Japón y Polinesia

Te gustará

Descubrir Tokio, una ciudad vanguardista en todos los terrenos, desde la gastronomía a la arquitectura.

Pasear por las calles de Kioto, flanqueadas de edificios tradicionales y llenas de sabor.

Sumergirte en las aguas azulísimas de Bora Bora.

 

 

‘Japón y Polinesia’ trata de conjugar dos mundos ‘orientales’ radicalmente distintos. El uno, el de Japón, urbano, volcado al progreso, agitado y de tradiciones rigurosas y estrictas. El otro, el de Polinesia, apacible, próximo a la naturaleza y con el mar siempre al lado.  En el viaje por Japón, se empleará el tren como medio de transporte. El Japan Rail Pass permite utilizar de forma ilimitada el ferrocarril, tanto para los desplazamientos entre ciudades, como para las conexiones con los aeropuertos. Se trata de una fórmula, a la vez cómoda y barata, para moverse  

 

 

Día 1°. Salida de Madrid con destino Osaka, vía Amsterdam. Noche a bordo.



Día 2º. Llegada al aeropuerto de Osaka y, en tren, traslado a la ciudad de Kioto.
Kioto es la capital histórica de Japón, el corazón de su cultura. Por ello su visita es imprescindible para cualquier viajero. A pesar de su tamaño –por supuesto, mucho menor que Tokyo–, su entorno, con montañas en el horizonte y bosques, le da un carácter especial. Y hace posible que conserve en sus inmediaciones remansos de paz que parecen pertenecer a otro mundo. Numerosos monasterios, aparecen envueltos en esta atmósfera de serenidad y ofrecen un ejemplo de la más refinada arquitectura tradicional, mantenida en uso y sirviendo al mismo espíritu con que se creó. Pasear por estos lugares únicos es una experiencia singular para cualquier visitante.
Noche en Kioto.



Días 3º y 4º. Estancia en Kioto.
El sabor de la ciudad y de las joyas que conserva agotarán el tiempo de la visita. Pero no estará de sobra salir de la ciudad y, tomando de nuevo el tren, acercarse hasta la vecina ciudad de Nara. Mucho más pequeña que Kyoto, Nara es también una cuna de la cultura y una reserva de las viejas tradiciones japonesas. Sus monasterios, en un entorno más recogido, y la naturaleza vuelven a sustraernos de ese otro Japón trepidante y superpoblado que en algunos aspectos parece la caricatura de la modernidad.



Día 5º. Nuevamente, con el Japan Rail Pass, salida en tren hacia Tokio, para hacer noche.



Días 6º y 7º. Estancia en Tokio.
La capital de Japón es una ciudad ultramoderna. Edificios enormes, luces de neón, tráfico desbordado, un constante movimiento en las calles y la moda más avanzada dan la imagen de un país donde se sigue manteniendo, a veces de manera sorprendentemente pura, la vieja tradición.
Los barrios más comerciales, repletos de electrónica y de diseño, conviven con venerables templos. El famoso mercado de pescado contrasta con el ambiente de los refinados restaurantes –muy caros– donde las formas, con su riguroso protocolo, son una auténtica ceremonia.
Hay que pasear por la ciudad y habrá que moverse por los alrededores para visitar la vecina ciudad de Nikko –a un par de horas en tren– donde se halla uno de los conjuntos más importantes de monasterios y templos de Japón. Recorrerlos será la forma de entrever la historia de este país, tan lleno de particularidades.



Día 8º. Tomando, como a la llegada, el tren -Japan Rail Pass-, traslado al aeropuerto para emprender un vuelo en línea regular a Papeete la capital de Tahití. Llegada en la madrugada del mismo día y conexión con el vuelo a la isla de Bora Bora. Recepción y traslado al hotel. Alojamiento en la isla.



Días 9º, 10º, 11º y 12º. Estancia en Bora Bora.
Bora Bora se encuentra a 240 kilómetros al noroeste de Tahití está dominado por dos picos volcánicos que, como torres, se yerguen en medio de una riquísima vegetación. Un anillo de coral, el arrecife, protege la isla y la separa del océano Pacífico, formado por un rosario de islotes o motus, algunos de ellos habitados. La entrada de los barcos por mar se efectúa por un solo canal, frente al poblado de Vaitape, la capital de la isla. Un camino bordea la isla y siguiendo la orilla recorre prácticamente la totalidad de los lugares accesibles. Excursiones a pie o en bicicleta por este camino o por alguno de los que penetran hacia el interior, buceo, recorridos en piragua por la laguna, baños de sol y de agua y un buen rato para el descanso, serán las actividades a las que dedicarse durante la estancia en este lugar. 



Día 13º. El viaje está terminando y hay que emprender el regreso. Traslado al aeropuerto y vuelo a Tahití por la tarde. Conexión con el vuelo a Los Ángeles. Noche a bordo.



Día 14º. Llegada a Los Angeles a primera hora de la mañana y conexión con el vuelo de regreso a Madrid -vía Ámsterdam o París– que llega el día 15º.

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