Interraíl por Europa del Este

Macarena Mena

INTERRAÍL POR EUROPA DEL ESTE

 

8-6-2014

La salida se dio bastante bien comparado con los nervios y enfados del día anterior. Romeo y yo construimos una barbacoa y plantamos un árbol de hojas secas antes de subir al tren. En el Aeropuerto iba emocionado: que si ascensor mágico, que si el peso de la maleta, el helado “buenísimo” de la sala Vips… y en el avión el acabose, que Carlos conocía a un azafato y nos trajeron aperitivo, zumo de piña y visita a la cabina del piloto. No paró de hablar en todo el vuelo. “Piquito de oro” le llamaron los de atrás: que si parecía tatuaje la tierra vista desde arriba, que si el río era como una cuerda, que si las nubes encima de las montañas era que iba a llover. Y un cuento iniciado con un niño que se llamaba “Nadie”. También vimos cómo escribía su nombre por primera vez. Nos vino a recoger Florián con su novia Andrea. Y aquí estamos en su casa de unos bloques de pisos tranquilos al lado de la noria soñada por Romeo. Ahora juega a los clicks en el cuarto donde dormiremos. Nos preparan una cena en la tranquila terraza que nos sabe a gloria: espaguetis a la boloñesa (salchicha para Romeo) y helado acompañado de una cerveza bien grande, velas… Nos cuentan que las escaleras de incendios sirvieron para rescatar las llaves que se les habían quedado dentro una vez y para que Florián apagara el fuego de una terraza.

 

9-6-2014

Se acordaba de lo que le dije ayer del robot de Lego y nada más despertar lo ha dicho. El desayuno encima de la mesa, espectacular, con un montón de cosas, de las que sólo pude probar las mermeladas en una pequeña tostada y el café precioso preparado. “Café  vienés” se dice melonge y es como el capuchino. Por la mañana nos han llevado a una montaña cercana con una iglesia y cosas para el turismo, como un entramado de tirolinas entre los árboles. Hemos caminado, Romeo de todas las formas: pie, brazos, hombro, carro y observado toda Viena desde lo alto. Para comer, cerca del aparcamiento de su padre, un sándwich falafel y luego paseo por el centro: Catedral, Ópera, Palacio, Jardín de Palacio. Todo muy animado hasta posarnos en una terraza que Romeo viendo que tomábamos algo pidió “comer”. Muchas heladerías italianas. Tranvía. Repartidores de propaganda vestidos a lo Mozart, tiendas con souvenirs de Klimt. Y por último el metro para volver a casa antes de volver a salir.

Parque de atracciones “Prete” cerca de su casa. De acceso libre y se paga sólo por atracción. Además con un restaurante típico vienés, terraza de cerveza, que nos encantó, si no fuera por los mosquitos. Tomamos salchichas, snetzel, bretzel, cerveza… Romeo alternó de todo con las patatas fritas. Y le costó decidirse para la atracción, pues aunque quería la noria, la grande era demasiado grande para él, y la pequeña demasiado pequeña. Quería helado, algodón dulce… montar en “cosas grandes” para niños y estaba pletórico haciendo shows después de la gran siesta. Ha hecho muy buenas migas con Florián, niñero, que le acompañaba e incitaba.

 

