India

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[editar] La India, un país de extremos

India es, para todos los que la visitan, un país sorprendente y que despierta sensaciones intensas.

Para muchos India es un país cautivador, al que se va una vez y se regresa porque no hay otro lugar en el mundo parecido. Para otros, en cambio, India es un agobio, el escaparate de un desorden, de una aglomeración y de una pobreza que se rechaza instintivamente. ¿Dónde está la realidad? ¿Qué es lo que va a encontrar uno mismo cuando llegue a la India?

De entrada es verdad que la India es un país insólito y de una intensidad como hay pocos. No es un lugar de medias tintas. Y es insólito porque es muy distinto del mundo occidental en casi todo: lo es en la cultura, lo es en la religión, lo es en las costumbres, lo es en la cocina, lo es también en el vestir, lo es en la calle. Para acabarlo de poner en contexto, es además un país enorme.

La cultura india se funde en buena medida con la religión. Lo mismo podríamos decir de occidente o de los países musulmanes. Lo que ocurre es que quienes estamos acostumbrados a dioses únicos, vemos con mayor contraste la diferencia que nos separa de sociedades enormes que creen en infinidad de dioses y que expresan con exuberancia estas creencias.

Además, la cultura india es tan antigua como poderosa. Se ha construido desde tiempos antiquísimos y ha arraigado con fuerza en una sociedad que la refleja y que ha seguido un desarrollo muy distinto al nuestro. La supervivencia del sistema de castas, a pesar de la colonización inglesa y del avance del país a lo largo del siglo XX, es llamativa y muestra la solidez de las tradiciones nacidas muchos siglos atrás.

¿Qué significa todo ello? Significa que la India entra por todos los poros en el viajero. Es cualquier cosa menos 'light'. Y por eso puede generar reacciones extremas.

Dicho lo anterior, el éxito que tiene la India no es el resultado de un azar. El conjunto de sus peculiaridades lo hacen un país singularmente exótico. Todo llama la atención, empezando por la gente.


[editar] Historia

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Agra, Fuerte Rojo

Pocas historias vienen de tan lejos como la de la India. El 'mundo' de los indios de hoy procede de una literatura religiosa que ha formado parte de la educación en la escuela y en la familia, en forma de cuentos, de tradiciones o de enseñanzas hasta la actualidad. Los himnos de los vedas parece que fueron compuestos en el segundo milenio antes de Cristo. Mucho más modernas son las historias del Ramayana o del Mahabhárata que los niños conocen bien y que vienen del siglo III a.C. Esta literatura divulga creencias pero también la historia de familias, reinos y clanes que en tiempos remotos se asentaron en el norte y extendieron su poder hasta crear estados independientes y culturas importantes.

De esta época, del s.III a.C. procede el mítico Ashoka, que creó el primer gran imperio y que, según cuentan, sucumbió al influjo del primer budismo, atormentado por su propia crueldad. Convertido en hombre piadoso, extendió la nueva religión pero su imperio perdió fuerza y se disolvió en manos de sus sucesores. Sus símbolos -un capitel que soporta a tres leones- forman parte hoy de los símbolos de la República de la India.

Con el tiempo, otros grandes reinos situados al norte de la India fueron centros de poder y de prosperidad. La dinastía Gupta, en el s.III d.C. fue el origen de la llamada Edad de Oro, mientras en el sur florecían las culturas chola y nagara. Grandes avances en la cultura y el conocimiento -en las matemáticas y la astronomía, en la literatura y la filosofía- y en el dominio de la técnica crearon una época de esplendor de la que quedan testimonios rescatados por la arqueología.

La continuidad de la historia india sufrió el cataclismo de las invasiones que se originaron en el Asia Central. Gengis Khan, primero, y Tamerlán, después, desbordaron sus fronteras y arrasaron las tierras de Afganistán y del norte de la India. De la tormenta de las invasiones -entre los s.X y XII- emergió el sultanato de Delhi, cuyo dominio se extendió por el norte, y que acabó dando paso al imperio mogol.

