Irán

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Por el bazar de Isfahan
Los ayatolas: Jomeini y Jamenei


En pocos países se da un desajuste tan grande entre la imagen que se tiene de ellos y lo que son en realidad. Puestos en los ojos de un consumidor de telediarios o de periódicos del año 2010 cabría esperar de Irán un país crispado, radical, de uñas ante el extrajero inconfundiblemente occidental y, en definitiva, difícil para el viajero.

Nada más alejado de la realidad. A pesar de las declaraciones explosivas en tantos temas por altos representantes de la 'autoridad', la gente de la calle es extremadamente hospitalaria, comunicativa y amable. Ninguna sensación de rechazo o de acoso percibe el visitante cuando va por la calle, entra en el bazar o acude a una mezquita.

Es habitual que alguna persona se acerque y pregunte sobre el lugar de origen del viajero o sobre su opinión de lo que está viendo. Y es habitual que al cabo de un momento, se haya añadido algún amigo, la mujer, un hijo y algún curioso a la tertulia improvisada y termine todo en una sesión de fotos entre risas y saludos ceremoniosos.

Estos contactos amistosos nunca finalizan pidiendo dinero o favores. Al entrar en Irán el viajero debe dejar el temor que ha desarrollado en algunos países árabes de que van a pedirle alguna propina. Nada más alejado de la costumbre de los iraníes. Por supuesto, el mozo del hotel o el camarero de un restaurante esperarán una propina. Pero el chico que se acerca en el bazar es casi seguro que lo que desea es colmar su curiosidad hacia el viajero y comprobar si el inglés que domina es suficiente para una conversación.

Tampoco es habitual el regateo en las compras. Los precios son los que son. Sólo una anécdota: no llevando suficientes 'riales' unos compañeros de viaje debieron pagar en euros, que el tendero convirtió en 'riales' al cambio que consideró correcto. Al cabo de un tiempo el mismo tendero fue en busca de estos amigos porque había conseguido un cambio mejor del que pensaba. Debía devolverles el dinero que había ganado en el cambio y que resultaba de más.

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Contenido

[editar] Las mezquitas

Salvo contadísimas excepciones, cualquier extranjero puede entrar en ellas. Su ambiente en el interior es distendido y la atmósfera sosegada. Con mucha frecuencia se trata, además, de edificios monumentales de extraordinario valor.

A diferencia de lo que ocurre en las mezquitas de obediencia sunita, las chiitas no exigen al visitante -o a quienes acuden al rezo- descalzarse al entrar o hacer las conocidas abluciones. Es preceptivo quitarse los zapatos allí donde hay alfombras -lo mismo que se los quitan los iraníes al entrar en sus casas. Y desde luego, es de sentido común que tratándose de un lugar de oración, el visitante debe mantener una actitud discreta.

¿Fotografías? Por lo general pueden hacerse sin problema. Pero es cierto que determinados lugares de la mezquita, determinados momentos si es hora de rezos, o la impresión que puede dar el fotógrafo de convertir un lugar sagrado en un espectáculo para turistas pueden hacer inoportuna la toma de fotografías.

Risas en la mezquita
Dulces de bienvenida
Historia en piedra - Naqsh e Rustam
Shiraz, en homenaje al poeta Hafez
Torres del viento, en Yadz
La puerta al bazar, en Isfahán
En la calle
Jomeini y Jamenai, bondadosos guardianes de las esencias
Sólo mujeres

[editar] ¿Qué tiene Irán?

Que Irán no es un país cualquiera lo muestra el hecho de que sus héroes nacionales en lugar de ser aguerridos hombres de armas son dos poetas: Hafez y Sa'di cuyos mausoleos se veneran en Shiraz y cuyos versos conocen los iraníes y recitan de vez en cuando llenos de gozo.
Irán es, pues, un país distinto. Y puestos a mirarlo de esta forma, resulta que es distinto en muchas cosas.

Del presente al pasado, empezamos por que es una República Islámica. Sin entrar de momento en la conveniencia de que lo sea o no, lo cierto es que se trata de una particularidad única. En términos no políticos es un exotismo que no deja indiferente a ningún observador. Y considerando el interés que despierta el mundo musulmán, Irán ofrece muchos elementos para la reflexión y para la sorpresa.