10-6-2014

A las 11:21 salía el tren de la estación. Llegada a Hlavna Stonica, estación en Bratislava. Una hora de trayecto viendo campos verdes, molinos, casitas y el Danubio. Romeo y yo: descubrir cosas del paisaje; dar paseítos por el vagón; rodear números con formas de los pasatiempos del periódico; pegar pegatinas de videos VHS bajo la ventanilla de nuestros asientos. Romeo dijo que la boca del vagón era la ventana abierta. Al llegar, un poco atolondrados por el calor, y porque no sabíamos dónde dirigirnos: oficina de turismo no se veía, de información tampoco… No entendíamos el sistema de autobuses… Preguntamos a unas chicas que repartían propaganda, nos montamos en el número 13 y nos bajamos antes de tiempo. El Sheraton estaba a la orilla del Danubio, que luego comprobamos muy animada por la noche y con un bonito paseo para hacer desde el centro, pero había obras y por ello estaba interrumpido. Aprovechamos los lujos del hotel antes de salir a descubrir la ciudad: sala Vips para comer, suite donde a pesar de los numerosos canales de TV no encontramos dibujitos. Pero sí aprovechamos el largo pasillo para jugar a la pelota. Nos gustó el centro: precioso ayuntamiento viejo con tejados de colores, donde nos hicimos fotos divertidos en unas bicis gigantes, callejuelas con “tereínes”, elcastillo a lo lejos, el puente nuevo con la torre a la que se puede subir que no subimos. Por lo visto hay un restaurante en ella.  Tampoco paseamos al atardecer por el cementerio San Andrés que cerraban a las seis. Sí escuchamos un concierto cerca de la Puerta de San Miguel en un rincón curioso de wifi gratis y biblioteca de revistas al aire libre. Muchos restaurantes con cerveza baratísima y heladerías donde Romeo se tomó uno muy deseado. Vimos también la estatua del hombre que dice piropos a las mujeres en la calle Ponska. Y después para “casa” con Romeo en el carrito para que se durmiera: había cenado de camino, lavado de dientes, pies, agua… Nos costó bastante, pero aquí estamos, en la sala Vips con un vinito.

 

11-6-2014

Hasta las 8 y pico no se despertó preguntando por mamá. Casi doce horas seguidas. Mítico. El desayuno espectacular como prometía. Nos lo tomamos con calma que hasta un video de la Pinturilla Vainilla le busqué en youtube a Romeo y al irnos lloró. Lo que le puede gustar. En la calle,calorazo. Cogimos el bus número 13 en la puerta y directos a la estación. El viaje a Zilina lo amenizamos con unas postales cogidas en una oficina de turismo: había que rodear con el boli los alimentos que nos gustaran, luego puntearles para recortarlos (pero aquí se ponía más nervioso porque no le salía), ver “cosas mágicas” por la ventana, dar paseos por el vagón, hacer juegos de manos con mamá y observar. Le encanta observar a la gente y esta vez se había colocado enfrente una niñita que le invitó a galletas. Zilina nos gustó. Tiene un par de plazas muy amplias, una de ellas con casas de colores y soportales, iglesia y siguiendo por una calle una pequeña heladería con mucho éxito donde Romeo lo eligió de “flan”. El paisaje desde el tren a Propad fue espectacular. Montañas, ríos, bosques, pueblitos, jefes de estación… aunque nos pilló más cansados y encima iba con retraso. En la estación correteamos para preparar la estancia en el vagón: pilla pilla, escondite… Aprovechando recursos inventamos cosas en las pegatinas quitadas de un cuento. Llegados costó que se durmiera en el carro como ansiábamos para tomarnos una cerveza a gusto. Hotel Satel, 50 euros. El centro es una calle con tiendas y bares, carril bici y bancos que Romeo creía caminitos. 1 trozo de pizza, 1 euro.

 

12-6-2014

Nos levantamos con tiempo para el desayuno, que tenía salita de niños pero vimos tarde. Aunque Romeo con la máquina del agua ya era feliz. Justo cuando cogimos el truquillo al hotel nos vamos. Autobús hasta Levoca que tampoco nos sorprende tanto aunque debe ser muy turístico por los buses. Eso sí, encontramos al lado de la estación un bar donde tomar una cerveza mientras Romeo juega con los columpios y nosotros podemos controlar la hora en la estación, al ladito. Amurallada y con varias cosas  monumentales. De vuelta el bus petados. Romeo se duerme y así esperamos en la estación de Propard que llegan todos los trenes tarde y entre R y Os hay un trasiego de gente. Mejor el R: juegan a ver casitas y a las cosquillas, puzles… y yo duermo que aunque el paisaje promete el traqueteo me da sopor. Kosice nos gusta, aunque nos cuesta encontrar alojamiento. Al final en el Coliseum en la calle Starova, 2. Una especie de apartamento con cocinita y salón independiente. El centro nos gusta mucho con Catedral de tejados con azulejitos, fuente de varios chorros que Romeo disfruta, tranvías, riachuelillo, cafés y bares con conciertos. Cenamos de supermercado Billa (también en estación de Levoca) sin mucho éxito. A Romeo le ha dado por tirarse al suelo y ponerse las manos negras, comerse los mocos, agarrar la boca de su padre cuando le tiene en brazos… 

 