Los mogoles eran descendientes de Tamerlán. Descendientes que la India cultivó y cautivó y que olvidaron pronto el rigor de la vida nómada por las estepas de Asia. La realidad es que las hordas de Tamerlán habían sido derrotadas por los uzbekos y flecos de sus ejércitos se colaron por entre las montañas de Hindukush y alcanzaron la India. Hechos para la guerra, derrotaron los reinos que encontraron y dominaron el territorio, pero fueron hábiles creando un nuevo estado y en poco tiempo se convirtieron en emperadores tan cultos y refinados como enérgicos.

De todos modos, fue una labor fácil. Hasta el s.XVI el emperador Babur no sometió definitivamente al sultanato de Delhi. Con doce mil hombres venció a más de cien mil adversarios en una batalla histórica. Luego, el manto de los emperadores mogoles se extendió hasta cubrir buena parte del territorio de la India de hoy y estimuló un desarrollo de las artes y de la cultura extraoridinario. Obras como el Taj Mahal o Fathepur Sikri muestran el poder y la sensibilidad de los mogoles.

El s.XVIII marca el declive del imperio. Las acometidas del imperio Maratha, que se fue consolidando en el sur, el acoso de los pashtunes en el norte y de los persas terminó con el dominio mogol. Los marathas extendieron su reino, pero fue disputado por el incipiente imperio sij y también por el reino de Delhi que no era más que el residuo el imperio mogol respaldado por la Compañía de las Indias Orientales.

Con los restos del imperio Mogol, los de la confederación Maratha y los de pequeños señores con una independencia más o menos precaria, Gran Bretaña ejerce su dominio a través de la Compañía de las Indias que defiende su posición con apoyo de Foreign Office y de un ejército propio que se impone a los poderes locales. Un ejército con mandos ingleses y tropa en buena parte india: los regimientos de cipayos.

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Jaipur, Fuerte Amber
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Nawalgarh, Dr. Ramnath a Podar haveli

En 1857 los cipayos se amotinan contra sus mandos ingleses. Agravios debidos a la discriminación, motivados por razones económicas también, por diferencias culturales y por el disgusto entre la población contra la Compañía extranjera originan una auténtica guerra que los ingleses tardan en sofocar un año, tras crueles enfrentamientos. Pero ponen de relieve la precariedad del control de la Gran Bretaña a través de una compañía teóricamente comercial. El dominio del sur de Asia está en juego y Inglaterra decide intervenir directamente colocando a la India bajo el paraguas de Imperio Británico como una colonia.

La aspiración a la independencia emerge en la India a finales del siglo XIX. Al frente de ella aparece, al inicio de los años 20 Gandhi que pone en marcha una ola de resistencia pacífica frente a Inglaterra y transforma el partido del Congreso Nacional Indio en un gran movimiento de masas. Pero habrá que esperar a 1947, tras la Segunda Guerra Mundial, para desligarse de la corona inglesa y alcanzar la independencia.

El nuevo estado nace, sin embargo, en medio de graves problemas. Los enfrentamientos entre musulmanes e hindúes han producido decenas de miles de muertos y los disturbios parecen irresolubles. Por ello, al mismo tiempo que se concede la independencia, en 1947, se produce la partición de la India en dos estados, la India, por un lado, de mayoría hindú, y Pakistán por otro, de mayoría musulmana. La partición, realizada en medio de sangrientas revueltas, supuso la emigración en condiciones traumáticas de millones de personas de un lado al otro de la frontera.

Apaciguado el conflicto, la tensión está lejos de desaparecer. Cuatro guerras con Pakistán han mantenido la vieja enemistad entre las dos comunidades que se centra, además, en el contencioso por Cachemira. Al noroeste de la India, la frontera del estado de Cachemira quedó sin acuerdo efectivo. De mayoría musulmana, la región permaneció en manos de la India y forma parte de una reclamación de Pakistán que genera una aguda tensión militar y que se complica con una reclamación añadida de los propios cachemires que exigen la secesión y la creación de un estado independiente.


