Hiroshima

En el verano de 1945, William Shawn, director ejecutivo de The New Yorker, habló con el reportero y colaborador de la revista, John Hersey, sobre la idea de publicar un relato que sirviera para ilustrar la dimensión humana de los efectos de la bomba atómica en Hiroshima. A Shawn le causaba estupor comprobar que «en todos los millones de palabras que se han escrito sobre la bomba estaba ignorándose lo que había ocurrido realmente en Hiroshima.
Meses después de su conversación con Shawn, pasó tres semanas en Japón, primero haciendo algunas entrevistas e indagaciones en Tokio, y viajando más tarde a Hiroshima para encontrar y entrevistar a una oficinista, Toshiko Sasaki, un médico, Masakazu Fuji; la viuda de un sastre, Hatsuyo Nakamura; un misionero alemán, un joven cirujano, y un pastor metodista. Cada uno contó la historia de sus experiencias, comenzando cuando los seis se levantaron aquella mañana, continuando con
los días posteriores y concluyendo con la situación de los seis supervivientes varios meses después.