Por la Umbría y la Toscana

Te gustará

Conducir por las pequeñas carreteras de las colinas sienesas, salpicadas de cipreses.

Descubrir en el pueblo más recóndito un magnífico cuadro en la iglesia o un pequeño restaurante en un palacio.

Tomar un capuccino junto a los puestos del mercado en la plaza ovalada de Lucca, alrededor de la cual se organiza esta ciudad pequeña y perfecta.

 

Día 1. Salida de Madrid con destino a Roma. A la llegada, en el mismo aeropuerto, recogida del coche de alquiler y salida en dirección a Asís.


No es cuestión de pararse cada poco, pero Orvieto ejerce una llamada especial y no estará de más detenerse. La catedral es magnífica y el color de su fachada, equilibrada y armónica, la fija en el recuerdo y la convierte en una de las más bellas de Italia. Un poco más allá, Todi reclama igualmente la atención. Situada en lo alto de una colina, conserva intacto su centro histórico donde no falta la catedral, hermosos palacios, iglesias y museos.
Perugia será el final de la etapa, donde se hará noche.



Día 2. Estancia en Perugia.
Perugia tiene el encanto de las ciudades que fueron capitales en la Edad Media y el Renacimiento. Su riqueza se deja ver hoy en el trazado de su centro histórico y en el rosario de edificios y monumentos que ennoblecen calles y plazas. Su famosa fuente junto a la catedral, la poderosa decoración de la iglesia de San Pietro, oratorios, palacios y la Galería Nacional de la Umbria con la mejor pintura que dio la región son, entre otros, los lugares que atraerán la atención a lo largo del día.

Pero no todo van a ser monumentos. Pasear por Perugia es una delicia y una llamada a dejar discurrir el tiempo envuelto en un escenario singular.



Dia 3. A poca distancia de Perugia, Asis es una ciudad importante, pero es tan honda la huella dejada por San Francisco y por su obra, que sigue recogida alrededor de la atmósfera que crean iglesias y monasterios surgidos de la devoción franciscana. Asis respira religiosidad, pero sobre todo historia y arte. La Basílica de San Francisco –con los frescos del Giotto y de Lorenzetti- es un despliegue de belleza tal que impresiona se mire por donde se mire. Después de visitar la ciudad, se emprenderá camino de regreso a Perugia.



Día 4. La salida de Perugia bordea el lago Trasimeno. Lo mejor será evitar las autopistas y moverse por carreteras más recoletas que permitan pararse donde apetezca. Será preciso elegir porque son muchas las cosas que ver de camino hacia Siena.  Cortona, Arezzo –con los famosísimos frescos de la iglesia de San Francisco que pintó Piero de la Francesca–, Montepulciano, Pienza, Montalcino… son algunos de los lugares que invitarán a detenerse. Finalmente, se llegará a Siena, donde se hará noche.



Día 5. Estancia en Siena.
La ciudad de Siena es tan rica en monumentos, museos, rincones… y tan bella que un día discurrirá sin que haya habido tiempo de disfrutarlos todos. Su plaza principal, la famosa Piazza del Campo es una insólita combinación de inteligencia, sensibilidad, sabor y acierto modelados a lo largo de la historia para crear un espacio único. Muchos van a ser los lugares a los que prestar atención y muy agradable será también el paseo entre tiendas, restaurantes y cafés que amenizan las calles de la ciudad.



Día 6. Como no podía ser de otro modo, habrá que reservar la mañana para seguir gozando de Siena y para terminar la visita a lo que pudo quedar pendiente el día anterior o simplemente para dejar que transcurra el tiempo en un paseo por sus calles. Por la tarde, lo mejor será acercarse a Volterra, antes de llegar a San Gimignano. Noche.



Día 7. Estancia en San Gimignano.
San Gimignano destaca por las altas torres que mostraban su prosperidad y el poder de las grandes familias en la época medieval. Su paisaje es único, marcado por el sabor árido de la estricta geometría de la construcción en piedra. La Collegiata, el museo, la iglesia de San Agostino… ocuparán el día.



Día 8. Hacia el norte, Lucca es una ciudad repleta de lugares que ver y agradabilísima para pasear. Iglesias con el mejor románico pisano y con bellas ornamentaciones de mosaicos, de trabajos en mármol y de frescos, museos, palacios, jardines, tiendas y bellos rincones darán motivos más que suficientes para disfrutar de la ciudad. Pero convendría no entretenerse, para llegar a Pisa lo antes posible.

Las numerosas veces que se haya podido contemplar la imagen de la famosa Torre no limitan la emoción de contemplar en vivo un conjunto tan extraordinario como el que forman la Torre, el Baptisterio y el Duomo, sobre el tapiz plano e intensamente verde de la plaza. Visitarlos y deleitarse viéndolos llevará el resto del día y será la mejor conclusión para un viaje extraordinario. Noche en Pisa.



Día 9. Va a quedar muy poco tiempo para dedicar todavía a Pisa. Pronto habrá que dirigirse al aeropuerto donde devolver el coche y donde tomar el avión de regreso a Madrid.

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