[editar] Población y religión

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La población india se sitúa en torno a los 1.200 millones de habitantes. Sus características raciales y tribales hacen del país uno de los más complejos y variados del mundo. Aunque el hindi es el idioma oficial y teóricamente de uso en toda la India, la realidad es que la constitución da carácter oficial hasta a dieciocho lenguas que se hablan en numerosos estados y que se solapan -y a veces desbordan- al hindi.

Por lo que se refiere al hindi, es hablado como lengua más o menos materna por un tercio de la población, en el norte del país. Es lengua oficial al ser la más extendida y se usa en asuntos oficiales. En el sur se comprende más o menos bien, es decir: más bien mal, y el resultado es que no se utiliza apenas ni tiene ningún estatus especial.

En el norte, el assamés, el punjabí, el urdu -muy próximo al hindi- y el bengalí, todos ellos enraizados en el viejo sánscrito, están muy extendidos. Y en el sur los idiomas de orígenes drávidas, como el kannada, el telugu y el malayalam, derivados del tamil, añaden complejidad al mosaico lingüístico. Ni que decir tiene que estas lenguas minoritarias las hablan decenas de millones de personas.

Aparte de todo ello, el inglés es un segundo idioma, ampliamente extendido, que forma parte de la educación en todas las escuelas y que se pronuncia, a veces, de una manera bastante particular según las regiones.

La obediencia religiosa de la población está más concentrada que la lengua, aunque genera mayores conflictos. Más del 80% es hinduista, y entre un 13% y un 14% se define musulmana. La tensión entre ambas comunidades se explicita en atentados que con alguna regularidad se producen y que encienden los ánimos de revancha y en el crecimiento del partido nacionalista indio Baratiya Janata que promueve los principios y tradiciones hinduistas y el rechazo activo hacia la comunidad musulmana. La convivencia entre las dos comunidades, sin embargo, es larga, en la mayoría de situaciones es pacífica y no todo es la tensión que resulta noticia para los periódicos.

Los cristianos, concentrados muy especialmente en el sur, superan algo el 2% de la población, un poco por encima de los sij, que tienen más peso en el norte, y muy por encima de los budistas que no llegan al 1%.


[editar] Algunas nociones básicas

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Los dioses del panteón indio son tan numerosos y están rodeados de historias tan complejas que resultan casi incomprensibles para quienes vienen de otras culturas. Ocurre, además, que los dioses y diosas son contradictorios y a unas características que nos parecen virtudes se añaden otras menos bondadosas que parecen anular a las primeras y que confunden a quienes estamos acostumbrados a dioses o a santos hechos de una sola pieza.

¿Son ganas de complicar las cosas lo de crear un universo tan confuso? Seguramente no. La 'sabiduría' que nace de los antiguos textos religiosos es el resultado de una larguísima reflexión y posee una enorme profundidad. Parte del hecho de que la realidad misma es confusa. Sabe que la realidad en la que viven los hombres es engañosa y que nada es lo que parece. Por ello, la confusión aparente que suscita los elementos contradictorios de la 'personalidad' de cada dios muestra en realidad la imposibilidad de comprender desde el universo humano una realidad más elevada cuyos conceptos escapan a las limitaciones de la lógica del razonamiento.

Los dioses se comportan bien, pero pueden comportarse mal, sin perder por ello su divinidad ni poner en cuestión el orden de un universo que escapa a la razón de los hombres.

Álvaro Enterría ha escrito La India por dentro, un libro fundamental para entender la cultura india. Y ha participado en la edición en forma de cómic del Mahabhárata. De este último libro proceden las siguientes definiciones:

[editar] Dharma

Es lo que sostiene el orden cósmico, social y personal, la ley, la naturaleza del universo, la sociedad y el hombre. El dharma del hombre es así su naturaleza profunda, con la que éste debe intentar ponerse en armonía. Cumplir el propio dharma es pues comportarse de un modo tal que nos lleve a ser auténticamente nosotros mismos. Hay un dharma general de la humanidad y un dharma particular según la naturaleza de cada uno y su situación en la vida. No es igual el dharma de un brahmán, que deberá por ejemplo comportarse sin violencia, que el de un kshátriya, cuyo deber exige que luche para defender causas justas.

