Fin de siglo en el desierto

Carmen de Pablo

1º día de viaje, jueves 28 de diciembre de 2000 

Madrid – Algeciras - Tánger – Larache (787 Km.)

Salimos de Madrid a las dos de la tarde, con el coche cargado hasta arriba, con tres maletas nuestras, cinco llenas de ropa para regalar, el fax que nos había pedido Brahim, dos ruedas de repuesto, una en el portón trasero y la otra dentro del coche, tres termos para agua, dos cámaras de fotos, una cartera con toda la documentación para el viaje, el GPS, mapas, cuadernos … y con destino Algeciras.

Hacia un día nefasto, llovía, hacia aire, los partes meteorológicos anunciaban el corte de carreteras en el norte y centro de España, pero como nosotros íbamos hacia el sur creíamos que no nos iba a afectar todo aquello, pues mentira, nos llovió sin parar, el aire se llevaba el coche para todos lados, cada vez que adelantábamos un camión una nube de agua nos quitaba la vista de la carretera, no podíamos pasar de ciento diez en los tramos buenos, en fin que lo que teníamos que haber hecho en seis horas, nos costó cerca de ocho.

Pero por fin llegamos a Algeciras a las diez de la noche y nos fuimos directamente al paseo marítimo para comprar los billetes del ferry para Ceuta. En la agencia que nos paramos para comprarlos, después de elegir sin ningún criterio ésa, nos dicen que las travesías a Ceuta están canceladas por el temporal, que sólo hay una compañía marroquí que va a Tánger y que el último barco está a punto de salir, de manera que o nos damos prisa o no llegamos. Compramos los billetes y salimos corriendo a buscar el muelle donde la compañía Atlas tenía el barco atracado. No es fácil encontrar nada en el puerto de Algeciras, tiene cantidad de señales que parecen que te dirigen a sitios diferentes y al final terminas más o menos donde quieres, pero eso sí, después de dar cien mil vueltas. Metemos el coche, escondemos el fax que le llevamos a Brahim, pues nos han dicho que pasamos la frontera dentro del barco, y subimos a la cafetería. Me empieza a preocupar como será la travesía, pues si ninguna compañía española sale por el temporal….

Después de acomodarnos en una mesa, aparece un marroquí que nos dice que tenemos que rellenar el papelito correspondiente para inmigración (de estos papelitos hay que rellenar en Marruecos continuamente) y que efectivamente nosotros pasamos la frontera en el barco pero que el coche tiene que pasarla cuando desembarquemos. Nos ponemos en marca a las once y cuarto, hora española, estas son las prisas para estos fenicios que hay de Despeñaperros para abajo.

La travesía dura unas dos horas, depende del tiempo. Rafa se sale a cubierta para no marearse y yo me quedo dentro empezando a escribir el cuaderno de bitácora y leyendo el libro que me ha dejado Paco Palazón además de comprar tabaco; la primera hora va bien, pero luego empieza a haber olas y el barco a moverse, Rafa entra en la cafetería y me dice que vaya con él que las olas están saltando por encima de la proa y que es todo un espectáculo, y se va al cuarto de baño, mientras yo me quedo pensando si será buena idea esa de salir a cubierta. La duda queda resuelta en cuanto aparece de nuevo Rafa. Viene pálido como un cadáver y según se sienta en la mesa, se vuelve a levantar y de nuevo al cuarto de baño, tiene un mareo impresionante y sin que yo me dé cuenta, mientras estoy esperando que salga del baño, se ha marchado otra vez a cubierta para ver si le da el aire y se le pasa. Efectivamente parece que se la pasó, pues cuando desembarcamos estaba bastante bien para como se pone él cuando le da un mareo fuerte. Por fin llegamos a Tánger, sacamos el coche del barco y pasamos la frontera rápidamente, no nos pidieron nada mas que los papeles del coche, concretamente el cartón, no necesitamos presentar ni la carta verde, ni la autorización que llevamos para poder conducir el coche ya que está a nombre de Kares, eso sí nos costo cien dirham que le tuvimos que dar al fulanito de turno para que nos resolviera los papeles en las correspondientes ventanillas, pero en cuestión de un cuarto de hora estábamos ya de camino a Larache.

Paramos a echar gasolina y nos dicen que allí son las cuatro de la madrugada, que hay tres horas de diferencia y nosotros como guindos nos lo creemos, pues como sabemos que hay una hora de diferencia y está el cambio de hora en España y todo eso, pensamos que será así pero a pesar de ser tan tarde seguimos carretera para llegar a dormir a Larache. En la carretera nos para un control de policía de los miles que hay en Marruecos, nos pide los pasaportes, como ya sabíamos lo que quieren es charla, cuando ve que somos españoles nos recomienda el hotel España en Larache y nos dice que efectivamente sólo hay una hora de diferencia de manera que a pesar de que estamos agotados y sin cenar continuamos hasta Larache.

El hotel está en la plaza principal, tiene un aspecto decadente pero bonito, la habitación es muy simple, pero está limpia. No recuerdo cuando me dormí, debí caer desmayada.

2º día de viaje, viernes 29 de diciembre de 2000

Larache – Rabat – Casablanca – Marrakech (511 km.)

Nos levantamos a las once gracias a que nos llaman por teléfono para preguntarnos si nos vamos a quedar mas días, dada la hora que era. Mientras nos estamos despertando veo un cuadro con tres caballos que está colgado casi pegado al techo, en la pared que hay de frente a la cama, Rafa dice que son las tres posturas de la cabalgadura del caballo pero lo más chocante es que, o estás tumbado en la cama o tienes que ser gigante para poder verlo, pues la altura en donde está colocado no da mas opciones.

