Marruecos, con niños

Vas a disfrutar...

- De la emoción de una medina tan viva y exótica como la de Fez

- De la inmensidad de la arena del desierto con sus dunas y sus palmerales

- De la aventura de atravesar el Atlas subiendo por una tortuosa ruta de montaña

- De asomarte al océano Atlántico y ver la llegada de las barcas de pesca

Es éste un viaje de largo recorrido. Las ciudades en Marruecos son para los niños -sobre todo los más jóvenes- auténticas experiencias, pero pueden resultar agotadoras. Por ello, el viaje las toca muy por encima y se centra en los paisajes y en las pequeñas poblaciones, llenas de sabor y emociones. El desierto -el predesierto, para hablar con más propiedad- siempre impresiona. Y una salida al mar, en pleno Atlántico, resulta un contrapeso que da variedad al recorrido y se convierte en una nota de diversión, bien apetecible.

 

Día 1º. Salida en vuelo regular hacia FEZ vía Casablanca. 

Fez es una de las pocas ciudades del mundo cuyo centro parece haberse detenido en la edad media. No es que sus monumentos rebosen historia -que también es así-, lo que ocurre es que la vida en la medina es la misma que la que era hace cientos de años: tenderetes con toda clase de mercancías, talleres artesanos abiertos a la calle, niños y mayores trabajando en las tareas más diversas, burros, carros, porteadores moviendo desde una delicada bandeja con vasos llenos de té hasta la puerta que acaba de terminar un carpintero por callejuelas donde parece un milagro que quepa tanta gente y tantas cosas a la vez. Viajar con niños por la medina de Fez produce siempre asombro porque para ellos, y para los adultos también, es tener la viva experiencia de cómo era el mundo en otros tiempos.

Conviene no abusar del lugar para no hacerlo agobiante. Por ello, este viaje contempla un solo día en Fez. Es el día de toma de contacto en el país. Y ha de ser un día tranquilo, a pesar de la densidad de sensaciones que la medina depara. Por supuesto, hay que hacerla caminando. Y habrá que pararse en alguno de los talleres de curtidores y de productores de lana. Habrá que ver también a los tintoreros, en entornos que parecen de cuento. Habrá que comer en algún restaurante tranquilo, para descansar un buen rato. Y desde luego, habrá que ir al barrio de los andaluces, para notar que una parte de nuestra historia está también ahí: que ese mundo es el mismo del que se habla en las clases de historia en el colegio.


 

Día 2º. Fez - Meknes.

MEKNES es otra ciudad imperial. Probablemente menos espectacular que Fez. ¿Porqué visitarla? Pues porque en lugar de tomar la autopista, tomaremos la carretera que va hasta Mulay Idriss, una ciudad santa para los marroquíes, llena de resonancias religiosas y nacionales. Y, si no queremos detenernos, llegaremos a Volubilis. Volubilis son hoy unas espléndidas ruinas romanas, situadas en lo alto de una loma y creando un conjunto de lo más evocador. Comprender, más allá del cine, que los romanos llegaron hasta este lugar, pasa también por verlo y por imaginar, con todos los restos que quedan, la grandeza de un imperio que unió a todo el mundo conocido.

Por la tarde, después de descansar en el hotel, se podrá visitar Meknes, recorrer sus murallas, su medina...


 

Día 3º. Meknes - Erfoud.

Atravesar medio país de norte a sur parece un camino largo, pero las carreteras son suficientemente buenas para que pueda hacerse con comodidad. Es la ocasión de pasar de los paisajes verdes, plantados de viñas, que rodean Meknes al casi-desierto que se inicia al sur del Atlas. En el camino, se pasará por montañas, se verán monos de verdad en libertad saltando por las ramas de los árboles, se verán los primeros dromedarios. Y poco antes de Erfoud se pasará por un paisaje de dunas de arena, en el estilo del más puro desierto, donde conviene parar y dejar que los niños correteen para gozar de la sensación de la arena sin límites.

ERFOUD, al final de la etapa, es una pequeña ciudad animada y con el encanto de ser la puerta de un mundo diferente donde las palmeras, los camellos y la arena son los protagonistas principales. El hotel permitirá gozar de un bien merecido descanso y quienes lo deseen podrán pasear por la ciudad agradablemente.


 

Día 4º. Erfoud - Tinerhir.

Erfoud tiene la emoción de ser una de las puertas de entrada al desierto. Una de las atracciones típicas es la de ver amanecer en las grandes dunas de Marzuga. Se trata de las únicas grandes dunas de arena del desierto marroquí, cerca ya de la frontera con Argelia y tiene, para los más jóvenes, la componente de aventura del desierto de verdad. Habrá que valorar el precio de la excursión -y, si se puede, negociarlo- y el sacrificio de levantarse antes de las 5 de la mañana. El recorrido hasta las dunas se hace en todo terreno por mitad del espacio abierto y a la llegada se efectúa un último tramo en camello -aquí sí habrá que negociar el precio que, de salida, los camelleros fijan a un nivel exorbitante. 

