Lituania

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Lituania es la mayor de las tres repúblicas bálticas. Tiene una superficie de 65.300 km2 y una población de 3,3 millones de habitantes.

Ver Repúblicas Bálticas

Contenido

[editar] Vilnius

Vilnius

Es la capital de Lituania, con algo más de medio millón de habitantes. Se halla a orillas de dos ríos: el Neris, relativamente caudaloso que bordea el casco antiguo por el norte y el río Vilnia, más pequeño, que discurre por el este, en el límite también de la ciudad antigua.

Lo habitual es que el visitante se mueva en el entorno de esta ciudad antigua, de dimensiones humanas, declarada Patrimonio de la Humanidad, y que permite llegar a casi cualquier punto caminando.

La vieja ciudad de Vilnius encanta a cualquiera que se pierde por ella. Con rasgos polacos, por la relación que tuvo con el país vecino, y católica, frente a un entorno ortodoxo y luterano, es una joya del barroco centroeuropeo. Multitud de iglesias alzan sus campanarios al cielo y conservan en su interior el lenguaje ampuloso que brilló en la contrarreforma.

Calles estrechas, empedradas algunas, peatonales otras, están bordeadas de bellos edificios cuidadosamente restaurados y en verano de terrazas de cafés y restaurantes que dan a la capital su aire más alegre y acogedor.

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La calle Pilies

Es probablemente la mejor de las alternativas para entrar en contacto con la ciudad. Hay muchos otros lugares, pero Pilies gatvé es como la espina dorsal del centro histórico de Vilnius y recorrerla de arriba a abajo sirve para tomarle el pulso a la ciudad y para orientarse en ella. En realidad, Pilies es como se llama el primer tramo de la calle, que continúa hacia el sur y cambia de nombre para llamarse primero Didžioji gatvė y un poco más adelante Aušros gatvė. En total, su longitud no alcanza un kilómetro e invita a pasear y a detenerse una y otra vez.

En un ambiente animado, las tiendas de recuerdos -el jade en todas sus formas y variedades es el rey-, terrazas de cafés y restaurantes, casas burguesas de estilo centroeuropeo, edificios históricos e iglesias la bordean y hacen de ella un recorrido de lo más agradable.

Pilius Gatve
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Pilius Gatve
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Hotel Astoria
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Hay mucho donde entretenerse pero no debiera faltar una parada en la iglesia de San Casimiro, el patrón de la ciudad, con su poderosa fachada y el interior barroco. Tampoco hay que perderse, en el mismo lado de la calle -atravesando un portal que da paso a un pequeño parque- la catedral ortodoxa del Espíritu Santo, con su interior magnífico y un altar mayor pintado de un llamativo color verde que contrasta con los dorados y la abigarrada decoración del entorno.

San Casimiro
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Catedral ortodoxa
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Catedral ortodoxa
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Casi enfrente, otro portal conocido como las puertas basilianas, menos aireado que el que lleva a la catedral aunque mucho más elegante, conduce a un pequeño callejón que lleva a la iglesia de la Santísima Trinidad. El interior del templo, mucho más destartalado que el de cualquier otra iglesia, anuncia que se trata de algo especial. Pertenece a la iglesia Uniata, la heredera de una escisión de la iglesia ortodoxa que al final del s.XVI regresó a la obediencia de Roma y forma parte de la comunidad católica a pesar de conservar sus ritos y tradiciones.

