El Emperador

Situada entre Kenia, Somalia y Sudán, y abierta al Mar Rojo, Etiopía vivió un proceso de revolución en 1974. No obstante, de nuevo lo apartado del mundo etiope elimina el atractivo; adentrarse en causas y consecuencias de un movimiento revolucionario ajeno probablemente terminaría en cansancio. Hace falta algo más para despertar una primera curiosidad por Etiopía.

Ryszard Kapuscinski, reportero polaco, encuentra ese motivo suficientemente sugerente. Según relata en el prólogo a su libro El Emperador, su encuentro con Etiopía se debió a su tarea de periodista. Un mes después de los primeros disparos revolucionarios llegó, en febrero de 1974, a la capital etiope, Addis Abeba. Su misión era cubrir los acontecimientos que vivía en esos momentos el país africano. En un principio la revuelta captó su atención, pero a medida que buscaba las causas de la agitación social, se percató de la existencia de lo que él mismo llama "uno de los mundos perdidos". Su interés por la revolución fue así anulándose, al mismo tiempo que aparecía, deslumbrante, la vida y el mundo monárquico del emperador Haile Selassie.

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