Bajamos a desayunar a una cafetería en la misma calle donde tiene el portal el hotel y nos pedimos dos cafés con leche y veo que hay una carta con croisantes, tostadas, etc. total que pido dos tostadas, una para Rafa y otra para mi, al cabo de un buen rato aparece el camarero con un plato con dos tostadas de pan bimbo, mantequilla y mermelada, total que empezamos a comer cuando al momento aparece el camarero con otro plato con otras dos tostadas, acabamos de tostadas hasta arriba, pero como no habíamos cenado yo me las comí con mucho gusto.

Compramos el pan, el agua y un mapa de Marruecos en una librería, pensando que estaría mas actualizado que los que llevamos nosotros, pero no era así, esta francamente mal impreso y el que tenemos editado en Francia es bastante mejor.

Antes de salir, dimos una vuelta por la ciudad y encontramos un mirador al mar lleno de gente (hombres) sentados en la barandilla contemplando el espectáculo que supone ver las grandísimas olas que vienen llenas de arena y que rompen en los espigones, viendo ese mar nos dimos cuenta de lo que supuso la travesía en barco la noche anterior. Larache nos ha encantado.

Seguimos viaje por la autopista de peaje Rabat–Casablanca y que termina a 30 km. de Casablanca en dirección Marrakech donde empieza una carretera con muchísimo tráfico y que nos sorprende con la cantidad de agua que hay a los lados, incluso pensamos que muchos tramos han estado invadidos por el agua, pues todavía queda barro en el asfalto y hay mucha policía. Es impresionante ver tanta agua después del viaje tan seco que hicimos en veranos, parece imposible. Volvimos a pasar por Berrechid que es, como casi todos los pueblos, una calle largísima en una gran planicie, lo único es que esta, tiene un bulevar en el centro y es muy ancha y con muchísimas tiendas a los lados y aprovechamos la circulación lenta para comer un bocadillo de jamón, unas aceitunas y un poco de queso dentro del coche, sin parar, entre adelantamiento de camión y camión.

Nos ha llamado Brahim para preguntar por donde andamos y le contamos nuestro plan; como queremos atravesar el Atlas de día, pensamos dormir en Marrakech para llegar al día siguiente a Zagora.

Llegamos a Marrakech a las seis y media de la tarde. Es una ciudad muy viva, llena de gente por las calles. Inmediatamente se nos acerca un motorista, nos pregunta que tal el viaje, que de donde somos y cuando le decimos que españoles dice – Barcelona - y yo respondo - Real Madrid - y nos pregunta si tenemos hotel pues está prevista la visita del Rey y es muy difícil encontrar alojamiento y que por eso está la ciudad tan llena de gente y tan iluminada, es de los que se quiere ganar una propina por hacer de guía, para quitárnosle de encima le decimos que sí, pero preguntamos en tres hoteles y todos estaban completos.

La vista del minarete iluminado es preciosa, no entramos en la plaza de nombre impronunciable pues según estaba el tráfico y sin poder dejar el coche en lugar seguro decidimos seguir viaje para encontrar un hotel a las afueras. Después de perdernos varias veces por las mil calles de Fez, gracias al GPS encontramos la salida a Quarzazate.

A unos veinte kilómetros de Marrakech vimos una luz que anuncia “Complejo turístico Dades”, nos parece bien el sitio y preguntamos si en el hotel que anuncian hay habitaciones, nos dicen que si, que cuesta seiscientos cincuenta dirham incluida la cena y el desayuno y nos quedamos. Parece nuevo y es muy bonito, con una barrera para entrar en el recinto donde vemos varios coches españoles, es de construcción tipo kasba, de adobe, con piscina, jardines. La recepción es grande y no hay nada mas que una mujer con un abrigo de cuero que parece que está de paso pero que es quién nos informa y nos hace pagar la habitación por anticipado. Una de las construcciones es un gran salón, las habitaciones son edificios independientes y son espaciosas, lo único que nos sorprende es el armario que hay en el baño, estaba puesto a, mas o menos, dos metros del suelo, (esto de colgar las cosas lo mas arriba posible se ve que es la última moda en decoración en este país) de forma que sólo se llega a abrir las puestas, después de estirar mucho los brazos y desde luego meter algo dentro es impensable. Fuimos a cenar al gran salón decorado con motivos navideños, que en uno de los extremos tenía una serie de mesas redondas con sillones corridos pegados a la pared. Había bastante gente, entre ellos dos españoles, que nada mas verlos pensamos que lo eran y efectivamente así fue. Nos dieron de cenar una ensalada de primero y Rafa tomo un tajin de segundo y yo un pincho moruno. Como cosa curiosa vimos que los marroquíes que estaban allí tomaban vino y cerveza lo que no deja de sorprender en un país musulmán. En una de las esquinas hay una mesa con siete jóvenes, cuatro hombres y tres mujeres, las únicas excepto yo que hay todo el restaurante, una de ellas se levanta y se dirige a un cantante que nos está “amenizando” la cena con canciones marroquíes y le pide al oído una canción, cuando empieza a cantarla sale a bailar en medio del salón, enseñando el ombligo y con unos pantalones y blusa muy ajustados, a continuación se levanta otra y se pone a bailar también, todo esto nos sorprende, pero bueno será que están evolucionando hacia una cultura mas occidental …

Nos fuimos a dormir y, como pasa en estas edificaciones construidas para resguardarse del calor, en la habitación hacía un frío impresionante, vamos, que tuvimos que poner una manta más para dormir calentitos.

3º día de viaje, sábado 30 de diciembre de 2000

Marrakech – Quarzazate – Zagora (363 km.)

