Etiopía, con niños

Grandes y más jóvenes disfrutarán...

- con el insóíto conjunto de iglesias de Lalibela

- con los rituales y la devoción de los cristianos etíopes

- con las caminatas por la naturaleza de las tierras altas de Abisinia

- con la sorprendente variedad de tipos humanos en el campo, en los mercados y en las calles de los pueblos

Etiopía es un país 'diferente', lleno de cosas que sorprenden tanto a los mayores como a los más jóvenes. Es un país exótico y al mismo tiempo cómodo en el trato con la gente y de una naturaleza llamativamente variada.

Se suele visitar viajando en avión de un lugar a otro. Pero en este caso, vamos a tratar de hacer el viaje casi siempre por tierra. El propósito es conocer el país más de cerca pasando junto a los pueblos, las tierras de cultivo y los distintos paisajes que dan a Etiopía su particular carácter.

Etiopía es un país tranquilo. El norte, cristiano, se sitúa casi siempre por encima de los 2.000 metros lo que significa que casi todo su territorio está libre de malaria. La gente vive en su gran mayoría fuera de las ciudades, en el campo. Por ello lo más interesante será  pasar por los pueblos -en coche, con conductor y guía- y ver de cerca cómo es el país y cómo viven sus habitantes.

El trato de la gente corriente con los viajeros es de lo más natural: ni fatigosamente atento ni tampoco distante, lo que hace la convivencia en los pueblos o en los mercados cómoda y distendida. Los niños y jóvenes del país acostumbran a ser cordiales y comunicativos, lo que facilita trabar amistad con ellos. Los paisajes son a menudo extraordinarios, y los lugares que se visitan están llenos de sorpresas e interés. Seguramente, no es éste un viaje para realizar con niños muy pequeños, pero a partir de los 8 años resultará una aventura de la que disfrutarán y que recordarán siempre.

 

 

Día 1º . Salida de Madrid con destino final Addis Abeba. Recepción y noche en la ciudad.


 

Día 2º. Mejor dejar la capital Addis Abeba para el final, cuando la familiaridad con el país sea mayor y empezar -tomando de buena mañana un avión- por uno de los platos fuertes del viaje: Lalibela. 

En un suelo montañoso, se asienta Lalibela, un pueblo grande, agradable, lleno de vida, convertido en faro espiritual para los cristianos etíopes. Será un buen lugar para entrar con contacto con el país y una experiencia tan exótica como sorprendente. En el s. XIII se construyeron allí las iglesias monolíticas que le han dado fama y que siguen siendo lugares de culto y de peregrinación. Dar un paseo por el pueblo será la mejor forma de empezar a conocerlo. A la llegada, nada como caminar por sus calles y, si hay ocasión, recorrer el mercado, abigarrado y lleno de gente. Por la tarde, el mejor plan será visitar uno de los dos grupos de iglesias, para terminar con la más famosa de ellas: la de San Jorge. Noche.


 

Día 3º. Aunque la vida religiosa centra buena parte de la actividad, estará bien comenzar con algo de ejercicio y subir por la montaña hasta la iglesia de Ashete Maryam, en un recorrido con vistas impresionantes sobre el macizo central etíope. Será una prueba de adaptación a la altura porque el camino tiene buenas pendientes, pero será también una competición para ver quién está más en forma, los jóvenes o los mayores. Después de comer, la visita al segundo grupo de iglesias -tan impresionantes como las del primero- ocupará buena parte de la tarde y concluirá el recorrido a ese conjunto monumental único, declarado Patrimonio de la Humanidad. Noche en Lalibela.


 

Día 4º. Habrá que cambiar de región, lo que significa desplazarse a lo largo de un trayecto de lo más variado. Será una jornada casi entera de camino hasta Gondar por la denominada ’ruta china’, que a pesar de la duración no se hará pesada.

Al contrario, permitirá acercarse a la vida rural en espacios, a menudo duros y montañosos, atravesando pequeñas poblaciones y caseríos dispersos, viendo cultivos, rebaños, algún mercado y gente de los tipos más diversos. El camino, con tamos sin asfaltar, será otra aventura. Cruza de este a oeste por el macizo abisínico y ofrece a la vista paisajes variados de gran belleza. Noche en Gondar.