Puertas basilianas
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iglesia de la Santísima Trinidad
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iglesia de la Santísima Trinidad
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Un poco más adelante y de nuevo al otro lado de la calle -el lado donde están San Casimiro y la catedral ortodoxa- merece la pena detenerse en la iglesia de Santa Teresa, barroca una vez más y con frescos de la vida de la santa. Pero nada despierta tanto fervor, religioso y turístico, como la Puerta del Alba o de la Aurora, que cierra la calle. Se trata de una puerta de la vieja salida de la ciudad, realzada con una fachada clásica -columnas, frontón...- donde se aloja un oratorio. Hay que subir a él y acercarse a la imagen pintada de la virgen, cubierta de plata al estilo de los iconos rusos, donde se encuentran también numerosos exvotos y siempre un buen número de fieles rezando.

iglesia de Sta. Teresa
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iglesia de Sta. Teresa
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iglesia de Sta. Teresa
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Puerta del Alba
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Puerta del Alba
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Puerta del Alba
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Catedral y Castillo de Gediminas

Un gran espacio abierto, formando una enorme plaza, bordea la catedral. En medio de tanto barroco resulta sorprendente un majestuoso edificio clásico, con una fachada blanca, solemne y de grandes dimensiones sostenida sobre elevadas columnas. En el interior, de un blanco impoluto, hay que visitar la capilla de San Casimiro, decorada con mármoles de colores y granito y con estatuas de estuco en homenaje al santo patrón de Lituania.

Junto a la catedral, aunque separado de ella, se alza el campanario. Claramente, se trata de un edificio de otra época y estilo. De planta circular en la parte baja, formaba parte de las defensas de la muralla, que desapareció. La parte alta es accesible y disfruta de una magnífica vista.

Catedral católica
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Catedral católica
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Catedral católica
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A espaldas de la catedral, en un espacio arbolado, se eleva una colina a cuya cumbre se accede por un camino en pendiente. En lo alto -accesible también por un pequeño funicular que asciende por la parte de la colina a orillas del río Neris- se eleva la torre del castillo de Gediminas. Un museo histórico guarda objetos relacionados con el lugar, pero lo importante es la vista incomparable que se extiende sobre la ciudad.

Torre de Gediminas
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Vista desde la Torre de Gediminas
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Otros lugares que no hay que perderse

Jardines Bernardinų. ¿Descansar de la ciudad sin salir de ella?¿Tomar un refresco o una comida ligera en medio de un jardín? A cinco minutos de la catedral y sin necesidad de subir ninguna cuesta, al pie de la colina de Gediminas y bordeados por el río Vilnia están estos agradables jardines, verdes y bien cuidados donde los lugareños acuden a pasar el rato y los visitantes tendrán ocasión de reencontrarse con la naturaleza.

Iglesia de Santa Ana. Dicen que cuenta con la fachada más bella de las iglesias de Vilnius. Es una afirmación discutible, pero sí cuenta con una fachada muy singular, porque es gótica en medio de tanto barroco, y además es de ladrillo, de un llamativo color marrón, y de formas muy historiadas.

Santa Ana está casi siempre cerrada. Pero como compensación podrá visitarse la iglesia de San Bernardinų, pegada a ella, con una fachada también llamativa y un interior que mezcla escultura en madera y piedra, además de pintura envuelto todo ello en el blanco radiante de las paredes.

iglesia de Santa Ana
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Santa Ana y San Bernardinų
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iglesia de la Santísima Trinidad
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Literatų Gatvé. La calle de la literatura, estrecha y poco transitada, es una pequeña curiosidad. Un tramo de ella se ha convertido en una pequeña galería de arte, dedicada a los escritores que han tenido alguna relación con la ciudad. En sus paredes se han dispuesto numerosas obras de artistas locales en formato reducido que componen una especie de mosaico imaginativo, sorprendente y muy entretenido de ver.

Calle de los Literatos
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Calle de los Literatos
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Calle de los Literatos
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Otras calles. Lo dicho hasta ahora -excepto la catedral- estaba al este de Pilies gatvé. En el lado oeste hay otras calles que convendría no perderse.

Una de ellas es la Avenida Gedimino -Gedimino prospektas- que arranca en línea recta frente a la fachada de la catedral. Es la gran avenida de corte centroeuropeo de finales del XIX y principios del XX, propia de una capital comercial y próspera. Está bien pasear por ella para conocer una parte de la ciudad más moderna, fuera de las viejas murallas. Y luego doblar por Vilniaus gatvé para recorrer otra calle animada y regresar al corazón de la ciudad antigua.

