El parque nacional de Machalilla

Teresa Peñafiel

Estabamos en Ecuador y parecía que la mala suerte no iba a dejar de acompañarnos. Desde nuestra llegada la tremenda huelga del transporte tenia paralizado a todo el país de manera que sólo se podía viajar en avión. Ante la perspectiva de seguir inmovilizados en Quito indefinidamente, decidimos coger un vuelo hacia Manta dado que es una ciudad situada en el litoral de Pacífico y relativamente cercana al parque natural de Machalilla. En este parque se encuentran una de las pocas selvas tropicales secas de la tierra y la Isla de la Plata donde es posible observar distintas especies de pájaros como los piqueros que allí anidan.

Nuestra llegada a Manta no pudo ser más desalentadora. El aeropuerto distaba 7 kilómetros de la ciudad y no parecía haber ningún tipo de transporte disponible. Toda la gente que había llegado hasta allí era recogida por familiares y amigos. Finalmente nos quedamos solos con una pareja de italianos, Manuela y Tiziano, tan locos como nosotros por haber intentado aquel viaje imposible, Empezamos a andar juntos rumbo a la ciudad cuando una furgoneta se paró y amablemente se ofreció a acercarnos hasta la entrada de Manta. El chofer nos dijo que las barricadas le impedían el paso mas allá, pero así y todo fue un regalo del cielo.

Una vez en Manta buscamos una acomodación y discutimos la forma de llegar a Machalilla. Nos pareció lo más sensato reservar primero el hotel y luego buscar el medio de transporte. Realmente no fue demasiado complicado, simplemente el viaje se debía hacer de madrugada para sortear las barreras de taxistas que impedían el paso.

LOS AMIGOS

En aquel viaje nocturno se fraguó lo que luego seria una bonita amistad. El grupo estaba formado por Elmo, el chofer, Lorena, nuestra guía que luego sería como una hermana pequeña para todos, Manuela y Tiziano, los italianos expertos en gastronomía, Isa y Sebastian, dos quebequeses ornitólogos y nosotros dos, Joan y Teresa, españoles. Dicen que las dificultades unen y ciertamente el grupo de extranjeros no sólo se mantuvo unido durante esos maravillosos cuatro días sino que continuó viajando junto por Ecuador cuando la huelga finalizó. Las conversaciones se desarrollaban en una mezcla interesante de lenguas pero en ningún caso eran obstáculo para poder comprender lo que el otro quería explicar. Creo que las raíces latinas ayudaban mucho y así era divertido ver como Lorena hablaba en español, Tiziano y Manuela en italiano, Isa y Sebastian en francés y nosotros en ¡catalán!.

Por fin llegamos a Alandaluz, una interesante iniciativa de ecoturismo en la que te alojas en cabañas construidas con caña guarua y todos los productos son naturales y cultivados en el mismo recinto.

Eran las siete de la mañana y después de un suculento desayuno descansamos unas horas. El clima en Machalilla es húmedo y nos encontrábamos en invierno. La lluvia fina y sutil empapaba toda la atmósfera y mantenía la vegetación de un verde esplendoroso. Las cabañas se encontraban situadas muy cerca de la playa y el rumor del fuerte oleaje nos acompañaba perennemente.

Después del merecido descanso, emprendimos la primera salida hacia la playa de los Frailes. Fue nuestro primer contacto con la flora y la fauna de la zona. Lorena nos mostró la flora más destacada del lugar: conocimos el palosanto, el árbol más común de este tipo de selva, que desprende un olor especial y que había sido muy utilizado en la construcción de imágenes religiosas; el muyuyo, cuyas flores, de color amarillo intenso, se utilizan para teñir la ropa y sus frutos como gomina de pelo natural; la caña guarua que es parecida al bambú pero más gruesa y se utiliza en la construcción de cabañas y de muebles domésticos; el seibo , el árbol más representativo de la selva pero que aquí es caducifolio ya que se ha adaptado a la existencia de estación seca y húmeda. Paseando por la playa vimos fragatas, los denominados piratas del aire por que son capaces de robar el pescado a los otros pájaros marinos y también desgraciadamente cadáveres de tortugas marinas que posiblemente habían llegado a la playa heridas por las hélices de algún barco.

