Copenhague

Copenhague es una ciudad para andar. Andar por Stroget, el centro peatonal, paseando entre tiendas, restaurantes y gentes que sin prisas recorren las calles. Y llegar a Nyhavn, el puerto, donde el mar entra -en forma de canal- en la ciudad y a cuyas orillas se han instalado agradables cafés y restaurantes donde disfrutar de un ambiente sosegado pero vivo al mismo tiempo.

Copenhague se muestra animada, aunque discreta, y ha sabido mantener en su centro la armonía y el sabor que la hacen acogedora. Cuando llega el buen tiempo la gente se lanza a la calle que cambia de aspecto y desborda alegría.

El Tívoli es una de las señas de identidad de la capital danesa. En 1843 se inauguró e hizo famoso como parque de atracciones. Hoy, situado en el centro de la capital, sigue gozando del favor de niños y de mayores que acuden a él para entretenerse.

Los museos son importantes en Copenhague. El Museo Nacional, el Estatal de Bellas Artes, Dansk Arkitekturcenter de arquitectura y diseño, el de las Artes Decorativas, el de Juguetes, el dedicado al famoso escultor Thorvaldsen… ofrecen mucho donde elegir.

Pero, además, las iglesias -la capilla real de Holmenskirke, la Frelsers Kirke y la Frue Kirke- el Parlamento, la fábrica de porcelana, la Torre Redonda, junto a la iglesia de la Trinidad, desde cuya altura se contempla la ciudad, sin olvidar la famosa Sirenita al borde del agua, añaden más atractivos y completan el retrato de una ciudad llena de interés.

Desde el punto de vista gastronómico posee 15 restaurantes con estrellas Michelin, lo que no está nada mal para una población de menos de un millón y medio de habitantes.

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