Viaje al Caribe a bordo del Elysia

Anónimo

 primeros de octubre de 1996, por razones familiares que no vienen al caso, decidí llevar el barco al Caribe por cuatro meses. Los vientos Alisios tienen mucha importancia en esta travesía, por lo que debe iniciarse el viaje en el mes de diciembre, cuando los vientos son favorables, y regresar a primeros de mayo, para alejarse de los huracanes, que por estas fechas, soplan en aquellas latitudes. Éramos dos! Luis de Capitán y yo misma. Necesitaríamos al menos tres tripulantes que nos ayudaran con las guardias y demás tareas, para que fuera más llevadera la travesía. Así aparecieron los hermanos Alfonso y Jose Fabre, y Andrés Piza.

A continuación vino la revisión y preparación del barco. El Elysia es un velero de un palo; 18 metros de eslora y 6 de manga. Cuenta con dos camarotes de dos camas, uno a proa y otro a popa, más otros dos a ambos costados del barco, tres baños con ducha y un espacio para la cocina, para estar y comer, y para la radio y control del barco. Está equipado con G.P.S., piloto automático, generador para cargar las baterías, una desalinizadora, un congelador y una nevera. Preparar el barco nos llevó casi todo el mes. Después vino el avituallamiento, asunto de la mayor importancia; íbamos a necesitar provisiones para cinco personas, durante aproximadamente un mes. El cálculo se hizo muy pormenorizado, pensando en menús variados y en la cantidad adecuada.

Finalmente acabaron los preparativos y nos adentramos en el Océano.

El último punto que tocamos de este lado del Atlántico fue la isla de Tenerife. Cada día, después de zarpar, escribía durante un rato en un pequeño diario de viaje las incidencias de la jornada. Quiero añadir que, quizá, lo único un poco fuera de lo habitual en este tipo de viaje, sea el hecho de que soy una abuela de 68 años y la única mujer abordo.

Día 7 de diciembre.

Salimos de Puerto Colom, en el sur de la isla de Tenerife, alas13:10, después de llenar el depósito de gasoil. El cielo está con nubes y claros. Debe haber mar fuera porque se mueven los barcos atracados. Hablo por última vez con los seis hijos. Son las ocho y, ya en la cama para intentar dormir temprano, continuo escribiendo. Tendré que acostumbrarme a nuevo horario.

Tuvimos mucho mar y poco viento en Tenerife y en la Gomera. A la una y media salto N.O. entre 20 y 22 nudos; navegamos a vela estupendamente. Comimos un bocadillo hecho por Andrés. jBuenísimo!. El barco se mueve bastante y no puedo escribir bien. Empezamos ya la guardias, a mi, me toca de 4 a 6. Muy bien. Hay bastantes olas y se me cansan los brazos; navegamos a una velocidad media de nueve nudos.

Cenamos a las siete, pasta con pisto de calabacines que estaban riquísimos.

Han tratado de pescar y nada. Al final un pez rarísimo, con una cara de malo tremenda y el cuerpo como una anguila, larguísimo y estrecho. Hay un cielo estrellado precioso. He elegido la guardia nocturna de 5 a 8 para ver amanecer. Hasta ahora es fantástico y estoy encantada de haberme decidido.

Día 8 de diciembre.

Empiezo el día haciendo guardia. Nos mantenemos con viento N.O. y con el mismo rumbo 240° desde que salimos de Tenerife. Parece ser que ya no se cambia el rumbo. Hay un poco de marejada, pero estas olas son mucho más cómodas que las del Mediterráneo; olas enormes formadas por una gran masa de agua que se mantienen siempre igual.

Alas12 del mediodía pescamos una dorada de 50 cm de largo y entre 4 y 5 kilos de peso. Es un pez muy bonito que, haciendo gala a su nombre, parece de oro. José lo cocinó crudo, con mucho limón, pimienta, sal y eneldo; estaba riquísimo. Comemos muy bien porque todos guisan y les divierte cocinar.

Apareció por la tarde un pájaro blanco más pequeño que una gaviota; creo que es una pardela.

Seguimos haciendo guardias de dos horas cada uno y este ritmo se lleva muy bien.

Por la tarde tuve mi primer conato de mareo. Después cenamos abajo; había un arroz con una pinta estupenda que preparó José. P pero, antes de poder terminar, tuve que salir a que me diera el aire. Tampoco pude asistir a la sesión de cine que incluía “El halcón maltés”, y a las ocho me acosté bastante mareada.

