La Habana llora lágrimas verdes

Luisa Noguera

PRIMER DÍA EN LA HABANA

La llegada ayer fue terrible, desesperante, aterrorizadora. Hoy es un nuevo día, un nuevo amanecer de olores, colores y sabores. Por ello hemos empezado con un desayuno cubano: jugo de mango, panecillos con jamonada y un pequeño "cafecito". 

Una vez recuperadas las energías, nos disponemos a recorrer el Paseo del Prado, entrar en el Capitolio, visitar la Habana Vieja y el Palacio del Segundo Cabo, que es el Instituto Nacional del Libro, . No sé si este clima que incluso se puede masticar, nos dará suficientes fuerzas para hacer todo el recorrido. Pero creo que merece la pena.

PRIMERAS IMPRESIONES

Hoy por primera vez en mi vida me he tomado un jugo de guarapo, una bebida típica extraída de la caña de azúcar. También me he bañado en el Caribe y para hacerlo he utilizado un transporte muy común en este país, un camión, sin más, el transporte más incómodo de la historia pero a la vez más emocionante.

La playa es preciosa y su vegetación espesa me hace sentir en vivo otro capítulo de El Lago Azul.

A la vuelta de la playa de Santa María hemos cogido un taxi, que más que un taxi parecía un autobus de pequeñas dimensiones, éramos seis pasajeros con cuatro destinos diferentes. Nadie ha hablado, será normal...

También hemos subido al famoso camello, una especie de trailer que hace las veces de un autobús, el lugar de los intrépidos carteristas y de los jamoneros, pero no hemos sufrido ningún percance.

En el recorrido de última hora, hemos asistido a un ensayo de la Peña Cultural, donde mujeres cubanas cantaban el folklore de su país con instrumentos típicos. Otro cubano permanecía sentado con una pequeña grabadora en la mano. No sé si eso era un estudio de grabación o pretendía serlo...

Pero apesar de toda esa maravilla, recorro las desoladas calles plagadas de casas ruinosas, de asfalto agrieteado por los años y todo ello envuelto en un fuerte olor característico de esta ciudad fantasma. Una mesa, varias sillas ( en ocasiones ni eso ) y una cortina hacen habitable cualquier agujero, creo que un okupa español encontraría aquí su dulce hogar.

Jamás hubiera imaginado tales condiciones de vida generalizadas en todo un país.

Esto es otro mundo, dichas condiciones lo exigen y no porque el cubano sea diferente al inglés o el italiano del ruso, un refresco puede cambiar de recipiente pero siempre es el mismo y es precisamente ésta la gran diferencia. Es otro escenario el que condiciona sus vidas, es otro universo el que rodea a estas personas. El pueblo está cansado, no más propaganda política, no más discursos fidelistas, no más conciencia antiyanqui, solo mejores condiciones de vida.

TERCER DÍA EN LA HABANA

Esta mañana hemos visitado uno de los hospitales maternales, la estética del edificio y su interior dejan mucho que desear, pero esto no es lo realmente importante.

Todo el sistema de salud es gratuito, priorizándose la medicina preventiva. Con la acción del Estado y la participación popular se ha iniciado un intenso programa que permite el completamiento gradual de la red de unidades en las zonas más apartadas del país y el aseguramiento de los servicios médicos a toda la población. La política de salud del Estado cubano no sólo considera la actividad médica, sino que incluye la preservación del medio ambiente y de los recursos naturales, el mejoramiento de las condiciones higiénicosanitarias, así como la protección de los trabajadores y ancianos.

Las campañas masivas de inmunización, iniciadas con la vacunación contra la poliomelitis propician la erradicación de la polio, la difteria y el tétanos infantil. Se eliminan también el paludismo autóctono y la rabia humana.

Hay pasos de vital importancia, como el desarrollo de los programas de diagnóstico prenatal de enfermedades congénitas, que han incidido en una sensible disminución de anomalías en los recién nacidos y una seguridad invalorable para las familias.

Sin duda, el genio creativo natural de los cubanos ha registrado nombres de eminentes científicos así como Felipe Poey, Álvaro Reinoso, Juan Tomás Roig....

Por mucho que se precie o desprecie la situación que vive este país, sería absurdo eludir el avance de la medicina y la ciencia que, con pocas condiciones por no decir ninguna, ha conseguido proliferar hasta ser reconocida mundialmente.

SEXTO DÍA EN LA HABANA

26 de julio, día de la Rebeldía Nacional, Fidel lleva cinco horas y media de discurso en Santiago. Todas las emisoras de radio están en cadena , al igual que las nacionales de televisión, que son dos.

Sólo hay dos opciones, quedarte en casa para verlo o disfrutar de la tormenta tropical que está apunto de estallar.

La Habana está llena de rincones, de lugares recónditos, de personajes variopintos que huyen de algún extremo del mundo buscando alguna aventura para archivar en un diario.

Y uno de los lugares más graciosos que he conocido es la famosa heladería Coppelia que fue escenario de la película "Fresa y chocolate". Más que una heladería era un campo de concentración sicodélico cuyo estilo arquitectónico debe hundir sus raíces en el " Pop Art " de Andy Warholl. Y digo campo de concentración por su funcionamiento; después de esperar largas colas de acalorados cubanos, nos llevaron a un salón, nos sentaron en una determinada mesa, con unas determinadas personas para ocupar todos los asientos vacíos y ofrecieron unos "obligados" vasos de agua a cada uno de los comensales. En fin, es parte de la experiencia.

