Bélgica

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[editar] Pensando en Bélgica

Bélgica es una curiosa excepción en Europa. País antiguo y muy nuevo (la creación del estado data de 1830) tiene para los franceses la imagen de un país poco sofisticado y su población de rematadamente torpe. Y sin embargo resulta un país de éxito con una potencia económica de primer nivel y una sensibilidad en el cuidado de sus ciudades y de sus tradiciones exquisita. Bélgica resulta brillante a pesar de los franceses y del cielo tantas veces gris y lluvioso como corresponde al clima atlántico.

Pequeña y dividida, Bélgica es una especie de milagro que ha salido con buen pie de las crisis y contradicciones que la envuelven. Las comunidades flamenca y valona han estado a la greña de manera habitual. La una, de idioma neerlandés, más inclinada a Alemania y Holanda, o al mundo sajón por decirlo con más propiedad, y la otra más reconocida en la cultura de raíz francesa y con el francés como lengua.

País llano, de tradición comerciante y al mismo tiempo industriosa -sus textiles han sido famosos a lo largo del tiempo-, con excelente agricultura creó una sociedad próspera cuyo patrimonio brilla hoy en sus ciudades históricas. Y creó el cemento que la ha mantenido como sociedad unida y vital.

Bruselas, capital europea, joven y con un toque internacional como ninguna, Brujas, Gante, Amberes, Lieja... además de otras poblaciones mucho más pequeñas, crean un denso mosaico de ciudades llenas de atractivos y de un encanto muy particular. Ofrecen, cada una, motivos sobrados para visitarlas y para disfrutar de ellas.


[editar] Lección de geografía

La costa sobre el mar del Norte apenas tiene 65 km, y es recorrida por dunas que protegen de las mareas la llanura adyacente, situada bajo el nivel del mar. En esta zona la acción humana ha transformado el medio físico. Al igual que en los Países Bajos, se han realizado importantes obras hidráulicas para reforzar la protección natural que ofrecen las dunas, y se ha desecado la llanura con el propósito de ganar tierras aptas para el cultivo (pólders). Al sur de la llanura litoral se extiende la región de Flandes, una planicie de suelos altamente productivos y sometidos a explotación intensiva, por la cual discurre el río Escalda. El terreno se eleva más hacia el sur, y forma una meseta de unos 50 m de altitud media, jalonada por colinas cuya altitud no supera los 300 m. Al sur del eje formado por los ríos Mosela y Sambre se eleva la meseta hasta más de 200 m de media, para dejar paso al macizo de las Ardenas, la región boscosa y más accidentada del país (los 694 m de los Hautes Fagnes son la mayor altitud de esta región y del país en su conjunto).

El extremo meridional del país (provincia belga de Luxemburgo) rompe con el paisaje de las Ardenas, ya que se trata de una zona menos accidentada en la que predomina el suelo cultivado.

La red hidrográfica presenta dos cuencas principales: la del Escalda y la del Mosela. A través de la primera se drena el norte del país, por el que discurren los afluentes del Escalda (Schelde en holandés y Escaut en francés), que son el Lys, Dendre, Senne y Demer. El Mosela (Maas en holandés y Meuse en francés) y sus afluentes, entre los que destacan el Sambre, Semois, Lesse, Ouerthe y Ambleve, bañan el centro y sur. La ausencia de grandes desniveles a salvar y la regularidad de sus regímenes permiten la navegabilidad de los ríos belgas, que están unidos entre sí por canales.


[editar] La vegetación

Es abundante debido a la humedad del clima y la fertilidad del terreno, aunque la intensa acción del hombre en gran parte de la superficie ha sustituido la flora original por explotaciones agrícolas y ganaderas. En áreas no cultivadas (el altiplano de las Ardenas, fundamentalmente) predominan especies como la encina, roble y haya, que dejan paso en zonas más elevadas a coníferas como el abeto y el pino. En los últimos tiempos han aumentado las repoblaciones, gracias al abandono de explotaciones poco rentables, lo que ha permitido aumentar la superficie boscosa.


[editar] Clima

El clima es marítimo templado, con temperaturas moderadas durante todo el año y escasas oscilaciones térmicas. Estas características climáticas se deben a la ausencia de relieves, que favorece la acción de los vientos atlánticos. Hacia el interior aumenta la continentalidad, con máximas más altas en verano y mínimas más bajas en invierno, y con precipitaciones más abundantes. Las lluvias están bien repartidas a lo largo del año, aunque son más frecuentes en invierno.