El día acabó con una cena en la hostería y una charla alrededor de la chimenea de un grupo que poco a poco dejaba de ser un grupo para ser algo más.

LA ISLA DE LA PLATA

A la mañana siguiente todos estabamos excitados. Ibamos a la isla de la Plata y nos habían dicho que era muy fácil que durante el trayecto pudiésemos observar a las ballenas. Desgraciadamente, Lorena se había torcido el pie el día anterior y no pudo acompañarnos así que nos dejó en manos de un guía local llamado Julio. Astutamente, por algo ya éramos más que un simple grupo unido por las circunstancias, nos colocamos todos en la proa de la barca. Otros quince turistas de habla inglesa venían también con nosotros pero estaban acompañados por otra guía y por lo tanto no llegamos a hablar con ellos.

A la media hora de camino la adrenalina se disparó. ¡Nuestra primera ballena!. Y otra y aún otra más. Fue un auténtico festival. Las cámaras fotográficas no paraban un instante. Estas ballenas pertenecen a la especie Megapthera novaeugliae, más conocidas como cachalotes y en esta época del año viajan desde la Antártida siguiendo las corrientes de agua fría para poder alimentarse i reproducirse en aguas más templadas. Todos estabamos fascinados por el espectáculo, incluso la pobre Manuela que se mareaba sólo con pisar una barca. Pero debíamos llegar a la isla y ya habíamos perdido mucho tiempo, así que proseguimos viaje pensando que a la vuelta volveríamos a verlas.

La isla de la Plata es una pequeña isla deshabitada que debe su nombre a la leyenda del tesoro escondido allí por el pirata Drake. A primera vista posee unos acantilados sobrecogedores y sólo una pequeña ensenada permite el desembarco. Una vez en tierra, el grupo de habla inglesa se nos adelantó y nosotros iniciamos nuestro recorrido por los senderos marcados pocos minutos después. Para llegar a los farallones debes ascender una escalera empinada que supera los trescientos metros de desnivel y allí ya nos dimos cuenta que el único que podía seguir el paso de Julio era Tiziano. Isa y Sebastien se quedaban embobados por el camino cada vez que veían un pájaro de lejos, Y Joan nos acompañaba a Manuela y a mí en nuestro cansino caminar. Pero valía la pena. Una vez arriba nos encontramos con los piqueros patas azules que estaban en época de celo. Los machos emiten un extraño silbido y patean con fuerza mientras las hembras se dejan querer. Los animales no tenían miedo de los humanos y prácticamente pasabas encima de ellos. Estas aves tienen las patas de un color azul intenso y se denominan piqueros por la forma como se lanzan hacia el agua para pescar. Seguimos avanzando y llegamos a la zona de nidificación de los piqueros enmascarados. Muchos de ellos ya tenían polluelos y otras parejas estaban empollando sus huevos. Los piqueros enmascarados son de mayor tamaño que los patas azules y se les reconoce fácilmente por el antifaz que recubre sus ojos. Igual que sus primos hermanos no parecen molestarse por la presencia de los humanos. De repente Julio se paró y nos indicó que miráramos hacia arriba. Un ave magnifica volaba sobre nosotros. Su característica más significativa eran sus dos larguísimas plumas situadas en la cola. Se trataba del ave tropical. También sobrevolaban el área las fragatas intentando robar alguna presa a los piqueros. Y por último el albatros. Pudimos observar una sola pareja; el ave marina de mayor tamaño tiene en estos momentos muy diezmada su población debido a las consecuencias del fenómeno del Niño que afectó considerablemente a todo el ecosistema.

