Nueva Zelanda

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Contenido

[editar] A modo de presentación

Escultura maorí
Playa en el Parque Abel Tasman
Glaciar Franz Josef
Fiordland

Las comparaciones son siempre inexactas pero, si hubiera que hacer una, podríamos decir que Nueva Zelanda es la Noruega del hemisferio sur.

No es exactamente así. Noruega alcanza al círculo polar y Nueva Zelanda queda lejos de él. Es decir, su clima, con ser frío en invierno, no es tan extremo. Pero, como el país nórdico, es un lugar tranquilo, amable, seguro, ordenado y se diría que feliz, con una naturaleza que podría ser la envidia de todo el planeta.


[editar] ¿Un viaje de cuántos días?

Para los europeos NZ está lejos. Rematadamente lejos si lo miramos en horas de avión y por ello mismo el viaje a NZ no es de los que pueda hacer uno todos los días. Puestos en harina, merece la pena darse el tiempo para ver lo máximo posible.

Además, NZ se compone de dos islas y recorrerlas lleva tiempo. La visita a NZ no es la visita a tres o cuatro grandes ciudades. La grandes ciudades, vistas con ojos europeos, no existen, como tampoco hay catedrales y esos grandes monumentos que se asocian a las capitales de los países que se acostumbran a visitar. NZ son pequeñas poblaciones, naturaleza y actividades en la naturaleza. Por ello hay que viajar despacio para gozar de lo que el país ofrece.

Un par de semanas es una buena medida para un viaje. Se puede acortar un poco -aunque es preferible no hacerlo- y se puede alargar un poco también con la seguridad de que hay materia de sobra para ello y que en ningún momento va a quedarse uno con la sensación de que le han sobrado días.


[editar] Para soprenderse

Nueva Zelanda da lugar a un tipo de viaje especial. Lo primero que hay que tener en cuenta es que el país está lleno de propuestas para actividades al aire libre. Muy dispersas, casi en todas partes hay pequeñas y no tan pequeñas empresas que ofrecen sus servicios para hacer caminatas, excursiones en barco, bajar a una cueva o subirse a un tren de una antigua mina o a un flamante helicóptero. Cualquiera que sea el lugar a donde se vaya el viajero encontrará un montón de folletos que le convencerán de que las actividades que ofrecen no son solo para turistas sino principalmente para los propios neozelandeses.

Y en esta misma línea de actividades al aire libre, el viajero se sorprenderá también de los cientos de kilómetros de senderos por los que andar en medio de la naturaleza en cualquier punto del país. No se trata de senderos más o menos arreglados. Se trata de una red de caminos perfectamente señalizada, con un suelo estabilizado, una pequeña cuneta para protegerlo de la lluvia, desagües, pasarelas cuando hace falta, escalones bien mantenidos... La ocasión de caminar es algo que ningún viajero debiera perderse porque las oportunidades son muchas -por caminos cortos o largos y muchas veces muy fáciles- y todas en lugares llenos de atractivo para dejarse envolver por una vegetación siempre extraordinaria.


[editar] Cómo viajar

Sin duda, y para aprovechar mejor el tiempo, lo ideal es disponer de un coche de alquiler. Es verdad que se conduce por la izquierda y esa es una pequeña barrera. Pero queda más que compensada por la libertad que concede al viajero y lo mucho que ayuda a administrar el tiempo como cada cual prefiera.

Las carreteras suelen ser estrechas pero excelentes en señalización y estado de conservación. Y además hay muy pocos coches, especialmente en la isla del sur, de manera que la comodidad del conductor está asegurada y los trayectos de aquí para allá son verdaderos paseos.

Dos cosas hay que tener en cuenta para este asunto de la conducción. La primera es que se precisa el carnet internacional de conducir. Hay que tenerlo en cuenta porque puede ser un problema tanto ante la policía -que es escasa- como ante las agencias de alquiler que lo piden casi siempre. La segunda es la conveniencia de llevar un GPS. Por supuesto que los mapas sirven y han servido toda la vida, pero disponer de un navegador ayudará considerablemente a encontrar los caminos y a localizar hoteles y demás puntos en el camino que se quieran visitar.


