Los Kristos de Pampanga

Juan Manuel Feliz

(Juan Manuel Feliz, asturiano, 55 años, vivió en la Sudáfrica del apartheid, en el Irán del Shah, en la Kenia de las verdes colinas de Africa; ahora vive en Manila. 

En su curriculum viajero se incluyen expediciones por algunos de los grandes ríos del mundo: el Paraná, el Orinoco, el Pastaza en Ecuador, el Gambia, el Ituri en el Congo y el Dja en Camerún.

Tras numerosos viajes por América, Africa, Oriente Medio y China pensaba que pocas cosas podían sorprenderle...hasta que llegó a Manila.)

Los curas de la catedral de San Fernando de Pampanga están en guerra con los vecinos de San Pedro de Cutud, un pequeño pueblo cercano desde el que se escuchan las campanas catedralicias cuando llaman a misa o tocan a muerto. Los de Cutud se les fueron de la mano; se empeñan en celebrar la Semana Santa "a su manera", con derramamiento de sangre, tal como cuenta el Nuevo Testamento, con flagelantes y crucifixiones reales.

Esos curas, sucesores de los que hicieron de Filipinas el único país católico de Asia, se confiesan superados por los acontecimientos. Ellos querrían una Semana Santa limitada a celebraciones tradicionales mas suaves, tales como la Pabasa o Pasyon, donde todos participan cantando la historia de Jesucristo, las Procesiones con carrosas y velas, que culminan con la del Santo Entierro en Viernes Santo, la Visita Iglesia visitando 14 (las 14 estaciones del Calvario) o 7 (las 7 últimas palabras de Cristo) iglesias de los alrededores, o el Salubong que se celebra el Domingo de Resurrección con una procesión en la que los hombres acompañan la imagen de Cristo Resucitado y las mujeres la de la Madre Dolorosa, reuniéndose ambos grupos en un lugar determinado donde un niño vestido de ángel quita el velo de la Virgen, para regresar a continuación todos juntos a la iglesia entre cánticos de júbilo.

A los de Cutud todo eso les resulta muy descafeinado; no lo consideran suficiente como penytensia por sus pecados, ni como petición de gracia para que Jesucristo les cure a un ser querido, ni como promesa a cumplir después de conseguir la gracia pedida. Ellos quieren sacrificios cruentos donde corra la sangre como corrió en el Gólgota. Los de Cutud celebran la Semana Santa "a su manera" desde hace 37 años, cuando Artemio Añosa, reencarnando a Kristo, fué crucificado por primera vez en el 62. Artemio fue crucificado 10 años consecutivos, hasta el 72, y falleció en el 90 de un ataque al corazón. Del 72 al 75 fué Juanito Piring quien le sucedió como Kristo, siendo a partir de entonces cuando el número de kristos aumentó considerablemente; este último Viernes Santo hubo 12 crucificados.

Pero los que verdaderamente hacen correr la sangre son los flagelantes. Durante el Jueves y el Viernes Santo, numerosos grupos de hombres encapuchados recorren las calles de San Fernando de Pampanga y de San Pedro de Cutud con coronas de espinas, el torso desnudo y descalzos, azotándose la espalda con un flagelo que termina en unos palitos de bambú. Caminan en filas, golpeándose al ritmo del bambú desgarrador de carne, precedidos a veces de un penitente también encapuchado que arrastra una gran cruz de madera.

Para desesperación de los curas, los flagelantes se dirigen siempre al patio de la catedral, ante cuya puerta principal se postran boca abajo con los brazos en cruz para hacer sus peticiones y promesas, redoblando a continuación las flagelaciones. Sus ayudantes también los azotan y alguno de ellos lleva un cepillo de cristales rotos para rascarles la espalda. A estas alturas los flagelantes chorrean sangre que empapa completamente los pantalones, y los flagelos parecen hisopos que la salpican. La gente se aparta para dejarlos pasar; verdaderamente corre la sangre por las calles de San Fernando.

Los curas reconocen que tienen la guerra perdida desde que la prensa se vuelca anualmente en Cutud para enviar a todo el mundo las imágenes de las crucifixiones y las entrevistas a los kristos. La tribu periodística está bien representada en Pampanga durante esos días. Fotógrafos free lance, reporteros gráficos, corresponsales aventureros, enviados especiales, cameramans, técnicos de sonido …todos se concentran a mediodía del Viernes Santo en Cutud para captar las imágenes y palabras de los kristos en su camino de dos kilómetros hasta el Gólgota instalado en un montículo que emerge en medio del del arrozal.

Fuí testigo de estas celebraciones en el 99 y en el 2000, cuando viajé a San Fernando desde Manila en "jeepneys" repletos de "penytentes" como yo. Deambulé la tarde del Jueves Santo por los alrededores de la catedral para ir entrando en ambiente. Madrugué el Viernes Santo para seguir viendo a los flagelantes y antes de mediodía me dirigí en kalesa hasta San Pedro de Cutud donde entre esa hora y las tres de la tarde iban a tener lugar las crucifixiones. La kalesa no pudo pasar de un arco vegetal engalanado con flores que rezaba: "TOURISTS AND FRIENDS, WELCOME TO BARANGAY SAN PEDRO CUTUD".