Duermo en el camarote de popa, en una cama de matrimonio para mí sola y, como el barco se mueve bastante, duermo en diagonal. Pero duermo bien. Lo que considero el mayor lujo, por ahora, es que todas las noches me puedo dar una ducha con agua caliente.

No se ve ningún barco, ni ningún avión..., pero la inmensidad del Océano no me da pánico, ni ansiedad; por el contrario me produce una profunda sensación de paz.

Día 9 de diciembre.

Como todos los días empiezo con una guardia, hoy de 8 a 10. No hay mucho viento y seguimos con el mismo rumbo de 240°. Avanzamos despacio, entre 4 y 6 nudos.

A medía mañana Andrés pesca un atún de unos 4 kilos. Los tiburones le han dado tales dentelladas que casi le han arrancado la cola y le falta un trozo de cabeza; a pesar de todo el pobre pez sigue vivo mientras lo sacamos. Da pánico pensar que en este mar, tan plácido a simple vista, estemos rodeados de tiburones. Después de discutir cómo lo vamos a guisar, se decide que será José, el que más cocina, quien hará un marmitaco. Se avecinan chubascos por el Norte, pero hay un arco iris precioso y grande, que forma como una aureola alrededor del barco. A las cuatro de la tarde casi no hay viento y empieza a llover.

Nos metemos dentro y ponemos el radar porque no vemos absolutamente nada. Conectamos el piloto automático y vemos un documental de África en la televisión.

Durante mi siguiente guardia, delas6 alas 8 de la tarde, ya no llueve, pero tenemos calma total. Aprovechamos estos momentos para poner el generador y cargar las baterías y la potabilizadora de agua. Veremos lo que dura.

Vemos otra vez dos petreles; parece increíble que puedan volar a ras del agua. Vuelan como buscando algo y de pronto desaparecen. Llamo por radio a Maria hija; ella no está pero hablo con Pablo. Parece que todo marcha bien.

Me acuesto a las nueve y tomo una pastilla de valeriana para dormir un poco mejor. Hoy no me he mareado nada. Hace una temperatura buenísima de 25-26° C.

Día 12 de diciembre

Ha sido una noche tranquilísima, no había ni mar ni viento. Por la noche bajamos la vela mayor y navegamos únicamente con el génova para que el que está solo de guardia navegue más tranquilo y descansado. Cada día amanece y anochece antes. En mi guardia seguimos sin viento, pesadísimo. Estamos cerca de las Islas de Cabo Verde y vemos más pájaros..

Alas12, después de subir la mayor, al fin salta el viento S-SO; por fin andamos.

Hay unas ”montañas” de agua, olas que impresionan. Volvemos a pescar un dorado. Es precioso, en el agua es azul radiante y al rato de sacarle se convierte en oro. Lo han guisado riquísimo y por la tarde hemos vuelto a pescar otro, que lo han preparado para mañana en cebiche.

El ambiente del barco es muy tranquilo y agradable. Sigo muy contenta. Todas las mañanas con Luis saco la posición y el rumbo que tenemos que llevar.

Día 13 de diciembre

Cojo mi guardia con mejor rumbo 250º y mas viento que ayer. Se nota ya más calor incluso por las noches. Seguimos navegando para tratar de coger los vientos Alisios que no aparecen. Parece ser que hay dos borrascas, una en las Azores y otra en Canarias que no las dejan entrar y esta es la causa de que tengamos este viento tan extraño SO. Veremos lo que ocurre, porque me temo que no llegamos para Navidad a Barbados como pensábamos. Traté de hablar por teléfono con algunos de los hijos y solo conseguí hablar con Marta; parece ser que no hay ninguna novedad. Yo creo que no conciben lo contenta y a gusto que estoy.

Esta mañana hemos visto bandadas de 30 o 40 peces voladores vuelan unas distancias bastantes impresionantes. Es la única forma que tienen para salvarse de que coman otros peces. Seguimos con mar calma.

Alfonso hizo pan. Huele todo el barco riquísimo. Salió muy bueno. Nos comimos todos una tostada con mantequilla que supo a gloria.

Ayer me toco a mi contribuir en la cocina, hice un bizcocho que tuvo tanto éxito que se termino enseguida. Qué ironía, que yo que no lo hago nunca en casa, lo haga en la mitad del Atlántico y salga buenísimo.

Después tuvimos sesión de pintura, Alfonso ha pintado en acuarelas los peces que hay por estas aguas y ha hecho un obsequio al barco. Son preciosos. Yo probé pintar por primera vez una acuarela del cielo, no me salió del todo mal. También hago dibujos a lápiz de piezas del barco. La verdad que se me pasan los días volando. Hoy llamo Tere. Me vaticina que voy a tomar as uvas en el barco. Tendría gracia.