Ciertamente nos habíamos entretenido demasiado contemplando aves y todavía debíamos volver a la playa para hacer snorkel en los arrecifes de coral, pero el bueno de Julio, hasta ese momento tan paciente, empezó a correr y de que manera. El y Tiziano encabezaban la marcha, a medio kilometro andábamos Joan y yo y mucho mas atrás los quebequeses fascinados persiguiendo aves y Manuela que ya no podía con su alma. Después de veinte minutos de caminata feroz llegamos a la embarcación y nos llevaron hasta el arrecife. El tiempo era frío y amenazaba lluvia y yo ya había visto otros arrecifes coralinos así que me abstuve de la aventura. No fue una mala idea porque sólo había siete máscaras de buceo y mucha gente quería ponérselas. El primero en intentarlo fue como siempre Tiziano que le cedió la mascara a Joan que a su vez se la cedió a Sebastien. ¡El bueno de Sebastien! Al intentar subir a la barca perdió la maldita máscara y se lo confesó a Julio que una vez llegados a Puerto López se lo contó al agente organizador de la visita y este, ni corto ni perezoso, decidió que una mascara vieja y sin tubo valía ¡25 dólares!. Y eso sublevó a todo el grupo, empezando por Lorena que llamó a la central en Manta hasta conseguir un precio justo.

El ambiente durante la cena fue estupendo. Todos intentábamos explicar nuestras sensaciones y la alegría y el buen humor vibraban en el ambiente. Y de repente nos dimos cuenta que todas las bromas giraban alrededor de Julio. Que si iba vestido así o asa. Que si no andaba sino que corría. Que si inventaba el nombre de las plantas. Descubrimos con satisfacción, que todos teníamos el mismo fondo de ironía y que nuestra idea de la vida y del significado del viaje era bastante parecida.

AGUA BLANCA

El área arqueológica de Agua Blanca era nuestro último destino en Machalilla. Todos estábamos preocupados por las noticias sobre la huelga pero no queríamos plantearnos todavía ninguna alternativa.

La jornada comenzó con una visita al pequeño museo de Puerto López en el que Lorena nos explicó las diversas culturas que se habían establecido en la zona y sus principales características. Conocimos la concha espóndilus de color rojo intenso que se utilizaba para joyería e incluso como moneda de cambio. Nos pareció tan importante la tal concha que en la siguiente comida y cuando alguien pidió ceviche de concha, inmediatamente surgió la broma de si era o no ceviche de espóndilus.

El resto de la mañana lo pasamos visitando el área arqueológica. De hecho el área está en medio de una pequeña comunidad indígena que es quien la conserva y guía las visitas. Para acceder a las ruinas de la zona debes atravesar un pequeño bosque de selva seca rodeado de cultivos de bananos y caña guarua. También cuenta con un pequeño museo donde se exhiben algunas de las piezas encontradas en las ruinas. Una de las paredes contenía una colección de fotografías de indígenas actuales que presentaban los mismos rasgos que las máscaras funerarias de la cultura manteña. Era evidente el parecido e incluso alguno de nosotros, bromeando, creyó reconocer a la familia de Julio.

Los restos de las construcciones manteñas estaban dispuestos en una colina que dominaba el lugar, El área había sido excavada por un arqueólogo sueco hacía ya unos veinte años y desde entonces ningún organismo internacional ni nacional se había preocupado por su conservación. Sólo la comunidad tenía la sensatez de intentar mantener en buen estado lo que quedaba de los templos y edificaciones. Jaime, nuestro guía indígena, nos explicó que la cultura manteña había sido muy importante en la zona hasta poco antes de la llegada de los españoles, cuando intervinieron en la lucha fratricida que dividió al imperio inca y acabó con la civilización manteña.

La visita finalizó con un buen chapuzón en la laguna de aguas sulfurosas que da nombre al parque. Es una surgencia natural de agua caliente con una cantidad de azufre que roza el 70%. Cuando te aproximas, la pituitaria se llena de efluvios de huevos podridos, pero luego el lugar es de una gran belleza. Las aguas tienen un color amarillo pálido debido a la altísima concentración de azufre y el baño es recomendable para todos y especialmente para los que padecen algún problema en la piel, Me sorprendió que estas mismas aguas fuesen utilizadas para regadío, pero según Jaime no dañaban las cosechas y el pueblo lleva utilizándolas más de veinte años.