13-6-2014

A las 5 de la mañana era de día totalmente y a las 6 la gente se movía en la estación como si fueran las 9. El tren medio vacío, nos dio rabia haber pagado reserva, aprendimos. Romeo despierto, nos esperaba un duro trayecto de tres horas aguantando el sueño y dándolo todo para atender las demandas de Romeo que bajo ningún concepto quería que cerrásemos los ojos: recortar punteando, dibujar en formas predefinidas de pegatinas, desayunos… Budapest la vi en tonos rojosy así ajusté el programa de la cámara. Tardamos dos horas en llegar al Albergue-barco entre cambiar dinero y enterarnos qué bus teníamos que coger. Además Romeo estaba súper cansado y por ello provocador subiéndose a la maleta… etc. Antes de llegar al Danubio cayó y nosotros aprovechamos para tomarnos un café, nada caro, en el barco Fortuna del AlbergueInternacional, con vistas del Parlamento. Cuando se despertó fuimos a la isla Margarita. La fuente de la música a cada hora, nos encantó. También el mini zoo y el jardín de las rosas. Pero a Romeo no le gustó el algodón dulce, que lo quería probar. 400 florines. Hay también un bar “Wonderland” que tiene buena pinta, con bicis recicladas. Bajamos caminando hasta la calle PaulayEde donde continuaríamos en Bohem Tanya. Antes donde el Parlamento, Romeo disfrutó y se empapó de lo lindo en una fuente.Luego también en otra, cuyos chorros desaparecían al acercarte en el principio de la calle Oktober. En Szabadsap nos ha sorprendido el ambientazo mundialero con una pantalla y todo. Luego hemos vuelto para ver el partido de España. También lo había en Ezsébetter con botellón y todo. ¡Hasta noria! Romeo eligió sentarnos un ratito en los escalones de la Basílica. Se queda frito en el partido y nosotros cogimos el tranvía número 2 que pasa paralelo al Danubio para volver.

 

14-6-2014

Al no poner cortinilla en la ventana del barco me desperté súper pronto y costó volver a dormirme, que además no podía hacer nada pues me tocaba ducha con Romeo. En el desayuno buffet pudimos hacer acopio para la comida de Romeo. Elegimos ir a Szentendre en tren y no sé si fue la mejor opción que luego andaríamos con prisas para llegar con tiempo de relajo al hotel Four Points Sheraton de Keskemet. El tren tardaba 40 minutos y antes había que ir a la estación del otro lado del Danubio donde haría la última foto al muñeco “Romeo” que luego se me perdería en Szentendre.

Me gustó y no me gustó, que era demasiado turístico por la cantidad de tiendas y puestos, aunque con cositas bonitas y alguna iglesia. Uno de los puestos era una playground para niños con cosas que Romeo descubrió de Momo. En el Intercity tuvimos que cambiarnos de asiento que todo el mundo reservaba. Sin ver la ciudad disfrutamos de las instalaciones del hotel: pedazo habitación con bebida y fruta de bienvenida, spa donde Romeo disfrutó y se dio un pequeño susto y el Tesco donde hicimos compra. Romeo observa el fútbol.

 

15-6-2014

Después de una noche agitada de sueños, amanecimos. Esta vez el desayuno nos lo montamos en la suite con lo que habíamos comprado. Además Romeo quiso dibujos y tampoco se olvidó de la piscina, pero no daba tiempo. El plan era visitar la ciudad con el carro cargado de maletas ya de camino a la estación. Tiene un centro, que es prácticamente una plaza con monumentos, uno con muchas campanas y tejado de colores que nos gustó. No encontramos el Museo de los Juguetes ni el Naif. Pero era una ciudad mágica como decía Romeo que había un montón de divertimentos gratuitos, que ya le dijimos que para el castillo hinchable no teníamos más florines húngaros, pero vimos: una montaña para tirarse de tobogán, un arco para refrescarse, un laberinto, una fuente en el que meter la manita y por último los columpios mientras papá compraba los billetes a Novi Sad. Cuatro horas de tren con parada en Kiskunhalas y dos más sin bajarnos del tren para que la policía de aduana hiciera su trabajo.

