El altiplano de Chile, Bolivia y Perú

Te gustará

Contemplar desde Machu Picchu el grandioso paisaje andino que rodea la mítica ciudad inca.

Descubrir el lago Titicaca, de aguas azules y aire limpísimo, encajado en lo alto de los Andes.

Recorrer San Pedro de Atacama y admirar sus sobrecogedores e inhóspitos paisajes.

 

Día 1. Salida de Madrid con destino a Santiago. Noche en el avión.



Día 2. A la llegada a Santiago, conexión con el vuelo que conduce a Calama. Y desde ahí, por carretera, llegada a San Pedro de Atacama.



Días 3 y 4. Estancia en San Pedro de Atacama.
San Pedro es una pequeña población con angostas callejuelas, ubicada a modo de oasis en el linde mismo del Salar. 
Su entorno es un desierto, singular por la dureza de su geografía y por sus paisajes. Habrá que aprovechar la estancia de dos días en San Pedro para contratar cualquiera de las excursiones opcionales que se ofrecen y visitar la región.

Entre otros, no hay que perderse dos parajes naturales sobrecogedores: el Salar de Atacama, el depósito salino más grande de Chile, y el Valle de la Luna, un lugar de naturaleza extrema e inhóspita donde no existe vida. También es aconsejable una excursión hasta los géiseres de Tatío..



Día 5. Por la mañana, en avión, se saldrá hacia Arica, para seguir a continuación por carretera hacia la ciudad de Putre. La estampa colonial de Putre se mezcla con el carácter que le da el altiplano y con su condición de puerta de entrada al Parque Nacional de Lauca. Desde Arica y antes de entrar en la ciudad, habrá ocasión de ver los geoglifos, las ruinas preincaicas y las fortificaciones que jalonan la ruta y que darán tiempo para irse aclimatando a la altura. Noche en Putre.



Día 6. Parque Nacional de Lauca.
El paisaje del altiplano, dominado por cumbres nevadas de más de 6.000 m, es agreste y duro. Y goza de una atmósfera, una luz y una naturaleza muy especial. El P.N. de Lauca lo protege en este lugar donde habita la vizcacha -un roedor a mitad camino entre el conejo y la ardilla-, donde pacen en los bofedales los guanacos, las llamas y las vicuñas, y donde aparecen, dispersos, pueblos perdidos en el tiempo, camino al salar de Surire, a más de 4.000 m, o a las termas de Polloquere, donde quien lo desee podrá tomar un tonificante baño. Noche en Putre.



Día 7. El altiplano tiene todavía mucho por recorrer. Por eso, habrá que tomar el autobús que conduce La Paz, en Bolivia, y que atraviesa un bello paisaje con vistas al lago Cungará y al Parque nacional Sajama. Noche en La Paz.



Día 8. Estancia en La Paz.
La capital de Bolivia, situada en un valle a 4.000 m sobre el nivel del mar, condensa los extremos de un país lleno de contrastes. Calles repletas de tenderetes donde comprar artesanía, o de puestos donde se venden los remedios de los curanderos, edificios coloniales de barroco más o menos puro y museos fijarán la atención del visitante.

Por la mañana, se efectuará una visita acompañada por la ciudad. Y la tarde, con tiempo libre, quedará a disposición de cada cual para callejear y para ver cualquier cosa de las que pudo quedar pendiente por la mañana.



Día 9. Por un paisaje desolado, desde La Paz se tomará camino a Copacabana y de ahí, se seguirá hacia el mítico lago Titicaca, una enorme extensión de agua en la cumbre de los Andes. Tras cruzar la frontera con Perú, se llegará a Puno a orillas del lago, donde hacer noche.



Día 10. Estancia en el Titicaca.
Puno, a 3.800 m de altura, ofrece al visitante su vieja catedral y el mercado indígena. Pero sobre todo ofrece la proximidad al lago y a las comunidades indias que se concentran en él y que mantienen vivas las viejas culturas quechua y aymara. Una navegación por las aguas del lago Titicaca ocupará el día y permitirá visitar las islas de Uros y Taquile -el Sol y la Luna- y conocer a la población indígena que sigue viviendo en ellas. Noche en Puno.



Día 11. En autobús se efectuará el recorrido que conduce hasta Cuzco, visitando en ruta lugares como el pueblo de Pucará o el templo de Viracocha. Noche en la ciudad.



Día 12. Estancia en Cuzco.
Cuzco es conocida como la capital arqueológica de América. Sus calles conservan esa atmósfera singular que nace de la convivencia del pasado inca con la herencia colonial. Un día entero, con tiempo libre, servirá para moverse por la ciudad y también para contratar alguna excursión por los alrededores al objeto de ver los monumentos más importantes y de conocer mejor la historia de las civilizaciones andinas.



Día 13. En el famoso tren que se encarama por los Andes, se ascenderá hasta Machu Picchu. Las ruinas, situadas en un enclave de belleza irrepetible, respiran desde todos los ángulos majestuosidad y misterio. Y llevan hasta el visitante las profundas resonancias de la civilización que fue capaz de crearlas. Una visita guiada servirá de introducción al lugar. Noche en Aguas Calientes.



Día 14. Toda la mañana quedará libre para volver a visitar Machu Picchu y para ver, con otra luz y otro ambiente, el colosal recinto arqueológico de la antigua ciudad inca. Por la tarde, se volverá a tomar el tren de regreso a Cuzco. Noche en la ciudad.



Día 15. Es hora de despedirse de Cuzco y de Perú. Habrá que tomar el avión a Lima, donde se hará noche.



Día 16. Vuelo a Madrid, a donde está prevista la llegada a primeras horas del día 17.

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