Gedimino prospectas
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Vilniaus gatvé
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Vilniaus gatvé
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La Universidad. Universiteto gatvé es otra de las calles clásicas, estrecha y con el sabor a épocas pasadas. Anuncia la Universidad que instituyeron los jesuitas en el siglo XVI a modo de fortaleza para defender el mundo católico y hacer frente a la invasión luterana. Prestigiosa y orgullo para Vilnius ha mantenido su actividad docente hasta hoy. Numerosos patios ordenan el conjunto de edificios y merecen una visita. En especial, hay que señalar la iglesia de los santos Juan Evangelista y Juan Apóstol, de interior barroco como no podía ser menos.

Patio de la Universidad
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iglesia de los santos Juan Bautista y Juan evangelista
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iglesia de los santos Juan Bautista y Juan evangelista
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Iglesia de los Santos Pedro y Pablo.

No es que se encuentre fuera de la ciudad, pero está fuera de muchos de los mapas que los hoteles entregan a sus clientes. Si se decide ir a pie, hay que contar con que está a unos 20 minutos paseando por T. Kosciuškos gatvé que discurre casi en paralelo al río Neris. Por su localización a tras mano, es una iglesia poco visitada, pero si hubiera que elegir un templo que destaque sobre todos las demás por la brillantez de su barroco habría que señalar este sin duda. Aunque la fachada exterior parece poco inspirada, en el interior las bóvedas, los pilares que las sostienen, las capillas y altares, los techos... todo el conjunto es una fiesta de decoración con medallones, molduras, columnas salomónicas, santos y santas y profusión de ángeles en un anticipo de la gloria del reino de los cielos, hecho en estuco y aquí en la tierra.

iglesia de San Pedro y San Pablo
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iglesia de San Pedro y San Pablo
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iglesia de San Pedro y San Pablo
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[editar] Trakai

Puede visitarse Trakai como una excursión corta -de menos de medio día- desde Vilnius. La distancia entre ambas es pequeña -30 km- y la carretera agradable.

Por el paisaje, entre lagos, merecería ya la pena llegar a Trakai. Y por la imagen de su castillo convertida en reclamo turístico de Lituania entera la visita se hace inevitable. El entorno está protegido por un parque nacional que ha conservado el paisaje plácido y sereno, como de cuento.

El interés de Trakai está sobre todo en su castillo, situado en una isla minúscula, unida a tierra firme por una pasarela. El castillo lo construyó Gediminas en el s.XIV y en él se instaló la corte. Su diseño es complejo y reúne edificios y dependencias diversas que dan al conjunto una poderosa imagen de sabor medieval. Aunque lo que hoy se visita es el resultado de una cuidadosa reconstrucción que ha recuperado el castillo de los desperfectos que sufrió a lo largo del tiempo.

castillo de Gediminas
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castillo de Gediminas
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castillo de Gediminas
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[editar] Grutas

Probablemente nadie iría a Grutas -a unos 130 km al sur de Vilnius- si no fuera por un parque excepcional, que hubiera podido ser una extravagancia, pero que tiene el mayor interés. Se trata de un espacio al aire libre dedicado a la escultura que pobló aldeas y ciudades en la época comunista para expresar el respeto y reconocer la gloria de los líderes del pueblo.

La caída del comunismo y la independencia de Lituania se saldó con la retirada de esculturas y símbolos del régimen en calles, plazas y edificios oficiales. Abocados a su destrucción, a alguien se le ocurrió reunirlos y crear una especie de parque temático de la época soviética.