Intercambiamos el paisaje de campo y pueblitos rurales, además de cementerios de trenes, alpacas, animalitos con: juegos con papá, paseos por el tren para tocar los botoncitos y abrir las puertas, pintar y colgar los “cuadros” en el cristal (Nadie y Omo, personajes de mamá y Romeo respectivamente), jugar con un botón encontrado, volar un avión de papel que le duró casi hasta la llegada al hotel en Novi Sad, comer (también lo que le daban), bailar, construir la peonza… Alejados en el Hotel Fontana cerca del centro estamos, que Carlos nos ha sacado casi de la cama porque quería que viésemos el ambientazo nocturno de la plaza con un festival o algo así. Tiene aire decadente con pintadas, descuidadas casas, suciedad… con otro que contrasta de tiendas de marca.

 

16-6-14

El desayuno no fue tan espectacular como nos prometieron, pero el sitio sí: un patio con fuente lleno de objetos y detalles antiguos, las mesas también son bonitas. El paseo dio para llegar a la Fortaleza, subir y volver, que además empezaba a llover. Pero nos gustó de nuevo ver el Danubio. En el tren comimos y aguantamos el chaparrón de Romeo que empezaba a estar perreoso. Pero aguantó toda la tarde. Llegada a Belgrado con aire decadente y coger un tranvía que con suerte (aunque “tanta gente”) nos dejó cerca del hotelazo. Piscina, jacuzzi, sala de relax con té, un lujazo todo. Y luego a la calle que aunque llovía nos apetecía conocer ya algo de la ciudad. Estábamos cerca del parque donde a Romeo le dieron en la iglesia unas galletas. En Skadarkija no encontramos nada para cenar, así que acabamos en la zona del Dordol, en el “¿” de la calle Karlja Petra, 2. Típico, aunque muy conocido con músicos y demás. Lloviendo todo el rato. Hemos vuelto por la calle peatonal donde alguna tienda de zapatos, libros y palomitas estaba abierta.

 

17-6-2014

Seguimos buscando “cositas mágicas” por las ciudades y trenes, y descubriendo colores azules para mamá, amarillos para Romeo y verdes para papá. Como siempre el amanecer nos hizo despertar súper pronto y antes de las 9 estábamos desayunando un espectacular buffet con burek y hasta fuente de chocolate. Después nos organizamos para ir el mercado del norte donde conseguimos tuercas para el carro y hasta mi 

pinta uñas. La lluvia nos dejó visitar libre la Fortaleza y luego volver andando un poco por la calle principal hasta que volvió a llover, que aprovechamos para el spa y piscina como quería Romeo. Por la tarde, ya dejada la habitación a las 16:00, fuimos a ver la Catedral Ortodoxa donde comimos en un banquito un delicioso burek (Makenzijeva, 28  “Pekara Slavija”) y vuelta al hotel mientras Romeo dormía a chequear internet. El hotel se llenaba con gente peripuesta. Antes de llegar a la estación para el tren nocturno llegamos en tranvía (“Gran Vía” dice Romeo) a Smavala, el barrio alternativo donde yo había leído había algo curioso. Vuelta a la estación, cenar Romeo en un banco y aquí estamos con dos neozelandeses compartiendo vagón de literas pequeñísimo!!

 

18-6-2014

La noche pasó en el vagón entre parones en los que tenía que sujetar a Romeo para que no se cayera del estrecho catre, revisiones de aduana, la manta que se caía. Otros miles de paradas ya de día antes de llegar a Sofía y con una hora de retraso llegamos: cambiar dinero, coger los autobuses que nos llevaban al Aeropuerto, 213 y 85, y por fin recoger el coche de alquiler. Con un café frapéque no me quitó el sueño pero lo vi hacer: 1 cucharada de café más lo que quieras de azúcar mezclado con algo de agua fría y batido hasta hacer espuma y después añadir leche fría y hielo lo que se quiera.

El Monasterio de Rila nos gustó, además sólo se pagaba el parking y los museos que quisieras visitar dentro. Nosotros tuvimos bastante con: encender una velita dentro del templo, echar una moneda en la fuente, coger agua con la cuchara de la fuente, mojarnos los dedos en la fuente del pajarito y de camino al Osario, que no vimos, descubrir caracoles y serpientes. Decidimos alojarnos en Rila y aquí estamos en el Hotel Órbita de los años 60 españoles, lleno de obreros que dejan sus zapatillas fuera. Vuelta por el pueblo rural con bares más grandes que casas y llueve que llueve. Carlos prepara la ensalada para cenar en la habitación.