EL FINAL FELIZ

Nuestra estancia en Machalilla se había acabado. ¿Qué íbamos a hacer ahora si el paro continuaba? Manuela y yo, deprimidas, queríamos volver a casa. Los demás se inclinaban por intentar algún otro recorrido desde Quito, pero para ello debíamos tomar al avión y eso se salía de nuestro presupuesto. Y entonces apareció Elmo con una sonrisa de oreja a oreja.

El paro se acabó, el presidente ha bajado el precio de la gasolina, todo vuelve a la normalidad- 

Parecía increíble pero era cierto. Inmediatamente empezamos los preparativos para coger un autobús en Jipijapa con destino a Guayaquil. Lorena y Elmo nos acompañaron hasta el final y nos prestaron toda su ayuda, sin ellos posiblemente no lo hubiéramos conseguido. Recuerdo el abrazo final y las lágrimas de Lorena. Después el autobús se alejó y dos pequeñas figuras quedaron en la carretera diciéndonos adiós. Otro viaje acababa de empezar.

ECOTURISMO EN MACHALILLA

El parque nacional de Machalilla fue creado el 26 de Julio de 1979 y posee una extensión de 55.000 has. La población más importante del parque es Puerto López tanto por el número de sus habitantes como por su privilegiada situación. A quince kilómetros de Puerto López se encuentra el centro de ecoturismo de Alandaluz. Consiste en un complejo de cabañas situadas cerca de la playa y rodeadas por jardines que producen la mayoria de las frutas y verduras que se consumen allí. Todo el conjunto es ecológico y sumamente respetuoso con el medio ambiente, Para que ello sea posible las cabañas cuentan con un depósito de aguas grises que filtra los detergentes de las duchas así como otro depósito para materias fecales que luego, convenientemente tratadas, son utilizadas como abono para los cultivos. Toda la construcción está edificada con caña guarua y las cabañas más modernas tienen placas solares para generar agua caliente. Los residuos alimentarios son separados y reciclados. Podría decirse que el impacto medioambiental es mínimo y, por lo general, los viajeros se sienten muy a gusto en este lugar.

CÓMO LLEGAR

Para llegar hasta Puerto López puede cogerse el avión desde Quito hasta Manta ( unos 30 dólares) y luego viajar en autobús hasta Puerto López. También puede llegar desde Guayaquil hasta Jipijapa en autobús y de allí hasta Puerto López.

DÓNDE HOSPEDARSE

Hostería Mandala. Teléfono 05-604181. Puerto López
Hostería Alandaluz. Teléfono 543- 042. E-MAIL alandalu@ecuanex.net.ec

Es conveniente hacer las reservas con antelación.

QUÉ LLEVAR

El clima en Machalilla es particularmente lluvioso sobre todo en los meses de Julio y Agosto. No olviden sus impermeables, imprescindibles en la visita a la Isla de la Plata. Camisetas y pantalones de algodón y calzado cómodo. Un jersey de manga larga para las noches. Repelente de insectos y medicación contra la malaria. Binoculares si son amantes de los animales y cámara fotográfica.

OTROS DATOS DE INTERÉS

La entrada al parque cuesta 20 dólares y les da derecho a visitar en distintos días todas las zonas protegidas, Para conseguirla deben adquirirla en el museo de Puerto López. Así mismo en Puerto López hay diversas agencias de turismo que gestionan la excursión a Isla de la Plata y a otros sitios de interés. Entre ellas las más conocidas son Pacarina Travel ( teléfono 604-173) y Salangome ( teléfono 604-120)

Direcciones interesantes en internet son:

Ecotsocy@igc.apc.org
Explorer@saec.org.ec
http://www.samexplo.org
http://lonelyplanet.com