El parque de Grutas tiene una parte de eso, de parque temático, con un entorno de alambradas y de torres de observación, con algunas armas y vagones de tren y con un fondo musical que recuerdan lo más sórdido de los tiempos de la dominación socialista. Pero el verdadero interés está en la importante colección de escultura de calidad indudable que desde los años 40 hasta la 'liberación' produjeron los artistas lituanos. Bajo frondosos árboles y en medio de la naturaleza, réplicas a todos los tamaños de los líderes de la vanguardia del proletariado, de Lenin y de Marx y de los héroes locales de la revolución descansan como en vía muerta pero sin haber perdido un ápice de su compostura ni de la autoridad con la que los artistas de la época los representaron.

castillo de Gediminas
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castillo de Gediminas
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castillo de Gediminas
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[editar] Kaunas

La segunda ciudad por número de habitantes de Lituania tiene poco que ver con Vilnius. Es industrial, su centro histórico es mucho más pequeño y tiene todavía cierto aire soviético que le da una personalidad especial. No suele ocupar un lugar importante en el itinerario de los viajeros, aunque una parada en la ciudad va a merecer la pena tanto para ver sus monumentos y rincones más importantes como para conocer un ambiente distinto del de la capital.

Situada en la confluencia de los ríos Nemunas y Neris, ha sido la capital del país en momentos críticos cuando la ciudad sirvió de refugio al gobierno. La última vez fue en época tan reciente como 1920 con el país partido en dos, una ocupada por los rusos unas veces y los polacos otras y Kaunas en la zona libre con gobierno lituano.

La calle Vilniaus es la más típica de la ciudad, con sus casas coloreadas, su calzada sin coches y una viva animación a todas horas.

A su lado se levanta la Catedral, poco impresionante por fuera en lo que a decoración se refiere pero con un interior de arquitectura gótica y decoración barroca que compensa la sobriedad de los muros exteriores.

Muy cerca de la catedral está el Ayuntamiento, o lo que fue el ayuntamiento porque ahora contiene el museo de cerámica y se ha convertido en el lugar donde se celebran las bodas. Con elementos góticos, barrocos y neoclásicos fue en realidad reconstruido en los años 70 y por su aspecto, la gente lo ha bautizado como el Cisne Blanco.

Siempre en el mismo barrio y a poca distancia se encuentra Perkūno namas -la Casa del Rayo. Es un viejo y bello edificio comercial, de la época de la Hansa, construido en ladrillo y de factura gótica. Quienes conozcan la iglesia de Santa Ana en Vilnius seguro que la recordarán cuando vean este antiguo almacén.

Todavía en el barrio antiguo, en una colina que mira el encuentro entre los dos ríos que confluyen en la ciudad se halla el Castillo. Es el castillo construido en ladrillo más antiguo de Lituania. Se construyó en el s.XIII para detener las embestidas de los caballeros teutones que con el tiempo consiguieron tomarlo y destruirlo. Reconstruido porque conservaba un importante valor estratégico, fue perdiendo importancia y es hoy un agradable lugar donde descansar y admirar el entorno.

Quienes dispongan de un poco más de tiempo tendrán ocasión de visitar el Monasterio Pažaislis, situado a orillas del enorme pantano que bordea parte de la ciudad. Se trata de uno de los conjuntos arquitectónicos barrocos más importantes de Lituania. Lo construyeron artistas italianos en el siglo XVII y hoy, en los veranos, acoge un importante festival de música.

Perfil del casco histórico
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Vilaniaus gatvé
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Antiguo ayuntamiento
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Castillo de Kaunas
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Perkūno namas
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iglesia del Monasterio Pažaislis
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Alrededores.

Birštonas. 40 kilómetros al sur de Kaunas, a orillas del río Nemunas se encuentra un pequeño balneario, lleno, sin embargo de encanto. Todavía no es turístico aunque se han hecho obras de ajardinamiento importantes para recuperar el aspecto que tuvo en los tiempos en los que tomar aguas era un asunto de las familias pudientes. El ambiente es relajado, el entorno verde y aireado y el conjunto respira la atmósfera de de otra época.

