Funchal

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La capital de Madeira es una pequeña ciudad con cerca de ciento veinte mil habitantes, que se extiende por las laderas de un anfiteatro montañoso a orillas de una bonita bahía atlántica. Son estas montañas las que protegen la ciudad del viento de nordeste, y la transforman en el lugar más cálido de la isla.

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Fundada por João Gonçalves Zarco en 1425, recibió el rango de ciudad en 1508 siendo la primera ciudad que los europeos fundaron fuera del continente.

Su éxito como puerto mercantil y el prodigioso comercio del vino de Madeira proporcionaron a la ciudad un temprano esplendor. Edificios públicos y religiosos, monumentos y palacetes, testimonian aún aquella época.

Para entender la fusión de estilos manuelino y victoriano de estos edificios, debemos entender que además de los portugueses, los ingleses instalaron aquí una importante colonia. Cuando Napoleón invadió Portugal en 1807 y obligó al rey portugués D. Juan VI a huir a Brasil, fueron las fuerzas inglesas las que se instalaron en Madeira para proteger la isla de posibles invasiones francesas.

Desde entonces la comunidad británica ha tenido un importante papel económico y cultural en la isla. Funchal ha hecho suyo, incluso, algunos de sus costumbres, como las salas de té.


[editar] Para conocer el centro histórico

Proponemos empezar un paseo por la ciudad al este del centro histórico, tomando como punto de partida el antiguo Forte de Sao Thiago, que ahora alberga el Museo de Arte Contemporánea. Además de las salas del museo, se puede caminar por los baluartes y los muros del fuerte, bajar a la antigua prisión o tomar algo en su agradable restaurante elevado sobre el mar, con unas impresionantes vistas del Atlántico.

Desde aquí, tomaremos la Rua Santa Maria hacia la izquierda para adentrarnos en la “Zona Velha” (=zona vieja). Si las terrazas de los restaurantes vecinos nos lo permiten, vale la pena echar un vistazo al pórtico gótico de la Capilla do Corpo Santo, es el original de una de los primeros templos que se construyeron en la ciudad.

Rua Santa Maria es la primera calle de Funchal. Sus adoquines están enmarcados por casas antiguas que nos dan idea del primer aspecto de la ciudad. Ésta y otras callecitas colindantes están repletas de restaurantes y en algún momento, o en varios, volveremos para probar la gastronomía local.

Calle del centro histórico
Mercado de Lavradores
Orquestrofone en la Quinta das Cruzes

Terminada la calle, giramos a la derecha para dirigirnos a uno de los puntos imperdibles de Funchal, el Mercado de Lavradores. Un bullicioso mercado donde agricultores de toda la isla venden sus productos. Aquí podremos tener una idea de la impresionante variedad de frutas que encontramos en Madeira y resistirse a comprar un par de ellas es casi imposible. Los vendedores de flores en el mercado aún visten los atuendos tradicionales, que ayuden a crear un ambiente encantador. Si alguno es madrugador, resulta curioso venir a asistir la negociación del pesado en la Lonja que se sitúa en sótano, eso sí, el olor no es tan agradable cuanto arriba.

Si nos apetece un tentempié, en el mismo Mercado está el conocido Café da Ciça, donde dicen se come el mejor pan de ajo de la ciudad.

Cruzamos los dos canales por la moderna (y de gusto dudoso) calle de Fernão Ornellas para llegar al barrio más monumental de la ciudad. Es aquí donde se concentran las calles por las que tendremos que dar vueltas para visitar los monumentos y museos más atractivos de la ciudad.

Primera parada, obligatoria, la Catedral da Sé. El sobrio exterior contrasta con los ricos techos de madera entrelazada inspirados en la geometría morisca, o con la suntuosidad de la sillería del coro, que llama la atención por su fondo azul sobre el que destacan tallas doradas de santos y profetas. Consagrada en 1514, es una de las joyas de la isla.

Siguiendo huellas religiosas, muy cerca de la catedral se encuentra el Museo de Arte Sacro, conocido por su amplia colección de pintura flamenca. Gran parte de estos cuadros se recibieron como pago por la venta de azúcar, lo que demuestra la importancia del producto para la isla.

Desde aquí, un breve paseo por la Rua da Carreira nos hará llegar al curioso Photographia – Museu Vicentes. Vicente Gomes da Silva fue el primero de cuatro generaciones de fotógrafos de la misma familia que retrataron la vida en Madeira. La residencia y el estudio de fotografía componen un museo que custodia imágenes en blanco y negro que fácilmente nos llevan a imaginar la vida en isla a través de los dos últimos siglos.