El desayuno en el hotel es magnífico, café, pan, croisantes, huevos duros, zumo, mantequilla y mermelada. Nos lo sirven al otro extremo del gran salón donde habíamos cenado y con la misma decoración, nos encontramos nuevamente con los dos españoles que nos saludamos y deseamos feliz año y en una de las esquinas había una pareja de marroquíes muy bien vestidos, ella muy guapa, con una melena pelirroja preciosa con una actitud muy acaramelada, cogidos de la mano, acariciándose los brazo y en un momento se besaron en la boca. Después del baile de anoche, de esta pareja y recordando que nos habían hecho pagar por anticipado, decidimos que era un hotelito de ligues a las afueras de una gran ciudad, como los hay en todo el mundo.

Al salir vemos una tienda con fósiles, cerámica y recuerdos, nos paramos a ver que hay. Se acerca el vendedor y como siempre empieza la negociación para la compra de algo. A mi me ha gustado una bola de piedra en tonos marrones y unos tajines pequeñines que sirven de cenicero y que los tenían en el restaurante del hotel. Al final compramos la bola, dos tajines y no se que más por un precio ridículo y le regalamos al paisano dos camisas y dos pantalones de tergal, que nos agradeció por lo que nos regaló él a su vez, una plato de cerámica y un fósil pulido. Le dijimos que a la vuelta pasaríamos otra vez por allí.

Empezamos la ruta para cruzar el Atlas. Ya desde Marrakech se ven las cumbres nevadas, las vistas son maravillosas y empezamos a pensar lo bonito que va a ser ese día de viaje. A unos ochenta km. empezamos a subir el puerto, hay tráfico pero no demasiado y podemos disfrutar de los impresionantes paisajes que ofrece el Atlas, con las cumbres nevadas, los valles llenos de terrazas cultivadas. Estos recorridos por montañas, con la música que nos gusta a todo volumen y sin hablar sólo de vez en cuando un “mira”, creo que es lo que más compartimos y lo que mejores recuerdos me trae desde que empecé a salir con Rafa. Son momentos de una intimidad total y que es muy difícil explicar lo que sentimos.

A los lados de la carretera hay muchos puestos con recuerdos además de las personas que hay vendiendo cuarzos coloreados. Vemos un coche parado con el capó abierto y nos hacen señas de que paremos, nos paramos y nos piden por favor que avisemos a su primo Omar, en un pueblo que se llama Agdz, antes de llegar a Quarzazate, nos hacen un plano exacto de donde está la tienda donde podemos encontrar a su primo. Cuando le pregunto a Rafa que qué se les ha estropeado del coche me dice –me han dicho que la cadena, no sé, se referirán a la correa del ventilador -. Luego Brahim nos contó que es un truco para que pares en la tienda que tiene el primo de turno.

Cuando remontamos el puerto Tizi-n-Tichka nos encontramos una tienda con un bar y alguna que otra cosa, a mi me recordó el puerto de Navacerrada pues tenía una inscripción donde ponía que estabamos a 2.260 m. de altura. A la bajada paramos a comprar cuarzos a dos jóvenes, nos llevamos siete de distintos tamaños y colores pero todos preciosos, en este caso nos costó, además de los doscientos dirham, dos cajetillas de Marlboro.

Llegamos a Agdz y después de pasar por la tienda del primo Omar, nos damos cuenta que llevamos una rueda muy floja, paramos en una gasolinera a rellenarla y vemos que está pinchada, vamos a uno de los miles de talleres de reparación de ruedas que hay por todas partes y tardan más de una hora en arreglarla, aprovechamos para comer otro bocata. Tenemos además, que ponerle la cámara que llevamos de repuesto pero a pesar de ello Rafa decide poner la que llevamos en el portón trasero que es nueva. No se cuando vamos a llegar a Zagora, son las seis de la tarde y todavía nos quedan cien km. y se está haciendo de noche.

Hemos quedado con Brahim en una gasolinera que hay a la entrada, llegamos a las siete y media y allí nos está esperando, nos lleva a su casa que está en una calle sin asfaltar, como casi todas las calles de los pueblos de Marruecos. Es una casa de las tradicionales marroquíes, con un portón de garaje y un portal pequeño que da acceso a una escalera muy empinada. Subimos al primer piso, nos descalzamos y entramos en una habitación estrecha y larga con tres ventanas que dan a la calle. Está cubierto todo el suelo con alfombras y tapices, tiene cojines apoyados en las paredes y como único mueble un aparador lleno de teteras y con una televisión tapada por un paño. Nos sentamos en el suelo, que con nuestra edad y nuestras barrigas no es la forma más cómoda de estar, pero no nos queda mas remedio. En una pequeña mesa redonda hay unos platos con dátiles, frutos secos, agua, yoghurt de plátano, e incienso, Brahim empieza a preparar un te con todo el ceremonial que supone (dicen de los japoneses…). Mientras tanto nos rocía con agua de colonia las manos, el cuerpo y la cabeza, aparece un hermano, yo le pregunto que cuantos hermanos son, me dice que cinco y que él es el mayor, después de un rato sin saber que decir ni que hacer, y picando de vez en cuando un cacahuete, aparece un hombre mayor, alto, guapo y con un porte de gran señor, vestido de moro total: es su padre, la figura es impresionante, se sienta a nuestro lado e inmediatamente le rocían con el agua de colonia por todas parte. Nos pregunta por el viaje y nos volvemos a callar. Entre el humo del incienso, que cuando se apago pusieron más en los carbones donde preparan el te y el del tabaco se empieza a poner el ambiente un poco cargado, entonces Brahim abrió la ventana que teníamos mas cerca y nos empezamos a dar cuenta del frío que hace.

