Ruta de Palladio
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[editar] Las villas del Véneto
Venecia vivió del comercio y del dominio de la navegación en el Mediterráneo desde la Edad Media. No sólo vivió: se enriqueció y acumuló capitales enormes. Cuando el imperio bizantino extendió su poder, Venecia compitió con él y buscó su propio espacio. Y cuando los bizantinos declinaron, los venecianos impusieron sus condiciones y buscaron alianzas para seguir prosperando con el oficio de comprar y vender.
En el siglo XVI el panorama en el Mediterráneo había cambiado. La caída de Constantinopla y la actividad musulmana en el mar llevó a los venecianos a mirar tierra adentro y a interesarse por la agricultura y por la vida en las regiones alejadas del mar.
Los patricios venecianos compraron tierras, y con la mirada puesta en el rendimiento del dinero, buscaron en la agricultura una nueva forma de hacer fortuna. El campo fue cobrando importancia y el cuidado del patrimonio agrícola llevó a construir casas que sirvieran para alojar a quienes hasta entonces vivían en palacios urbanos y para estar cerca de las cosechas y de quienes las trabajaban. Las 'villas' empezaron a florecer por la región del Véneto.
[editar] Palladio
En el Renacimiento, las grandes fortunas se aliaron con el interés por el arte y dieron lugar a una auténtica pasión por la edificación de palacios de uso privado y público. Artistas, artesanos y arquitectos alcanzaron la cima del talento en sus respectivos oficios.
Andrea di Pietro procedía de una familia de canteros. Había nacido en Padua en 1508 y había destacado en la realización de algunos monumentos funerarios. Inquieto, frecuentó el mundo ilustrado de los humanistas y llamó la atención de Trissino, personaje importante de Vicenza, escritor, arquitecto, humanista ... que lo apadrinó y que decidió ponerle el sobrenombre de Palladio, en recuerdo de Palas Atenea y en consideración a su sabiduría y a su rara sensibilidad hacia la belleza.
Palladio viajó a Roma, estudió a Vitruvio y se convirtió en un arquitecto de éxito. Su estilo, amplio y aireado busca la nobleza de lo monumental, pero no pierde el contacto con lo práctico y con el uso funcional de los edificios. Sobrio, en sus primeras obras, va evolucionando para incorporar elementos clásicos que dan grandeza, armonía y equilibrio al conjunto. Columnas, frontones, cúpulas, esculturas componen una arquitectura que realza los palacios urbanos y que se adapta especialmente bien a las villas.
En éstas, el aspecto señorial de las zonas nobles convive con las partes edificadas de uso agrícola que no son abandonadas al azar sino diseñadas como una parte del conjunto y pensadas para el uso práctico que deben tener. En el campo, donde casi no hay piedra, las columnas son de ladrillo y se cubren de argamasa sin perder por ello el poder estético de un orden minuciosamente pensado. La localización en un alto del terreno, favorece las perspectivas tanto para quienes ven desde lejos el edificio como para quienes viviendo en él desean disfrutar de la vista un entorno cuidado, casi siempre rodeado de jardines.
Las villas de Palladio fueron poblando las tierras del Véneto, en la región que se extiende alrededor de Vicenza, Padua y Venecia, junto a villas de otros arquitectos de la época, algunas de ellas notables también. Pero fueron las de Palladio las que marcaron un estilo que se ha convertido en modelo para la arquitectura de todo el mundo hasta el presente.
Lógicamente, los propietarios de entonces quisieron realzar los espléndidos edificios de Palladio con la decoración que podían darles los mejores artistas. Muchos de ellos conservan todavía las pinturas al fresco de grandes pintores de la época (Tiépolo, Veronesse, Guarana...) que dejaron en muchos casos sobre sus muros obras maestras para mayor gloria y disfrute de las familias que encargaron la construcción de las villas.
[editar] Visitas: qué, cómo y cuándo
- Qué
- La visita a las villas de Palladio permite dibujar una 'ruta' que puede variar según el gusto de cada uno, incluyendo unas u otras villas de acuerdo con el tiempo disponible y con la afición a la arquitectura y al arte. Además, en esa ruta indefinida no todo es de Palladio. Se acostumbra a incluir villas de seguidores o de precursores de Palladio que son también importantes y merece la pena visitar.