No muy lejos de aquí, encontramos Adegas San Francisco, una de las bodegas más conocidas de la isla y en la que podremos conocer la elaboración y la historia del famoso vino isleño de denominación propia. En el claustro del antiguo monasterio franciscano, que también alberga la bodega, se encuentra un agradable café donde podremos reponer las fuerzas para subir el trayecto de Funchal que nos queda.

Subiendo la calçada Santa Clara, llegamos al convento de mismo nombre. Un bonito ejemplo del barroco isleño y donde está enterrado el descubridor de la isla.

Por último, llegamos al Museu Quinta das Cruzes que se compone de una lujosa mansión, una capilla, una casita de verano y un parque ajardinado, y es buen ejemplo de las quintas que ocupan la isla. Dentro del parque de la quinta encontraremos un orquestrofone – instrumento musical de origen francés, cubierto por una enorme estructura de madera de talles neobarrocos. Adquirido por un vizconde madeirense en la Exposición Universal de París en 1900, el instrumento cumple aún su función y llega de música las tardes en los jardines de la Quinta das Cruzes.


[editar] Jardín Botánico

Por recoger casi tres mil plantas exóticas de todos los rincones del planeta, traídas hasta aquí por navegantes ingleses y portugueses; o por reunir toda la exuberancia natural de Madeira (son más de doscientas las especies autóctonas presentes), el Jardín Botánico de Funchal es uno de los atractivos más llamativos de la isla. Aunque no seamos amantes de la botánica, un paseo por estos jardines se dice casi imprescindible.

Al subir el Camino do Meio en coche o en autobús, tendremos una pequeña muestra de lo que supone moverse por la escarpada isla: Algunas curvas parecen insuperables, de tan inclinadas.

Fundado en 1960, los ochenta mil metros cuadrados del Jardín Botánico ocupan los jardines de la Quinta del Buen Suceso, construida como residencia de la familia Reid (fundadora del famoso hotel Reid´s Palace), cuyo palacio se ha transformado en el Museo de Historia Natural.

Además de ser un oasis silencioso y tranquilo, desde los jardines también disfrutamos de una de las mejores vistas panorámicas de la ciudad de Funchal.

Desde la parte más alta del Jardín Botánico parte un antiguo teleférico que nos lleva hasta Monte, nuestra próxima parada en uno de los barrios más altos de la ciudad.


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Jardón Botánico de Madeira
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[editar] Monte

El núcleo de Monte se encuentra en la iglesia que da nombre al barrio, Nossa Senhora do Monte. Inaugurada en 1818, esta bonita iglesia barroca ha sustituido a una capilla de mismo nombre del siglo XV. Frente a las dos torres de su frontón, setenta y cuatro escalones separan la entrada de la Iglesia de la calle. El 15 de agosto, día de la Asunción, los fieles suben estos peldaños de rodillas como penitencia.

El 15 de agosto es el gran día de los madeirenses, la Festa de Nossa Señora do Monte tiene lugar en la plaza junto a la Iglesia, conocida como Largo da Fonte. Aquí llegaba el antiguo teleférico, cuya estación se ha convertido en un agradable café. Alrededor de la plaza y bajo la sombra de inmensos plátanos se montan tiendas de comida y artesanato, cuyo ambiente nos hace recordar las fiestas de los pueblos españoles de hace muchos años. Si coincide con las fiestas, es buena oportunidad para probar el bolo do caco (pan con mantequilla y ajo) o una buena espetada (carne asada en pinchos de madera).

Dar un paseo por Monte significa transportarse en el tiempo. Pasear por calles adoquinadas de aire romántico y sosegado con sus bellas quintas y jardines. Los más conocidos, el Jardín Tropical Monte Palacio y la Quinta do Monte.

Para volver al centro de Funchal, dos alternativas al coche: bajar en el teleférico o en los carros de cesto, curiosos vehículos tradicionales que se han convertido en atracción para turistas. Creados en el siglo XIX, eran usados por la alta sociedad que vivía en Monte para bajar rápidamente al centro. Antes tirados por bueyes, hoy son empujados por mozos con sombrero de paja y traje blanco, que conducen los “pasajeros” calle abajo en lo que podríamos definir como trineos de mimbre.


Iglesia Nossa Senhora do Monte
Fiestas de Monte
Carros de cesto


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