Secretos de Macedonia

Grecia

 

Grecia es la cuna de nuestra cultura, de nuestro pensamiento, de nuestras leyes y de nuestro modo de entender el mundo. Grecia forjó, hace más de dos mil años, lo que Europa habría de llegar a ser. Nuestra historia no se puede separar de lo que aquí ocurrió, y, sin duda, más allá de sus paradisíacas playas mediterráneas, tenemos mucho por descubrir de nuestros primos orientales.

En este artículo, nos centraremos en la región continental del norte, y más concretamente en la Macedonia Central griega. Macedonia resuena a conquistadores, al gran Alejandro, que conquistó casi todo el mundo conocido en menos de trece años. Al Monte Olimpo, asiento de los dioses y desde donde Zeus lanzaba airado sus rayos. A Aristóteles, el gran maestro, cuya filosofía sigue aún modelando nuestro conocimiento.

Macedonia es muy diferente del resto de Grecia. De hecho, lleva poco más de un siglo formando parte de este país, y fue parte del imperio otomano hasta el fin de las Guerras de los Balcanes, en 1913. La mayor provincia de Grecia cuenta con lugares históricos de fundamental importancia, como Pela o Vergina, con grandes ciudades, como Tesalónica, y con paradisíacas playas, como las de la Península Calcídica, donde podremos encontrar diminutas calas de arena blanca y kilométricas playas, así como una comunidad monástica con más de mil años de tradición.

 

Tesalónica

Tesalónica es la segunda ciudad de mayor tamaño de Grecia, con una población de casi 800.000 habitantes, y tiene una muy marcada personalidad. Se encuentra situada en el Golfo de Tesalónica, y como buen puerto que es, pareciera que estuviese abierta al resto del mundo, con una extensa mezcla étnica y un aire de prosperidad estimulado por una importante universidad y una escena nocturna y musical vanguardista. También la oferta gastronómica de la ciudad es llamativamente buena, tanto con restaurantes sofisticados como con las tabernas y ouzerías tradicionales de origen turco.

El día que Filipo el Grande, padre de Alejandro Magno, ganó una importante batalla contra los tesalios, se enteró del nacimiento de su nueva hija, a la que llamó “la victoria sobre Tesalia”, o Tesalónica. Años más tarde, esta princesa se casó con el rey Casandro, que, en el año 315 a.C., fundó la ciudad de Tesalónica en honor a su esposa. Enseguida, la ciudad se convirtió en un importante centro comercial y cultural en la región, y, cuando los romanos conquistaron el territorio en el 146 a.C., Tesalónica fue elegida inmediatamente como su capital. Su fortuna se vio aún más incrementada con la construcción de la importante Vía Egnatia romana, que unía las capitales imperiales de Roma y Constantinopla, y que atravesaba Tesalónica.

Tesalónica  siguió creciendo, y en el siglo VI ya era la segunda ciudad del imperio bizantino, sólo superada por Constantinopla, posición que mantuvo hasta principios del siglo X, cuando sufrió saqueos e invasiones extranjeras. En 1246, Tesalónica volvió al seno del imperio bizantino de Nicea, alcanzando su edad de oro cultural hasta la conquista turca de 1430. Ésta fue la primera ciudad otomana balcánica, y contaba con una población de múltiples culturas y religiones, con griegos cristianos ortodoxos, otomanos musulmanes, eslavos, albanos, armenios y, después de la expulsión de los judíos de España en 1492, también encontró aquí su hogar la mayor comunidad judía europea de la época.  

La parte moderna de la ciudad se debe en gran medida a un enorme fuego que asoló gran parte de la ciudad antigua en 1917, incluyendo el barrio judío y partes del otomano. La ciudad fue reconstruida con un estilo Art Decó que, aún hoy, es muy llamativo y le da un nuevo aspecto jovial. Durante la II Guerra Mundial, los nazis ocuparon la ciudad y diezmaron la población judía.

Hoy, la ciudad tiene muchísimo que ofrecer al visitante, y dos días en ella será el tiempo mínimo que le podremos dedicar a la ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1988. Uno puede encontrar importantes ruinas romanas, numerosas iglesias que muestran la arquitectura ortodoxa a través del tiempo y las tradiciones, y también observar la ciudad turca, tanto en la ciudadela amurallada como en la ciudad moderna. Por qué no disfrutar también de la arquitectura moderna griega, con imponentes ejemplos de arquitectura Art Decó pertenecientes a la época de entreguerras, la segunda edad de oro de la ciudad. 

Los muchos y variados museos de Tesalónica cubren todas las etapas históricas de la ciudad, desde la cultura bizantina o la herencia judía de la ciudad, hasta el famoso Ataturk (oriundo de Tesalónica) o un museo de instrumentos musicales. Algunos de los monumentos más importantes de la ciudad son la Torre Blanca (Lefkos Pyrgos), el Arco de Galerio (Kamara), la Rotonda (o iglesia de San Jorge) y las fortificaciones de Heptapirgion, entre otros.