Los silencios son espesísimos. Para paliar ese silencio ofrezco un cigarrillo a Brahim y me dice que no, a su hermano y tampoco y a su padre y tampoco quiere, vemos que entre los hermanos hay unas sonrisas cómplices que no entendemos muy bien, luego nos contó Brahim que delante de su padre no fuman por respeto, aunque lo sabe perfectamente. Rafa acompañado de Brahim y uno de sus hermanos empieza a subir las bolsas del coche, incluido el fax. Me dejan sola con el padre, que tiene una sonrisa preciosa y que me hace varias preguntas en un francés que no entiendo nada, a lo que le pongo mi mejor sonrisa y le digo que hablo muy poco francés, con lo que nos callamos los dos. El tiempo que tardaron en subir se me hizo eterno.

Cuando pretendemos enseñarle el fax dice que lo guardemos para cuando lleguemos a M´hamit que es donde tiene la oficina, sacamos las bolsas con la ropa que llevamos para los nómadas del desierto y se las dejamos allí para que se encarguen de repartirlas (suponemos que hacen negocio con ello). El padre se despide de nosotros y deja que Brahim siga haciendo las veces de anfitrión.

Nuevo silencio y de pronto me ofrece pintarme las manos y los pies con genna a lo que yo accedo encantada, ante todo por no ser descortés, porque lo cierto es que nunca le he visto la gracia ni el atractivo a ir pintada con genna. Llaman a una especialista en el tema que es negra originaria de Mali, que allí hay muchos, alta, guapa, esbelta y con todos los artilugios necesarios para hacer un buen trabajo, además de unas fotos para que escoja el modelo que más me guste. Después de mucho mirar, escojo la que menos dibujo tiene para los pies, pensando que únicamente me pintarán los pies y por lo menos quedará disimulado, en el caso de que no se me quite antes de volver a España.

Empieza a pintarme con una habilidad impresionante el dibujo en los pies, que en esos momentos ya se me estaban quedan helados, y cuando termina me mira y me dice que para las manos ¿cuál?. Me veo en la obligación de escoger otro. Cuando ha terminado me informan que tengo que estar dos horas sin tocarme para que quede perfecto y que me durará una semana si me lavo mucho y dos si poco. En esos momentos me encuentro como atada de pies y manos, sin poderme tocar, con la postura de sentada cada vez más incómoda y sin poder apoyar las manos para enderezarme un poco, gracias a Rafa que me coloca el cojín que tengo en la espalda consigo acomodarme mas o menos, eso sí el frío es ya impresionante, Brahim se da cuenta y me acerca el carbón del té, a pesar de ello sigo teniendo frío, en un momento Rafa me dice que él también tiene los pies helados, en fin, todo lo contrario que nos pasó este verano, parece mentira que en el desierto, pues a Zagora la denominan “la puerta del desierto”, bajen tanto las temperaturas por la noche, durante el día habíamos estado a casi 35ºC y en esos momentos no creo que hubiera mas de 8 o 10. Empezamos a creer en lo que todo el mundo sabe sobre la diferencia de temperatura en el desierto entre el día y la noche y que tanto nos habían preguntado a la vuelta del verano y que habíamos negado rotundamente, pues en verano habrá también una diferencia de veinte grados pero como durante el día estás a sesenta, por la noche tener cuarenta no es hacer frío.

La cuestión es que yo sigo sin poderme mover y ha pasado ya una hora y media. No puedo resistir más y le digo a Brahim que la genna de la mano ya se está cayendo, a lo que contesta que es la especialista la que tiene que dar el O.K., vuelve la negra y, yo creo que la di lástima, y empezó a lavarme las manos y los pies con el agua de colonia con el que nos habían rociado a la llegada. Es lo que me falta agüita fresca con el frío que tengo, pero algo es algo, por lo menos ya puedo moverme con cierta libertad.

Brahim nos anuncia que su madre nos está preparando un couscous, en ese momento nos damos cuenta que, excepto la negra de la genna, a las mujeres no las hemos visto, las oíamos por abajo pero nada más. Cerca de las doce de la noche nos trae la cena, todo lo hacemos en la misma habitación, por lo que empezamos a sospechar que también vamos a dormir allí. Efectivamente después de recoger todos los platos y cacharros, nos dice que mañana nos llamará a la seis de la mañana para salir pronto hacia el desierto, pues los días son muy cortos, nos acerca unas mantas, cierra la puerta y se va. Nosotros preferimos dormir en nuestros sacos, los sacamos los extendimos encima de las alfombras, nos pusimos un cojín por almohada y nos dormimos.

4º día de viaje, domingo 31 de diciembre de 2000

Zagora – Tagounite - M’hamit - Oasis Sagrado – Gran Duna (118 km.)

A las seis en punto llaman a la puerta y nos ponemos en marcha. Después de no lavarnos, solo hacer los pises correspondientes en el “cuarto de baño” de la casa de Brahim, salimos hacia Tagounite. Cuando llevamos alrededor de 40 km. nos salimos de la carretera y cogemos la primera pista de este viaje que va en dirección a un oasis, que en el mapa aparece con dos palmeritas de nada y que sino llega a venir Brahim nos perdemos por dentro, era como un laberinto, imposible encontrar la salida, pues no tienes perspectiva de horizonte ya que está en una hondonada y, o llevas un GPS o a un Brahim o no sales. Hicimos los primeros 17 km. de pista. Había calles, casas, fuentes, palmeras, era precioso. Cogemos otra vez la carretera y antes de llegar a M’hamit volvemos a coger una pista que lleva hacia el desierto, al cabo de un rato encontramos un poblado Tuareg con seis o siete jaimas. Nos bajamos del coche y entramos en una de ellas, nos invitan a un te y nos cuenta Brahim que si hubiéramos llegado ayer más pronto, habríamos venido a dormir allí. El paisaje es desierto total, con sus dunas, sus camellos y su tuaregs vestidos de azul. Después de hacer unas fotos y tomar varios tés, salimos por una pista llena de arena en la que Rafa tiene que meter las reductoras para ir mas tranquilo, pues el coche empieza a resbalar.