LA "CRISTAL"

Durante todo este mes de julio se celebran los carnavales. Nos cuentan los ancianos revolucionarios anclados en el poder y la fuerza del socialismo que una vez Fidel supo llevar a sus mejores momentos, el desastre del carnaval. ¡ Ésto ya no es lo mismo haceres ! afirman nostálgicos de su esplendoroso pasado.

Para la celebración, hay todo un plantel de chiringuitos hacinados a lo largo del Malecón, con cerveza "a granel", como ellos lo llaman. Cerveza que no pienso probar porque me ofrece más seguridad la que viene en latas, la famosa Cristal y que hay que beber rápidamente porque su frescor apenas dura unos minutos después de abierta, no sé si es por el asfixiante calor o por la composición de la misma.

Después de una semana aquí empiezo a comprender la esquizofrenia en masa que conforma a esta sociedad. Debe ser terrorífico no poder proponer en cualquier momento algo tan sencillo como tomarse unas "birras". Una cerveza cuesta de uno a tres dólares y el sueldo medio de un cubano al mes es de 200 pesos cubanos, es decir, 20 dólares. Por consiguiente si quieres comer no puedes permitirte ningún tipo de relax.

La única solución para disfrutar es convertirse en jinetero o jinetera , esto significa ofrecer compañía a los turistas, con todo lo que ello implica, a cambio de ser invitados absolutamente a todo. Ellos lo llaman jinetearr a los turistas.

Pero la gran paradoja es que dentro de la igualdad también existe la desigualdad, dentro de la pobreza también existen los ricos. Si en casa de Alina Prado, una ciudadana normal, se come queso y arroz, en casa de un exministro se come mucho queso y mucho arroz. Si en casa de Beba Muro, otra ciudadana de a pie, se come guayaba, mamei, yuca y malanga, en casa de un exministro se come mucha guayaba, mucho mamei, mucha malanga y mucha yuca. 

Fuimos invitados a una fiesta en casa de Isidoro Marmierca, exministro de asuntos exteriores del gobierno de Fidel Castro y antecesor de Roberto Robaina. Y lo que digo es cierto, había mucho de lo poco que hay en Cuba.

EL CDR

A medida que te alejas de La Habana vas penetrando en la auténtica realidad de Cuba, a esa realidad del que todos hablan, eso de que el cubano es un ser entrañable que desde su miseria ofrece al forastero absolutamente todo lo que posee. Es cierto, el guajiro carece de la malicia y la picaresca del habanero, es cordial, amable, campechano y sobre todo sincero.

Hemos visitado Soroa y Viñales que pertenecen a la provincia de Pinar del Río y hemos conquistado la selva tropical. No tengo palabras para describir su hermosura.

Uno de los lugares más fascinantes que he visitado ha sido el cabaret Rumayor, típico de la provincia y con muchos años de antigüedad, para ser exactos desde el principio de la Revolución. Tantos años que el decorado, el vestuario y el espectáculo en sí, permanecen intactos seguramente desde sus inicios y a pesar de ello las mismas caras siguen asistiendo a las mismas funciones, y por lo que he podido comprobar, con el mismo entusiasmo.

Pero sin duda, lo que me ha impresionado ha sido mi asistencia en vivo a un CDR. Comité de Defensa Revolucionario. Cada cuadra, cada bloque de viviendas o para entendernos mejor cada asociación de vecinos conforman un CDR. Ahí pude comprobar por fin la fe ciega del cubano hacia "El Tipo", amor incondicional a la Revolución. Poemas, bailes, recitales, de todos ellos se ha quedado grabada en mi memoria una expresión que decía algo así como "Fidel, fidelísimo".

Nos recibieron con un comité de bienvenida, con aplausos, asombro, como si de dioses se tratara la visita. Había en medio de un patio una enorme mesa repleta de sus manjares: viandas fritas, frutas tropicales, toda clase de jugos y una cosa extraña que ellos llamaban caldosa y que pretendía ser una especie de cocido muy caliente y negro, sabía bastante bien.

Con aspecto de campesinos, como el que acaba de llegar de recoger olivas en pleno campo, todos los componentes del comité eran licenciados universitarios, absolutamente todos.

EL ÚLTIMO BOLERO

A sólo dos años del fin del milenio, la sociedad humana sigue padeciendo una enfermedad tan antigua como ella misma. Es un espectro que invade su corazón y le cierra a sus caminos. La incomunicación viene agrandándose como una bola de nieve desde la cúspide de una montaña, y el tiempo vertiginoso de la modernidad es su mejor aliado. Es mucho más rápido juzgar y condenar lo que se sale del camino que comprenderlo, sentirlo y apreciarlo. Comunicarse requiere de un diálogo, de reflexiones e intercambios. Un exceso de tiempo para ésta época.

Si algún día regreso a La Habana, mi primera parada será el Bertol Bretch, un teatro de antaño, de los del principio, de los auténticos, el lugar donde derramé la primera lágrima, el lugar que me hizo comprender que siempre hay alguna vía de salvación por la que canalizar el dolor de todo un país. "El último bolero" ha sido la obra de teatro más real que jamás mis ojos hayan podido ver.

Fue entonces cuando comprendí que La Habana lloraba lágrimas verdes.