Además de los muchos atractivos que ofrece la ciudad en sí, es asimismo un centro neurálgico de transportes en la región, y será un estupendo punto de salida para recorrer algunas de las muchas visitas que se pueden hacer por la zona. A continuación, veremos algunas de ellas.

 

Vergina

Cerca de la localidad de Vergina se encuentra el impresionante yacimiento arqueológico de Egas o Aigai, “lugar de cabras”, que fue la primera gran capital de la Macedonia clásica. Cuenta la leyenda que Egas se fundó en el siglo VII a.C. por orden de Perdicas, a quien el oráculo había indicado que construyese su capital para honrar a los dioses y dirigir su imperio allí donde encontrara un rebaño de cabras.

Cuando el imperio macedonio estaba en su mayor esplendor, en algún momento de la primera mitad del siglo IV a. C., la capital del reino fue trasladada a la ciudad de Pela. Sin embargo, Egas mantuvo su importancia y siguió siendo la ciudad donde se enterraba a los reyes macedonios. Contaba la leyenda que el imperio macedonio caería cuando su monarca no fuera enterrado en Egas. Filipo II el Grande, padre de Alejandro Magno, fue asesinado en esta ciudad, y enterrado en ella. Sin embargo, su hijo murió muy lejos de casa, y se decidió darle sepultura en Menfis (Egipto). Cumpliendo el vaticinio, Alejandro fue el último de los grandes reyes de Macedonia.

Los restos arqueológicos más impresionantes se encuentran en la necrópolis de Egas, al norte de la muralla de la ciudad. Aquí hay evidencia de enterramientos desde la Edad de Hierro (principios del primer milenio a.C.), de los períodos arcaico y clásico, y también algunas posteriores.

Aquí se encuentran las conocidas como “Tumbas Reales”, que datan del siglo IV a.C. Los descubrimientos hechos en ellas son el mayor tesoro griego encontrado desde el hallazgo de Micenas.  Las Tumbas Reales son cuatro, de las cuales dos – las tumbas I y IV – fueron saqueadas en la Antigüedad. La conocida como Tumba II pertenece a Filipo II, padre de Alejandro. La tumba se encuentra intacta, con todo el ajuar funerario y muchos otros objetos, además del enterramiento. Se considera que esta tumba es el tercer mayor tesoro de la Antigüedad, precedida sólo por la tumba de Tutankamón y la del Señor de Sipán.

Además de la necrópolis, quedan muchos otros restos de la gran capital macedonia, como por ejemplo dos complejos palaciegos que datan, al menos, del siglo IV a.C. También será interesante visitar los tramos de muralla excavados, el teatro, las ruinas del ágora y del santuario de Euclea, así como otros edificios pertenecientes a la fase tardía de la ciudad de Egas, construidos entre el siglo I a. C. y el I d. C.

 

Pela

Pela fue la gran capital macedonia durante su período de máximo apogeo, y fue también la primera capital de Grecia, una vez Filipo II unificó el país entero por la fuerza hacia el año 338 a.C.  La ciudad se fundó unas décadas antes, a principios del siglo IV a.C., y tanto Filipo como su hijo Alejandro Magno nacieron y crecieron aquí. El palacio real estaba decorado con pinturas del famoso artista Zeuxis, y se contaba que era el lugar con las mejores obras de arte del mundo desde la Atenas clásica. También Eurípides vivió aquí y escribió sus últimas obras dramáticas en la corte de Pela y aquí, también, Aristóteles fue el tutor del joven Alejandro.

Hoy, las ruinas de Pela se extienden solitarias en mitad de una llanura, y se caracterizan por seguir un plan hipodámico alrededor de una amplia ágora. Las calles contaban con un complejo sistema de alcantarillado y había agua corriente en algunas viviendas. La prosperidad de la ciudad queda demostrada en la riqueza de los adornos de las residencias privadas y en el megalómano tamaño del trazado de calles.

El palacio de Pela estaba constituido por varios conjuntos arquitectónicos yuxtapuestos, cada uno incluyendo una serie de habitaciones ordenadas alrededor de un gran patio cuadrado con pórticos. La imponente entrada monumental del palacio era visible desde cualquier punto de la ciudad. El tamaño del conjunto palaciego muestra que, a diferencia del de Egas, no consistía simplemente en una residencia real, sino que también era un lugar desde el que los reyes gobernaban y dirigían la administración de Macedonia.

Pela también fue famosa por sus impresionantes mosaicos, que tenían la peculiaridad de hacerse con guijarros de colores hasta bien entrado el siglo III a.C., cuando se sustituyeron por teselas de vidrio. En Pela, se pueden ver algunos de estos mosaicos tanto in situ como en el excelente y didáctico museo nuevo, que encierra asimismo todo tipo de hallazgos arqueológicos de la antigua capital. 