Es un país moderno. Y ahí empieza el diálogo necesariamente contradictorio con el hecho de ser una República Islámica. La población es masivamente joven. Masivamente escolarizada también. Más de la mitad de los universitarios son mujeres. El aspecto de los chicos en las calles llama la atención por lo creativo de los cortes de pelo, por la estética de las camisetas y por lo ´sueltos´con que aparecen en público. Las chicas no se quedan atrás, aunque en lo que se refiere a ellas hay que 'leer entre líneas'. Las gafas son para ellas un elemento crucial del propio diseño, solo comparables a la modernidad de sus teléfonos móviles, que dejan a los que son habituales en España a un nivel de atraso lamentable. Gafas aparte, las mujeres buscan cualquier resquicio para enviar señales de que viven en el siglo XXI.

Siendo grande, Irán es muy variado. Generalmente, los viajes a Irán no duran muchos días y hay que ver los lugares más sobresalientes del país. Pero quien disponga de tiempo encontrará los escenarios más diversos. Hay desiertos y vergeles, hay mar en el golfo Pérsico, hay montañas elevadas, el clima subtropical del Caspio contrasta con la extrema aridez de muchas zonas del interior. Se conservan ciudades de adobe propias de ambientes secos, otras están bañadas por ríos y se despliegan entre árboles.

Es un país rico en monumentos y culturas. Desde las soberbias ruinas de Persépolis, hasta la actualidad, se conservan numerosas huellas del pasado en forma de templos, mausoleos, mezquitas, palacios, bazares, obras de ingeniería civil... de interés y de belleza extraordinarios. Un larguísimo recorrido por la historia tiene en Irán reflejo en espléndidos edificios y monumentos y en muchas de sus ciudades.


[editar] Un país rico

Irán es cualquier cosa menos un país del tercer mundo. Un chorro de dinero procedente del petróleo le ha permitido desarrollar numerosos proyectos. Su red de autopistas es extensa. Están perfectamente señalizadas en persa y en inglés. Las ciudades se ven cuidadas, con parques y zonas verdes bien atendidas, con instalaciones funcionando, con las calles limpias, con monumentos restaurados cuidadosamente y con gusto.
No todo es resultado del petróleo. Irán ha sido tradicionalmente un país de comerciantes, de artesanos, de industriales. Tiene una amplia capa de profesionales bien formada desde hace tiempo. Las mujeres -es verdad que en número pequeño- empezaron a ir a la universidad hace un varias generaciones. El padre del último shah se empeñó en modernizar el país y lo dotó de infrastructuras -ferrocarril, escuelas- muy importantes para la época. Un país que ha girado tradicionalmente en torno al 'bazar' es un país al que los resultados le importan, y el beneficio económico también.

Por supuesto, no todo son señales positivas. Un paro muy elevado, una importante tasa de inflación, una sociedad rural que vive en condiciones muy modestas, una seguridad social que solo cubre a una parte de la población y que tiene que apoyarse en poderosas sociedades caritativas tan en la tradición del comportamiento piadoso que predica el islam, son problemas que crean una fuerte insatisfacción, que están en la base del descontento hacia el gobierno y que los dólares procedentes del petróleo no alcanzan a resolver.


[editar] Un país cómodo para el viajero

El hecho de que el país funcione ayuda sin duda al viajero y le hace más fácil su estancia en él. Los servicios están normalmente bien atendidos, las personas de quienes dependen acostumbran a ser amables, las comunicaciones son cómodas.

Los hoteles son más que aceptables. A pesar de ello, la pérdida de buena parte del turismo extranjero derivada de la mala imagen internacional de Irán, ha supuesto un perjuicio que afecta a los hoteles y que los usuarios notan.

Los hoteles de categorías superiores suelen tener un buen nivel. Si son antiguos a veces sufren de un mantenimiento isuficiente, pero lo habitual es que alcancen el nivel que se espera de ellos.

A todo ello hay que añadir el buen trato de las personas y la amabilidad con que reciben al extranjero. La tranquilidad con que el visitante se desenvuelve en la calle o en cualquier lugar al que acuda hace especialmente grata la estancia.


[editar] El vestido y la decencia islámica

El vestido se ha convertido en el tema estelar cuando se habla de Irán. Y es una preocupación para los viajeros. Hay que empezar diciendo que no es ni mucho menos para tanto, y que el rigor de hace unos años se ha ido suavizando.

A una mentalidad occidental, sin duda le suscita disgusto que el vestido sea una imposición y todavía más si afecta, sobre todo a las mujeres. Pero en Irán el tema no está en discusión: figura en la Constitución que esa decencia islámica debe respetarse y en consecuencia afecta por igual a nacionales y a extranjeros.