Birštonas
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Birštonas
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Birštonas
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[editar] Klaipeda

Sin duda es una ciudad agradable, a pesar de no tener monumentos o lugares sobresalientes que visitar. Es un puerto importante y una población dinámica, con casas por lo general bajas, amplias zonas verdes y un centro despejado y animado que atraviesa el río Danes.

Junto al río, en lo que eran viejos almacenes, han abierto bares y restaurantes agradables en cuyas terrazas -por supuesto en verano- acostumbran a reunirse paseantes, visitantes y grupos de jóvenes.

Detrás de estos almacenes se despliega una pequeña retícula de calles, más estrechas que las del resto de la ciudad, que muestran como era la ciudad vieja. Un pequeño paseo por ellas dará ocasión de encontrar tiendas, pequeños restaurantes y rincones con un encanto especial. En la plaza del Teatro -en Teatro gatvé- el mismísimo Hitler se asomó al balcón del recinto dramático para anunciar la anexión de las tierras lituanas a Alemania.

Pero sobre todo Klaipeda es un final de etapa en el viaje y la base desde la que visitar la península de Curlandia. El ferry -hay que tomar el New Ferry cuando se pasa en coche- amarra al sur de la ciudad a unos 3 km del centro y hace la travesía en unos pocos minutos.

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[editar] Curlandia

Es una visita obligada cuando se llega a Klaipeda aunque la excursión no representa ninguna obligación sino todo lo contrario. Se trata de una estrecha lengua de tierra que se separa de la orilla y corta, como si fuera un dique, el mar dejando entre ella y tierra firme una enorme laguna. Un extremo de esta lengua de tierra está en Klaipeda y el otro en territorio ruso: en ese pequeño enclave aislado del resto de Rusia que se conoce como Kaliningrado.

Curlandia es en realidad una larguísima duna de aproximadamente 100 km, la mitad de los cuales corresponde a Lituania. Su anchura varía y presenta en la orilla abierta al Báltico un aspecto de arenal, con playas larguísimas batidas por el viento y por la orilla que mira a la laguna un aspecto más doméstico y grato, con un mar muy tranquilo, con árboles y con algunos pueblos de aspecto muy agradable rodeados de un paisaje verde.

La duna empezó a poblarse de vegetación en el siglo XVIII para intentar fijarla y detener su desplazamiento mar adentro. Desde entonces la plantación de árboles ha sido constante y hoy, una buena parte de ella está cubierta de bosque.

Una carretera la recorre de extremo a extremo. Dos pueblos llaman sobre todo la atención e invitan a detenerse. El primero que se encuentra es Juodkrantė, con un amplio paseo al borde del agua, casas de madera antiguas y un ambiente relajado.

El otro pueblo es Nida, a unos 30 kilómetros de Juodkrantė, también a orillas de la laguna, muy cerca ya de la divisoria con Kaliningrado, y más moderna y animada que Juodkrantė pero quizás con algo menos de encanto.

A lo largo de la duna hay senderos para recorrerla en bicicleta. Y ese, puede ser un magnífico plan a tener en cuenta. Llegados a Juodkrantė se pueden alquilar bicicletas en el mismo paseo frente a la laguna para hacer el recorrido hasta Nida y devolverlas allí. La fórmula está más que prevista lo mismo que el regreso al punto de origen donde se dejó el coche. Bien en autobús bien en ferry por la laguna puede efectuarse la vuelta después de haber hecho la ida sobre dos ruedas.

Juodkranté
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Playas del Báltico
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Nida
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[editar] Parque Nacional de Zemaitija

Jardín de Orvydas. Antes de entrar en el parque o a la salida del parque, dependiendo de la dirección que se siga, a poca distancia de Kretinga, está el Jardín de Orvydas. Aunque el nombre tiene algo de misterio, la realidad es que el 'jardín' es un despropósito y no merecería la pena mencionarlo si no fuera porque es un buen ejemplo del uso de la religión como arma de resistencia que tantas veces empleó Lituania. Y, además, hay que reconocer que es sorprendente.

