Nueva Zelanda

Sugerencias

He regresado de unas vacaciones familiares de dos semanas en Nueva Zelanda, un país que me ha seducido por completo por su naturaleza amable y su absoluto respeto al entorno. Sus dos islas, poco pobladas, tienen paisajes extraordinarios que es muy fácil explorar.

Nueva Zelanda

Es el país de la Naturaleza, pero no la Naturaleza imponente y abrumadora que descubres en Asia o en Estados Unidos, sino un entorno a una escala algo más pequeña, un mundo más ajardinado y menos fiero, lluvioso y húmedo, con zonas casi tropicales.

A este entorno suave y amable se le añade una población poco numerosa (solo cinco millones de habitantes para una superficie que es la mitad de España) y el resultado es un país donde el entorno se ha respetado escrupulosamente y no hay ningún desastre urbanístico o medioambiental que lamentar. Por tradición e historia, los neozelandeses han sido siempre muy respetuosos con la Naturaleza, que cuidan y disfrutan mucho, y también con su pasado. La cultura maorí no fue aplastada por los colonizadores, y gracias a ello se ha creado un armonioso entramado que combina el rigor de la tradición inglesa y la manera de entender el mundo maorí que resulta muy atractiva y es muy característica del país.

Los bosques

El clima lluvioso y húmedo genera una vegetación exuberante, con bosques de altísimos helechos arborescentes, grandes secuoyas, hayedos inmensos y áreas cubiertas de mullidos musgos y líquenes. Al contrario que en la selva tropical no es un bosque en descomposición constante, todo tiene un aire más vital y floreciente.

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Los bosques están inmaculados y perfectamente señalizados, con multitud de senderos. Recorrerlos muy fácil, puedes ir improvisando un poco a tu aire y según el día que haga o el ánimo del viajero, se pueden hacer recorridos más o menos largos y difíciles y siempre sorprendentes.

El Glaciar Franz Josef

Los neozelandeses disfrutan con salir al campo y lo recorren de todas las maneras posibles. Hay infraestructuras muy bien diseñadas para navegar, hacer puenting, trekking,... y todas las actividades de aire libre.

Nosotros hicimos una excursión en helicóptero hasta el glaciar Franz Josef y allí dimos un paseo muy especial en medio del hielo.  El guía iba abriendo un sendero que discurría en muchos tramos por el fondo de las grietas del glaciar entre paredes altas de hielo que a la luz del sol tenían un azul intenso. Fue una manera diferente de ver un glaciar desde dentro, no caminando por la superficie como en otros casos, y me pareció una experiencia estupenda.

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Los fiordos

Los paisajes de los fiordos son imponentes. Las tranquilas aguas del mar de Tasmania penetran profundamente en el interior de la isla entre los picos de altas montañas. Me recordaron Noruega pero con un aire menos extremo y más suave. Navegamos a lo largo del Milford Sound un día y del Doubtful Sound otro día y fueron dos excursiones fantásticas.

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A pie

En Nueva Zerlanda todo está preparado para caminar. Los senderos, siempre cuidados, aparecen casi en cualquier sitio y son una invitación a disfrutar de la Naturaleza. En nuestro viaje hicimos muchos recorridos a pie. Entre ellos me gustó especialmente el que encontramos en el Parque Abel Tasman, en la costa norte de la isla Sur. Un barco nos dejó en una playa y seguimos un camino que recorría la costa durante varias horas hasta llegar a otra cala, donde nos recogieron.  Las playas son magníficas, y aunque el agua está fría, los más audaces se bañaron y lo disfrutaron mucho.

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De viajero a viajero

El viaje a Nueva Zelanda es perfecto y resulta cómodo y fácil en todo momento. Es un viaje para moverse de un lugar a otro y sin embargo descansado, hecho para gozar del paisaje sin sobresaltos ni peligros pero lleno de oportunidades también para que los aficionados a la adrenalina puedan darse el gusto de tirarse por un puente, por las aguas bravas de un torrente o aguas arriba en un jetboat en una aventura para recordar toda la vida

Resulta un país ideal para el viajero, comodísimo para recorrer en coche conduciendo uno mismo -hay poco tráfico y las carreteras son buenas- , con excelentes alojamientos, una comida estupenda y en contacto siempre con gente bien dispuesta y amable.

No olvides llevar siempre protección solar y un chubasquero, porque el sol quema pero el tiempo cambia constantemente.

Calcula como mínimo dos semanas, y si es posible más. Ten en cuenta que el camino para llegar hasta allí es muy largo y hace falta tiempo para recorrer el país. Las dos semanas de las que yo disponía se me hicieron muy cortas, y con gusto le hubiera dedicado al viaje cuatro o cinco días más.

 

Miguel Briongos

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