- Hay que tener en cuenta que no todas las villas se visitan. Algunas de ellas son de propiedad pública, otras privadas. Unas están en un exquisito estado de conservación, otras casi en ruinas. A veces se trata de villas casi urbanas, a veces están en pleno campo. En unas se visita solamente el exterior en otras los interiores. Habrá que informarse en cada caso sobre las condiciones de acceso para conocer los horarios y asegurarse de qué se va a poder ver y qué no.
- Las villas del Véneto justifican la visita a algunas ciudades que contienen obras de Palladio o que por su importancia merece la pena dedicarles un tiempo. Serán, además los mejores lugares para pasar la noche (Venecia, Padua, Vicenza) o para detenerse a comer (Treviso)
- En barco
- El canal del Brenta une la ciudad de Padua con Venecia. Tiene poco más de 30 km y era recorrido tradicionalmente por el Burchiello, un barco movido en sus orígenes a remos. Alrededor del Brenta se edificaron Villas de personajes importantes de Venecia a las que acudían para pasar el verano, disfrutar del ocio y celebrar animadas fiestas, rodeados de un entorno plácidamente campestre. En este ambiente, el Burchiello se hizo famoso y sirvió de medio de transporte que fue celebrado por escritores y artistas. Un conjunto de villas de Palladio y de otros arquitectos seguidores suyos reunió alrededor del canal un patrimonio importante.
- Hoy las cosas han cambiado, la región se ha poblado de manera considerable perdiendo, lógicamente, parte del aspecto pastoril de antaño, y el Burchiello ha sido sustituido por naves a motor para turistas que realizan el recorrido en ambos sentidos: de Venecia a Padua o de Padua a Venecia. Distintas compañías hacen la excursión, que suele estar operativa entre abril y octubre. Unas incluyen comida a bordo y otras paran para comer en algún restaurante. Unas hacen el trayecto entero de Venecia a Padua y otras llegan solamente a Stra. Terminada la navegación, casi siempre está previsto el regreso al punto de partida en autobús o en tren.
- Las villas que se acostumbran a visitar navegando por el Brenta son la Malcontenta (villa Foscari), Villa Barchessa Valmarana, villa Widmann y la palaciega villa Pisani. Aunque el programa es muy atractivo, hay que tener en cuenta que a menudo los barcos llevan a grupos numerosos de personas y que la navegación es lenta debido a las paradas propias de las visitas como al paso de las exclusas que regulan el caudal del agua. Hay que disponer de un día entero, no tener ninguna prisa y no sentirse incómodo en compañía de grupos numerosos para disfrutar de la excursión.
- Una de las 'navieras' que operan este recorrido es I batelli del Brenta.
- En coche
- Es seguramente el mejor modo de visitar las villas. Conviene llevar un buen mapa o un gps porque no siempre son fáciles de encontrar. La red de carreteras en el Véneto es muy densa y no es evidente el camino para llegar a algunas de las villas.
- De nuevo hay que advertir de la conveniencia de consultar los horarios de visita porque algunas cierran durante unos meses o varían las horas en las que se admiten las visitas.
- Cuándo
- ¿La mejor época? En primavera y en otoño, cuando los jardines están en un buen momento, algunas villas cerradas en invierno abren sus puertas al público y todavía no hay la aglomeración de visitantes que suele haber en verano.
- Una ayuda
- Una buena ayuda para organizar un itinerario puede ser la web del Centro Internazionale di Studii di Architettura Andrea Palladio con una lista completa de sus obras y una página de localización en el mapa.
[editar] Lecturas recomendadas
Una de las guías más prácticas y mejor informadas es la de Cadogan con el título Venice, Venetia & The Dolomites
[editar] Una propuesta
Para un 'puente' o un fin de semana largo, desde España se puede pensar en el siguiente itinerario:
- Primer día: Empezar el recorrido por Venecia -bien comunicada por avión-. Hacer una breve parada en Treviso, para comer, por ejemplo, visitar la villa Emo y la villa Barbaro y terminar el día en Vicenza.
- Segundo día: Dedicarlo a visitar Vicenza.
- Tercer día: Tomar la carretera que conduce a Padua, parando en el camino a ver la villa Villa Chiericati (por el exterior y en muy mal estado). Dedicar el día a visitar Padua.
