algunas diferencias. Junio, julio y agosto son los meses de invierno cuando la temperatura oscila entre 15 y 25ºC. Las noches son frescas, los días agradables y se puede incluso disfrutar del sol en la playa, sin embargo el mar suele estar muy agitado y el agua bastante fría debido a las corrientes polares. Quizás, lo peor de visitar Río en invierno, es que anochece bastante pronto, generalmente sobre las 17h30.

A su vez, en los meses de enero y febrero, auge del verano, las temperaturas pueden ser sofocantes, superando los 35ºC.

Es posible visitar Río de Janeiro de una forma rápida en tres o cuatro días. Sin embargo, Río, más que una ciudad monumental, es una ciudad llena de vida, y su mayor atractivo está en sentir su pulso en la calle y compartir el día a día con los cariocas. Para ello, cinco o seis días de visita serán imprescindibles.

[editar] Para empezar a conocer Río de Janeiro

Vista nocturna de Río y el Cristo Redentor
Vista nocturna de Río y el Cristo Redentor

Probablemente, ésta sea una de las diez ciudades más famosas y soñadas del mundo. Su embajador más noble: el Cristo Redentor, en lo alto del cerro de Corcovado. Declarado una de las nuevas ‘siete maravillas del mundo moderno’, la gigante estatua de Cristo con sus brazos abiertos sobre Río es para sus habitantes verdadero padrino y protector. Estos mismos brazos abiertos reciben amablemente al turista, que debería iniciar desde aquí su vista a la ciudad.

Las impresionantes vistas permiten al visitante comprender de antemano por qué Río es inigualable. En primer lugar, por su geografía. Río se encuentra sobre y entre un sinfín de cerros que salpican el océano Atlántico formando gran cantidad de bahías y playas. Cubriendo este magnífico entorno, el Parque Nacional de Tijuca, una floresta tropical con un área de 3.300 hectáreas que se mezcla y entrecruza con las zonas urbanas.

Declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1991, este pulmón verde está amenazado por el crecimiento descontrolado de las favelas. Con la intención de preservar la floresta y no isento de polémica, el Ayuntamiento ha empezado a construir a su alrededor un inmenso muro de hormigón que pretende frenar su devastación.

Tren que sube al Cristo Redentor
Tren que sube al Cristo Redentor
Largo do Boticario
Largo do Boticario
Museo Arte Naïf
Museo Arte Naïf
Vistas desde el Mirante Dona Marta
Vistas desde el Mirante Dona Marta

Antes de bajar a la ciudad, no lejos de la salida del funicular que baja del Cristo Redentor, se recomienda visitar el Largo do Boticario, un pequeño callejón que desemboca en una plazoleta colonial rodeada de caserones antiguos y llenos de color. Creado en 1831, fue restaurado por Lúcio Costa (autor del trazado de Brasilia) y recrea en buena medida el paisaje del Río de Janeiro colonial.

Otro visita interesante en los alrededores del Cristo es el Museo de Arte Naïf. Situado en un caserón antiguo, su colección es la mayor de mundo del estilo y alberga más de 8000 obras de 1500 artistas. Desafortunadamente, sólo se exponen un centenar de ellas.

Muy cerca del Cristo Redentor se encuentra el Mirante Dona Marta, otro mirador que ofrece una excelente oportunidad de admirar la ciudad. Es desde allí donde se tiene la mejor perspectiva del famoso Pan de Azúcar.

[editar] Centro

La zona central de Río no queda exactamente en el centro de la ciudad, sino que en el oeste. Se le denomina centro, porque la ciudad se desarrolló desde aquí.

Vertebrado por la Avenida Rio Branco, que lo cruza desde el Puerto hasta el Parque del Aterro de Flamengo, es el corazón financiero y empresarial de Río, lleno de edificios administrativos y bancarios. Entre semana sus calles se llenan de ejecutivos trajeados que caminan de un lado a otro, sin embargo por la noche quedan desiertas, y no se recomienda circular por esta zona pues puede ser peligrosa.