 

Día 5º. GONDAR es una pequeña capital próspera y situada en un vergel. Su agraciado entorno hizo que fuera elegida capital en el siglo XVI. Por la mañana, sin abusar de la cultura para no cansar a los más jóvenes, se visitarán los restos históricos –palacios construidos por los portugueses, iglesias llenas de misterio y de encanto…- y, por la tarde, habrá que salir por una carretera que va ganando altura hacia los espectaculares montes Simien donde se hará noche en el interior del Parque Nacional.


 

Día 6º. Con una altitud que supera los 3.000 metros, los montes SIMIEN tienen formas redondeadas y en sus alturas vive una pequeña población, dispersa, dedicada al cultivo de la tierra y al ganado. Un Parque Nacional los protege cuidando, sobre todo, de su paisaje extraordinario, de la fauna y de la flora. Algunos leopardos habitan todavía el lugar, pero son sobre todo las numerosas aves, sus cabras de raza única y los monos gelada los que más atraen la atención de los visitantes. Dedicar el día a hacer excursiones, -en coche en algún tramo, y también a pie- por distintos rincones convertirá la estancia en una emocionante aventura, ayudará a conocer el parque y a disfrutar de él. Noche en las Simien.


 

Día 7º. Desde los montes Simien se deshará el camino para regresar a Gondar por un paisaje fértil, siempre cultivado, con abundante ganado y atravesando pueblos pequeños. Entre ellos, y como curiosidad, valdrá la pena detenerse un momento en una de las aldeas judías, hoy prácticamente desaparecidas después de que los llamados falashas -judíos etíopes- emigraran a Israel. Terminado el almuerzo, y por una carretera asfaltada, se llegará a Bahar Dar, a orillas del lago Tana. Noche en la ciudad.


 

Día 8º. El lago Tana es casi un mar, es el segundo en extensión de África. Por dar una idea, su superficie es parecida a la de Mallorca. A su orilla se asienta BAHAR DAR. Navegar por sus aguas será la mejor idea para pasar la mañana. En una motora, se emprenderá camino hasta alguna de las islas próximas donde encuentran refugio pequeños monasterios. Y se llegará a la península de Zeghe para visitar las iglesias cubiertas de frescos que le dan fama.

Después de comer, en coche, será el momento de visitar el antiguo puente portugués que salva la estrecha garganta por donde discurre el Nilo Azul y de acercarse a las cataratas de Tis Isat para disfrutar del espectáculo de la caída del agua.

Noche en Bahar Dar.


 

Día 9º. El mercado de Bahar Dar es grande y bullicioso, además de divertido de visitar. Gente y tenderetes de lo más variado componen un escenario ajetreado y llamativo que despertará la curiosidad de mayores y pequeños y por el que apetecerá perderse. Tras dedicarle un rato, habrá que emprender camino hacia DEBRE MARKOS, atravesando un paisaje verde y fértil, rico en ganado por un recorrido salpicado de pueblos, siempre animados. Un pequeño desvío conducirá al lago Zenegana, alojado en el cráter de un volcán. Debre Markos, una pequeña ciudad de provincia será el fin de la etapa y el lugar donde hacer noche.


 

Día 10º. El camino a Addis Abeba abandona el territorio Amara que ocupa la región norte para entrar en el de la etnia Oromo. En esta transición, una profunda garganta corta la meseta por donde ha transcurrido el viaje descendiendo un desnivel de 1.300 metros para dejar paso al Nilo Azul en medio de paisajes espectaculares. Después de ella, tomando una desviación y tras una pequeña caminata, se encuentra el monasterio de Debre Libanos, uno de los lugares más venerados de la iglesia ortodoxa etíope. Finalmente, se llega a Addis Abeba donde se hará noche.


 

Día 11º. ADDIS ABEBA es una ciudad en pleno crecimiento, moderna, aunque africana al mismo tiempo. Un día será suficiente para conocerla, antes de despedirse de Etiopía. La iglesia de San Jorge, la catedral de la Santísima Trinidad, el museo etnológico y el célebre Mercato ocuparan buena parte del tiempo, además de las tiendas de la avenida Churchill o del moderno barrio de Bole donde podrán hacerse las últimas compras.

Al fin, por la noche, habrá que salir hacia el aeropuerto para embarcar rumbo a Madrid, con escala en alguna ciudad europea, y con llegada por la mañana del día 12º.

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