- Cuarto día: Emprender camino de regreso a Venecia, con una parada para visitar la villa Pisani y la villa Foscari (la 'Malcontenta').
Ver mapa.
[editar] Qué ver: Ciudades, pueblos y lugares de interés
[editar] Treviso
[editar] Qué ver
Es una pequeña ciudad y es agradable pasar un rato en ella. Es en realidad una excusa para hacer un alto y partir el recorrido entre Venecia y la Villa Emo.
Unos canales surcan por el centro la ciudad y le dan animación pero es del todo exagerado sugerir que convierten a Treviso en una pequeña Venecia.
La calle Calmaggiore, con sus arcadas, está llena de tiendas y de vida. Es el corazón de la ciudad. En un extremo de la calle está la Piazza dei Signori y en ella un enorme palacio románico en ladrillo: el Palazzo dei Trecento. A su lado, se alza el Palazzo del Podestà, con la Torre Civica y el Monte di Pietà. Y tras ellos, muy cerca, -para los aficionados al arte- se halla la iglesia de Santa Lucia con un fresco (la Madonna delle Carceri) de Tommaso de Modena, el discípulo del Giotto.
El Duomo, de un estilo románico veneciano, se halla a muy poca distancia, siguiendo la calle Calmaggiore.
Un encanto especial tiene la via Pescheria que se transforma en una pequeña islita bordeada por las aguas del Cagnàn. Fue, en el siglo pasado, el mercado del pescado y ahora se convierte un espacio con una atmósfera particular donde se combina el agua del pequeño río con la vida en la calle.
Cerca de la Pescheria, la iglesia de San Francesco conserva otro de los frescos que Tomasso de Modena dejó en la ciudad además de las tumbas de un hijo del Dante y de una hija de Petrarca.
[editar] Dónde comer
Ristorante Vapensiero. Via Pescheria, 41. Cuidado, de ambiente muy agradable, bajo unos soportales frente a la misma Isola della Pescheria y con una comida excelente. Ver la web
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[editar] Villa Emo
Situada cerca de Fanzolo, al norte de Castelfranco Veneto, es una de las grandes villas de Palladio y una visita que no puede faltar en un recorrido por la obra del arquitecto. Se construyó por encargo de una poderosa familia veneciana y resume muchas de las ideas que caracterizan a las villas palladianas. Los Emo -propietarios todavía de la villa- desarrollaron la agricultura como negocio -introdujeron una planta nueva: el maiz- y sólo al cabo de un par de generaciones decidieron hacer una casa palaciega allí donde tenían las tierras de labor.
Situada en un amplio espacio ajardinado, la arquitectura muestra en la fachada el equilibrio clásico y la nobleza propias de una familia del más elevado rango. Un cuerpo central sobrelevado al que se accede por una avenida empedrada y una escalinata y con un frente ordenado por poderosas columnas coronadas por un frontón se prolonga a los lados y con total simetría por extensas galerías que se emplearon en su momento como almacenes, bodegas y graneros y cuya dimensión da medida de la opulencia de la explotación agraria.
El interior, como no podía ser de otro modo, está decorado por bellos frescos de Zelotti con motivos al gusto del Renacimiento: llamativas perspectivas representando a personajes ilustres, escenas mitológicas, alegorías...
Ver Villa Emo en Wikipedia.
Ver en la página de Villa Emo horarios de visita y condiciones de reserva.
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[editar] Villa Barbaro
A pocos kilómetros de Villa Emo, en los alrededores de Maser se encuentra Villa Barbaro, también conocida como villa di Maser. La construyó Palladio para dos personajes sobresalientes de la sociedad veneciana: Daniele Barbaro, humanista, patriarca de Aquileia, y Marcantonio Barbaro, hermano de Daniele y embajador de la república veneciana. Inspirado en el templo de la Fortuna Viril de Roma, Palladio dejó aquí volar la imaginación y se dispuso a desarrollar su concepto de la 'villa' con una elegancia extrema.
Las barchese -las alas simétricas porticadas que acompañan al cuerpo principal- adquieren aquí una especial elegancia que las distingue de las barchese habituales proyectadas como dependencias secundarias para uso agrícola. Las terminaciones de los extremos, rematadas con sendos frontones que alojan grandes relojes de sol dan al conjunto un carácter noble que refuerzan las esculturas de los jardines y la amplia perspectiva que se despliega desde el extremo de la avenida que forma la entrada principal al edificio.