[editar] Cuándo viajar

Hay pocas dudas sobre la mejor época para el viaje. Si se puede, hay que elegir el verano austral. Noviembre y marzo son todavía meses en los que viajar es agradable, pero es cierto que la situación geográfica de NZ sitúa al país bajo la influencia del clima antártico y los meses de invierno son de frío intenso, especialmente en la isla del sur.


[editar] Geografía

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NZ se encuentra al sur y un poco al este de Australia. La componen dos grandes islas a las que se hace referencia siempre cuando se habla del país. Pero también comprende multitud de islas pequeñas entre las que sobresale la isla de Steward, al sur, y las islas Chatham, al este, con algo más de mil habitantes entre las dos.

Las islas Cook forman un estado libre asociado.

Sin afinar demasiado, la superficie de NZ es de 250.000 Km2, es decir, la mitad de la de España. Pero a diferencia de España, NZ tiene un perfil alargado de modo que la distancia del extremo norte al extremo sur es grande. En línea recta, de punta a punta hay casi 1.500 km y conduciendo la distancia alcanza casi los 2.000 km.

Cuentan que, como el resto de Oceanía, NZ se desgajó de lo que ahora es el continente africano y fue derivando hacia el este acercándose a América. Ello tuvo dos efectos. Uno tiene que ver con los animales y las plantas que quedaron es esta pequeña plataforma desgajada y aislada del exterior. Cuando llegaron los europeos prácticamente no encontraron mamíferos. El otro se relaciona con el choque con la placa continental americana que se produce bajo las aguas del Pacífico y que crea una larga línea de intensa actividad volcánica.

NZ tiene numerosos volcanes y en muchas de sus tierras bajas un relieve de pequeñas lomas que nacieron de la actividad tectónica. Tiene fumarolas, géiseres, aguas termales y demás fenómenos que se originan por la dinámica del subsuelo. Y tiene una cadena montañosa que recorre el occidente de la isla del sur, los Alpes Neozelandeses, que no es más que el pliegue generado por el cabalgamiento de las dos placas continentales en colisión y que como formación joven y todavía activa está en rápido crecimiento -medido en centenares de miles de años.

Debido a todo ello, las costas se han visto igualmente afectadas. De perfil recortado en muchas ocasiones, ofrecen todas las posibilidades para que la combinación de agua y de tierra cree un litoral lleno de atractivos. Y hablando de litoral y de agua hay que referirse a la región de los fiordos que ocupa la fachada sur oeste de la isla más meridional. En ella, las antiguas glaciaciones y los arrastres masivos de hielo y piedras erosionaron el suelo de forma dramática y lo convirtieron en una especie queso de gruyere. Lleno de desgarros y agujeros se abrió espacio, tierra adentro, a numerosos lagos y bolsas de agua que, en la costa, se convirtieron en profundos fiordos que dan carácter a toda la región.

Lago Wakatipu
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Glaciar Franz Josef
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Playa en Jackson Bay
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[editar] Población

Uno de los secretos de NZ es su escasa población. No alcanza los cinco millones de habitantes. Y de ellos, una cuarta parte vive en la ciudad de Auckland.

Se trata de una población joven y educada, formada por un 70% de blancos descendientes mayoritariamente de emigrantes ingleses e irlandeses aunque, en mucha menor medida, hay también hijos de emigrantes alemanes y holandeses.

Algo menos de un 15% lo compone la población maorí que llegó hará mil años de otras islas del Pacífico y que hoy forma parte, con un encaje sin particulares problemas, de la sociedad neozelandesa y mantiene dentro de ella su cultura y su idioma como parte del patrimonio nacional de manera plenamente reconocida.

Otras minorías mucho más pequeñas las forman los habitantes procedentes de otros lugares del Pacífico y del sur de Asia.