Periodistas, espectadores y flagelantes nos dirigimos caminando entre empujones hacia el Gólgota. Los vecinos habían convertido la calle del pueblo en un gran mercado donde ofrecían agua embotellada, jugo de melón y de buko (coco), refrescos en bolsas de plástico, cerveza San Miguel, dulces…Hasta que alcancé a Jesus Nazareno portando la cruz. Se llamaba Herocito Sangalang, tiene 42 años, y es ahumador de pescado en San Pedro Cutud. y había prometido crucificarse tras la curación de su esposa enferma. Herocito se retira el próximo año tras 15 años de"kristo" y ya tiene sucesor: se llama Rubén Enaje, tiene 39, es pintor de brocha gorda en Tarlac y prometió crucificarse desde que un día se cayó de un andamio a tres pisos de altura y no le pasó absolutamente nada. Esto fué en el 88 y desde entonces se crucifica todos los años. Van trece.

La primera selección entre el público se realizó al llegar al arrozal. Había llovido toda la noche y aquello era un lodazal. Dispuesto a todo colgué mi cámara del cuello, puse en la boca mi carnet de World Press Service y me metí en el lodo hasta las rodillas para llegar a las cruces colocadas en el montículo seco. Allí tenía lugar la segunda y definitiva selección: una cerca de alambre de espino delimitaba el recinto donde estaban las cruces y unas plataformas armadas con tubos para las cadenas de television ABS-CBN y HBO. Para entrar en ese "sancta sanctorum" tuve que mostrar el carnet y luchar con un periodista australiano de dos metros que se había untado los brazos con sangre de flagelante para impresionar al personal.

Los clavos de acero inoxidable llevaban quince dias en alcohol (eso decían los de Cutud), son finos y largos, 13 cmts, y acaban en una gran cabeza plana. Los controla un personaje importante, el verdugo Fernando Alfaro, que no suelta el martillo hasta la hora bíblica de las tres de la tarde. A esa hora se acaban las crucifixiones. No se admiten mas voluntarios.

Fernando Alfaro vestía una camisa negra y una gorra visera también negra, ambas anunciando el Barangay Cutud. Dice que crucificar gente le produce un placer religioso y que es una tradición de Cutud, les guste o no a los curas de San Fernando. Lleva haciéndolo diez años. Lo ví trabajar: con la cruz en el suelo y el ‘kristo" sobre ella, tantea con el mango del martillo la mano abierta para buscar el hueco mas adecuado entre huesos y tendones, coloca el clavo y golpea con decisión; después se iza la cruz y le clava los piés.

Cuando ví crucificar a Rubén Enaje ya llevaba Chito Sangalang diez minutos clavado. Chito es conductor de jeepneys, tiene 43 años y se crucifica desde hace 13 como promesa por la curación de su hermano enfermo de cáncer. Debido a su experiencia y a su "cara de cristo" lo eligen todos los años para que encabece el Via Crucis, franqueado por un Poncius Pilate a caballo y centuriones romanos a pié; algo detras lo siguen llorando María Magdalena y la Verónica. Estuvo en la cruz 15 minutos, nuevo record.

La corona de espinas no podía proteger mucho a Chito del sol de justicia que le daba en la cabeza. Los cámaras de las televisiones, desde las plataformas, hacían primeros planos con sus gigantescos zooms y los técnicos de sonido le acercaban micrófonos telescópicos a una cuarta de la cara. No sé lo que le preguntaban, pero en la cara de Chito se adivinaba un rictus. "Qué cruz!", parecía decir. Lo miré furtivamente. Me daba corte cruzar mi mirada con la suya.

Arnel Sangalang, el hermano menor de Chito, el que sanó milagrosamente del cáncer, fué otro de los crucificados. De casta le viene al galgo. Wenceslao Aquino era el único no residente de Pampanga; en dos ocasiones anteriores ya lo habían crucificado en Valenzuela, donde vive. Bob Velez, de 59 años, el de mas edad, se crucificaba por séptima vez como promesa por la recuperación de su hijo que estuvo varios días en coma tras una caida; llevaba una peluca prestada para parecerse mas a Cristo. Para el demacrado Jesus García, de 49 años, ésta era su quinta vez; lo hacía porque "el Señor había resucitado a su hija que estuvo muerta tres dias". Cada uno tenía su motivo.

Entre el sol y lo que estaba viendo me explotaba la cabeza, así que abandoné el Gólgota antes de las tres hundiéndome por el arrozal. Necesitaba agua y algo mas alegre. El agua la compré en uno de los improvisados tenderetes de Cutud y mientras la bebía con avidez ví a un precioso niño de unos dos años, desnudo, chapoteando en el patio de su casa con una palangana de plástico. Estaba realmente fotogénico, así que volví a sacar la cámara y me acerqué más pensando que esta era la escena alegre. Fué entonces cuando ví que el agua de la palangana era rojiza y que estaba lavando el flagelo de bambú de su padre antes de guardarlo para el año que viene.