Medallones esculpidos y adornos diversos adornan la fachada que se desarrolla con una regularidad ordenada y en perfecto equilibrio.
Pero no todo puede quedar en elogios a Palladio. Hay que entrar en el interior porque los frescos de Veronese son espléndidos y no hay que perdérselos. De nuevo, personajes mitológicos, paisajes diversos, escenas de corte y juegos de perspectiva dan a los muros interiores y a los techos una vida extraordinaria y los convierten en una auténtica fiesta. El ninfeo que cierra por la parte trasera el edificio muestra el gusto renacentista por las fuentes, las rocallas, las imágenes y en definitiva por los espacios que recrean el misterio y la atmósfera idealizada del mundo romano.
Ver Villa Barbaro en wikipedia.
Confirmar horarios y condiciones de visita en: www.villadimaser.it.
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[editar] Puente de Bassano
Los más aficionados a la vertiente técnica, deben conocer el puente que diseñó Palladio para unir las orillas del Brenta en Bassano. La construcción, hecha en madera en 1569, es el monumento más sobresaliente de la ciudad. El material, menos sólido que la piedra o el ladrillo, obligó a lo largo del tiempo a diversas reconstrucciones que se mantuvieron fieles al original, cuyos planos están perfectamente documentados. La última de las reconstrucciones tuvo lugar poco después de la II Guerra Mundial. Pero ahí la previa destrucción del puente no fue culpa de la madera sino de la voluntad de los hombres. A lo largo de la historia, los puentes corren más riesgo que los palacios.
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[editar] Vicenza
No es una ciudad más. Es la ciudad de Palladio y de muchas otras cosas. Tiene un tamaño asequible que permite ir a pie a casi todas partes y puede visitarse lo más sobresaliente en un día (un día entero). ¡Pero no sobrará tiempo!
Vicenza vuelve a ser una de esas ciudades ricas del norte de Italia. Seguramente es rica ahora pero sin duda lo fue durante el Renacimiento cuando se construyeron en ella multitud de palacios que bordean y ennoblecen sus calles y que hacen de ella una ciudad singular. Ha sido incluida en la lista de ciudades Patrimonio de la Humanidad.
Palacios, pero también plazas, iglesias, esculturas dan brillo a Vicenza y la hacen especialmente agradable y animada. Las calles del centro reúnen, por supuesto, la mayor parte de monumentos y concentran también tiendas, pastelerías, restaurantes, bares ... que animan la visita y hacen que el viajero encuentre en ella mucho más que una ciudad monumental.
[editar] Qué ver
Habiendo tanto que visitar y siendo todo culturalmente tan intenso, conviene saber que en la Oficina de Turismo, situada muy cerca del Teatro Olímpico, se organizan visitas guiadas por la ciudad de interés indudable. Ver mapa
El Corso Andrea Palladio atraviesa la ciudad, o mejor, la ciudad antigua que a los efectos del visitante es la que importa y por la que se va a mover en gran medida. Es una calle peatonal bordeada de palacios, edificios antiguos, iglesias... Es decir, resume, en unos pocos cientos de metros la ciudad. El resto de las cosas a visitar están a poca distancia del Corso Palladio en las calles que lo cruzan y en las plazas que se abren en sus inmediaciones.
Sólo unas pocas cosas están alejadas de este centro y la más importante de ellas será la célebre Villa Rotonda, situada fuera de la ciudad, aunque no lejos.
Nota: Una parte considerable de los monumentos de Vicenza se agrupan bajo el paraguas de los 'Musei Civici de Vicenza'. Para informarse de los billetes de entrada conjuntos y de los horarios, ver Musei Civici
Centrándonos en el Corso Palladio, en uno de sus extremos está el famoso Teatro Olímpico. Hay que visitarlo sí o sí. Porque si estamos acostumbrados a ver iglesias, palacios y monumentos por el estilo, es poco habitual visitar un teatro construido en el Renacimiento y en el que el arquitecto, nada menos que Palladio, ha podido desarrollar su creatividad más allá de las exigencias de quien encarga para sí un palacio o para la Iglesia una catedral. Fue una obra de madurez inspirada en la forma del teatro griego, pero contenida en el interior de un edificio -y no situado al aire libre- y proyectada para servir al concepto de la representación teatral que se desarrollaba en la cabeza de los humanistas a finales del siglo XVI. El sorprendente proscenio es un espectáculo en si mismo, marcado por una fuerte vocación arquitectónica con su arco de triunfo, nichos y estatuas y con su apertura hacia falsas perspectivas por las que asoman vistas de una imaginaria ciudad de Tebas, llena de misterio. Por cierto, este decorado no fue idea de Palladio sino de Scamozzi.