Población. Bélgica tenía a finales de 1994 una población de más de 10 millones de habitantes y la densidad más alta del mundo (a excepción de los microestados). Desde el punto de vista étnico la población se divide en dos comunidades: la valona francófona y la flamenca neerlandófona. Y aunque el crecimiento es prácticamente nulo, esta última crece a mayor ritmo debido a que presenta una tasa de natalidad más alta, en lo que sin duda influye la mayor implantación de la doctrina católica.


[editar] Lengua

El neerlandés o flamenco y el francés son idiomas oficiales, aunque también se habla el alemán en la zona fronteriza con Alemania (hay aproximadamente 100.000 belgas germanoparlantes, cuyos derechos lingüísticos están garantizados). La Bélgica flamenca está formada por las provincias de Flandes Occidental, Flandes Oriental, Amberes y Limburgo, mientras que la valona la integran las provincias de Hainaut, Namur, Luxemburgo y Lieja. En la provincia de Brabante, que ocupa el centro del país, hay una porción meridional de habla francesa, mientras que el resto es de habla neerlandesa. El distrito de Bruselas es oficialmente bilingüe, aunque tan sólo un 15% de los habitantes de la capital hablan neerlandés (a pesar de ello, se encuentra rodeada por el Brabante neerlandófono).


[editar] Historia

Disuelto el Imperio Carolingio, surgieron durante la Edad Media en el territorio de la actual Bélgica una serie de pequeñas entidades políticas que consiguieron mantener su autonomía frente a los poderes de la época. Las ciudades de estos territorios (Condados de Flandes, Hainaut y Limburgo, Obispado de Lieja) lograron un gran desarrollo económico gracias a la actividad comercial y el establecimiento de una pujante industria textil. Los señores feudales se hicieron con el poder político y económico en estos territorios, que cayeron primero bajo el dominio de Borgoña y posteriormente pasaron a formar parte del Imperio español.

La Reforma protestante fue duramente combatida por las tropas de Felipe II, que se enfrentó a las provincias calvinistas del norte del país, (Provincias Unidas, que componían lo que hoy es Holanda) las cuales consiguieron la independencia de los actuales Países Bajos. El sur, de mayoría católica, permaneció bajo dominio español y fue escenario durante el XVII de las luchas entre los Austria y los Habsburgo. En 1713, el Tratado de Utrecht determinó el paso de los Países Bajos sureños de la Corona de España a la de Austria.

Tras la Revolución Francesa el país fue anexionado por Francia y, después de la derrota de Napoleón, el Congreso de Viena (1815) reconoció la independencia del reino de los Países Bajos. En 1830 una rebelión condujo al total reconocimiento internacional de la soberanía belga, que resultó plasmada en la Constitución de 1831. A partir de entonces el país experimentó un gran auge industrial, que lo convirtió, a pesar de su tamaño y de su juventud como estado independiente, en una potencia europea.

En la época colonial y bajo el mandato de Leopoldo II, Bélgica se lanzó a la conquista del Congo, que pasaría a ser propiedad privada del rey y luego colonia de Bélgica con el nombre de Congo Belga (actual Zaire).

La Primera Guerra Mundial trajo consigo la ocupación alemana, lo que también sucedió durante la Segunda, al término de la cual se creó la comunidad del Benelux (formada por Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo). Y se designó a Bruselas como sede de las instituciones de la incipiente Unión Europea.

En 1960 se produjo la independencia del Congo Belga, y tres décadas más tarde, vista la compleja integración de las regiones flamencas y de las valonas, se puso en marcha el proceso encaminado a transformar Bélgica en un Estado federal, lo que finalmente sucedió en 1993. Ese mismo año murió el rey Balduino I, que fue sustituido por Alberto II.


[editar] Gastronomía

Los mejillones son, más que uno de los platos nacionales belgas, 'el' plato belga por excelencia. Además, en Bélgica siempre se encuentra pescado y marisco frescos procedentes del Mar del Norte. Entre los platos tradicionales, se encuentran las croquetas de gambas o los platos preparados con cangrejos o langostinos. Las especialidades caseras dependerán de la estación en que se visite el país. Los productos que decoran los escaparates de las pastelerías son llamativamente tentadores, tanto por sus tartas de frutas como por sus inolvidables chocolates y sus envoltorios y presentación de diseño. La cerveza es la bebida por excelencia; aventurarse con cualquiera de las 300 marcas nacionales es un buen comienzo para descubrir por qué es el acompañamiento perfecto de la comida belga.


[editar] Compras

Siguiendo con una larga y dilatada historia comercial, Bélgica ofrece al visitante de todo un poco, aunque los precios no sean precisamente bajos. Los encajes, las antigüedades, el chocolate y las piedras preciosas conforman una oferta variada, capaz de satisfacer los gustos más dispares.


[editar] Qué ver


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