Vista del centro de la ciudad
Vista del centro de la ciudad
Teatro Municipal
Teatro Municipal
Museo Nacional de Bellas Artes
Museo Nacional de Bellas Artes
Travessa do Comercio
Travessa do Comercio


Es en el centro donde está el Río de Janeiro más monumental. En el nº199 de la Avda. Rio Branco se encuentra el Museo Nacional de Bellas Artes, uno de los mejores de la ciudad. Poco después, por la misma avenida, la joya de la corona de los monumentos cariocas, el Teatro Municipal. Construido entre 1905 y 1909, el suntuoso edificio tuvo como modelo la Ópera de París. En su inicio servía únicamente como casa de espectáculos, que recibía sobre todo compañías extranjeras. Hoy, es sede de un coro, una orquestra sinfónica y una compañía de ballet.


En la Plaza XV de Novembro (coloquialmente llamada de 'Praça Quinze') se encuentra el Paço Imperial. Edificio colonial convertido en residencia real en 1808, cuando D. Joao VI trasladó su Corte a Brasil, huyendo de las tropas francesas que invadieron Portugal. Fue aquí donde la princesa Isabel firmó la abolición de la esclavitud. Actualmente el edificio se ha convertido en centro cultural y alberga un cine alternativo, una sala de exposiciones y un café.

Interior Confitería Colombo
Interior Confitería Colombo


Desde la Plaza XV, cruzando el Arco do Teles (antiguo pasaje) se llega a la Travessa do Comercio. Una calle adoquinada, enmarcada por antiguas casas coloniales que es hoy en día uno de los lugares más animados del centro. Repleta de bares, restaurantes y terrazas, es el punto de encuentro para el ‘happy hour’ de los oficinistas de la zona. Las calles que la rodean son las más antiguas de la ciudad.

Centro Cultural
Centro Cultural


Es inaceptable visitar el centro de Río de Janeiro sin pasarse por la imponente Confitería Colombo. Abierta desde 1894, es memoria viva de la “belle epoque carioca”. La decoración de sus salones en estilo art nouveau compone un ambiente muy sofisticado y a la vez agradable. La confitería se hizo famosa como lugar de encuentro y tertulia de políticos, periodistas, poetas, literatos y artistas.


Aún en el centro de la ciudad se encuentran diferentes centros culturales de diversas instituciones privadas, como el Centro Cultural de Banco de Brasil o la Casa França-Brasil. Enriquecen mucho la oferta cultural de Río de Janeiro y conviene consultar la agenda de exposiciones y actos cuando se visite Río, ya que su programación es de gran calidad.


Entre las innúmeras iglesias que se encuentran en el centro de Río, cabe destacar una en particular, la de Sao Francisco da Penitência. Construida entre 1653 y 1657, es una obra maestra del barroco, cuyo interior está completamente cubierto de oro. Tal es su riqueza, y por este motivo, se hace necesario concertar cita para visitarla.


Por último, junto al centro se encuentra el Aterro do Flamengo, parque que ocupa un terreno ganado al mar que discurre a lo largo de la Bahía da Guanabara. Diseñado por el famoso paisajista brasileño Roberto Burle Marx, el parque ofrece la posibilidad de agradables paseos junto al mar. Al final de las tardes, sus campos de fútbol y pistas se llenan de cariocas amantes del deporte.

[editar] Lapa y Santa Teresa

Arcos da Lapa
Arcos da Lapa

Ha llegado el momento ‘subir o morro’ hacia Santa Teresa y para ello, una de las atracciones más simpáticas de Río: tomar el tranvía, llamado ‘bonde’ o ‘bondinho’. Turístico y popular, este entrañable tranvía amarillo empezó a funcionar en 1896. Su punto de partida está en la rua Senador Dantas (cerca del Teatro Municipal), desde allí cruza por encima los Arcos da Lapa para adentrarse en la ladera que lleva a Santa Teresa.


Los Arcos da Lapa son un antiguo acueducto construido 1750. Con arcadas a dos niveles, canalizó agua hasta que dejó paso al ‘bondinho’ a finales del siglo XIX.