 

19-6-2014

Hemos dejado el “Hotel Órbita” con las dos señoras marquesas venidas a menos y su piscina y grandes instalaciones de hotel decadentes, hablando medio en español e inglés para explicarles que no había agua corriente limpia y que la cisterna no funcionaba. En 5 horas y media llegamos a Buzovgrad parando una hora en el Lidl de camino para hacer la compra y más. El camino lo pasamos Romeo y yo entre: comer, continuar con el cuento de Nadie y Omo, reciclar todavía más el cuento- pegatinas de Clodoveo, pintar en la pizarra, jugar el Veo-Veo, cantar la canción de los Elefantes, dibujar y escribir en la pizarra (ya empieza a leer, aunque no entiende muy bien el concepto de “cómo suenan dos letras cuando van juntas”) y cómo no ver cositas mágicas y los colores de cada uno. Pero nada de dormir. Liliana nos encontró en el bar de “la plaza” y allí nos explicó un montón de cosas para ver por la zona y desde allí fuimos a la última casa del pueblo, la de Sonsoles. El pueblo no tiene centro como tal, sino cruce de vías y todo casitas tipo chalets de “su padre y de su madre”, pero con su huerto, gallinas… Una chica nos dice hola al pasar: vive en España, sólo viene los tres meses de verano. Varios supermercados con su máquina de café que ya he visto abundan por estos países, nada de bancos, ni cajero que Kazanlak está a 5 km, una casa de la cultura, una iglesia y muchas cerezas que nosotros recolectamos, ah y un río. La casa hecha como en partes y remiendos, con su terreno y su terraza con bonitas vistas. El baño (bañera con escalones) recién puesto. No cocina, pero hay nevera y cocinita que ponemos sobre la chimenea nueva. Todo es una mezcla de nuevo-viejo-antiguo. El dormitorio arriba decidimos no usarlo y dormir abajo en el salón. Romeo se queda dormido nada más hacerle la cama mientras nosotros planificamos la ruta con un vino serbio. Ha hecho flanes con arena mojada por la calle y observado caracoles.

 

20-6-2014

“Ya es de día” dijo Romeo y poco a poco nos fuimos desperezando: el lavabo, la ducha con un hilito de agua, el desayuno… Llovía, pero justo ha dejado de llover el resto del día para poder visitar Kazanlak: centro nuevo con el hombre de la oficina de turismo un tanto peculiar y cafés a un lado de la calle peatonal. Nos tomamos un frapé en el segundo desde el principio de la calle, el más cercano al Museo Histórico, que nos supo a gloria. Además con botella de agua: 2,10 levas que estaba de oferta. También varias tiendas con bollos y otras cosas de pasta filo o algo así. Además en la plaza hay un trenecito de coca-cola alque montar gratis.También fuimos al mercado en la calle Hilandarski que me habían aconsejado las guías, con fruta y baratijas de mercadillo. La parte vieja tenía una tumba Tracia y su copia correspondiente de entrada más barata que la original, pero a la que tampoco entramos. Y los alrededores preparándose demasiado pretenciosamente para el turismo. En la zona antigua casas y una iglesia ortodoxa. Souvenirs del Valle de las Rosas y Restaurantes. Comimos en uno antes de subir por las escaleras, “Tiongeto”, bastante bien con zona exterior e interior adornado muy búlgaro y con música ídem. Liliana nos enseñó el Museo Histórico explicándonos algunas cosas sobre las tumbas Tracias y el lago Copriskina. Por la tarde subimos al megalito de Buzovgrad, 45 mintuos, lleno ya de gente que quería ver lo del rayo de sol del solsticio de verano. Por lo visto los del pueblo hacen una ceremonia el día 21.