De regreso al hotel y después de desayunar, es imprescindible recorrer el palmeral que se extiende hacia el sur. Hay que llegar a Tinrheras y subir hasta el pueblo, asentado sobre un mirador. Y habrá que vencer la prevención y entrar dentro de las murallas para ver cómo son las kasbas por el interior y como es la vida de quienes viven en ellas.

La comida podrá hacerse en Erfoud antes de seguir camino, bordeando el desierto hasta Tinerhir. 

TINERHIR es otra de las pequeñas capitales del sur: es una ciudad amable, que invita al paseo tanto por sus barrios nuevos como por la antigua población, fortificada, con sus viejas casas y tiendas tradicionales.


 

Día 5º. Tinerhir - Ouarzazate.

Las gargantas del Todra están a pocos kilómetros a norte de Tinerhir y merecen una corta visita. Las paredes, escarpadas, con el río discurriendo a sus pies, son uno de esos paisajes de libro con la emoción de los accidentes geológicos poco habituales. 

Tomando, ahora sí, el camino hacia Ouarzazate, otro desvío conduce curso arriba del río Dades. Primero se adentra por un oasis de naturaleza verde, para penetrar por la zona montañosa donde el río ha excavado un profundo desfiladero. El recorrido es espectacular y es otra muestra de esa enorme variedad de paisajes del sur marroquí.

Al final de la etapa, OUARZAZATE aparece como la gran capital del sur del Atlas, con sus comercios, buenos hoteles, animación y con la famosa alcazaba de Taurirt, un palacio en adobe que, restaurado, está abierto al público para imaginar cómo eran y como se vivía en las alcazabas hasta hace bien poco tiempo.


 

Día 6º. Ouarzazate - Marrakech.

La carretera que atraviesa el Atlas es un espectáculo. Convendrá no salir tarde de Ouarzazate para poder recorrela con luz de día y parar por el camino en los lugares donde apetezca. Fuera de los paisajes, muchas veces extraordinarios, tiene todo el interés desviarse un poco del camino para visitar Ait Bennaddou, una ciudad de adobe, amurallada, que parece salida de una historieta de Tintín. Otra atracción casi al pie de la carretera es el antiguo granero de Irherm n'Ougdal, perfectamente restaurado, con sus galerías y corredores y con una magnífica vista desde la azotea, que da idea de la vida de las gentes del lugar hasta no hace mucho. Un desvío a Telouet, ésta vez bastante más largo, es la ocasión de meterse en los valles del Atlas y de tener la sensación de llegar a lugares remotos. 

Finalmente, la llegada a MARRAKECH, a última hora del día, dejará tiempo para cenar en cualquier restaurante de los muchos de la ciudad, o quedarse en el hotel para descansar después de una jornada tan movida.


 

Día 7º. Marrakech - Essaouira.

La distancia entre las dos ciudades no es larga y se hace por una buena carretera con comodidad. Por ello, podrá dedicarse la mañana a visitar algunos de los monumentos de Marrakech y asomarse a la zona de la medina y también a la romántica alberca de la Menara, antes de salir, al mediodía hacia Essaouira.

ESSAOUIRA tiene el atractivo del mar y de sus raíces portuguesas, que aún no ha perdido. Su playa de arena permite jugar y bañarse en medio de la animación de las familias del lugar, de los niños y de los jóvenes que juegan a cualquier deporte. La ciudad, amurallada, está llena de comercios donde se mezclan los habitantes de la ciudad, con los visitantes marroquíes y los extranjeros. El centro es de pequeño tamaño y puede recorrerse caminando, lo mismo que el puerto, donde es emocionante asistir a la subasta del pescado, o a la salida y llegada de los barcos de pesca con todo el trajín de marineros, cajas de pescado, curiosos de todas clases y condiciones, guardias...


 

Día 8º. Estancia en Essaouira.

Comer al aire libre en la plaza o al atardecer en los puestos del puerto que ofrecen pescado recién traído, pasear, bañarse, visitar los alrededores o simplemente descansar, llevarán el día entero que pasará sin darse uno cuenta.


 

Día 9º. Essaouira - Marrakech.

El recorrido de vuelta a Marrakech tiene la ventaja de hacerse en poco tiempo y por una carretera ya conocida. A la llegada a MARRAKECH será cuestión de dirigirse al centro para seguir la visita de la ciudad. Al atardecer, cuando la famosa plaza de Yemaa el-Fna se llena de gente, habrá que vivir el espectáculo de los encantadores de serpientes, los saltimbanquis, los charlatanes y contadores de cuentos que han hecho del lugar algo único.


 

Día 10º. El viaje toca a su término. Por la mañana, aún será posible hacer una visita tranquila por la medina, perderse por sus calles llenas de tiendas de todas clases y comprar los últimos recuerdos. Al mediodía, habrá que pensar en el regreso y dirigirse al aeropuerto para embarcar con destino a casa.

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