Sierra central y meridional
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[editar] De Quito hacia el sur
Hacia el sur de Quito se dirige la carretera Panamericana. Discurre por las alturas de la Sierra a través del valle que deja a un lado los Andes Occidentales y al otro los Orientales. Se trata del camino que Humboldt bautizó como la Avenida de los Volcanes como tributo a la espectacular sucesión de cumbres de origen volcánico que componen el paisaje. Es aquí donde la época de lluvias más puede perjudicar al viajero que busca disfrutar de la grandiosidad del escenario natural. Las nubes están presentes buena parte del tiempo, ocultan parcialmente las montañas y obligan a imaginar esa contundencia del relieve que se disfruta en los días despejados.
En todo caso, el itinerario es siempre entretenido. La Panamericana, ajustándose al relieve, recorre cuestas y pendientes en medio de una región agrícola, muy verde, tapizada de parcelas que se adaptan a las irregularidades del suelo. Vacas, pequeñas casas, campos de cultivo y montañas de silueta rota en algunos casos como consecuencia de las erupciones o de forma picuda cuando se trata de acumulaciones de cenizas acompañan al viajero.
[editar] El P.N. de Cotopaxi
El Cotopaxi es una especie de mito. Y lo es por dos motivos. El primero es por su singular belleza. En los días despejados su perfil casi perfecto, con un cono de poderosa base apuntando al cielo y coronado por una inmensa cubierta de hielo adquiere un aspecto espectacular. El segundo viene del hecho de ser el volcán activo más alto de Ecuador -alcanza 5.897 m- y uno de los más altos del mundo. Las últimas grandes erupciones -grandes quiere decir que los efectos alcanzaron a Quito- fueron en 1877 y 1944. Pero desde 2003 se viene observando una actividad creciente.
El volcán y su entorno están protegidos por el Parque Nacional de Cotopaxi. Llegar al parque obliga a un desvío de unos pocos kilómetros de la Panamericana, por un camino en ascensión. La subida no es muy grande, pero lo suficiente para que el paisaje cambie y de un panorama de cultivos se pase a un paisaje de páramo con vegetación rala, con predominio de arbustos donde abundan las plantas medicinales. Las tierras de transición al parque se han poblado de pinos, que no son propios de la región y que despiertan la inquietud entre los ecologistas. Conejos, zorros, pequeños lobos, caballos salvajes y toros bravos, además de algún ejemplar de cóndor, pueblan los dominios del Parque.
La visita al P.N. de Cotopaxi suele limitarse a llegar en coche -después de recorrer algunos kilómetros por un camino forestal- hasta la laguna de Limpiopungo, a 3.600 m. El entorno, llano, con la superfice plana de la gran lámina de agua y con la inmensa figura del volcán a poca distancia, crea un espacio de fuerte atractivo. Un sendero fácil de recorrer rodea la laguna y otros caminos que salen en direcciones diversas permiten efectuar pequeñas escapadas.
Por supuesto, el Parque da más de sí. Quienes lo deseen pueden ascender a la cumbre del volcán. Pero eso son palabras mayores. Es preciso ir con guía, bien equipado contra el frío, estar adaptado a la altura y en muy buenas condiciones física. De otro modo, mejor ni intentarlo.
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[editar] Latacunga
Seguramente, nadie hablaría de Latacunga si no fuera por su proximidad al Cotopaxi. La proximidad hace que, de rebote, algunos de los que visitan los alrededores del volcán se acerquen también a Latacunga. Y la misma proximidad ha hecho que en el pasado las erupciones del volcán la hayan destruido tantas veces como veces la reconstruyeron en el mismo lugar sus habitantes. Sigue siendo un misterio la insistencia en no ponerla en lugar más seguro, porque los profundos tajos que rodean el suelo en el que se asienta advierten de lo precario de su situación.
Latacunga es una pequeña ciudad, provinciana, y sin particular interés. ¿O tiene interés? Pues no lo tiene para quien busque monumentos singulares. Pero lo tiene para conocer una población media, con un pequeño barrio de resabios coloniales -la plaza Vicente León, con la catedral a uno de los lados es el espacio más noble- que se medio salvó de las erupciones, con barrios más nuevos que muestran como son las pequeñas capitales de las comarcas agrícolas del Ecuador de hoy y con un mercado grande y activo en el que entretenerse un buen rato.
