Sicilia

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[editar] Introducción

Sicilia es una isla excepcional y gustará a aquellos a quienes gusta el Mediterráneo: su naturaleza, su historia y su cultura. Para muchos, visitar Sicilia puede ser el mejor de los viajes. Para otros no. Hay que explicarse un poco.

[editar] A favor

  • Diferente y auténtica. Al lado de la costa amalfitana, por ejemplo, tan cuidada, tan domesticada, tan a la medida de un turismo elitoso, Sicilia tiene el atractivo de lo auténtico. Es el Sur. Ha vivido en un subdesarrollo que la ha preservado y ha mantenido una autenticidad perdida en otros lugares.
  • Riqueza cultural. Además, Sicilia es rica en monumentos y tiene una belleza austera y señorial que percibe enseguida el visitante. Los pueblos son míseros y ricos al mismo tiempo. El clima seco ha dado espacio a pocas alegrías y la economía ha sido tradicionalmente la de un país pobre. Pero al mismo tiempo, grandes mansiones y casas palaciegas hablan de familias adineradas que llevaron a la isla toda la sofisticación de la cultura y de la nobleza. Junto a la estricta discreción de las fachadas, con persianas siempre cerradas, aparece la alegre explosión del barroco que apela a los sentidos y contradice la imagen adusta que a veces parece imponerse.

Las ciudades muestran la pátina de la opulencia con iglesias soberbias, fuentes, plazas... propias de una sociedad culta y cultivada.

  • Naturaleza, arqueología, tradiciones... Los pueblos conservan signos de lo antiguo en las gentes y en muchas tradiciones que siguen vivas. Los rastros de cultura cláscica -griega y romana- tienen a menudo expresiones magníficas y se convierten en monumentos únicos que despiertan una encendida admiración. La naturaleza, dramática a veces por lo arisco del relieve y serena a la vista de un mar azul que envuelve la tierra, termina por seducir al visitante que no para de percibir tanta belleza.

[editar] En contra

A la vista de un panorama tan elogioso como el dibujado hasta ahora, parece que Sicilia es un éxito seguro. Y sin embargo puede ser un fracaso.

  • En primer lugar el clima. Julio y agosto dan lugar a temperaturas tórridas. Tan elevadas que pueden arruinar cualquier visita. Condicionan la voluntad de llegar y entretenerse en tantas cosas que en Sicilia están al aire libre e imponen ese ritmo -que es el de los sicilianos- que detiene la actividad desde la una hasta las seis de la tarde cuando empieza a refrescar y las cosas vuelven a ponerse en movimiento.
Sicilia es en primavera verde. Germinan las plantas y brotan las flores. El paisaje es alegre y variado. Y se vuelve acogedor. Pero el verano lo agosta y la piedra y la tierra adquieren el aspecto de un entorno devastado por la sequía. La alegría de la primavera se pierde y, envuelta en calor, la isla toma un semblante arisco y pobre. La tierra se quema.
  • La mafia. El viajero no tendrá -al menos eso se espera- ocasión de codearse ella. Pero la sentirá. Muchos pueblos y ciudades conservan rincones de gran belleza. Pero con demasiada frecuencia, sufren agresiones urbanísticas y paisajísticas muy graves. Construcciones o destrucciones excesivas aparecen aquí y allá y no son resultado del azar. Llevan el sello de un mal endémico que se ha convertido en tradición en Sicilia.
  • La gente. Por supuesto, no es para ponerla en el lado negativo de la balanza. Pero quien viene de fuera puede sorprenderse con el contacto reservado y poco expresivo de los isleños.

[editar] Concluyendo

Sicilia puede ofrecer el mejor de los viajes. Si se puede, hay que ir en primavera, cuando la naturaleza se vuelve generosa y muestra toda la vitalidad. O en otoño.

Antes ha habido una referencia a la pátina que deja el paso del tiempo sobre algunos monumentos. En muchos lugares de Sicilia es también puro envejecimiento. Pero hay que conceder que buena parte del encanto de Sicilia radica en esa vida que mira todavía hacia atrás y que enlaza con otras épocas: con momentos cuya presencia se hace en la respiración de las calles, de las casas y de viejos monumentos con sus desconchones, grietas y heridas producidas por los años.

