Patagonia, con niños

Grandes y pequeños disfrutarán de...

- los pequeños pingüinos magallánicos de Puerto Arenas

- de las imponentes montañas de Torres del Pine y de los huidizos guanacos

- de espectáculo de la masa de hielo del Perito Moreno

- de los enormes elefantes marinos y lobos de mar recostados sobre las playas en Península Valdés

Viajar a la Patagonia chilena y argentina es conocer una naturaleza de clima extremos y la forma de vida de unos habitantes que tienen que adaptarse a un entorno difícil. La naturaleza, prácticamente virgen, con un relieve, una flora y una fauna particulares, atrae la atención de los niños. Y les sorprenderá por lo que tiene de distinto del mundo al que están acostumbrados. Los paisajes, poco poblados, las distancias entre un lugar y otro, las ciudades y los pueblos les llamarán la atención lo mismo que les sorprenderá poderse acercar a los glaciares, a los lagos o a los pingüinos en una atmósfera de tranquilidad y sin sensación alguna de peligro.

 

Días 1º y . Salida a última hora con destino a Santiago de Chile, a donde se llega al día siguiente, tras hacer noche a bordo y una escala en Buenos Aires. 

El destino final es Patagonia, pero el viaje hasta allí es lo suficientemente largo como para que, si se puede, se parta en dos y se efectúe una primera etapa en la capital chilena.

SANTIAGO, como muchas ciudades grandes, corre el riesgo de agotar a los pequeños. Lo ideal será pasear sin prisas por ella para conocer su centro, acercarse paseando a la plaza de Armas y a la catedral, llegar al cerro de Santa Lucía y terminar en el barrio de Bellavista, para cenar en alguno de sus agradables restaurantes, tranquilamente, antes de volver al hotel a descansar.


 

Día 3º. Santiago - Punta Arenas.

Un avión conduce hasta el extremo sur del país siguiendo la cordillera de los Andes. El espectáculo es impresionante porque deja ver de cerca las cumbres de una de las grandes cordilleras, con sus llamativos paisajes. La llegada a PUNTA ARENAS, habitualmente con viento, causa una impresión singular porque supone el contacto con un mundo de vegetación escasa donde la presencia del frío, la mayor parte del año, se intuye desde el primer momento. 

Los niños desearán cuanto antes ver algo de lo que ofrece la región. Y para ello, lo más fácil será contratar una excursión de unas horas hasta el Seno Otway donde los pingüinos se dejan ver en gran número y, si hay suerte, podrán verse mofetas, zorros, además de un mar espléndido salpicado de islas que acompañan al mítico estrecho de Magallanes.


 

Día 4º. Punta Arenas - Torres del Paine.

Punta Arenas es una pequeña ciudad con cierto aire nostálgico de su época de esplendor, cuando era etapa obligada para la navegación que debía rodear el continente americano. Algún palacete recuerda esos días y hacerle una visita mientras se pasea ayudará a imaginar lo que fue esa época en que los aventureros recalaban en ella y algunos se instalaban. ¿Es recomendable llevar a los niños al cementerio? Dependerá de la edad. Pero es otra de las atracciones de la pequeña ciudad porque, nada dramático, dice mucho de quienes vivieron ahí, de sus gustos y de su diversísima procedencia.

Terminadas bien temprano las visitas y hecha una fotografía junto a la célebre escultura del  indio de la plaza principal, se tomará, en un todoterreno de alquiler, la carretera hacia Torres del Paine. O para disfrutar más del paisaje, la carretera que acercándose a la costa sigue en paralelo a la principal y pasa por algunos caseríos apartados y llenos de interés.

La llegada a TORRES DEL PAINE es siempre sorprendente: la presencia de los primeros guanacos, la vista de los lagos, la presencia de las moles de piedra que se alzan hacia el cielo son espectáculos que hacen sentirse a todos, grandes y pequeños, en el otro lado del mundo. Noche en Torres del Paine.


 

Día 5º. Torres del Paine

El recinto del parque es suficientemente grande como para poder disfrutar de él en múltiples actividades. Una de ellas será, sin duda, la visita al lago Grey y a su glaciar. El entorno del embarcadero, con una vegetación espléndida donde hacer una caminata al gusto de cada uno, la navegación en barco por el lago al encuentro de los icebergs y la proximidad del glaciar con sus hielos de azules eléctricos y masas poderosas serán experiencias nuevas y divertidas. Noche en Torres del Paine.


 

Día 6º. Torres del Paine - Puerto Natales.

Durante la mañana va a ser un excelente plan recorrer los caminos de Torres del Paine que no se hicieron en días anteriores. La laguna Azul y la laguna Amarga o la cascada Grande pueden ser algunos de los lugares a visitar. Y un picnic al aire libre será también una buena despedida del parque no lejos de los guanacos o de los ñandúes, mucho más tímidos. 

Luego, por la misma carretera de ripio por la que se vino, será cuestión de tomar la dirección hacia PUERTO NATALES y, a la llegada, una vez devuelto el coche de alquiler, pasear un poco por la ciudad, frente al mar o por sus calles más animadas, antes de elegir un restaurante donde cenar e ir a dormir al hotel.


 

Día. Puerto Natales - Calafate.

