Antigua y Chichicastenango

Guatemala

 

Guatemala, el país más poblado de América Central, promete un viaje apasionante. La historia del país – con milenios de civilización maya y siglos de dominio español antes de su actual independencia – es tan vívida, que uno casi puede ver guerreros precolombinos cruzando la selva que rodea la majestuosa ciudad de Tikal, o sentir cómo los sacerdotes católicos observan desde los campanarios de las iglesias coloniales de Antigua. Un viaje a este país, volátil y apasionado, asegura una experiencia inolvidable, tanto de naturaleza como de gentes y cultura.

A continuación, vamos a explorar dos poblaciones especialmente dignas de mención en las tierras guatemaltecas: Antigua Guatemala y Chichicastenango. Estas dos ciudades presentan realidades muy diferentes, a pesar de que se encuentran a apenas dos horas y media en coche la una de la otra, y es por tanto muy fácil combinarlas para ver características y contrastes dentro de la realidad guatemalteca. En tanto que Antigua Guatemala forma parte del sistema zonal turístico nacional de "Guatemala Moderna y Colonial", Chichicastenango pertenece al programa del "Altiplano Indígena Vivo". 

 

Antigua Guatemala

Es posible que el verdadero milagro de Antigua se encuentre en su resistencia: a pesar de terremotos, erupciones volcánicas, inundaciones, y un abandono casi absoluto durante décadas, la ciudad sigue reemergiendo con fuerza, alentada por el orgullo de sus habitantes.  

En 1541, la antigua capital española guatemalteca, llamada Ciudad Vieja, fue enterrada por un alud producido por el volcán Agua. Se decidió entonces cambiar la situación de la capital, y se eligió lo que es hoy Antigua como base. Aquí creció una nueva capital, que llegaría a alcanzar unos inmensos niveles de prosperidad. Las órdenes religiosas compitieron por construir colegios, iglesias, monasterios y hospitales, en tanto que los obispos, mercaderes y terratenientes construían grandes casas y palacetes.

En 1717, la ciudad sufrió un fuerte terremoto, lo que a su vez provocó una fiebre constructiva sin precedentes. Así, a mediados del siglo XVIII, la ciudad alcanzó su máximo apogeo, convirtiéndose en una ciudad monumental. En esta época de esplendor, Antigua era la sede del gobierno español en toda América Central y el estado mexicano de Chiapas. De nuevo, su enorme riqueza se vertió en la construcción de iglesias, monasterios, conventos, palacios y mansiones.

Sin embargo, pocas décadas después, en el año 1773, Antigua volvió a sufrir un enorme terremoto que devastó gran parte de la ciudad y redujo a escombros unos 3.000 edificios. Las autoridades decidieron reubicar la capital de nuevo, y ésta se trasladó a lo que es hoy la Ciudad de Guatemala. Antigua quedó arruinada y casi despoblada, y los pocos que se quedaron no tenían los medios para reconstruir la cuidad de sus cenizas. Casi un siglo más tarde, de la mano de las lucrativas plantaciones de café y los guatemaltecos de clase media que abandonaban la capital, el dinero empezó a fluir de nuevo en Antigua y se pudo por fin preservar la arquitectura colonial de la ciudad. Desde el año 1979, la ciudad forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, y se ha cuidado y conservado con gran esmero.

Hoy, la ciudad de Antigua obnubila con su gran belleza, la riqueza de sus edificios coloniales – que pueden oscilar entre iglesias y monasterios, y palacetes y hospitales – y los demás vestigios de su pasado, desde callejuelas empedradas hasta plazoletas encantadoras, generando un conjunto que da una clara idea del estatus que una vez tuvo la ciudad.

La mejor manera de recorrer Antigua será partiendo de su Parque Central, y dejándose llevar por las calles empedradas y las iglesias y conventos. Algunos de los lugares de interés que el visitante no deberá perderse son: el arco de Santa Catalina, la iglesia del Carmen, la de la Merced, Las Capuchinas, San Francisco y Santo Domingo.

 

Chichicastenango

Colgado de la ladera de un monte, con montañas serrando el horizonte, Chichicastenango (“el nido de ortigas”) parece estar aislado en tiempo y en espacio del resto de Guatemala. Las callejuelas empedradas estrechas, bordeadas por casas de adobe, convergen en una plaza amplia en la que, la mayor parte de los días, uno podrá ver a los lugareños charlando y pasando el rato. El lugar es irreconocible los jueves y domingos, cuando la plaza se convierte en un mercado de filas y filas de puestos coloridos con un vertiginoso abanico de productos de artesanía, desde máscaras de madera y mantas de lana hasta cestas de mimbre.

Mucho antes de la conquista española, Chichicastenango – Chichi para los amigos – era un centro Kaqchiquel importante, y ha seguido siendo, todos estos siglos, un importante foco espiritual de la cultura maya quiché. A lo largo de los años, la tradición maya y el folklore católico han convivido y florecido aquí en respeto mutuo. Hoy en día, Chichi tiene dos instituciones religiosas y gubernamentales diferentes. Por un lado, la Iglesia Católica y la República de Guatemala decretan las órdenes religiosas y los funcionarios de la ciudad; por el otro, el pueblo indígena elige sus propios oficiales religiosos y civiles para gestionar las cuestiones locales. Estas dos religiones, que aquí han convivido en armonía durante siglos, han tenido claras influencias la una sobre la otra, y será interesante ver las dos iglesias del pueblo y su clara aceptación de ritos paganos.  

Las gentes locales aquí siguen manteniendo sus tradiciones, también en los tejidos: las mujeres tejen unos soberbios huipiles con motivos florales, y es habitual verlas vestidas al estilo tradicional. Los trajes de los hombres, muy elaborados y caros, son más difíciles de ver, pues muchos han optado por la opción, más económica, de la vestimenta occidental. Sin embargo, los domingos y los días de fiesta, muchos de ellos salen, junto con los cofrades, a desfilar por las calles del pueblo con sus coloridas ropas y sus espectaculares, y centenarias, cruces de plata e incensarios antiguos.

Aunque el mercado de Chichicastenango es lo más conocido de la población, no es ni mucho menos lo único: cuando las callejuelas empedradas y los tejados rojizos se ven envueltos por la niebla, Chichi se convierte en un lugar verdaderamente mágico, donde todo puede suceder. 

 

 

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