Sicilia tiene tesoros para disfrutar de sobra. Montañas únicas como el Etna, ciudades espléndidas de larguísima tradición como Taormina y Siracusa, capitales màs nobles como Palermo o Catania, templos magníficos como los de Agrigento y Selinonte, mosaicos romanos extraordinarios en Piaza Armerina, obras maestras de tradición bizantina como la abadía de Montreale... todo ello pone al viajero sobre isla excepcional, llena de sorpresas y emociones.

Si añadimos su tamaño, que permite recorrerla en no mucho tiempo, y su localización, en medio del Mediterráneo, habrá que convenir que Sicilia ofrece ingredientes de sobra para asegurar el mejor de los viajes.


[editar] El carácter de Sicilia

Las películas muestran invariablemente a un tipo de siciliano callado, opaco y encerrado en sí mismo. Se trata de películas. Pero es una realidad que los habitantes de la isla están lejos del carácter alegre y expresivo que se puede encontrar, por ejemplo, de Nápoles o en otros lugares de Italia. Se dice -y se acepta generalmente- que los sicilianos son gente cerrada, solitaria y fatalista. La aridez y la dureza de la tierra tienen reflejo en sus habitantes, muchas veces impenetrables y ausentes.

Y es igualmente cierto que por razones históricas el siciliano ha aprendido a callar, a ignorar al desconocido y a mantenerse al margen de lo que no le pueda incumbir directamente. El silencio es una tradición. El propio Lampedusa se refiere en El Gatopardo a su tierra como "aquella isla secreta donde se cierran las puertas y ventanas de las casas y los campesinos dicen ignorar el camino que conduce a su pueblo, que se ve sobre la colina, a cinco minutos de distancia".


[editar] Historia

Situada en lugar tan estratégico en mitad del Mediterráneo, era imposible que no llegaran a Sicilia, se establecieran y dejaran su huella los fenicios, los griegos, los cartagineses, romanos, los vándalos, los godos.... llegados unos tras otros en este orden.

En el 535 la isla pasa a manos bizantinas y en el 902 llegan finalmente los musulmanes que dejarán en ella una fuerte impronta. Con ellos se inicia un resurgir económico que acompaña a la introducción de regadíos en tierras hasta entonces apenas cultivadas.

Pero el Papa no ve con buenos ojos la presencia de infieles en la isla y llama a los normandos para liberarla. Con ellos entra Sicilia en el mundo feudal cuya rigidez da inicio a una larga etapa de decadencia acrecentada por la tala de muchos bosques en beneficio de los campos de trigo, mucho más fáciles de explotar.

Las luchas entre el Imperio y el Papado ponen a Sicilia bajo el trono francés de Carlos de Anjou. Pero los aragoneses reclaman la corona a la que aspiran por el matrimonio de Pedro II con una Staufen.

Las famosas Vísperas Sicilianas (1282) llevan a la revuelta contra los franceses a quienes se acusa de expoliar la isla y cargarla de pesados tributos. Y terminan con el ofrecimiento del trono al rey de Aragón. Los príncipes de la Casa de Barcelona regirán la isla hasta 1410 y abren un periodo de prosperidad.

Extinguida la dinastía barcelonesa, Sicilia pasa a los Reyes Católicos y luego a depender del trono de Carlos V, Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II, por medio de virreyes cuyas administraciones se ven dominadas por la burocracia, el inmovilismo y el poder de la iglesia.

Muerto Carlos II en 1714, la guerra de Sucesión acaba por ceder Sicilia al duque de Saboya. Sin embargo, los Borbones españoles, que conservan el reino de Nápoles, recuperan con Carlos III el trono de la isla (1759) durante un período de prosperidad en el que los nobles acumulan riquezas y construyen magníficos palacios. Fernando IV, seguidamente y de acuerdo con el espíritu de la ilustración, suprimirá el Santo Oficio, promoverá la instrucción superior y creará instituciones científicas.

En 1860 Garibaldi y sus mil voluntarios toman la isla y la incorporan al reino unido de Italia.


[editar] Lecturas recomendadas

Son muchos los libros sobre Sicilia, apetecibles todos y ilustrativos sobre la isla desde diferentes puntos de vista. El más clásico y evocador sigue siendo El Gatopardo.