Pela se encuentra a unos 40 km al oeste de Tesalónica, y es muy fácil tanto hacer una excursión en el día desde la metrópoli, como hacer parada de camino a Édessa, nuestra siguiente protagonista.

 

Édessa

La ciudad de Édessa también cuenta con muchos restos arqueológicos dignos de mención. Se calcula que la ciudad se fundó en el año 814 a.C., y se han excavado partes de la muralla y el ágora. La ciudad fue conquistada por los romanos en el año 168 a.C., y a partir de ese momento, y especialmente durante los dos primeros siglos de nuestra era, la ciudad tuvo un gran poder, debido parcialmente a formar parte de la importante Vía Egnatia, que unía los imperios de Roma y Bizancio. 

Muchos han sido los conquistadores de Édessa, como los eslavos en el siglo VI, los búlgaros en el X, y los otomanos en el siglo XIV, entre otros. A pesar de que la ciudad ha sufrido numerosas destrucciones, saqueos y terremotos, aún se pueden apreciar muchos de sus monumentos pasados, como la muralla antigua y el puente bizantino. Sin embargo, el gran atractivo de la ciudad se halla en su belleza natural. Se trata de una población atestada de pequeños puentes, y cada esquina está acompañada por un tranquilo murmullo de agua corriente. Aquí se encuentra la mayor cascada de toda Grecia, conocida como “Káranos”, de 70 metros de altura. Será muy recomendable visitar el Parque de las Cascadas, el Museo del Agua y el Aquarium.

Édessa se encuentra a aproximadamente una hora y media en coche de Tesalónica, lo que la convierte en un lugar ideal para escapar de las masas de gente y del calor, y sumergirse en una naturaleza mediterránea auténtica, refrescada por majestuosas cascadas.

 

Monte Athos

La Península Calcídica se extiende desde los lagos al este de Tesalónica, y hasta las tres largas lenguas de tierra que parecen tentáculos abalanzándose sobre el Egeo septentrional. Estas tres penínsulas se llaman, de oeste a este, Kassándhra, Sithonía y Athos. Kassándhra y Sithonía son dos de las regiones más devoradas por el turismo veraniego de toda Grecia, y atraen a verdaderas hordas de turistas de Tesalónica y otras partes del norte de Grecia, como también a un número cada vez mayor de veraneantes procedentes de Europa del Este.

La península del Monte Athos, la más oriental, es completamente distinta de las anteriores. Estamos hablando de una Montaña Sagrada, un estado semi-autónomo dependiente de Grecia pero, a su vez, una república monacal, en la que vive desde hace más de mil años una importante comunidad monástica. En el Monte Athos, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1988, existe una veintena de monasterios ortodoxos (griegos, rumanos, rusos, búlgaros, serbios y georgianos), entre los que destaca el Monasterio de la Gran Laura, el más antiguo, de mayor tamaño y más célebre de toda la Montaña Sagrada.

La comunidad monástica del Monte Athos fue fundada por San Atanasio de Athos en 963 con la ayuda del emperador Basilio II, y se mantuvo con pocos cambios hasta entrado el siglo XIII y la llegada de los católicos romanos en su Cuarta Cruzada, que forzaron a los monjes a pedir la protección del Papa Inocencio III hasta la restauración del imperio bizantino. En el siglo XV, y tras la caída de este último y la aparición del imperio otomano, de carácter islámico, los monasterios de Athos sufrieron condiciones difíciles y una escalada importante de impuestos. Esto hizo que, poco a poco, la población monacal disminuyera ininterrumpidamente hasta el siglo XIX.

En 1912, durante la I Guerra de los Balcanes, los otomanos fueron expulsados de la península, que pasó a estar bajo soberanía griega a partir del final de la I Guerra Mundial. El autogobierno de Athos fue concedido en el año 1924, y su legislación propia fue aprobada en 1926, que, entre otras cosas, prohíbe la entrada de cualquier mujer en su estado.

El Estado Monástico Autónomo de la Montaña Sagrada permite el acceso de 120 turistas varones al día, 110 de ellos griegos, y 10 turistas extranjeros. Para entrar en el Monte Athos, hay que realizar una serie de papeleos en Tesalónica, y a continuación recoger los permisos en Uranópolis o Ierissos, las dos ciudades que funcionan como puntos de acceso al Monte Athos, encontrándose en la península de Athos pero perteneciendo al estado griego. Desde estas dos localidades, también se puede tomar un barco y realizar un recorrido (de unas dos horas y media aproximadamente) alrededor de la península de Athos, observando los monasterios desde lejos y sin desembarcar (esto sí lo pueden hacer también mujeres). 

 

 

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