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El palacio Chiericati, está situado en la pizaa Matteotti, a muy poca distancia del teatro Olimpico. Con su elegante fachada de dos pisos, adornada con columnas, es una de las obras de juventud de Palladio. Un gran salón de baile ocupa el centro de la planta superior. El palacio aloja hoy la Galería de Arte de la Ciudad que conserva una importante colección de pintura y escultura.
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La iglesia de Santa Corona se encuentra ascendiendo por el Corso Palladio. Es una de las iglesias importantes de la ciudad y está (2010) en plenos trabajos de restauración. Guarda retablos excelentes de Bellini y de Veronés y tiene, en la cripta, la capilla Valmarana, considerada una pequeña joya.
A pocos metros del Corso, se abre la Piazza dei Signori. Es el corazón histórico de la ciudad y merece la consideración de una de las plazas más bellas de Italia. Animada por los paseantes y las terrazas de los cafés se extiende a la sombra de dos bellas columnas venecianas que dan testimonio del dominio de la Serenísima sobre la ciudad. Muy cerca, otra torre, la Torre Bissara, remite a la época medieval, aunque su reloj y la veleta que la culmina son de siglos posteriores.
La Basílica es el monumento más importante de la plaza, construido en el siglo XV como gran edificio civil, sede de los tribunales de justicia. Un siglo más tarde su aspecto exterior fue totalmente reformado por Palladio que hizo de ella una obra maestra. Equilibrada y ordenada a pesar de la complejidad interior del edificio, la fachada es una sucesión de vacíos y volúmenes que conjugan distintos órdenes clásicos y que se desarrollan en dos pisos superpuestos con finos adornos escultóricos. La inmensa cubierta y las estatuas que rematan la balaustrada superior dan a la basílica un aspecto grandioso y cuidado al mismo tiempo.
Frente a la Basilica, la Loggia del Capitaniato, antigua residencia del gobernador veneciano, es otro edificio -inacabado- de Palladio. Con sus enormes columnas, celebraba la victoria en Lepanto de la coalición cristiana frente a los turcos. Y junto a la Loggia del Capitaniato se alza el viejo edificio del Monte di Pietà (siglo XVI) que a su vez, enmarca por ambos lados la fachada de la iglesia de San Vicenzo.
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Un poco más lejos, por detrás del corso aparece el Duomo, la catedral gótica, con sun fachada en mármoles rosas y blancos y el campanario románico. Y un poco más allá aun la piazza del Castello, a las puertas de la antigua muralla guardadas por una poderosa torre: el Castello.
El palazzo Bonin-Thiene, comenzado por Palladio y terminado por Scamozzi, el palacio Thiene, también de Palladio con su almohadillado, el palazzo Trissino, hoy convertido en Ayuntamiento y obra de Scamozzi, el palacio da Schio realzan la arquitectura del Corso. Y muy cerca en las calles perpendiculares al Corso, otra sucesión de palacios esplendidos (el Valmarana, el Porto-Colleoni, el Porto-Breganze, el Sesso Zen Fontana, el Negri...) confirman la extraordinaria riqueza del patrimonio arquitectónico de Vicenza.
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Una recomendación que no debiera caer en saco roto: el palazzo Leoni Montanari es el único palacio totalmente barroco de la ciudad. Por supuesto no es de Palladio, pero ha sido totalmente restaurado y abre al público para que se visiten las exposiciones y las colecciónes que guarda. Entre ellas presume de la mejor colección de iconos fuera de Rusia. Ver más información.
Quienes tengan ánimos para caminar alrededor de 15 minutos por el Corso SS. Felice (que es la continuación del Corso Palladio, más allá de la Pza del Castello) disfrutarán de la iglesia más antigua de Vicenza: la de los santos Felice y Fortunato, una bella construcción de origen romano, a la que parece que acudió el mismo Carlomagno, que fue reformada en varias ocasiones y que hoy se mantiene debidamente restaurada junto a su llamativo campanario.