 

21-6-2014

Amanecí antes que nadie y me puse a preparar equipaje, que la idea hoy era ir a dormir a Verliko Tornovo, aunque luego no lo haríamos y regresaríamos de excursión en el mismo día: Ostrusha Tomb, estaba cerrada. Entramos en Shushanets Tomb que a Romeo le gustó ver la maqueta igual y “blanquita” de lo que luego había dentro, e iba diciendo por el campo que era explorador y montañero. Subimos a la iglesia de Shipka, con cúpulas doradas y donde Romeo encendió entusiasmado una vela y otro monumento más arriba donde también paraba la gente. Al llegar a Etora Romeo estaba dormido, así es que aprovechamos para comer en la “Mexaha” una sopa con pan (platika) y luego entramos. Había muchos banquitos para comer dentro del recinto. Idea para otra vez. Me desilusionó que estaba todo demasiado enfocado a comprar y pocas explicaciones de la vida rural. Galiovo lo pasamos. Y llegamos a VerlikoTornovo lleno también de tiendas y con una bonita vista desde el puente de abajo al lado del hotel de Verliko (el único paso que hay por lo visto para acceder a la fortaleza Tseverets). A día de hoy no sé si realmente lo que vimos fue la Fortaleza, por lo que hemos leído posteriormente en las guías. Regresamos a Buzovgrad por el mismo camino detrás de los camiones. Romeo deseando cenar helado.

 

22-6-2014

Decidimos quedarnos en la zona y hacer vida de pueblo. Carlos tuvo que ir a por el desayuno (estaba todo abierto a pesar de ser domingo) y a mí se me olvidó montarlo en la terraza. En Kazanlak montamos en el trenecito y comimos de los panes y bollos que venden en tantas tiendas de fast-food (cerca del mercado más barato hay una), casi todo con queso y por lo visto tienen panes para distintas ocasiones. Lo comimos en un parque lleno de “personajes” y luego el ansiado Nescafé Frapé en el bar del otro día, aunque esta vez sólo nos pusieron una pajita para ampliar el muñeco de Romeo. Después de descansar a casa, para lo cual utilizamos un recurso que habíamos guardado para tal ocasión (las pompitas de jabón) y después a dar un paseo siguiendo el camino que continua la casa (por la mañana habíamos estado un buen rato en el jardín que Romeo quiso hacernos magdalenas con palos y otras cosas). Se lo pasó genial tirando piedras y palos al río y hasta vimos una tortuga gigante que encontramos cerca de la casa de Sonsoles. Ahora estamos en el bar tomando unas patatas con queso después de haber estado en el parque infantil. Un niño búlgaro precioso se acerca a jugar con Romeo. Con suerte cenamos cuando Romeo se duerma de camino.

Personajes de viaje: Caracolo Manolo, Tortuga Moruga.

Cuento de viaje: Nadie y Omo con sus cosas, juguetes, amigos, calle, coche, ropa.

Romeo ha hecho razonamientos lógicos de risa.

 

23-6-2014

La Tortuga Moruga estaba en el camino cuando salíamos. El viaje se ha dado bien: 3 horas de carretera parcheada, campos de girasoles, pastores, vaqueros, carromatos de caballos, pueblitos, bosques, montañas y por fín playa combinado con el cuento de “Nadie y Omo”, la pizarra mágica, caramelos, pegatinas de VHS… Nessebar combina ruinas con casas antiguas y mogollón de tiendas de souvenirs, además de restaurantes atrapa turistas. Luego un puertito donde dejamos el coche y por fín para el Hotel Sol Meliá donde teníamos régimen de todo incluido: comimos, siesta con TV, parque, merienda, playa, piscina, ahora en la habitación con fútbol que ha eliminado a España… Luego cena, paseo, espectáculo de cine, copas…

 

24-6-2014

El desayuno en la piscina, una maravilla, aunque nos teníamos que estar turnando para coger cosas y fue un trajín. Luego el disfrute máximo de Romeo en los toboganes de la piscina “círcula”, que no quería irse. Comimos algo antes de hacer el cheking. Ya de vuelta paramos en un centro de cerámica para comprar unos cuencos: amarillo para Romeo, azul para mí, verde para papá como todo en el resto del viaje. Stara Zagora no nos gustó. Sólo el mercado. Un parque infantil a Romeo que perreoso sólo se durmió 15 minutos hasta llegar a “casa de Sonsoles”. Merienda en la terraza y cena dentro con tormentón fuera.