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Dormir. Está a unos kilómetros de Latacunga, pero hay que advertir de su existencia. Se trata de La Ciénega -así, con 'e'-. Es la mansión palaciega que dominaba una gran plantación y que hoy se ha convertido en hotel. Conserva su aire antiguo y señorial, con algo de viejo castillo encantado. La cuestión es que con sus grandes cipreses, su jardín, los muebles, la capilla y demás dependencias se convierte en algo singular, además de agradable. La Condamine, en el siglo XVIII, cuando la mansión era mansión y todavía no era hotel, se alojó en este lugar, en el curso de sus investigaciones geográficas para fijar la línea del ecuador.
[editar] Quilotoa
La laguna de Quilotoa ocupa el fondo del cráter de un volcán. Contemplarla desde el borde del cráter, enmarcada en un panorama tapizado de montañas, es sin duda un espectáculo. La visita a Quilotoa es una de las excursiones que ayudan a conocer los Andes occidentales. Se inicia desviándose hacia el oeste desde la Panamericana a la altura aproximada de Latacunga y la duración del recorrido de ida y vuelta -hay que volver por el mismo camino por el que se ha ido- ocupa la mayor parte del día.
El viaje es impresionante por un recorrido de montañas que hay que hacer a un ritmo no muy rápido porque el trazado de la carretera es cualquier cosa menos recto. Desde la Panamericana, en poco tiempo se asciende más de mil metros entre montañas volcánicas, cultivadas en parcelas que se agarran a las laderas cada vez más empinadas. No hay terrazas. Todo es pendiente que los agricultores trabajan manualmente con tanta más dificultad cuanto más próximas están las parcelas de la cumbre. Pero el paisaje cambia porque los climas y las condiciones para la agricultura cambian también a medida que se pasa de un rincón a otro y de un valle al siguiente.
A las tierras de cultivo les sigue, al ir ganando altura, el páramo, donde prospera el matorral y el monte bajo. Pero otro cambio de orientación de la Sierra vuelve a crear un altiplano cultivable y fértil, alto y de horizontes amplios donde la agricultura se muestra en plena actividad. Se está por encima de los 4.000 m en una tierra de población casi exclusivamente indígena. Vacas y llamas se dejan ver junto al camino, en parcelas de tierra negra, de tamaño no más que familiar donde se cultiva patata, sobre todo, aunque también trigo, maíz y cebada y donde crecen, además, pinos y eucaliptos.
Quilotoa es casi una aldea, que vive de la laguna y el volcán. Algún restaurante modesto asegura la comida y un refresco.
La mayor parte de los visitantes se conforma con las vistas de la laguna y del paisaje desde lo alto. Pero hay camino para bajar a la misma orilla del agua. El camino no es fácil porque el suelo es pedregoso y nada firme. Son unos cuantos centenares de metros de una cierta dificultad a la bajada. Y de un esfuerzo añadido a la subida a la que penaliza, además la altura. Algunas mulas de alquiler permiten, a quienes lo deseen, hacer la pequeña caminata más descansadamente. Aunque habrá que valorar el suplemento de adrenalina que supone la ascensión por esos riscos a lomos de un rocín.
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[editar] Baños
[editar] La ciudad
Es para los ecuatorianos un destino para el fin de semana, para las pequeñas vacaciones de Semana Santa o para las grandes del verano. Situada en las inmediaciones del volcán Tungurahua -todavía activo-, en un entorno verde y de relieve quebrado, la llamaron la Suiza americana y algo de eso tiene la ciudad.
Está en el límite de los Andes orientales. Allí donde el suelo desciende y empieza a abrirse a las tierras bajas y más cálidas de la Amazonia.
El viajero encuentra en Baños una pequeña ciudad festiva, llena de tiendas de recuerdos, de objetos de artesanía, de ropa y de un montón de otras cosas con las que entretenerse. También encontrará pequeñas agencias modestas que ofrecen excursiones y actividades de aire libre por los alrededores.
En un extremo de la ciudad, aunque cerca del centro porque las distancias son escasas, una cascada se despeña desde una pared rocosa casi vertical. Allí se sitúan unos baños públicos y multitudinarios (la Piscina de la Virgen) que dan ocasión de sumergirse en una especie de marea popular, de gentes que no quieren perderse las virtudes de las aguas. Para el viajero será pequeño espectáculo.
En el centro se levanta la basílica de N.S. de Agua Santa, el monumento más llamativo de la ciudad: lo que podría parecer una catedral en piedra negra que se construyó en honor a la virgen. Conmemora el hecho de que a pesar de la destrucción de casi toda la ciudad debido a una erupción del volcán, la virgen obró el milagro de salvar la iglesia. Los parroquianos vieron en ello la mano celestial y consideraron que debían celebrar el portento sustituyendo la iglesia que se había salvado por otra mucho mayor y que estuviera a la altura del milagro.