Bajo los arcos, uno de los barrios más animados de la ciudad, Lapa. Aquí se reúne toda la gana de fiesta de Río de Janeiro. Una mezcla sorprendente de gentes, ambientes y formas de diversión. Casas de samba, shows, bares, discotecas…


Bajar al final de la línea del ‘bonde’ significa estar en Santa Teresa, el barrio más pintoresco, refugio de artistas, escritores, restaurantes de comida casera, talleres y tiendas de arte. Situado en una colina de exuberante vegetación, en el pasado fue el barrio más elegante y burgués de la ciudad. Sus calles adoquinadas están repletas de villas y mansiones que se abandonaron poco a poco cuando el barrio fue rodeado por favelas.

'Bondinho'
'Bondinho'
Calle de Santa Teresa
Calle de Santa Teresa
Bar do Mineiro
Bar do Mineiro

Hay que vagar por sus calles, escalinatas y jardines. De las más recomendadas y representativas, la rua Almirante Alexandrino y la rua Aprazível.


Parque das Ruínas es un museo y centro cultural recientemente abierto al público. Su edificio es lo que resta del palacio Murtinho Nobre, residencia de la gran mecenas carioca Laurinda Santos Lobo. Esta casa fue uno de los puntos más efervescentes de la vida cultural carioca, donde durante muchos años se reunían artistas como Villa-Lobos o Isadora Duncan.
Parque das Ruinas
Parque das Ruinas
En desuso desde la muerte de su dueña en 1946, el Ayuntamiento lo ha rehabilitado como espacio para exposiciones y espectáculos.


Sorprendente por su arquitectura –paredes de ladrillo originales mezclados con estructuras de hierro y vidrio- el Parque das Ruínas se ha convertido también en uno de los mejores miradores de Río de Janeiro, ya que las vistas de la ciudad son impresionantes.

A su lado, el Museo Chácara do Céu. Reúne la colección de Raymundo Otón de Castro Maya donde se encuentran obras de los grandes pintores brasileños como Portinari, Di Cavalcanti o Iberê Camargo, además de maestros europeos como Modigliani, Matisse, Dalí o Degás.


En Santa Teresa, los ‘butecos’ o bares, son un atractivo más. Bares de calle, muy animados y poco sofisticados, entre ellos, el Bar do Mineiro con su feijoada (plato típico brasileño) está a punto de convertirse en atracción turística.

[editar] Zona Sur

Praia Vermelha
Praia Vermelha

Unida al centro por los barrios de Flamengo y Botafogo, en la zona sur encontraremos los barrios residenciales de Río. Con excepción del Jardín Botánico y la Lagoa Rodrigo de Freitas, a partir de aquí todo gira en torno a la playa. Si el Cristo Redentor es el padrino de los cariocas, la playa –sol, arena y mar- es la madrina por excelencia. Ejerce como un imán que atrae al más rico y al más pobre, y es donde se mezclan el negro, el mulato, el blanco. Donde conviven moradores de las favelas, artistas, burgueses y turistas.


Río es una ciudad de grandes contrastes y todos ellos se identifican sobre la arena.

Teleférico Pan de Azúcar
Teleférico Pan de Azúcar

El primero de estos barrios residenciales no se encuentra del todo en la zona sur. Se ubica en una lengua de tierra a los pies del famoso Pan de Azúcar. Urca es un oasis de apacibles calles bordeadas de edificios antiguos y mansiones art decó, que miran hacia la bahía de Botafogo. Es una zona muy tranquila y muy poco visitada.


El Pan de Azúcar, marca registrada de la ciudad, es un morro monolítico que prácticamente carece de vegetación. Su perfil más conocido, y que le da nombre, es un bloque de roca gigante que se ha ido erosionando a lo largo de 600 millones de años aproximadamente, hasta llegar a tener esa forma tan peculiar.