Después de hacer 17 km. de pista y unos 20 por carretera, llegamos a M’hamit a las diez de la mañana mas o menos y nos lleva a una tienda que acaba de poner él y su familia, en la que nos regalan una cruz del sur a Rafa, otra un poco más pequeña a mi y otra para “nuestra hija” según Brahim. Después de las oportunas aclaraciones sobre “nuestra hija” resulta que era para Marigel, yo me siento fatal, pues Marigel parece muy joven pero tanto como ser hija nuestra no, hacemos nuestras risas y compramos varios turbantes auténticos, pues nos cuentan que los de colorines son para turistas pues los que usan ellos no pierden el color al lavarlos, que además miden tres metros de largo y que son o blancos o negros o azules, pero nada más.

A continuación nos lleva a la “oficina”, es una casa de adobe, de techos altos y con algún tragaluz, la entrada es larga y estrecha, hay una escalera al fondo junto a una puerta pequeña, a la derecha un patio donde vemos a alguna mujer que está tendiendo la ropa y a la izquierda hay otra habitación muy grande con dos columnas en el centro y varias puerta, en una esquina está la consabida alfombra con una mesa que tiene un televisión en color y está un primo suyo esperándonos. Esa es la oficina. Nos dicen que nos sentemos (en el suelo por supuesto), nos dan un te, sacamos el fax y Rafa se lo conecta, les explica como funciona, nos dan más te, nos volvemos a quedar helados hasta el punto que nos ponemos los forros polares, pues aunque fuera hay alrededor de 30ºC, dentro hace un frío que pela. Después de más de una hora, pues el proverbio marroquí “la prisa mata” lo llevan al pie de la letra, salimos sin tener muy claro todavía cual es el plan que nos espera para la noche de fin de año, siglo y milenio.

Salimos de M’hamit por una pista que nos resulta conocida, pues el verano pasado ya la habíamos hecho, muchos tramos eran de arena del desierto, otros de piedras, otros llanos, efectivamente íbamos reconociendo cada sitio por el que pasábamos, aunque en el verano lo hicimos en sentido contrario y con 60ºC y el termómetro ahora marca sólo 25ºC. Nos cruzamos con dos Land Rover llenos de turistas italianos, Brahim saludó a los conductores, al parecer se conocen, se dedican a lo mismo, llevar turistas por el desierto.

Paramos a comer al lado de una jaima donde estaban también los Land Rover que nos habíamos cruzado antes, buscamos unas palmeras, pues al sol hace calor y sacamos nuestra bolsa de comida. Como íbamos a invitar a Brahim abrimos unas latas de mejillones para hacernos bocadillos, queso y aceitunas, de postre naranjas que había comprado él.

En un momento nos dice que va a ver que están comiendo en la jaima los turistas italianos, pues si les han hecho un tajin quiere enterarse de si se lo podrían hacer a él en otras ocasiones, no nos enteramos al final si hacían tajin o no, pero lo que nos queda claro es que todavía está empezando como empresario en este negocio.

Cuando nos marchamos Rafa le comenta a Brahim que tiene cuatro ruedas nuevas que sirven para los Land Rover, a lo que inmediatamente le pregunta que si quiere hablar con el dueño de uno de ellos por si le interesan. Brahim llama a uno y empieza la negociación. Rafa pide cuatro mil dirham, que si valen para el desierto, que daría dos mil, que es muy poco, al final llegan al acuerdo de tres mil. Mas tarde Brahim nos contó que a quien le íbamos a vender las ruedas estaba casado con una alemana, que vivía en Alemania y que la alemana pensaba comprar una casa en Zagora y otro Land Rover para dedicarse ella también a esto y a ser posible en exclusiva, pues hasta ese momento sólo viene el marido en esta época, que es temporada alta.

Pasamos al lado del Oasis Sagrado y paramos en un pozo que hay muy cerca, donde un paisano está sacando agua, no puedo evitar el recordar la noche y el día que pasamos allí el verano pasado, el calor, las risas, los nervios, las broncas, en fin … inolvidable.

Llegamos a la Gran Duna, se la ve de lejos, debe medir como una casa de diez pisos con la arena dorada y rodeada de dunas más pequeñas. Al pie de una de las pequeñas hay dos jaimas y una especie de chabola, Brahim nos lo enseña todo orgulloso. En la “chabola” está la cocina con su despensa y un espacio que es la habitación donde, suponemos, duermen ellos. Una de las jaimas tiene cuatro mesas redondas bajitas y taburetes alrededor, es el restaurante, y la otra esta separada por la mitad con unos tapices de forma que han conseguido dos habitaciones, que son los dormitorios, así nos lo explica Brahim. En una de las habitaciones hay preparada una cama de matrimonio, con almohadas, sábanas, mantas; es para nosotros. En ese momento empecé a darme cuenta de que estabamos teniendo un trato preferencial.

Son las tres de la tarde y pensamos que podemos hacer hasta que llegaran las doce de la noche y despidamos el año. Por supuesto tomar te, todo el que quisiéramos. Nos fuimos a buscar un “cuarto de baño” pues en el desierto es muy difícil esconderse como es lógico, a un km. más o menos, vemos algo de vegetación y decidimos ir para allá. Efectivamente parece un buen sitio, pero como siempre en el desierto cuando estás en plena faena, aparece alguien, (no se por qué lo llaman desierto) pero no uno: una caravana de camellos con sus pastores, un coche lleno de turistas y además, alguien que está hablando con Rafa, es increíble. Que fácil lo tienen los hombres, no necesitan quitarse nada, he decidido que a partir de ahora voy a llevar falda, que por lo menos no tienes que dejar el culo al aire.