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[editar] Alrededores de Vicenza
Villa Rotonda
A algo más de un par de kilómetros al sur de la ciudad, es una de las villas más conocidas de Palladio y una de sus obras más perfectas. Su verdarero nombre, Villa Capra, fue sustituido por el apelativo popular de villa Rotonda que nació de su aspecto ordenado y simétrico alrededor de un gran espacio circular en el interior, culminado por una llamativa cúpula. Situada en un alto del terreno, la villa domina el paisaje y destaca con toda su elegancia rodeada de jardines y esculturas.
El interior está decorado con frescos y sólo se visita en temporada de verano.
Ver más información sobre Villa Rotonda en Wikipedia
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Villa Valmarana
A unos minutos de distancia a pie de Villa Rotonda se encuentra la Villa Valmarana, conocida también como la villa de los enanos. El nombre popular lo toma de las esculturas de pequeños personajes que adornan el jardín y que dice la tradición fueron puestas allí por un noble que encerró en la villa a su hija para que no comprendiera su deformidad. Como corresponde a una leyenda todo acaba con un final triste y es que la chica se suicidó el día que pudo escapar y conoció a un apuesto joven que nunca se enamoraría de ella.
Habladurías aparte, la mansión se construyó en el siglo XVII (no es de Palladio) y fue comprada más tarde por la poderosa familia Valmarana quien encargó a Tiépolo la decoración interior. Tiépolo padre -Giambattista- colaboró con su hijo, Giandomenico, y con Mengozzi Colonna. Los frescos del gran salón son magníficos lo mismo que las chinoiseries, las llamativas perspectivas arquitectónicas y las escenas relativas a textos clásicos: Orlando Furioso, la Ilíada, la Eneida, Jerusalén liberada ... que decoran las distintas estancias de la casa.
La villa está abierta para las visitas durante todo el año, pero no a las mismas horas. Para obtener una pequeña guía (en inglés)del interior de la villa e informarse de las condiciones y horarios de visita, entrar en Villa Valmarana.
[editar] Comer y dormir
Relais Santa Corona. Contrà Santa Corona, 19. Hotel muy pequeño y muy céntrico, es una auténtica delicia, situado en una casa antigua que ha sido restaurada con gusto impecable. Más información en Relais Santa Corona
Antico Ristorante agli Schioppi. Contrà Piazza del Castello, 26. Antico Ristorante agli Schioppi. Cocina cuidada, con platos típicos del Véneto, decoración poco innovadora, pero ambiente agradable.
[editar] Padua
Es difícil hacer una ruta por las villas del Véneto, sean o no de Palladio, y no tropezarse con Padua. Agradable para pasear y llena de lugares que ver y a los que dedicar una visita, detenerse en Padua parece casi obligado.
[editar] Qué ver
Para el visitante la ciudad discurre entre dos extremos, ambos de honda significación. En uno de ellos está la Basílica del Santo: de San Antonio de Padua que dio fama a la ciudad. En el otro la capilla de los Scrovegni con la más bella colección de frescos del Giotto que pueda contemplarse. El viajero podrá ir de una a otra, a pie, por supuesto, y callejear por el camino para conocer la ciudad.
Ver mapa
Capilla de los Scrovegni. Es un punto culminante en la pintura italiana y poco puede decirse que no sea expresar admiración. El Giotto la cubrió por entero de frescos con una variada colección de escenas bíblicas y de la vida de Jesús. Seguramente sería el monumento más visitado de Padua pero después de una restauración profunda, motivos de conservación han restringido la entrada de forma muy rigurosa. Es preciso reservar -prenotare- con antelación una hora de visita si no se quiere correr el riesgo -por otro lado muy real- de quedarse en la puerta. Por internet las reservas pueden hacerse en Capella degli Scrovegni
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Los Musei Civici Eremitani componen un amplio complejo del que forman parte varios museos, uno de los cuales es la Capilla de los Scrovegni. En el moderno edificio de entrada hay las taquillas, tiendas, cafetería y la información para acceder a todos ellos.
Sin salir de esta misma área, en lo que fue el antiguo monasterio de los Eremitani se encuentra el Museo Arqueológico, con una instalación excelente que guarda una magnífica colección.