Copacabana
Copacabana

En 1912 se inauguró el primer teleférico que sube hasta el Pico. Sustituido en 1972 por uno bastante más moderno, el teleférico del Pan de Açúcares una de las atracciones más visitadas de Río de Janeiro, y es que las vistas que ofrece desde la cima del pico son únicas. Al otro lado del Pan de Azúcar, una de las playas más aisladas, tranquilas y bonitas de la ciudad de Río, la Praia Vermelha.


La playa que abre las puertas de la zona sur carioca es Copacabana, embajadora de Río de Janeiro para el mundo. Hoy algo decadente y demasiado populosa, víctima de su propio éxito. Sin embargo, un paseo por la famosa calzada de mosaicos ondulados que acompaña los cuatro kilómetros de fina arena de la playa de Copacabana, sigue siendo visita obligada.


La Punta del Arpoador enlaza Copacabana con Ipanema. Es el rincón preferido de los surfistas y cariocas, que vienen hasta sus rocas para admirar los atardeceres, sobre todo en verano.


Los lujosos barrios de Ipanema y Leblon fueron urbanizados en la década de 1970, cuando la moda era construir enormes y monstruosos bloques de edificios. Son ellos que escoltan sus famosas playas, y es a través de ellos que se asoman al mar la clase más pudiente, pero también la más baja, moradora de la vecina favela da Rocinha.


Aunque se dice que Ipanema se está ‘copacabanizando’, lo cierto es que el barrio mantiene su glamour. Calles como García D´Ávila son conocidas por su gran concentración de boutiques. Sentarse a tomar algo en el más que famoso bar Garota de Ipanema, sigue siendo uno de los programas más ‘in’ de Río de Janeiro. Era desde aquí que Vinicius de Moraes y Tom Jobim "miraban a la bonita garota pasar camino al mar…".


Leblon es el barrio noble de Río por excelencia. Residencia de artistas, personalidades y caras conocidas de la sociedad carioca. Sus calles tranquilas y arborizadas invitan a amables paseos. Es una zona repleta de restaurantes y pequeños bares muy frecuentados por los verdaderos cariocas, o como aquí se les llama: "cariocas da gema".


Las playas de estos dos barrios son el escenario principal de la vida en Río, sobre todo los fines de semana. Ipanema es la más snob, concurrida y sofisticada. Los cuerpos más perfectos se lucen en sus arenas, sobre todo cerca del Posto Nove (referencia al número del puesto salvavidas). La playa de Leblon es más elegante y a la vez más familiar. Pero tampoco en ella se encuentra tranquilidad. Los fines de semana el metro cuadrado de arena es muy disputado y el comercio sobre él frenético y muy característico. Es un goteo constante de vendedores ambulantes ofreciendo toda clase de productos, desde sombreros a pareos o biquinis, brochetas, bebidas, bocadillos... Para hacerse pasar por un local es imprescindible hacerse con unos ‘Biscoitos Globo’ (galletas saladas) y un ‘Chá Mate’ bien frío (refresco a base de mate), lo antes posible.

Playa de Ipanema
Playa de Ipanema
Playa de Leblon
Playa de Leblon
Vendedor de mate
Vendedor de mate


Jardin Botánico
Jardin Botánico

Entre las playas y el cerro del Corcovado, dos de los atractivos más amables de Río. La Lagoa Rodrigo de Freitas es un enorme lago artificial de agua salada. Bordeando la ‘lagoa’ un agradable paseo donde los cariocas de la zona gustan practicar deporte. Alquilar una bicicleta para dar una vuelta por la lagoa resulta un excelente plan, o bien coger una de las barcas de pedales disponibles e ir hasta el centro de la lagoa para admirar el verde paisaje que la rodea.


En Río el contacto con la Naturaleza es constante, pero hay un lugar que reúne todo lo exuberante de las maravillas naturales brasileñas y extranjeras: el Jardín Botánico. Creado por orden expresa del rey D. Juan VI cuando llegó a Brasil, en sus 140ha reúne miles de especies de plantas y árboles. Al cruzar la puerta de entrada, una avenida flanqueada por espléndidas palmeras imperiales de más de 30m de altura reciben al visitante. Un paseo por entre sus caminos es un plan imprescindible, sobre todo entre septiembre y diciembre cuando todo está florido.