Al volver al albergue metemos el coche por una duna que hay delante y empieza a patinar y se queda hundido. A todos los moritos les hace mucha gracia pero aparecen rápidamente con una pala y empiezan a quitar arena de debajo de las ruedas, Rafa intenta sacarlo otra vez y se vuelve a hundir, todos se vuelven a reír al final traen unos palos, quitan arena y empujando todos salió el coche.

Brahim nos propone subir a la duna que tenemos a la espalda que debe medir como cinco metros y nos parece que para nuestros pulmones esta bien. Al subir se hunden los pies en la arena y no logras avanzar casi nada, nos aconsejaron ir descalzos y efectivamente es como se tiene que subir una duna. Está empezando a atardecer y las sombras dan unos tonos a las dunas cercanas que son maravillosos. Muchas de ellas están vírgenes y puedes ver las huellas de los pocos animales que hay en el desierto, nosotros vimos huellas de cuervos del desierto, escarabajos y Brahim nos pintó como son las de los lagartos. Estuvimos sentados mucho rato, sin hacer nada, sólo mirando a lo lejos.

Desde esa perspectiva, en lo alto de la duna, vimos un montón de coches que iban hacia nuestra derecha, Brahim nos contó que en aquel lugar se iban a juntar alrededor de cien personas para celebrar el fin de año. Pasaron motos, camellos, coches, personas andando. Nosotros que pensábamos pasar el fin de año solos en un desierto, pues … en fin parece que se ha puesto de moda.

A las seis ya es casi de noche y empieza a hacer frío estamos a unos 15ºC por lo que nos calzamos nuevamente, pues hasta ese momento seguíamos descalzos y nos ponemos un jersey. Nos sentamos en una de las mesas y traen una vela, yo decido coger mi cuaderno y escribir todo lo que había pasado en ese día mientras que Rafa se echaba una siesta.

A las siete y media ya es noche cerrada y decido despertar a Rafa y ponerme unos calcetines pues empieza a hacer más frío.

En la jaima restaurante hay tres franceses, una pareja y una tía sola que parece mas rara que un perro verde, no habla con nadie, sólo hace fotos… y siete italianos, dos parejas maduras, dos crías jovencita y una señora. Es con quien acabaremos el año y empezaremos el nuevo, además de los marroquíes.

Nos avisan que la cena será a las nueve. Después de arreglar un poco el coche, hacer una fotos y algo más, empezamos a cenar un tajin de cordero, que hacía rato que ya se olía, en una mesa con Brahim. Cada grupo tiene su guía y cena con ellos, el resto sirven de camareros, en total hay siete marroquíes. Nos lavamos las manos con agua que han calentado para tal efecto en una gran tetera. La sensación de suciedad que tenemos es impresionante, desde la noche anterior, en casa de Brahim en Zagora, no nos hemos lavado por lo que llevamos un día entero sin lavarnos, el único agua que ha pasado por nuestro cuerpo es esa que nos echan en las manos, a este paso la genna me va a durar toda la vida. Brahim nos cuenta que después harán una fiesta, consistente en hacer una hoguera, cantar y tocar los tambores hasta que den las doce. Durante la cena nos cuenta que ya no existen tuaregs, que desde que hay fronteras los tuaregs han desaparecido que ahora son nómadas. La conclusión a la que hemos llegado es que tuareg es el hombre que vive y se mueve por todo del desierto y si el desierto se lo han cortado con fronteras…

Cuando terminamos de cenar sacaron alfombras a la arena, hicieron un montón de leña y lo prendieron con gasolina para que no hubiera fallos. Nos sentamos alrededor y Brahim nos trajo cojines para la espalda sólo a nosotros, seguimos pensando que el trato que nos dan es preferente.

Mientras estamos allí sentados, escuchando las monótonas canciones de este país que como dice Rafa hay que tomar partido, o sigues a los tambores o a las palmas o a los cánticos, pues es imposible seguir el ritmo de dos cosas al mismo tiempo, aparece un japonés que hasta ese momento no habíamos visto y que viene de dormir una siesta, todos los moros se mondan de la risa, al no entender que les hace tanta gracia, nos explican que su guía había pensado que estaba perdido por las dunas y se había ido a buscarle hacía mas de tres horas y todavía no había vuelto. El guía apareció como dos horas más tarde y cuando vio al japonés se pilló un cabreo sordo como es natural, además de aguantar las bromitas de todos sus colegas.

El cielo era impresionante, la cantidad de estrellas que se pueden ver es tal que impresiona mirar hacia el cielo, se ven estrella fugaces, la vía láctea, y todas las constelaciones que conocemos y las que no conocemos. Es curioso donde aparece la Osa Mayor en el cielo marroquí, me costó un triunfo encontrarla, pero cuando la vi era increíble, como brillaban todas sus estrella, la estrella Polar que en Madrid casi no se ve, allí luce como una linterna. Es curioso que los nómadas no conozcan las estrellas, pues le preguntamos a Brahim que si sabía cual era la estrella Polar y dijo que no conocía ninguna, es más, nos preguntó que si se podía ver la Cruz del Sur, en fin se ve que su modo de orientación es otro.

Así estuvimos hasta las doce menos cuarto, mas o menos, que nos pusimos de pie para recibir al 2001. Su llegada fue muy tranquila, una de las francesas, empezó a contar hacia atrás: 10, 9, 8 … 1 y las 12, nos felicitamos el año besándonos con casi todos los que estaban. Los italianos sacaran champan y nos ofrecieron pero preferimos saltarnos todas las normas que hasta ese momento habrían regido nuestras vidas y brindamos con te.

5º día de viaje, lunes 1 de enero de 2001

Gran Duna – Foum Zguid – Marrakech (425 km.)

