Lisboa

Lisboa es una de las capitales más conmovedoras, bellas y pintorescas de Europa. Como una Roma occidental, se asienta sobre siete colinas en la desembocadura del río Tajo, y ofrece un paisaje cautivador de callejuelas empedradas, monumentos centenarios e iglesias y monasterios cuyas cúpulas destacan entre los tejados. Desde la altura de los más de veinte miradores que otean la capital, y que se conectan con su parte baja mediante funiculares, se disfruta de extraordinarios panoramas que muestran una ciudad armónica y grata.

Con su clima templado, una ubicación costera inmejorable y un abanico de oferta cultural inacabable, Lisboa aparece como una ciudad parada en el tiempo y al mismo tiempo como una de las capitales europeas más vibrantes.

La capital portuguesa se encuentra mirando al Atlántico, en magnífico puerto natural, lo que atrajo a sus costas a muchas de las grandes civilizaciones del pasado, desde los fenicios, los celtas y los romanos, hasta los visigodos y los árabes. Este mismo motivo está en su temprano origen: es la segunda capital más antigua de Europa, sólo superada por Atenas. Y también en el hecho de que fue la primera gran capital de un imperio que se llegó a extender por todos los continentes, desde Brasil hasta China.

Lisboa se puede recorrer fácilmente a pie, aunque si el visitante quiere conocer todos sus rincones y callejuelas sin cansarse subiendo y bajando las siete colinas, es aconsejable que tome el tranvía 28, que lleva por los lugares más interesantes del patrimonio histórico de la capital. Y si dispone de poco tiempo, que recurra a un taxi, cuyo precio es más que razonable.

Es ésta una ciudad que destaca por su arquitectura y urbanismo. Entre los elementos más notables de Lisboa, destaca el Castillo de San Jorge, situado en la colina más alta del centro de la ciudad, el barrio de la Alfama, la Catedral y el convento do Carmo. También es obligado señalar la existencia de los dos monumentos clasificados como Patrimonio de la Humanidad: la Torre de Belém y el Monasterio de los Jerónimos. Y no hay que olvidar los museos -el de Arte Antiga, el Gulbenkian, el de Azulejos, el Berardo...- todos ellos extraordinarios.

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