¿Dónde rige? En cualquier espacio público. Y ello significa desde la puerta de la habitación del hotel. En el hall, en un restaurante y, por supuesto, en la calle debe uno vestirse como Dios manda.

¿En qué consiste el vestido? Los hombres llevan ventaja. Pueden vestir casi de cualquier manera, siempre y cuando se lleven pantalones largos -los shorts no están bien vistos. Una camiseta de manga corta, una camisa que no hace falta abotonar hasta arriba... entran en lo que se entiende un vestido adecuado.

Las mujeres, en cambio, están sujetas a más restricciones. Un pañuelo debe cubrir la cabeza. Puede ser un poco transparente, puede dejar a la vista el flequillo, se puede llevar suelto y un poco atrás... pero debe haber pañuelo en cualquier caso. Los tobillos es lo más que puede enseñarse. En consecuencia, lo mejor es llevar pantalones. Unos vaqueros resuelven el problema prefectamente. Y para la parte de arriba, un blusón un poco largo, un vestido suelto por encima de los pantalones, un chaquetón ... valen de sobra. Eso sí, está mal visto enseñar el escote, por tanto, una camiseta o cualquier cosa que se abotone es necesario.

Conviene advertir que las turistas amenudo interpretan lo del vestido de forma bastante creativa y que las iraníes hacen risas de ello. Unos pocos días en Irán son suficientes para adaptarse a la tónica del lugar.

Y es un secreto a voces que, aunque las iraníes cumplen más o menos escrupulosamente con la ley -la mujer no debe pintarse y es difícil encontrar a una que no lo haga- sólo subirse al avión de salida del país, abandonan pañuelo, blusón y botones hasta el cuello para vestirse como cualquier mujer de cualquier país.


[editar] La seguridad

La imagen arisca de Irán no tiene nada que ver con lo que el viajero encuentra en la calle. En ningún momento el viajero percibe sensación de peligro o inseguridad, ya sea caminando por Teherán o por cualquier pueblo.

Es verdad, que en el bazar de las grandes ciudades se recomienda llevar cuidado con el bolso, pero la impresión es que incluso en estos lugares el riesgo es mínimo.
Se puede circular por la calle sin problema alguno, ni por parte de los viandantes ni por parte de los guardias.

Eso sí, como esa misma seguridad le preocupa al gobierno iraní, que la siente amenazada, hay que llevar cuidado con no fotografiar edificios oficiales, instalaciones de la policía o del ejército.

Sólo en algunas regiones poco visitadas y próximas a las fronteras se han registrado problemas aislados que han afectado a turistas.


[editar] Cuándo ir

Irán tiene regiones (el Caspio, el Golfo Pérsico) de clima subtropìcal. Otras como Teherán al pie de altas montañas llegan a ser muy frías en invierno. Y otras, de perfil árido, son muy calurosas en verano.

El clima condiciona las épocas ideales para el viaje. Si se puede elegir, la primavera -Semana Santa- y el otoño son las mejores estaciones para viajar en lo que a temperatura se refiere.

El 'Norús' es el año nuevo del calendario persa. Coincide con el 21 de marzo y las celebraciones se alargan hasta dos semanas. Las escuelas cierran, muchos funcionarios toman vacaciones y muchas empresas dan también fiesta a sus empleados. En estos días el turismo interior está en pleno auge. Las familias van a sus pueblos de origen, los que trabajan en el extranjero regresan a sus casas... El viajero que visita Irán en Norús ve un país en fiestas, distinto del habitual. Encontrará Teherán medio vacío. Y puede hallar muchas más dificultades de las propias de otras épocas en las reservas de vuelos y de hoteles.


[editar] A dónde ir

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[editar] Algo que leer

A título de sugerencia, algunos [libros] entre muchos otros.


[editar] No olvidarse de llevar en la maleta

Irán es un país de temperaturas extremas. En Teherán puede hacer un frío intenso en invierno y un calor fuerte en verano. En las tierras secas del interior puede asimismo refrescar por las noches. Conviene pues llevar algo de abrigo ligero como previsión incluso en épocas de buen tiempo.

Gafas de sol y gorro son casi imprecindibles. Algún kleenex para llevar en el bolso o la mochila para los cuartos de baño fuera de los hoteles será de ayuda.


[editar] Sugerencias de viajes

Un viaje por los lugares imprecindibles: Persia eterna

Llegar a la ciudad santa de Mashad: Iran, caminos de historia

Quienes dispongan de más tiempo...: Tierras de Irán y el Mar Caspio



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