En autobús regular se hará el trayecto que conduce a Argentina. El recorrido resultará cómodo y no va a ser en ningún momento agotador. En el trayecto, se aprecian los cambios de paisaje, a medida que la carretera se aleja del mar. Pero el mayor cambio se descubre a la llegada a EL CALAFATE, en el carácter de la gente. Si los chilenos son en general serios y los que viven más al sur de humor un poco germánico, los argentinos aparecen abiertos, ocurrentes y vivos en la expresión. Son un derroche de simpatía y de atenciones hacia el visitante. Aunque El Calafate es una ciudad sonriente, los niños disfrutarán mucho más del lugar alojados en alguna hacienda de las situadas a unos pocos kilómetros de la ciudad, convertidas en hoteles pero todavía dedicadas a las labores tradicionales del campo y del ganado.


 

Día 8º. Visita al Perito Moreno.

El Calafate no sería lo que es sin sus glaciares. EL PERITO MORENO es el más famoso y es a todas luces espectacular tanto para los mayores como para los pequeños. Su visita ocupará el día entero. Se llega hasta él por carretera que atraviesa un paisaje cada vez más frondoso. Finalmente, se llega al lago en el que desagua del glaciar. Un barco lleva hasta el frente de hielo y permite desembarcar. Merece la pena haber contratado la excursión que se hace a pie, con monitores, sobre una pequeña parte de los hielos porque para los niños -y seguro que para los mayores también- será una experiencia única. No debiera uno haber llegado al borde de un glaciar sin haberlo pisado y sin haber tocado el hielo con todas sus texturas.

Después de la caminata -apta para todas las edades- y de comer al aire libre, viene la parte fuerte de la excursión que consiste en ver el frente del glaciar desde las pasarelas habilitadas en tierra. ¿Pero no se vio el glaciar desde el barco mientras navegaba por el lago? Sí, pero la grandeza de los hielos, el tronar de los desprendimientos, los brillos y los azules en sus infinitas grietas no se disfrutan en ninguna parte como desde los balcones que se abren en tierra. La emoción que produce el glaciar es la de los grandes fenómenos de la naturaleza y crea la sensación, lo mismo en los niños que en los mayores, de estar viviendo algo extraordinario.


 

Día 9º. Visita al glaciar Upsala.

Es casi seguro que no hay dos glaciares iguales, por ello, no va a sobrar la visita al UPSALA. El programa Upsala Explorer depara nuevas emociones y va a divertir a los jóvenes. Empieza también con un corto recorrido en coche, para embarcar a continuación hasta las proximidades del glaciar. Aquí, los grandes témpanos de hielo de azul intenso que flotan en el agua dan la medida del poder de la naturaleza. Luego se saltará a tierra y en camiones todoterreno se subirá hasta lo alto de los montes por un paisaje prácticamente virgen. Las formaciones rocosas, sus formas y colores, el mirador sobre el glaciar y todo el panorama que se contempla forman un espectáculo único. La comida tiene lugar en una antigua estancia, hoy perfectamente acondicionada. Después habrá que regresar a la estancia Alice para descansar un rato o para preparar una escapada a El Calafate y cenar en cualquiera de sus muchos restaurantes.


 

Día 10º. Conviene emplear la mañana en alguna de las excursiones que pueden hacerse desde la Estancia que sirve de alojamiento, ya sea caminando, ya sea a caballo. La variedad de la naturaleza, el relieve del paisaje y la experiencia de los organizadores garantizan el éxito de la jornada. Por la tarde desde el aeropuerto de El Calafate se tomará rumbo a Trelew, donde se hará noche.


 

Días 11º y 12º. Estancia en Península Valdés.

Trelew es la puerta de PENINSULA VALDÉS y Península Valdés es una especie de refugio natural, sobre todo de fauna marina. Por ello, los más jóvenes disfrutarán especialmente del lugar. Lobos de mar, elefantes marinos, pingüinos aparecen a cientos y pueden, casi, tocarse con la mano. Dos días en la Península servirán para recorrerla en 4x4 y conocer sus principales atractivos. Si es época de ballenas se deberá hacer una navegación de avistamiento. Para ver pingüinos lo mejor será ir a San Lorenzo. Para ver elefantes marinos habrá que visitar Punta Delgada, cuyo faro, convertido en hotel, puede ser un lugar ideal donde  alojarse.


 

Día 13º. Península Valdés - Buenos Aires.

El viaje va tocando a su fín y va a haber que empezar a pensar en el regreso. Y para ello, nada como terminar con una corta visita a BUENOS AIRES. A los más chicos acostumbran a cansarles las grandes ciudades. Pero Buenos Aires es una capital tan bella que una corta visita será bien venida después de un viaje centrado, casi exclusivamente, en el goce de la naturaleza. Desde el aeropuerto de Trelew se volará hasta Buenos Aires. Y una vez allí será cuestión de dar un paseo por las calles más conocidas del centro, antes de cenar en cualquiera de los muchos restaurantes de Puerto Madero.


 

Día 14º. Sólo queda una mañana y eso es muy poco tiempo para conocer una ciudad. Por ello, lo más recomendable es contratar un pequeño city tour que ocupe hasta la hora de ir al aeropuerto. Los más pequeños no habrán de soportar las caminatas que acostumbran a imponer los mayores y todos podrán acercarse -aunque sea para pasar de puntillas- a estos lugares que han hecho de Buenos Aires una ciudad casi mítica: Palermo, San Telmo, la Boca, la Recoleta, Caminito....Al fin, el vuelo de regreso pondrá término a la excursión. En avión se hará el camino de vuelta a Madrid a donde se llegará a primeras hora del día 15º.

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