Como curiosidad, merece la pena prestar atención y entrar en alguna tienda-taller donde se trabaja la 'tagua'. La tagua se extrae de una semilla de palmera y es una especie de nuez blanca y extremadamente dura que algunos llaman marfil vegetal. Con ella se hacen toda clase de figuritas, adornos, pulseras, collares, botones ... de un blanco impoluto.
Y como curiosidad también para los aficionados al dulce hay que señalar las melochas, dulces de miel y jarabe extraído de la caña de azúcar que se prepara a la vista de los viandantes y que toma la forma de madeja de una masa parda que cuelga de la pared por uno de los lados y por otro estira y golpea una y otra vez quien la prepara hasta darle la dureza y la viscosidad requeridas.
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Dónde comer. La ciudad está llena de pequeños restaurantes. Uno bien agradable es el Swiss Bistro, de precio moderado, en la calle Luis A. Martínez y Eloy Alfaro. Otro es el Café Hood, en la calle Maldonado, con platos variados y ambiente agradable.
[editar] Alrededores
Entre las cosas que más celebran quienes visitan Baños está la excursión por el cañón del río Pastaza. El Pastaza recoge muy cerca de Baños el agua de otros afluentes, luego desemboca en el Marañón y después de un recorrido por Perú termina desaguando en el Amazonas. En las proximidades de Baños, el atractivo está en el paisaje y en una serie de pequeñas cascadas que lo amenizan. En el recorrido los más atrevidos tendrán ocasión de hacer prácticas de 'puenting', y una vez llegados a la cascada conocida como 'El manto de la novia', con menos riesgo se podrá disfrutar de una pequeña aventura atravesando el cañón en un funicular muy simple movido mediante un ingenioso -y precario- motor de camión convenientemente adaptado. Un poco más adelante, convendrá hacer la pequeña caminata hasta el 'Pailón del diablo'. Tras recorrer un sendero de algunos centenares de metros, con considerables desniveles y con sabor a selva, se llega a un claro por el que se despeña una cascada. El camino, la vegetación que lo envuelve y el espectáculo del agua cayendo desde la altura han convertido la visita al Pailón del diablo en una excursión tradicional de quienes visitan Baños.
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[editar] Riobamba
El camino de Baños a Ambato y a Riobamba tan pronto sale de los entornos del río Pastaza se convierte en un valle muy amplio, cultivado o con ganado en las zonas donde el páramo sustituye al suelo cultivable.
Cuando el día está despejado, la mole del Chimborazo se deja ver entre el perfil de la sierra de volcanes.
Riobamba -pequeño centro colonial, convento de las Conceptas, catedral... tiene fama de ciudad revolucionaria -alguna hoz y martillo aparecen entre las pintadas callejeras- pero poco interés para el viajero. Sólo aparece en el mapa turístico porque puede ser una etapa en el camino entre Cuenca y Baños.
Si se está en la ciudad en sábado, no hay que perderse el mercado. Se sitúa fuera del centro -pero dentro de la ciudad- y es una auténtica feria con tenderetes con las mercancías más diversas, una aglomeración de gentes de todas clases y un ambiente de lo más animado.
La Nariz del Diablo forma parte de las atracciones de Riobamba. La construcción del ferrocarril que debía unir Guayaquil, en la costa, y Quito, en el centro del país, fue, en el curso del siglo XIX, una obra de ingeniería colosal. El mayor reto consistió en salvar el enorme desnivel que separaba la región costera de los altiplanos andinos. Y para ello hubo que crear un trazado en zigzag en la escarpadura rocosa que permitiera al tren encaramarse por la empinada ladera volcánica. Este tramo se conoce como la Nariz del Diablo y transita por paisajes espectaculares. El viaje en tren, muy popular, tiene hoy un uso casi exclusivamente turístico. Parte de la localidad de Alausí a las 11 de la mañana los miércoles, viernes y domingos y efectúa un trayecto de ida y vuelta con una duración de un par de horas. Quienes deseen tomar la salida desde Riobamba pueden hacerlo en tren también para llegar a Alausí o desplazarse en autobús hasta esta población.
