Norte de Chile y Bolivia

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Recorrer el altiplano, la llamativa meseta a más de 3000 m con una luz y un ambiente muy especiales.

Caminar por el salar de Uyuni, un paisaje de una blancura cegadora y un cielo azulísimo que parece irreal.

Explorar el desierto de Atacama, con paisajes sobrecogedores de extrema dureza.

 

Día 1. Salida de Madrid con destino a Santiago. Noche en el avión.



Día 2. Llegada a Santiago a primera hora de la mañana.
La capital de Chile está asentada en un valle que desciende de los Andes hasta el mar. Es una población llena de vida a la que han acudido gentes desde todo el país y a la que han dado ese aire popular y variopinto que la caracteriza. Después de descansar en el hotel, habrá que salir a dar un pequeño paseo por la ciudad.

Y, por la tarde, en una visita guiada, será el momento de hacer un recorrido general para ver los lugares más importantes y llevarse, en poco tiempo, una buena idea de la capital chilena. Noche en Santiago.



Día 3. Por la mañana, en avión, se saldrá hacia Arica, para seguir a continuación por carretera hacia la ciudad de Putre. La estampa colonial Putre se mezcla con el carácter que le da el altiplano y con su condición de puerta de entrada al Parque Nacional de Lauca. Desde Arica y antes de entrar en la ciudad, habrá ocasión de ver los geoglifos, las ruinas preincaicas y las fortificaciones que jalonan la ruta y que darán tiempo para irse aclimatando a la altura. Noche en Putre.



Día 4. Parque Nacional de Lauca.
El paisaje del altiplano, dominado por cumbres nevadas de más de 6.000 m, es agreste y duro. Y goza de una atmósfera, una luz y una naturaleza muy especial.

El P.N. de Lauca lo protege en este lugar donde habita la vizcacha -un roedor a mitad camino entre el conejo y la ardilla-, donde pacen en los bofedales los guanacos, las llamas y las vicuñas, y donde aparecen, dispersos, pueblos perdidos en el tiempo, camino al salar de Surire, a más de 4.000 m, o a las termas de Polloquere, donde quien lo desee podrá tomar un tonificante baño. Noche en Putre.



Día 5. El altiplano da todavía mucho por recorrer. Por eso, habrá que tomar el autobús que conduce a La Paz, en Bolivia, y que atraviesa un bello paisaje que ofrecerá vistas del lago Cungará y del Parque Nacional Sajama. Noche en La Paz.



Día 6. Estancia en La Paz.
La capital de Bolivia, situada en un valle a 4.000 m sobre el nivel del mar, condensa los extremos de un país lleno de contrastes. Calles repletas de tenderetes donde comprar artesanía, o de puestos donde se venden los remedios de los curanderos, edificios coloniales de barroco más o menos puro y museos fijarán la atención del visitante. Por la mañana, se efectuará una visita acompañada por la ciudad.

Y la tarde, con tiempo libre, quedará a disposición de cada cual para callejear y para ver cualquier cosa de las que pudo quedar pendiente por la mañana. Noche.



Día 7. En coche con conductor, se tomará la carretera hasta llegar a Oruro y de ahí se continuará a Uyuni. Un paisaje de altiplano, que bordeará el lago Poopó y algunos centros mineros, acompañará el recorrido hasta la llegada, a última hora de la tarde. Noche en Uyuni.



Día 8. El Salar de Uyuni es uno de los entornos naturales más espectaculares de Bolivia. De las dimensiones de una provincia y de un blanco radiante bajo los cielos de azul intenso del altiplano, el salar es un espectáculo. Una excursión de día entero permitirá recorrer el desierto de sal, visitando en Colchani el famoso hotel de sal y la isla del Pescado, hasta llegar a San Juan, donde se hará noche.



Día 9. Por su situación geográfica y por el aislamiento de muchos de sus parajes, Bolivia posee espacios naturales de condiciones únicas. La vegetación, la fauna o los mismos accidentes geológicos se han conservado con una pureza difícil de encontrar en otros lugares del mundo. Saliendo de San Juan, se dedicará el día a recorrer las lagunas de Cañapa, Hedionda, Ramaditas, el Árbol de piedra… hasta llegar a Ojos de Perdiz donde se pasará la noche.



Día 10. Continuando la excursión del día anterior, de madrugada, se saldrá hacia la Laguna Colorada, hogar de una importante colonia de flamencos rosados. Luego, se contemplará el espectáculo de los géiseres del Sol y de Apacheta. Y, tras el desayuno, se seguirá hacia la Laguna Verde, acompañada por la imagen magnífica del volcán Llicancahur, y hacia la frontera con Chile, en Hito Cajón. El día terminará en San Pedro de Atacama, una pequeña población con angostas callejuelas, ubicada a modo de oasis en la linde misma del Salar. Noche.



Días 11 y 12. Estancia en San Pedro.
El desierto de Atacama es singular por la dureza de su geografía y por sus paisajes. Habrá que aprovechar la estancia en San Pedro para contratar cualquiera de las excursiones opcionales que se ofrecen y visitar la región. Entre otros, no hay que perderse dos parajes naturales sobrecogedores: el Salar de Atacama, el depósito salino más grande de Chile, y el Valle de la Luna, un lugar de naturaleza extrema e inhóspita donde no existe vida. También es aconsejable una excursión hasta los géiseres de Tatío. Noches en San Pedro.



Día 13. El viaje toca a su fin y habrá que ponerse en camino. Desde San Pedro, por carretera se regresará a Calama. Y de ahí, en avión a Santiago, donde se hará conexión con el vuelo a Madrid que tiene su llegada el día 14 por la mañana.

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