 

25-6-2014

Nos despedimos de Tortuga Moruga, Caracolo Manolo, Rana Paca, Lagarto… y todos los animalitos que nos salieron al encuentro al dejar la casa. Devolvimos las llaves a la hija de Sonsoles y directos a Plovdidpor la carretera parcheada y después autopista. Nos ha gustado. Hemos aparcado en el número 4 del mapa, la zona del centro marcada en azul. C/ Stefan Verkavin. Cuyo señor nos ha dado un mapa de la ciudad! Primero la parte vieja toda empedrada (menos mal que dejamos el carro) con casas antiguas, iglesias, ruinas romanas y alguna tienda y restaurante. Había bares estratégicos para vistas, pero optamos por no tomar nada en el “Apdra” como recomendaban e ir a comer a la parte nueva: un kebac y un helado. Luego descubriríamos dos heladerías estupendas al final de la calle, casi ya en el parque de las ruinas romanas. C/ Knyaz Aleksander. Regresamos al parking por el mismo camino pasando por la Mezquita Dzhumaya. Karlovo fue el siguiente pueblo, pero lo vimos en coche, salvo una incursión al mercado y un frapé en un bar-terraza cerca del mercado tipo “Costa Brava” con columpios, pero Romeo apenas quería montar, sino estar con nosotros. Estamos entre montañas, pero nada de rosas en este valle de las rosas.

Kaprivshititsa

Nos hemos alojado en el Hotel Familiar “Chuchura” restaurante, al lado del río en habitación con balconcito que aprovechamos para cenar: 45 levas. Hay unos columpios de madera cerca de la plaza al lado del río que Romeo disfruta. Además en la plaza, cama elástica que parece gratis. Subimos por una escalinata a ver vistas del pueblo. Nos gusta las casitas de colores, algunas muy restauradas, pero igualmente bonitas.

 

26-6-2014

Nos ha gustado el amanecer en el Hotel de Kopristititsa, no tanto el desayuno, ningún bollo, todo salado, eso sí en las terrazas a la orilla del río. En dos horas de modorra, nos hemos plantado en el Aeropuerto de Sofía. Luego el palizón de bus y metro para ir al Hotelazo “Valcan” en Sveta Nedelya Square, un lujo de suite (más grande que nuestra casa) con acceso a la sala Vips y vistas a algunos de los monumentos más importantes de la zona. Romeo ha dicho que la lámpara del hall parecía una ensaimada gigante. Después de correr algo en la Sala Vips la ruta ha sido la siguiente: por la calle Osvoboditel hemos visto iglesia rusa de San Nicolás, iglesia de Santa Sofía, iglesia de Aleksander Nevski donde estaban preparando un “espectáculo” y Romeíto disfrutaba viéndolo, la Presidencia y tras ver el Puente de Águilas, nos hemos metido un poco al parque Barisova Gradina donde Romeo se ha tomado su ansiado helado. Antes ha observado las piruetas de unas patinadores. Luego se ha quedado frito y hemos subido por Graf Ignatiev, comercial y con un mercado a la altura de Slaveikov Square donde nos han regalado por la calle una cerveza. También había mercado en Alexander Nevski, de cosas antiguas. Después de hacer acopio de la sala vips aquí estamos disfrutando del lujo en el salonazo suite con sillas y sofás a lo Luis XIV.

 

27-6-2014

El desayuno en el Executive Lounge fue espectacular: huevos, bacon, salchichas, batitsa de espinacas y queso… Luego emprendimos segunda ruta por la ciudad: cambio de guardia en La Presidencia cada hora con iglesia en el patio que si no lo llego a leer se nos pasa; la mezquita; la sinagoga; subterráneo con tiendas y restos arqueológicos (frente al Museo Arqueológico), los Baños Termales con fuente que a Romeo le gustó enfrente (cerrados todavía). El mercado cerrado de Hali con puestos muy buen puestos y una tienda de vinos que habla español, heladería y multitud de comida preparada rica, rica. Llegamos al puente de los Leones para bajar por el Lady Marquet que estaba toda la calle en obras, pero nos encantó el ambientillo. Romeo dormido. Llegamos al Mall of Sofia, pero ya  no merecía mucho la pena, las tiendas de siempre. Nosotros poníamos más los ojos en los kebacs, bureks… Cuando Romeo despertó estábamos llegando al hotel para tomar algo y salir a por el helado prometido Ruffu´s aunque no encontré el de Nedlya Square. Luego vimos el Teatro Ivan Vazov con el Jardín y su fuente y sus viejecillos jugando al ajedrez, columpios para Romeo y a “casa”. La única vez del viaje que dormíamos dos noches en el mismo hotel.