Delfos

Cuenta la leyenda que los griegos antiguos consideraban a Delfos el ombligo del mundo, y es fácil comprender por qué: situado en lo más alto de una colina, es un lugar que cautiva la imaginación, especialmente en primavera, cuando los valles se cubren con coloridos mantos de flores. Delfos está enmarcado por peñascos del Monte Parnaso, y se abre hacia el llano con vistas a un valle salpicado de olivos y cipreses que termina en el mar. Se encuentra a 178 km al noroeste de Atenas y, si no hay tiempo para más, puede ser una escapada perfecta en el día desde la capital griega.

Delfos llegó a ser uno de los santuarios de mayor importancia de Grecia. Se consideraba su Oráculo el más veraz y certero de todo el mundo conocido. Alcanzó su máximo esplendor hacia el siglo VI a.C., cuando tenía por benefactores figuras tan importantes como el faraón Amosis de Egipto o Creso, el último rey de Lidia. Sin embargo, su fama y riqueza rápidamente convirtieron a Delfos en un objetivo militar, y durante el siglo V se produjeron las conocidas como Guerras Sagradas entre atenienses, espartanos y focenses, que lucharon por el control sobre el oráculo y su templo de Apolo.

En el siglo IV, y tras la victoria de Filipo de Macedonia sobre el resto de Grecia, el oráculo fue progresivamente cayendo en declive. Ya en época romana, Delfos era sólo un oráculo más al que ir a pedir bendiciones para un buen matrimonio, cosecha o viaje. Fue saqueado por Sila y por Nerón, y más tarde cerró sus puertas tras la prohibición del paganismo proclamada por Teodosio en el año 391 d.C.

Hoy, Delfos es reconocido como Patrimonio de la Humanidad, y es uno de los lugares arqueológicos más importantes de Grecia. Además del disfrute de su magnífico emplazamiento el recorrido por Delfos ofrece la visita al famoso Templo de Apolo, al Teatro, con capacidad para más de 5.000 espectadores, al Estadio y a su magnífico Museo Arqueológico.

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