Se trata de un espacio en plena naturaleza sembrado de esculturas -es un decir, porque en muy pocos casos se merecen este nombre- en una mezcla que está entre la locura y el fanatismo iluminado. Reina el desorden y el mal gusto conseguidos a base de piedras encadenadas, figuras incomprensibles, símbolos religiosos y cruces puestos con el propósito de señalar al comunismo como el origen de todos los males y como la amenaza que se cierne sobre el mundo. Para dejar las cosas claras, un tanque soviético arruinado se halla en el principio del recorrido por el jardín, que mas que jardín es una especie de pesadilla.

Detrás de todo ello, como promotores de la idea, se encontraban un albañil y su hijo, un monje franciscano, ambos fallecidos, que decidieron hacerle frente a Rusia por este procedimiento.

Jardín de Orvydas
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Jardín de Orvydas
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Jardín de Orvydas
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Parque Nacional de Zemaitija

Plateliai es la población desde la que mejor se accede al parque. Quizás la razón principal es que dispone de un Centro de Información donde orientarse y programar mejor la visita.

El parque posee lagos donde bañarse o navegar y una frondosa vegetación que hará las delicias de quienes quieran pasar un rato rodeados de verde. Pero posee también una atracción totalmente distinta: el Museo de la Guerra Fría.

El Museo de la Guerra Fría ocupa el espacio de lo que fue una base de misiles nucleares soviética que eligió la espesura del parque para instalarse en el mayor de los secretos. Hoy se ha despejado el terreno y se ha abierto a los visitantes. Lo que se visita es una parte menor del complejo subterráneo que fue desmantelado cuando los rusos se llevaron los misiles con el mismo sigilo con que se construyó.

Los enormes silos donde se alojaban las armas atómicas -que por cierto, apuntaban también a España- están ahora vacíos, lo mismo que la mayor parte de pasillos y salas de control. Y ello puede resultar decepcionante. Pero el vacío del material de guerra que desapareció lo llena un ambiente de incómoda irrealidad que seguramente no se puede encontrar en ningún otro sitio. Una buena colección de paneles explicativos y una audio-guía permiten entender lo que allí se cocía. Y permiten acercarse a una amenaza espeluznante a la que, por lo general, se tiene solo contacto a través de noticias lejanas de los periódicos.

Ver más en Merece el viaje

Base de misiles de Plokštine
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Base de misiles de Plokštine
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Base de misiles de Plokštine
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[editar] Colina de las Cruces

No hace falta decir que entre las señas de identidad del pueblo lituano la defensa de la religión católica ha ocupado un lugar principal. Y sus signos han servido para afirmarse como nación. La Colina de las Cruces nació para plantar cara al dominio de Rusia allá por el siglo XIV. Las revueltas crearon mártires y encendieron el fervor religioso que se expresó en este lugar a través de cruces. Desde entonces la colina se convirtió en lugar de peregrinación y de exaltación de los valores nacionales.

La época de dominación soviética, en lugar de apagarlo, avivó el incendio. Y cuantos más gestos hacían las autoridades para evitar la proliferación de cruces, más interés despertaba en la población el plantar cruces nuevas. El lugar fue arrasado, cercado, vigilado... pero las cruces volvieron a aparecer y siguen apareciendo hoy.

La vista de la colina no deja indiferente. A muchos les resultará inquietante por el exceso de desorden y de confusa religiosidad que respira. Miles de cruces grandes y pequeñas, viejas y nuevas se yerguen sin orden alguno, en una pura acumulación, como un gesto desbordante de exaltación mitad religiosa y mitad nacional y como un eco actual del rechazo a un yugo comunista que se hundió hace tiempo.

Colina de las Cruces
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Colina de las Cruces
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Colina de las Cruces
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