São Paulo
De WikiDeViajes
Llegar a São Paulo en avión asusta un poco. Un mar de rascacielos y un horizonte de alquitrán son el primer paisaje que divisamos por la ventanilla. Pero al mirar la ciudad desde arriba suelo pensar en ¡cuánta vida hay ahí abajo! Además de las oportunidades profesionales, ¿qué tendrán esas ‘ciudades monstruo’ para seguir fascinando a miles y miles de personas? La respuesta supongo que es: vida, mucha vida.
Las ciudades, como los hombres, necesitan tener alma. Y el alma de las ciudades son sus habitantes, sus historias, sus acontecimientos, su memoria… Y São Paulo tiene una gran existencia. No es que sea sólo la capital económica del país, o de América Latina, sino que en Brasil “todo” pasa en São Paulo. Gastronomía, música, arte, espectáculos, cine, teatro, arquitectura, la belleza de São Paulo es construida y se reconstruye todos los días. La belleza de São Paulo es su movimiento.
Parafraseando a Ítalo Calvino en sus Ciudades Invisibles, “lo que le importa a mi Marco Polo es descubrir las razones secretas que han llevado a los hombres a vivir en las ciudades, razones que puedan valer más allá de todas las crisis”. Empezamos a descubrir las razones de São Paulo por las menos secretas.
El 75% de los casi diez millones de turistas que recibe São Paulo al año son turistas de negocios, y para ellos una meca: la Avenida Paulista. Centro económico y financiero de la ciudad, esta calle flanqueada por rascacielos es indiscutiblemente el punto más transitado de la ciudad. Aunque en los últimos años, el centro financiero se ha desplazado un poco para concentrarse en la que llaman “la nueva Paulista”, la avenida Brigadeiro Faria Lima, o Faria Lima, llena de edificios modernos, edificios ‘inteligentes’ o suntuosos.
En el número 1578 de la primera, la Paulista, se encuentra la niña de los ojos de los paulistanos, el Museo de Arte de São Paulo (MASP). El edificio modernista es proyecto la arquitecta italiana Lina Bo. Inaugurado en 1968 y su colección alberga importantes obras de pintura y escultura europeas.
Nuestra tercera razón de São Paulo la encontramos en el centro más céntrico de la ciudad. Digamos su casco más antiguo, donde están los monumentos históricos más emblemáticos. La Catedral da Sé y sus vidrieras, el espectacular Mercado Público, el imponente Teatro Municipal o el Pateo do Colegio, son algunas visitas obligadas. Este último, que hoy funciona como museo, está considerado el embrión de la ciudad. Fue allí, en 1554, en lo alto de una colina entre los ríos Tamanduateí y Anhangabaú, donde los jesuitas construyeron el primer colegio que inició la catequización de los indígenas.
Cuarta razón: el Museo Paulista (o Ipiranga) y sus jardines. Su importante acervo de doscientas mil piezas nos retratan la época imperial de Brasil. Además de una interesante maqueta de la ciudad de São Paulo de 1841.
Sexta. Vila Madalena y sus bares. Quizás la zona más concurrida y movida de la ciudad de lunes a lunes. Me recomiendan algunos bares: Posto 6, Salve Jorge o Grazie a Dio (donde Leo Maia, hijo del legendario Tim Maia, toca en directo todas las semanas). En la misma zona, se encuentra el emblemático Edificio Italia. El edificio más grande de São Paulo de fachada ondulada tiene un restaurante en la terraza del último piso (42º) y desde allí ofrece una de las vistas más célebres de la ciudad.
La búsqueda de la séptima “razón” de São Paulo nos lleva hasta el Parque Ibirapuera. Con un área de un millón y medio de metros cuadrados de zona verde, el parque sufre por ser el ‘pulmón’ de la megalópolis. Sus caminos son concurridas pistas de footing o paseos en bicicleta. Se dice que en los fines de semana llega a recibir ciento cincuenta mil visitantes (uuuuff!). Dentro del Ibirapuera encontramos otra pequeña serie de razones para visitar São Paulo: el Museo de Arte Moderna (MAM), el centro de exposiciones Oca proyecto de Oscar Niemeyer y el pabellón de la Bienal. Octava razón. En São Paulo se respira arte y la ciudad figura como importante escala del circuito internacional. Su Bienal ya está considerada la más importante tras Venecia. Pero además de estos grandes centros, vale la pena ver lo que se cuece en las pequeñas galerías.
Más arte. Novena razón: Pinacoteca de Sao Paulo. El museo de arte más antiguo de Brasil y uno de los más importantes. Actualmente se divide entre dos sedes, la principal en el Jardim da Luz y la recién inaugurada Estación Pinacoteca en el parque Ibirapuera. Reúne en su acervo más de seis mil obras, entre pinturas, esculturas, collage, dibujos, tapices, vajilla y objetos de porcelana. La colección abarca la historia de la pintura brasileña entre los siglos XIX y XX.
Y hablar de arte nos lleva de la mano a la décima razón. Sin parecer atrevidos, las calles y muros paulistas le han arrebatado el título a la gran manzana de ‘capital del graffiti’. Los colores y divertidas formas creadas por los sprays tintan de alegría la monotonía gris (los grises) de la ciudad.
Y aunque tendríamos unas cuántas razones más que citar, llegamos a una undécima y última proponiendo un vuelo panorámico en helicóptero. Con la segunda mayor flota del mundo (tras Nueva York), pasear por los aires paulistas es una buena forma de englobar todos los paisajes de São Paulo. Para otra ocasión la ciudad y los planes de los paulistanos, reconocidos adictos a la metrópolis cuyo corazón pulsa frenéticamente.
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