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[editar] De Riobamba a Cuenca
¡Merece la pena! aunque el recorrido sea largo -270 km o entre 5 y 6 horas- y las curvas numerosas en un trazado de montaña. Los paisajes son impresionantes, con zonas de niebla densa, en determinadas épocas del año, que se disuelve tan pronto el camino cambia de orientación. Laderas empinadas y verdes, valles profundos y barrancos -especialmente llamativo el paisaje cuando se acerca a 'La Nariz del Diablo'- pueblos indígenas dispersos y seguramente más prósperos que en otros lugares -casas pintadas, pared de ladrillo, cubiertas de teja- tierra intensamente cultivada, ganado -incluidos toros de lidia- ... componen un auténtico espectáculo.
Cerca todavía de Riobamba, en la ciudad de Cajabamba, los aficionados a la historia deberían parar en la Virgen de la Valvanera, la iglesia más antigua de Ecuador (1534), que hubo que volver a levantar tras el terremoto de 1797.
Ya cerca de Cuenca, en Biblián, los sibaritas aseguran que hay que probar las cascaritas. Están hechas de piel del cerdo, quemada al fuego, cortada finísima y prácticamente sin grasa. Acostumbran a tomarse acompañando al mote, es decir, maíz cocido.
[editar] Cuenca
Es la joya de la arquitectura colonial de Ecuador y ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad. La rodea un paisaje muy abierto, de valles verdes que surcan cuatro ríos. De hecho, la ciudad se llama Santa Ana de los Ríos de Cuenca.
La ciudad entera ronda los 400.000 habitantes, pero es el centro, relativamente grande, de calles rectas, casas cuidadas, flores en las ventanas, suelos empedrados, arcos, plazas e iglesias, lo que seduce al visitante. Y ha seducido, además de a los turistas, a una colonia de extranjeros que se han instalado en la ciudad para gozar de su encanto.
Conventos, campanarios, casas nobles y algún mercado crean un ambiente especial e invitan al paseo. Más que llevar una lista de iglesias y plazas a visitar, lo mejor será caminar por la ciudad donde es difícil perderse.
Quienes echen de menos la visita a un museo encontrarán en el del Banco Central -desde la 'dolarización' el banco tiene poco trabajo- el mejor de la ciudad. En su recinto hay restos de una antigua ciudad inca, de interés muy relativo.
Mucho más interesante será la visita a la fábrica-museo de sombreros Homero Ortega (un poco apartado del centro, en Gil Ramiírez Dávalos 386). Ofrece una mirada al pasado y dará, además, la oportunidad de comprar un sombrero de 'toquilla' que es el material del que están hechos los sombreros que se conocen como 'panamá'. Parece que cuando se construyó el canal, Ecuador envió infinidad de sombreros con los que proteger del sol a los trabajadores. Los fabricaban los indígenas con paja toquilla, como los fabrican todavía para Ortega, y al final fueron los panameños quienes se quedaron con la fama del sombrero y con el nombre.
Quienes no quieran desplazarse hasta la fábrica de Homero Ortega encontrarán en la Casa del sombrero Alberto Pulla (Tarqui 9-91) otro lugar con solera para hacerse con un recuerdo.
Artesanías. La plazoleta de la Cruz del Vado reúne en sus inmediaciones pequeñas tiendas y talleres con artesanías y productos muy diversos del gusto de los visitantes. Hay además cafés y restaurantes donde comer.
El mercado de artesanías de la plaza de San Francisco ofrece también productos variados con los que entretenerse un rato.
Restaurantes. Dos recomendaciones. La primera es Los tiestos (Jaramillo 7-34), pequeño, acogedor y con buena comida. La segunda, Raymapampa (Benigno Malo 8-59), en el palacio arzobispal, junto a la Catedral nueva, con fama de interesante, platos ecuatorianos y también cocina más internacional.
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[editar] Parque Nacional Cajas
Está aproximadamente a una hora de Cuenca y se sitúa a una altura de 4.000 m. La atmósfera pobre en oxígeno ayuda poco a la vegetación que se limita al matorral y que crea un paisaje de páramo donde predomina el color parduzco.
¿Decepcionante? Nada de eso. Frío y de ambiente neblinoso, para muchos el entorno se convierte en impresionante y con sus cientos de lagunas esparcidas en el suelo recuerda alguna de las imágenes de El señor de los anillos. Un recorrido a pie de algo más de una hora permite acercarse a un bosque de 'árboles de papel' y deja ver por el camino venados, llamas, aves diversas, entre otros animales. Eso sí, habrá que andar despacio si se quiere llevar bien lo de hacer esfuerzo en las alturas.
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