Día 14 de diciembre

Seguimos a la busca de los Alisios, tenemos viento S. SO. de 9 a 12 nudos y navegamos una media de 5 nudos. La verdad es que se navega muy tranquilamente por ahora. Todo el mundo está relajado y parece que a gusto. Cada uno oye la música que le apetece o dibuja. Yo llevo dos días sin tomar ninguna pastilla contra el mareo y ayer vi una película entera de Spencer Tracy sin marearme. Tuvo gracia, ninguno decía nada y cuando terminó me aplaudieron por haber conseguido verla entera y libre de mareos. Esta noche dormí mal por los golpes que daba el carril de la Mayor pero me he despertado como siempre a las7.30 para mi guardia. Es la hora que más me gusta el cielo está precioso. Amaneciendo se ve algún que otro pájaro, cosa extrañísima, y estoy totalmente solía. Alas12 bajo y tomo la posición, y rumbo y relleno la estadilla de navegacion, donde hay que poner todo lo que ha sucedido en la guardia: rumbo, mar viento, lo que andamos...

Diariamente se rellena una “estadilla de navegación” con todas las guardias

Cada día va mejorando la temperatura, ya he guardado los chalecos de lana ,calcetines, etc que había traído. Hoy ya me he echado varios cubos de agua de mar. Estaba saladísima pero estupenda. Hacia las 6 el viento ha bajado tanto que hemos tenido que poner el motor. Como el barco no se mueve casi, me he atrevido a cocinar nuevamente (plátanos con limón y azúcar al horno).

Día 23 de diciembre.

Hace calor en el camarote y seguimos con olas se mueve como una cocktelera; me subí arriba. Estaba precioso. Había una luna con una luminosidad fantástica. Me divierto buscando las estrellas.

Alas 9 me he ”bañado” con cubos de agua de mar, me he lavado la cabeza y ahora escribo en proa, por eso lo hago tan mal.

Ya sólo nos faltan 650 millas. Seguimos ya claramente con los vientos Alisios; no bajan de 14 a 20 nudos. Así es una delicia navegar .

Día 24. Noche Buena

Hoy es Noche Buena y aquí estamos, a 500 mll. todavía de la costa. Seguimos sin poder comunicarnos por radio. Es la primera vez, que yo recuerde, que paso sin la familia estas fiestas.

Seguimos con poco viento del E.

Ayer cuando íbamos contentísimos y rápidos con el spinaker, vino una racha de viento fuerte y nos lo rompió. Yo creo que el pobre estaba ya muy gastado; me temo que a la vuelta a haya que reponer varias velas,

Hoy he dormido maravillosamente, no hay mar y el barco no se movía nada. Me levanté a las 6 para hacer la guardia y ver amanecer. Estaba precioso, la luna brillaba intensamente por el W y empezaba a clarear el Sol por el E. Llevar el barco sin viento es bastante cansado y aburrido.

Se me olvidaba comentar que ayer al medio día temamos puestos 2 curricanes y picaron 2 dorados al mismo tiempo. Alfonso sacó uno y yo el otro, que pesaba 5 kg. Eran, como siempre, preciosos de color. Los dibuje rápidamente y me salieron bastante bien.

Estoy escribiendo en el balcón de proa al sol y ahora comprendo el miedo al sol en el trópico, verdaderamente quema.

Hay millones de peces voladores y por la mañana cuando damos la vuelta la cubierta siempre hay 3 o 4 muertos. Hoy voy a hacer el bizcocho, de nuevo, en vista de que es Navidad. Menos mal que traje comida de Navidad para celebrarla (salmón, jamón, foie, turrones y champagne).

Hay unos cielos y nubes preciosas me recuerdan mucho a los cielos que pintaba Maigrite.

Todos los días entre los tres limpian el barco por fuera y por dentro y no me dejan ayudarles, me voy delante a proa.

Aparecen delfines, 15 o 20, hay unos pequeños pegados a sus madres que son como niños, son los que más saltan fuera del agua. Son graciosísimos.

Se nos va el viento y ponemos el motor y el piloto automático. El mar esta como un plato

Para la cena nos vestimos todos de gala. Yo con un pareo que me regalo Coli y los chicos con corbata de pajarita de papel de plata.

Andrés nos guisa el marly riquísimo. Luego vienen el foie y los turrones. Todo aparentan estar contentos y divertidos. Hemos cenamos a las 6.30 ya las 8.30 estoy en la cama. ¡Qué pena que no hayamos tenido un poco mas de viento para poder celebrar la Noche Buena con los hijos en tierra!