Portugal

Donde el horizonte se hace fado.

Portugal comparte con España el solar ibérico y, sin embargo, quien se asoma al país descubre que su carácter difiere casi en todo del español. A pesar de su proximidad, Portugal es para España un país exótico al mismo tiempo que familiar y acogedor. Portugal mira al Atlántico del que ha extraído buena parte de su ser. Y guarda el deje de un pasado moro que sigue vivo no sólo en la fisonomía de los pueblos de Alentejo, sino también en la extraordinaria creatividad que despliega en el arte de los azulejos.

Observando el pasado, el arte manuelino define al pueblo portugués volcado en las exploraciones oceánicas y se convierte en la genial interpretación de un mundo que llegó a Europa a través de sus navegantes y del soberbio relato en piedra que adornó templos y palacios. Pero a Portugal le gusta también ser discreta y en la arquitectura incluso señorial ha elegido el blanco, con ventanas sutilmente adornadas que dan al ambiente un aire doméstico y pausado.

Lisboa es una capital extraordinaria con sus museos y sus iglesias y con sus calles y plazas por donde pasear. Al norte, el curso del Duero compone la región de los vinos, con sus bodegas y viñedos, sobre un valle que vierte al mar en Oporto, una capital, al igual que Lisboa, magnífica. Lisboa descansa, Oporto trabaja y Braga reza, dicen los portugueses. Y hay todavía mucho más: Braganza, Coimbra y su célebre universidad, Nazaret, Aveiro… son ciudades que confirman la singular riqueza de la tierra portuguesa, lo mismo que el litoral y el interior del Algarve en el sur con sus tradiciones y sus soleadas playas.

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