Muy cerca del Jardín Botánico se encuentra el Parque Lage, otro atractivo que se debe disfrutar con tranquilidad. Se trata de una antigua e inmensa mansión colonial declarada Patrimonio Histórico Nacional en 2002. Reformada en el mismo año, hoy alberga una escuela de Artes Visuales y un espacio para exposiciones. Uno de los planes más agradables por hacer en Río a día de hoy es programarse un desayuno en el café del Parque Lage. Su entorno lo justifica.

Lagoa Rodrigo de Freitas
Lagoa Rodrigo de Freitas
Parque Lage
Parque Lage
Vitoria Regias en el Jardín Botánico
Vitoria Regias en el Jardín Botánico

[editar] Las favelas

Favela
Favela


Es literalmente imposible estar o llegar a Río de Janeiro y no ver una favela. Si se llega en avión, entre el aeropuerto internacional y el centro de la ciudad, se cruzan unas cuántas. Según los últimos datos, existen cerca de 1000 favelas en Río, que ocupan, sobre todo, áreas públicas en la cuesta de los morros.


La mayoría de ellas están en la zona norte de la ciudad. Después de la Floresta da Tijuca y durante unos 40km después, se suceden diferentes favelas que albergan de entre doce y quince millones de personas. Gente sencilla que se gana la vida en diferentes trabajos en el centro de la ciudad.

Intervecióon del artista francés JR en la favela del morro Providência
Intervecióon del artista francés JR en la favela del morro Providência

Aunque en las últimas dos décadas se haya trabajado para poder mejorar las condiciones de vida de sus moradores, lo cierto es que la pobreza y la violencia siguen reinando en las favelas. Las leyes de las favelas las rigen los traficantes de drogas y armas que acaban subyugando a su población.


Víctimas claras de un sistema que les excluye, las favelas de Río de Janeiro son un tema delicado que merece respeto. Debido a la curiosidad que despiertan en el extranjero, en los últimos años han florecido agencias especializadas que organizan paseos (a veces en Jeep) para conocerlas desde dentro.


A pesar de que la mayoría de sus moradores es gente honesta que tiene una vida muy dura, no se debe de manera alguna, visitar una favela por cuenta propia. No es seguro. Tanto por los atracos, cuanto por los continuos enfrentamientos entre diferentes bandas de narcotraficantes, o entre estas y la policía.


A su vez, crecen las asociaciones que luchan por los derechos de sus moradores a tener una vida digna. La mayoría de estas asociaciones están relacionadas con las Escuelas de Samba, pues es aquí, en las favelas, donde se “fabrica” y donde está el alma del Carnaval de Río de Janeiro.

[editar] Fiestas Populares: Carnaval y Nochevieja

El Carnaval

Para la población de Río de Janeiro, sobre todo para la franja más pobre, el carnaval y el desfile de las Escuelas de Samba son como un corazón que palpita, se emociona y marca su ritmo de vida. Para ellos, artífices y protagonistas de la fiesta, el carnaval representa una ilusión y a la vez una vía de escape.

Para todos los demás, espectadores o participantes fugaces, en el carnaval se encuentra la mayor fiesta popular del planeta, y en el desfile de las Escuelas de Samba, el ‘mayor espectáculo de la Tierra’.

Aunque no pueda estar más estereotipado o masificado, vivirlo en directo es emocionante e inolvidable.

Durante las noches de domingo y lunes de Carnaval, todo el ritmo y la vitalidad de Río se concentran en el Sambódromo, la pasarela proyectada por Oscar Niemeyer para acoger el desfile de las Escuelas de Samba. Allí, las catorce escuelas del Grupo Especial (o lo que se entiende por la 1ª división) se encargan de crear el espectáculo.

Cada escuela elige un tema (el enredo) sacado del folclore, la historia o la actualidad y componen una especie de ‘ópera’ para retratarlo. Con cerca de cuatro mil integrantes y diez carrozas, cada una de ellas tiene exactamente 80 minutos para cruzar los 700 metros de la avenida.