Y se halla también el Museo de Arte Medieval y Moderno, una extensa pinacoteca igualmente cuidada y de excelente calidad que merece, sin duda también una visita.
Saliendo a la calle, en el edificio de al lado se encuentra la Iglesia de los Eremitani donde destaca en la capilla de los Ovetari un bello fresco de Andrea Mantegna.
Y en frente, al otro lado de la calle, el Palazzo Zuckermann, donde está instalado el Museo de Artes Aplicadas y Decorativas. Un museo mucho menos relevante que los anteriores, pero buen museo igualmente para los aficionados a este género artístico.
El Corso Garibaldi recorre la ciudad -la ciudad vieja, se entiende- de norte a sur, aunque va cambiando de nombre y también de anchura a medida que avanza: Corso Garibaldi, via 8 Febraio, Via Roma... y se hace peatonal. Es una calle viva, llena de tiendas por la que vale la pena pasear.
El Corso Garibaldi es el resultado de una remodelación de la ciudad hecha en los años 1920 y 1930. Se abrieron nuevas plazas y calles y todo lo antiguo desapareció. Pero se salvaron dos cosas que tienen interés: la Scuola di San Rocco, como las 'scuolas' venecianas construida por una cofradía, y decorada con frescos, y la iglesia de Santa Lucía, con una pintura de San Lucas, a la izquerda del altar mayor, obra de Tiépolo.
Siguiendo por el camino que continua el Corso Garibaldi se llega a la Plaza Cavour.
El Café Pedrocchi ocupa un edificio de estilo medio egipcio y es una auténtica institución. Pronto cumplirá doscientos años y por él ha pasado media historia de la ciudad y parte de la de Italia. Estudiantes, políticos, intelectuales, revolucionarios... pasaron en él días y noches, porque durante muchos años ni siquiera tenía puertas para cerrar. Hoy es un lugar alegre y su céntrica localización asegura que esté siempre animado. Vale la pena parar en él y tomarse un refresco.
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A muy poca distancia está otra de las atracciones de Padua: el Palazzo della Ragione situado entre la pza della Frutta y la pza delle Erbe.
Empezando por las plazas, las dos aseguran un rato de entretenimiento. Todavía se celebra en ellas el mercado que las hizo famosas en época medieval. Las hortalizas, frutas, hierbas y demás productos de la tierra se exponen en innumerables puestos y generan un río de actividad. Además, los soportales del palacio de la Ragione están ocupados por un mercado igualmente vivo con puestos y tiendas de todas clases de alimentos que llamarán la atención de los curiosos.
El Palazzo de la Ragione es un enorme edificio del siglo XIII, reconstruido y reparado, como no podía ser de otro modo, en momentos sucesivos. La última gran reforma data de 1756 cuando hubo que reponer el techo, destruido después de un incendio. Se trata de un edificio civil, una de cuyas funciones era la de albergar a los tribunales de justicia. Hay que entrar en el porque es de una gran belleza y sin duda muy interesante. Desde la galería superior se obtiene una excelente vista sobre la plaza. Y el interior, grandísimo, totalmente cubierto de frescos retendrá un buen rato la mirada que irá recorriendo las paredes de una escena a otra. Un enorme caballo de madera, construido en el s. XV ocupa una de las esquinas.
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Merece la pena abandonar durante un rato la via 8 Febraio para dirigirse a la piazza del Duomo. Las calles que conducen hasta ella, estrechas, son agradables para pasear. Muchas, en sus inmediaciones, se animan por la noche con corros de jóvenes en la calle y bares llenos de gente.
La Piazza del Duomo es grande y de forma irregular. El Duomo de inicos góticos, dejó la fachada renacentista sin terminar. A su lado, el babtisterio, románico, sorprende por los frescos que cubren totalmente su interior (s.XIV) y que culminan con un coro de santos en la cúpula que se asoman a tierra desde el paraíso.
Regresando a la Via 8 Febraio, el recorrido termina en la enorme plaza del Prato della Valle. Hay que caminar un poquito hasta llegar a la Piazza del Santo.
La importancia de San Antonio es tal para la ciudad, son tantos los peregrinos que acuden a Padua por él, que su nombre se da por sentado. La Basílica de San Antonio ha quedado para los habitantes de la ciudad como la Basílica del Santo. Un santo que no era de Padua, era portugués, y que un naufragio camino a tierra infieles, lo desvió hasta esta ciudad donde se quedó y donde despertó tanta devoción que ha sido su personaje más ilustre hasta hoy mismo.