En el lado mafioso y de novela negra hay que hablar necesariamente de autores como Leonardo Sciascia y de Andrea Camilieri.

Y como propuesta necesariamente estrecha pero ilustrativa ver la siguiente selección.


[editar] Cuántos días

Desde España Ryanair vuela a Trapani y Iberia a Palermo (2009). Ello facilita el viaje y justifica una corta escapada. Pero Sicilia tiene muchas cosas que ver. Una semana sería lo mínimo para viajar a ella. Y, desde luego, unos pocos días más permitirían disfrutar con más tranquilidad de la isla y visitar lugares que de otro modo habría que dejar de lado.


[editar] Qué tipo de viaje

Sicilia dispone de dos aeropuertos bien comunicados. Uno está en Catania, al este, y el otro en Palermo, al noroeste. Una buena combinación puede ser entrar por uno de ellos y salir por el otro, de modo que no haya que deshacer el camino.

Es verdad, también que Palermo y Catania está unidas por una autopista y que ir de una a la otra -alrededor de 240 km- lleva poco tiempo.

En todo caso, lo ideal es disponer de coche alquilando uno a la llegada. Es la forma de poderse mover libremente y de recorrer las pequeñas carreteras -muchas veces tortuosas porque muchas zonas del interior tienen un relieve abrupto- que conducen a lugares que conviene no perderse.


[editar] ¿Qué ver?

Agrigento

Catania

Cefalu

Enna

Erice

Etna, volcán

Mesina

Modica

Noto

Palermo

Piazza Armerina

Ragusa

Segesta

Selinunte

Siracusa

Taormina


[editar] Otras informaciones

[editar] Tradiciones: los Pupi

Una de las atracciones de Sicilia son las representaciones de los Pupi. Estas marionetas, que pueden alcanzar 1 metro de altura, son movidas por varillas de hierro e hilos, todos aparentes. El tema siempre es el mismo: la lucha del Bien, encarnado en la figura del caballero Rolando, contra el Mal, siempre representado por los sarracenos.

Los decorados son muy ingenuos y el drama se acompaña por la música de un piano mecánico. Los espectadores aplauden o vituperan con tanta pasión como si de la realidad se tratara, al tiempo que entre bastidores los titiriteros golpean toda clase de objetos simulando el fragor de la batalla.


[editar] ¿Qué comprar?

La espléndida y rica artesanía siciliana prácticamente desapareció. Los aficionados a los objetos artesanos tendrán dificultades para encontrarlos en los mercados o en las tiendas locales, donde el plástico ha hecho su aparición y ha desplazado a los antiguos materiales.

Hay que destacar, sin embargo, el macramé y los bordados de Piana degli Albanesi; los carros pintados, especialmente en Bagheria, las alfombras de Erice, los muebles de Castelvetrano, la cerámica de Caltagirone y Caltanisetta y por fin, y especialmente en Palermo, los célebres Pupi (marionetas).


[editar] ¿Qué comer?

La cocina tradicional siciliana es la de un país pobre que tiene que usar la imaginación para sacarles partido a pocos ingredientes y es también el resultado de la mezcla de platos italianos y la influencia de sabores árabes y españoles, fuertes y muy condimentados.

En Palermo son típicos los macarroni con le sarde (con sardinas), los spaghettis a la carretiera (con ajo y queso) y los brociolettini alla palermitana (escalopas al horno con queso, hierbas aromáticas y salchichón), así como los pescados: pez espada a la parrilla, atún alla cipolatta, etc.

En Trapani la especialidad más típica es el cuscús, recuerdo de la presncia árabe.

En la provincia de Siracusa las pastas se aderezan con todo tipo de ingredientes: alla Norma, por ejemplo con berengenas, huevo duro y queso fresco.

La carne, tradicionalmente escasa, se disfraza en la cocina típica con imaginación. Los involtini alla siciliana están rellenos de jamón, queso y cebolla. El cabrito relleno es una especialidad de Siracusa.

Y en cuanto a postres hay que tener en cuenta que la famosa casatta no tiene nada que ver con la que suelen servir en otros lugares.

Por lo que se refiere a vinos, destacan en Palermo el Zucco (blanco), el Ragalioli y el Corvo. En Trapani el moscato de Pantelleria y el conocido Marsala, dulce.

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