Los desfiles para los cariocas son, más que un espectáculo, un concurso. Donde cada uno tiene su escuela favorita y la apoyan como a un equipo de fútbol. Varios quesitos son analizados y la escuela campeona del carnaval es anunciada el miércoles de ceniza. Para los ganadores, explota la celebración, para los demás, se empieza a trabajar en el desfile del año siguiente.

Para quien asiste al desfile en directo, dos aspectos son incomparables: primero, el atronador paso de la batería. Más de trescientos instrumentos de percusión pasan marcando el mismo ritmo y hacen que sea imposible que cualquiera se mantenga impasible. Luego, la estética. La belleza de las carrozas, de los disfraces y de los integrantes de las escuelas, hipnotiza.

Dos sectores de las gradas, el 7 y el 9, están reservados para turistas. Estas entradas solamente se venden a través de agencias de viajes. Sin embargo, la mejor manera de vivir el carnaval de Río es animarse a comprar un disfraz y participar de la fiesta desde la avenida. Cada Escuela vende diferentes disfraces a través de sus páginas web, o en sus centros de ensayo. Pueden costar de entre 50 y 500 euros y son el pasaporte para la diversión.

Aunque si se visita Río fuera de la semana del Carnaval, los ensayos de las Escuelas de Samba también se han convertido en un atractivo más. Empiezan en abril y se abren al público en agosto. Es cuando se podrá comprobar lo que el carnaval representa para las gentes de esta ciudad.


Ala de Bahianas
Ala de Bahianas
Mestre-sala y Porta-bandeira
Mestre-sala y Porta-bandeira
Batería
Batería

Fuera del Sambódromo el Carnaval de Río se puede vivir en las calles o en los salones. El primero, más genuino, informal y participativo. Irrumpe en cualquier esquina con los famosos blocos y las bandas. De los más famosos como la Banda de Ipanema -que parte de la playa que le da nombre, o el Céu na Terra que cubre de fiesta las calles del morro de Santa Teresa.


La Nochevieja o Reveillón


A quien le gusten las aglomeraciones y los macro eventos, la Nochevieja en Río es su momento. Más específicamente en la playa de Copacabana. Cada final de año suelen reunirse allí, en la playa, cerca de 2,5 millones de personas. Casi todas vestidas de blanco según rige la tradición. Tradición ligada a las religiones afro-brasileñas que en el último día del año acostumbran prestar homenaje a Iemanjá –la diosa del mar. Adeptos y curiosos hacen sus ofrendas a la diosa tirando flores al mar.

A las doce en punto empieza el espectáculo de fuegos artificiales, cada vez más largo y lleno de colores. Después, la noche se extiende en fiestas y conciertos por toda la ciudad. Para los más resistentes, son muy conocidos y recomendados los desayunos del 1 de enero en los principales hoteles y restaurantes de Río de Janeiro.

[editar] Museo de Arte Contemporáneo de Niterói


Niterói es una ciudad satélite de Río de Janeiro ubicada al otro lado de la bahía de Guanabara. Unida a la ciudad maravillosa por los 14,5 km del puente Río-Niterói, hace poco más de diez años, acoge uno de los atractivos más impactantes de Río de Janeiro: el Museo de Arte Contemporáneo de Niteroi. Proyectado por el célebre y centenario arquitecto brasileño, Oscar Niemeyer, el sorprendente edificio es una especie de platillo volante gigantesco construido a orillas de la bahía. Alberga una importante colección de artistas brasileños contemporáneos, pero sobre todo, ofrece una vista impresionante de Río de Janeiro.

El barco que hace el viaje de vuelta a Río es uno de los paseos recomendados para vislumbrar la ciudad desde el océano.



[editar] Algunas lecturas interesantes sobre Río de Janeiro

Río de Janeiro. Carnaval de fuego de Ruy Castro

Los papeles de Casa Velha de Machado de Assis



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