A la mañana siguiente cuando nos despertamos teníamos en la puerta una tetera con agua caliente para que nos laváramos, la imagen de la tetera vista desde dentro de la jaima, donde en el interior estaba oscuro y sólo había una abertura en la parte central de la entrada donde estaba puesta la tetera, con la luz del día iluminándola, era para una fotografía de las que ganan concursos, de hecho la hicimos pero ese carrete se nos veló. Después de desayunar café con leche y pan con mantequilla, salimos hacia Foum Zguid. Brahim nos preguntó por donde preferíamos ir, por el centro del lago Iriki o por las montañas que lo rodean, nos miramos y dijimos al mismo tiempo -por las montañas-, además de que nos gusta la montaña, el camino por el lago era el que hicimos en verano de forma que ya lo conocíamos. Pasamos por un pequeño pueblo que en el viaje del verano anterior, algunos creyeron ver una gran ciudad, con edificios de pisos, fue el primer espejismo que vinos, pues en Marruecos los pueblos no tienen edificaciones con pisos y menos en pleno desierto, pero la falta de gasolina, el calor y las ganas de llegar a un sitio civilizado hicieron que muchos pensaran que las cuatro palmera y los dos casa de adobe que había realmente, vistas desde lejos al pie de la montaña, parecieran bloques del barrio del Pilar.

Seguimos una pista al pie de la montaña y pasamos por un control del ejercito, con su edificación a lo alto y todo, por supuesto nos hicieron parar y como siempre nos preguntaron que donde íbamos, de donde veníamos, nos pidieron los pasaportes y como no, tabaco y un mechero. Brahim nos contó que aquellas dos personas se pasaban seis meses allí, tenían quince días de descanso en su pueblo y volvían otros seis meses, de forma que es lógico que cuando pasa alguien les paren, es su única relación con el resto del mundo y no me estraña que se les acabe el tabaco o como les pasó en este caso, se queden sin fuero.

A la salida del lago Iriki hay otro control en el que también paramos y también nos costó nuestro tabaco y nuestro rato de charla. Llegamos a Foum Zguid a las once y allí nos despedimos de Brahim, aunque nos dijo que si queríamos nos seguía acompañando, pensamos que mejor seguíamos solos y que él se volviera a Zagora en uno de los Land Rover que había allí y que conocía al conductor, de hecho, la noche anterior ya nos lo había comentado, pues como no es un guía oficial, no está bien visto por la policía que un marroquí viaje en el coche con extranjeros. Antes de salir vimos un cartel que anunciaba un hotel y Brahim nos dijo que era nuevo y que estaba muy bien, lo fuimos a ver y era como un albergue, limpio pero cutre, tenía una entrada con muchas puertas que eran las habitaciones, nos enseñaron una, era grandísima tenia tres camas en el fondo, el suelo era de cemento y con una bombilla en el centro, no es lo que andamos buscando, los criterios de bueno o malo no son los mismos para ellos que para nosotros. Estos nos hizo reflexionar sobre las futuras conversaciones para los viajes que estamos pensando organizar.

Cruzamos un pueblo que se llama Tazenakht que nos sorprendió por la cantidad de tiendas de alfombras y tapices que había, las tenían expuestas no sólo en sus fachadas sino colgando de las tapias que había a lo largo de toda la calle de forma que parecía un pueblo tapizado. Durante todo el camino vimos muchas mujeres lavando la ropa en los ríos y tendiéndolas en los arbustos, llegamos a la conclusión de que los lunes es el día de la colada en esa zona, pues es imposible que sea una coincidencia el que en kilómetros y kilómetros todas las mujeres hayan decidido lavar el mismo día.

Seguimos en dirección Quarzazate. En el cruce de la carretera nos dirigimos hacia la izquierda con destino a Marrakech y a unos diez km. nos desviamos hacia un pueblo que es famoso por una kasba, Ait-Benhaddou, efectivamente la kasba es preciosa, está situada en una pequeña colina y al entrar en el pueblo hay una vista magnífica.

Volvimos a atravesar todo el Atlas, paramos en el puerto Tizi-n-Tichka y compramos turbantes de colorines, que regalé a mis sobrinos en Reyes, y nos paramos a ver las vistas desde una curva donde había un puesto con recuerdos, también compramos allí cosas y admiramos el paisaje, las chorreras de agua que caen por todas las gargantas, lo verde que está todo el valle, volvimos a disfrutar el paisaje. El morito de la tienda, nos enseña un campo de fútbol en plena ladera, que no nos explicamos como se puede llegar y automáticamente pensamos en el anuncio de la tele de “los mejores jugadores del mundo” pues como se les caiga la pelota…

Llegamos a Marrakech a las ocho de la tarde, con unas ganas de danos una ducha y cambiarnos de ropa, pues hace dos días que nos lo hacemos. Fuimos directamente al mismo hotel en el que nos alojamos a la ida, nos dieron la misma habitación, cenamos en la misma mesa que habíamos cenado la otra vez y directamente nos acostamos, estabamos rotos.

6º día de viaje, martes 2 de enero de 2001

Marrakech – Fez (485 km.)

A la mañana siguiente cuando vamos a coger el coche nos saluda muy amablemente el morito al que habíamos comprado cosas a la ida y nos enseña la camisa que lleva que es una de las que le regalamos, está tan contento que nos hace ir a su tienda y nos invita a un te y nos dice que cojamos lo que queramos que nos lo regala, cuando escogemos unos mármoles redondos pulidos, dice que eso es muy caro y que no nos lo puede regalar, al final nos llevamos dos mármoles, una bola de piedra, tajines pequeños y no se cuantas cosas más por trescientos dirham y toda la ropa que nos ha sobrado, vaqueros, chubasqueros, camisetas, caramelos y como siempre tabaco y nos invita a ir a su casa la próxima vez que vayamos, que así no tenemos que pagar hotel. Estas gentes de este país son francamente hospitalarias y amables.