Los objetivos de la vida. Según la cultura clásica de la India existen cuatro objetivos: kama, artha, dharma y moksha.

Kama es la sarisfacción de los deseos legítimos, y cubre las acciones que se realizan simplemente porque son placenteras.

Artha engloba los bienes materiales y el poder, lo que podríamos llmar los 'medios' que el hombre necesita para llevar una vida digna en la tierra,

Dharma -la ética- ordena y equilibra a los otros tres objetivos de la vida, kama y artha y también moksha, el último y más grande de todos.

Moksha -la liberación- consiste en realizar la naturaleza espiritual del hombre; supone la liberación de todas la ataduras y limitaciones al alcanzar la identidad con el Espíritu supremo.


[editar] Los dioses y algún otro concepto

Brahmá. Dios creador, junto con Vishnu (preservador) y Shiva (destructor, regenerador)forma la trimurti ('tres formas' de Dios).

Brahmán. Miembro del primer varna o estamento en que está organizada la sociedad india tradicional. Su misión principal es el estudio de las escrituras saradas, el aprendizaje y la enseñanza, la realización de sacrificios y el resto de ceremonias religiosas.

Devi. La Diosa, forma femenina de la Divinidad, que se manifiesta como las distintas diosas.

Devas. Los devas, 'resplandecientes', o devis, diosas, representan las fuerzas divinas que tienen a su cargo diversas funciones cósmicas. Pueden ser innumerables o sólo uno, pues la divinidad suprema se manifiesta como muchos dioses.

Ganesh. Divinidad hindú, hujo de Shiva y Párvati. Tiene cabeza de elefante (que representa la sabiduría) y cuerpo humano. Es 'el que levanta los obstáculos', y se le invoca al principio de toda acción importante.

Gangá. Es una diosa que bajó a la tierra. Se manifiesta en el cielo como la Vía Láctea, en la tierra como el río Ganges y en los mundos infernales como el Ganges subrerráneo. Es la gracia divina en forma de agua y se considera que bañarse en sus aguas con fe purifica y limpia los pecados del devoto.

Indra. Una de las principales divinidades védicas, que posteriormente asumió un rol más apagado. Indra es el jefe de los devas y el más guerrero de los dioses, y controla el rayo y la lluvia.

Krishna -'el negro'-. Es considerado como una encarnación (avatar) de Vishnu o aspecto protector de Dios. Tras su nacimiento fue llevado a un pueblo de vaqueros para evitar que lo asesinara su cruel tío el resy Kamsa. Durante su infancia hizo muchos milagros a la vez que travesuras. En su adolescencia tuvo amoríos con las vaqueras que no podían resistir el sonido de su flauta, como alegoría del anhelo del alma humana por Dios.

Shiva. 'El benéfico, auspicioso', Shiva es el dios destructor y regenerador de la trimurti hindú.

Vishnu. Dios preservador de la creación. Se encarna repetidamente el la tierra para protegerla.


[editar] Las dos Indias

La superficie de la India -más de seis veces la de España- y su situación -entre el Himalaya y las aguas del trópico- dan a su geografía y a su clima una gran diversidad. En buena parte debido a ello y también a la historia entre el norte y el sur hay importantes diferencias.

El sur -ver India del Sur- es tropical y considerablemente llano. En el norte -ver India del Norte-en cambio, el relieve es más señalado, el contraste entre regiones desérticas y regiones verdes más abrupto, los paisajes más variados y la urbanización más intensa. La cultura y las manifestaciones religiosas son distintas también entre las poblaciones del norte y del sur. Y aunque las fronteras no sean claras, hay quien habla de dos países para señalar las diferencias que separan unas regiones de otras.



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