La basílica domina la plaza, es un edificio de grandes dimensiones cubierto por un ramillete de cúpulas al estilo veneciano que le dan soltura y que enriquecen su aspecto exterior. Hay que entrar en ella y deambular por su inmensa nave, frecuentada por devotos, peregrinos y turistas venidos de todas partes. La Capilla del Santo, donde se halla su tumba, es el lugar más solemne aunque el trasiego de gente le da una chispa de vitalidad. En el altar mayor, cambiado una y otra vez a lo largo del tiempo, hay que señalar el retablo de Donatello (s.XV).
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Más pequeño pero casi tan célebre como la basílica es el Gattamelata, la escultura ecuestre que se eleva sobre un pedestal junto a sus muros. Es una de las obras maestras del renacimiento y se levanta en honor de un condottiero, uno de esos mercenarios que ponían su capacidad militar al servicio de las ciudades, en una época en que la lucha de unas contra otras era el pan nuestro de cada día. El nombre, Gatamelatta, es un apodo que concede al personaje atributos de felino. Tal fue el agradecimiento de la ciudad por su trabajo que se encargó a Donatello la gran escultura en bronce que muestra al fiel militar con la autoridad y la nobleza de un emperador romano.
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Sin duda, hay más cosas que ver en Padua, pero queda una calle por la que conviene moverse. Parte de la Plaza del Santo y 'deshace' por otro recorrido el camino que se ha seguido hasta ahora. Es la vía del Santo y discurre en dirección a la capilla de los Scrovegni. Se trata de una calle estrecha, de atmósfera antigua, con tiendas, con un acusado carácter. Merece también -si quedan ánimos- recorrerla para conocer desde un nuevo ángulo la ciudad.
[editar] Dónde alojarse y dónde comer
Hotel Al Fagiano. Via Locatelli, 45, a dos minutos de la Piazza del Santo. Es un hotel insólito, proyectado con una visión artística muy particular. Ver más información.
Osteria Dal Capo. Via degli Obizzi, 2. Es un restaurante pequeño, casero, muy popular en la ciudad y recomendado por su buena cocina. Se encuentra cerca de la plaza del Duomo. Acostumbra a estar lleno, por lo que conviene reservar: tel. 049 663105
[editar] A orillas del Brenta
Son muchas las villas venecianas que se construyeron en las inmediaciones del canal del Brenta. Si desde Padua se circula hacia Venecia las más conocidas son:
[editar] Villa Pisani
Situada en Strà, y conocida también como Villa Nazionale, está entre las villas más grandes de Italia. Sus jardines son inmensos y el edificio palaciego resulta monumental. Lo mandó construir en el siglo XVIII Alvise Pisani, miembro de una poderosa familia de banqueros venecianos para celebrar su designación como Dogo de la República. Habiendo ejercido de embajador de Venecia en París, se le ocurrió que nada mejor que proyectar algo parecido a Versalles y con este propósito encargó a Preti un palacio que no le desmereciera.
El resultado es de una opulencia extraordinaria y representa la imagen más extrema de la riqueza y del poder. La villa le gustó a Napoleón, quien se la dio a su sobrino cuando lo nombró virrey de Italia. Y le gustó también a Mussolini que la eligió para su encuentro con Hitler en tierras italianas. La realidad es que los jardines son soberbios, con amplias perspectivas, una extensa lámina de agua que alcanza los edificios de los establos, grandes invernaderos, un laberinto, estatuas, senderos y avenidas...
El interior del palacio, por supuesto, se visita pero no tiene el encanto de las villas más pequeñas y de ambiente más doméstico.
Para más información ver la web de Villa Pisani.
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[editar] Villa Foscari
Conocida popularmente como la Malcontenta, es una de las villas célebres de Palladio. Se sitúa muy próxima a Venecia, a orillas del canal del Brenta rodeada de un romántico jardín. Su composición exterior ha servido -lo mismo que otras villas de Palladio- de modelo a innumerables villas que arquitectos de los más diversos lugares construyeron después. Hay que visitar el interior para contemplar los frescos que la decoran
Ver la Villa Foscari en Wikipedia
Información sobre horarios de visita en lamalcontenta.com
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