La carretera atraviesa un valle verde, cultivado, se nota que es una zona muy rica, al parar en los pueblos no te acosan los niños pidiéndote camisetas, caramelos,… Hay mucho olivos y vemos que en la carretera hay colgadas una garrafas de plástico naranja en los árboles, en palos…, no entendemos lo que significa hasta que vemos un molino de aceite que tiene en la puerta también colgadas estas garrafas. Paramos en uno para ver como lo hacen y nos encantó. Todavía utilizan piedras de molino para machacar la aceituna, y esa masa la prensan en una prensa manual, y el jugo va cayendo hacia dos depósitos de cemento que decantan el aceite, nos dan a probar uno que tienen envasado y decidimos comprar dos litros, hay un viejo que debe ser el abuelo, pues el que nos atiende es un chico joven, no tendría mas de 20 años, y el que prensa la aceituna parece el padre y el viejo, no puede ser otro que el abuelo, además es él quien nos ofrece el aceite de las piletas de cemento en lugar del que tienen refinado si lo preferimos. Nos llevamos ese, es excelente, tiene un sabor a aceituna impresionante, aunque es muy caro, pues un litro vale cerca de 400 ptas.

Por fin llegamos a Fez, encontramos un hotel a la entrada que se llama Tghat y nos pareció bien y al preguntar que costaba nos dicen que 800 diran y parece muy caro y automáticamente nos hacen un 25% de descuento, sin pedirlo. Es un hotel para turistas, grande, occidental, con buffet y lleno de italianos. Cenamos y nos acostamos. A la mañana siguiente fuimos a visitar la Medina pues Rafa quería regalarme un bolso como el que se compró el en verano y que tanto me gusta. Cogimos un petit-taxi y contratamos un guía para entrar, como no era de los oficiales, de vez en cuando se escondía para que no vieran que nos acompañaba. Le dijimos que sólo queríamos ir a los tintes de cuero, no vale de nada, te hacen la visita, te enseñan las mezquitas, los artesanos, las escuelas, en fin que es imposible el evitar todo un recorrido por sus calles, volvimos a ver en la misma esquina un puesto con un perolo muy grande con garbanzos, donde la gente se para comer una tacita, nos quedamos con las ganas de probarlo en verano y ahora, pues aunque te hagas el propósito de marcar tu el ritmo de la vista, es imposible, los guías son los que mandan y como si te despistas un minuto, te puedes perder, pues no te queda mas remedio que seguirles. Llegamos a los tintes y vimos de nuevo el proceso, el colorido, el trasiego, los olores, es un espectáculo que merece la pena. Compramos varias cosas que me sirvieron de Reyes para mi hermana, Alfred, mis hijos y para mi misma.

Volvimos al hotel, pagamos, y por cierto nos cobraron 1.050 dirham al incluir la cena y el desayuno, cogimos el coche y salimos hacia Tanger con idea de coger el primer ferry que saliera.

Seguimos atravesando campos cultivados, con gente que vende en la carretera sus productos, compramos una caja entera (unos 10 kg.) de alcachofas, con lo que volvemos a tener el coche cargado hasta los topes, pues aunque nos hemos desecho de un montón de bultos al regalar la ropa, darle a Brahim el fax y parte de la comida, con las compras y ahora las alcachofas, está prácticamente igual que cuando fuimos.

7º y último día de viaje, miércoles 3 de enero de 2001

Fez – Larache – Tánger – Madrid

Lo inicio como un día más del viaje pero lo cierto es que no dormimos, salimos de Fez y sin parar llegamos a Madrid.

Llegamos a Tánger a las siete de la tarde, en el puerto se nos acerca uno para preguntarnos si tenemos billetes, le decimos que no y nos lleva a una tienda a comprarlos, y como siempre nos dicen que va a salir uno ahora mismo que si queremos cogerlo nos tenemos que dar prisa, yo creo que es para que no les discutas el precio y pagues todas las comisiones necesarias a todo el que se asoma a la ventanilla del coche. En esta ocasión nos costó 200 dirham desde la puerta hasta pasar la frontera.

Delante de nosotros, para embarcar hay tres camiones que nos impiden el paso, están parados y nos tienen retenidos un buen rato. Vemos que se acerca la policía con linternas y va iluminando los bajos de los camiones, al principio no entendemos que pasa hasta que de repente salen de debajo cuatro chavales corriendo, estaban enganchados entre las ruedas de los camiones, son los que quieren pasar el estrecho corriendo menos riesgos que en una patera. Nos dejó muy impresionados, a uno lo cogieron, aunque no hicieron mucha intención de cogerlos a todos, si hubieran querido… Por fin entramos en el barco y vemos a Victoria Abril con un acompañante delante de nosotros en una furgoneta que llevaba toda la parte de atrás preparada para dormir. La vimos en al barco varias veces hablando con una panda de jovenzuelos que no salían de su asombro por el buen rollo que se marcaron con ella. Hicimos toda la travesía en cubierta, dándonos el aire, no se dejan de ver luces de uno u otro continente, en todo el recorrido, fue muy agradable aunque hacía algo de fresco.

Llegamos a Algeciras a las once, mas o menos, y nos planteamos pasar la noche por allí o seguir, y como he dicho antes, conociendo a Rafa, seguimos hasta Madrid de un tirón, bueno hasta Aldea que llegamos a las seis de la mañana, él sin dormir y yo con alguna cabezada que otra en el camino. Nos metimos en nuestra cama y no amanecimos hasta las cuatro de la tarde del día siguiente, ¿o era el mismo día?.

Madrid, 25 de enero de 2001