Destino Japón

Miguel Ángel

Siempre nos ha gustado viajar y esto ha enriquecido nuestras vidas. 

Hemos recorrido muchos lugares y hemos disfrutado de las maravillas que todos ellos ofrecen.

Un día, va a hacer diez años, decidimos preparar nuestro siguiente viaje, el destino sería Japón. Un viaje que siempre habíamos querido hacer.

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Lo organizamos minuciosamente tratando de aprovechar hasta el último segundo que pasaríamos allí, consultando horarios de trenes, localización de hoteles y como llegar a los lugares que íbamos a visitar. Fue laborioso darle forma, pero a la vez, también nos permitía disfrutar con antelación de lo que sería nuestro viaje.

Decidimos visitar lo que considerábamos más destacado del país, en una de sus estaciones más bellas, la primavera.

Nuestro viaje comenzó en Kioto, que con sus numerosos templos y santuarios, como Kiyomizu, Ryoanji, Kinkaku o Sanjusan-Gendo entre otros muchos o jardines y parques como Maruyama, sus hanamachi o barrios de geishas, con sus espectáculos de danza y música tradicional, ceremonia del té…  es el mejor lugar para disfrutar del Japón más tradicional. Todo esto nos trasladó a un mundo desconocido para nosotros hasta entonces. A partir de aquí nos dimos cuenta de que este viaje no sería uno más.

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Cercano a Kioto visitamos la zona de Arashiyama, donde pudimos pasear por su increíble bosque de bambú y admirar los cerezos en flor, y lugares como Uji, población famosa por su extraordinario té, el santuario Fushimi Inari, conocido por sus cientos de torii rojos y negros, que forman un pasadizo que discurre por toda la colina. Por supuesto también Nara, con su gran riqueza histórica y natural con su parque lleno de ciervos en libertad y multitud de templos como Todai, Horyuji, santuarios como el de Kasuga y barrios como Naramachi.

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Según iban pasando los días e íbamos descubriendo todas estas maravillas, nos sentíamos más impresionados y cautivados.

Desde Kioto y de camino a la ciudad de Hiroshima, visitamos la ciudad de Himeji, con su castillo medieval, que posiblemente es el más importante de Japón. Seguidamente nos dirigimos a la pequeña, pero espectacular, isla de Miyajima, conectada por ferry con Hiroshima, que con su santuario Itsukushima y su torii flotante, se considera uno de los paisajes más bellos de Japón. Estando en esta isla sagrada descubrimos lo que es la tranquilidad y la paz interior. Cada instante que pasaba nos íbamos sintiendo más unidos a este país.

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Llegamos a Hiroshima y en el Parque de la Paz con la imagen de la cúpula frente a nosotros, nos recorrió un escalofrío pensando en aquel trágico día. Lo recorrimos y pudimos ver los diferentes memoriales, como el dedicado a los niños, rodeado de miles de grullas de origami. Es una campana y en su parte superior está la figura de Sadako Sasaki, la niña que cautivó al mundo con su historia de las mil grullas de origami, teniendo una de ellas entre sus brazos. También nos impresionó el museo de la bomba y el cenotafio con los nombres de casi 250.000 muertos por la bomba.

 

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En él hay escrita una frase que con pocas palabras lo dice todo, y que traducida dice… “descansad en paz, pues el error jamás se repetirá”. Hiroshima es hoy es una ciudad llena de luz y de vida que nos maravilló.

Siguiente parada Tokio.

Desde Tokio visitamos Hakone, zona montañosa conocida por sus onsen y donde pudimos realizar un crucero por el lago Ashi viendo el monte Fuji. También Nikko, lugar con una gran espiritualidad y de una belleza natural extraordinaria que alberga multitud de templos y santuarios, como Toshogu, Futarasan o la puerta Yomei y la ciudad de Kamakura, famosa también por sus templos y santuarios como Engaku, Kencho, Hase-Dera y por supuesto, su gran Buda de bronce.

En estos lugares volvimos a sentir esa sensación de silencio, de calma. Es indescriptible la belleza y la paz que allí se respira.

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Los últimos días de nuestro viaje los pasamos en Tokio. Una ciudad fascinante, mezcla de tradición y modernidad. Una megalópolis increíble donde nos vimos rodeados de rascacielos y luces de neón, enjambres de líneas de trenes y metros circulando a diferentes niveles con extrema puntualidad, manga, videojuegos, tecnología, extravagantes tribus urbanas… todo esto y más en el paraíso del consumismo, pero donde también hay espacio para preciosos jardines, inmensos parques, innumerables templos y santuarios, torneos de sumo o teatro kabuki…  pero sobre todo gente, mucha gente.

Tokio nos sorprendió y fascinó.

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Pocos lugares estimulan la imaginación como Japón. Conocerlo constituye una experiencia fascinante, no sólo por su historia, su cultura o su naturaleza, sino especialmente por su gente extraordinariamente amable, educada, cívica y respetuosa.

Al regresar de este viaje nos sentíamos muy afortunados de haber tenido la suerte de poder haber conocido una cultura tan especial. Nos enamoró.  

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Pasado algún tiempo del viaje, continuábamos hablando y recordando nuestros días allí, era imposible de olvidar, Japón había calado muy profundamente en nosotros y sentíamos la necesidad de volver. En estos diez años hemos continuado viajando a otros lugares, pero todos los años pasamos unos días en Japón disfrutando de su gente, de su excelente comida, las compras… Este país no es solo para visitarlo, hay que disfrutarlo, vivirlo, sentirlo…

Un haiku dice,

“Viajé y supe

que todos los destinos

me pertenecen”

 

Japón forma parte de nuestra vida.