Valle del Café
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Un viaje por la llamada ‘ruta del café’ en Brasil nos lleva a encontrarnos con el turismo que en los últimos años se ha querido llamar ‘rural’. Significa cruzar la Mata Atlántica descansando en casas rurales (que allí se llaman Pousadas, estén en el campo o en el litoral) y pasar el día conociendo antiguas haciendas de café, tranquilos pueblos con sus pequeños, y no por ello menos atractivos, museos e iglesias.
Significa además disfrutar de una gastronomía casera, que para muchos ya es motivo suficiente para embarcar en esta plácida aventura. Quizás son escenarios que huyen completamente de los tópicos brasileños, pues aún es difícil pensar en un Brasil oligárquico, tradicional, de ricas familias, de una nobleza que en su mayoría fue alcanzada más bien por posesiones que por títulos nobiliarios heredados. Un escenario que en un primer momento lo asociaríamos con el sur de Estados Unidos y su algodón, por ejemplo.
Sin embargo, en Brasil esos escenarios y personajes sí existieron e ilustraron una etapa de la historia del país, la única diferencia es que en lugar de algodón, la riqueza provenía del café. Hablamos del Brasil del siglo XIX y la historia caracteriza esa época como ‘Ciclo del Café’. Estamos en la sierra fluminense que separa los estados (provincias) de Río de Janeiro y São Paulo, región que era considerada entonces la más rica del país y que sigue repleta de mansiones en estilo renacentista y neoclásico, decoradas con estatuas de mármol y amplios jardines al más fiel estilo francés.
A dos horas en coche desde el centro de Río llegamos a Barra do Piraí, el primero de los municipios indicados cuando se sigue la ‘ruta del café’. Allí, es imperdible la visita a dos haciendas, Ponte Alta y São João da Prosperidade. En la primera se mantiene intacta la senzala (parte de la propiedad donde vivían los esclavos) y que hoy sirve de museo. En la segunda se ofrece un tour guiado que ilustra perfectamente la vida íntima de los barones del café y sus familias.
Seguimos camino hacia el municipio de Miguel Pereira. Allí encontramos el ‘Camino del Emperador’, una tranquila trilla en medio a la Mata Atlántica que nos pone en contacto directo con el que está considerado como ‘mejor clima de Brasil’, y que de verdad tiene que ser muy agradable. En este municipio no podemos dejar de pasar por la Hacienda Santa Cecília, que aunque tenga un estilo un poco más moderno tras haber sido reformada en el siglo XX, tiene como mayor atractivo una pequeña capilla en color rosa proyectada por el célebre Oscar Niemeyer.
Vecino es el municipio de Engenheiro Paulo Frontín, es conocido por su disposición natural para la práctica de parapente y ala delta. Así que los más aventureros podrán romper la tranquilidad del paseo con impresionantes saltos sobre los valles cercanos. Después de este paraje, llegamos a uno de los municipios más importantes de la región y que para los españoles el nombre sonará mucho más que familiar: Valença o Valencia.
El pueblo guarda mucho de la historia y de las anécdotas del periodo áureo del ‘ciclo del café’. La Catedral de Nossa Senhora da Glória es de los atractivos más visitados. A titulo de curiosidad, en su museo se encuentra la campana que anunció la abolición de la esclavitud en Brasil en 1888. Una de las haciendas más conocidas es la llamada Vista Alegre. Es hoy residencia de fin de semana de la familia del Vizconde Pimentel, quien la construyó. Gran amante de las artes y percusor de la educación de los esclavos, cuentan que fue él quien organizó la banda de música del municipio, compuesta entonces por veintisiete antiguos esclavos que alcanzaron reconocida fama y alegraban todas las fiestas de la región.
La mayor parte de las mansiones de Valença se encuentran en el distrito de Conservatoria, cuyo centro también representa un interesante paseo que nos lleva al Brasil colonial. Tan representativo es el paisaje local, que aquí se han rodado varias de las más importantes y conocidas telenovelas históricas brasileñas como Escrava Isaura o Sinhá Moça. Está bien que el visitante sepa que cuenta la leyenda que quien bebe de la fuente del Túnel que Llora, siempre vuelve a Conservatoria.
La siguiente parada es en Vassouras, otro de los más importantes municipios del valle del café. Fundada a principios del siglo XIX, la ciudad floreció junto a la economía del café, que transformó a sus productores en dueños de grandes fortunas como ya hemos comentado anteriormente. La entonces corona portuguesa que reinaba en Brasil les concedía el título de barón a los más importantes caficultores. Es por eso que en Brasil se reconoce a tantos ‘barones del café’.
En Vassouras el Solar del Barón está abierto al público, ofreciendo una buena perspectiva de las refinadas costumbres de la alta sociedad de entonces. También era suya la Hacienda Galo Vermelho, hoy transformada en casa rural. Su especialidad es, sin embargo, el Té Imperial servido en sus salones todas las tardes. El ambiente nos transporta a una época de ostentación y refinados modales heredados de Europa.
Dejarse llevar por la imaginación para viajar por un Brasil bastante desconocido en el extranjero se presenta como una buena opción para el que quiera realizar un paseo diferente y visitar las antiguas mansiones y haciendas del ‘Ciclo del Café’ son la mejor forma de tener una idea de lo que fue el Brasil colonial. Un último apunte: también es interesante visitar las estaciones de ferrocarril de la región, aunque algunas se hayan transformado en museos. Fue aquí donde nació la red ferroviaria brasileña primeros reflejos de una revolución industrial incipiente.
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