Helechos
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Doubtful Sound
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Rotorua
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[editar] Naturaleza

En NZ la naturaleza lo es todo. No es sólo que sea extraordinaria. Es que el deseo de su conservación anida en el ánimo de los neozelandeses que son en extremo rigurosos con el asunto y que saben que depende de ellos que ese patrimonio singular se mantenga en el tiempo. La propia naturaleza ha contribuido con lo suyo, pero las personas han sabido no mirar a otra parte y aceptar la responsabilidad de cuidarla al extremo.

Extraordinaria, más que espectacular, sería el calificativo. Y de una enorme belleza. A veces, NZ parece un jardín. Y si el término espectacular no conviene del todo a NZ no es porque le falten méritos. Es por sus dimensiones. Los paisajes en NZ son relativamente pequeños. El relieve de pequeñas montañas, valles, lomas, lagos y ríos da lugar a horizontes abarcables, la mayor parte de las veces cubiertos de verde. Pero en este caso nadie va a pensar que el tamaño importe. O si importa es para bien porque el viajero se siente a gusto dentro del paisaje y lo disfruta con comodidad, gozando de él tranquilamente.

Se dice que la isla de sur es la más llamativa. Lo son las dos aunque la del sur está menos poblada, es menos agrícola también, más montañosa y ocupada por una mayor masa de bosques. Los bosques son soberbios. Algunos, con apariencia de ´naturales´ están en realidad replantados, pero el clima es tan favorable que se desarrollan con gran frondosidad como si hubieran estado allí toda la vida. Una gran variedad de especies pueblan las superficies arboladas que, en las regiones más húmedas se cubren además de musgo y del líquenes. Pinos nórdicos y abetos, araucarias, hayas, secuoyas y muchas otras especies contribuyen a la densidad de los bosques y comparten el espacio con la especie nacional: los helechos. No se trata solamente de helechos grandes y saludables de las variedades más diversas. Se trata de espectaculares helechos arbóreos que parecen a veces palmeras y que crecen en multitud de lugares.

La fauna es, en cambio, reducida. No tanto las aves, que son numerosas, como los mamíferos de tierra. Algunos, como los conejos, se importaron de Europa y se convirtieron en una plaga que hubo que exterminar de mala manera. Algo parecido ocurrió con los ciervos, que igualmente se convirtieron en un problema por los destrozos que producían en los bosques. Bajo control, como ganado, las vacas, las ovejas, los caballos y también las alpacas, todos ellos traídos de fuera, son un importante elemento de riqueza.

Como animales con mayor raigambre sobresale en primer término el kiwi, una especie autóctona de costumbres nocturnas, aspecto de gallinácea y un delgado pico curvado, que se ha convertido en el simpático símbolo del país. Y en segundo término y con mucho menos glamour la zarigüeya, en realidad un marsupial introducido desde Australia a mediados del s. XIX, también nocturno, de aspecto parecido a una comadreja, con aires traviesos, con malas pulgas cuando se le acosa y considerado hoy una plaga.

En el mar, ballenas, delfines y focas pueden avistarse sobre todo en las aguas del sur.

Parque Nacional de Tongariro
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Paisaje de hayas en Fiordland
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Milford Sound
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[editar] Historia

Talla en madera maorí
Tejido maorí
Universidad de Auckland
La época colonial
El Auckland moderno

Los maories

Fueron los primeros pobladores de NZ. Llegaron desde otras islas de la Polinesia hará mil años, o tal vez menos, porque la fecha no se ha podido fijar con precisión. Y permanecieron sin grandes cambios hasta la llegada de los europeos. Bueno, cambios los hubo porque cultivaron las semillas que trajeron a las islas y se dedicaron a la caza de las grandes aves terrestres y de los mamíferos marinos que nunca habían visto a los hombres y no habían desarrollado el instinto de echar a correr cuando se acercaban.

A falta de mamíferos autóctonos, pronto la caza se agotó. Hubo un exterminio casi total de los animales grandes, alimentarse ya no fue fácil, la vida se hizo más complicada y las tensiones entre las diversas comunidades derivaron en conflictos. Empezaron las peleas y también la fortificación de los pueblos que antes no habían tenido necesidad de defenderse de nadie.

Los europeos

A la llegada de los europeos en 1642, los maoríes no conocían la escritura pero si el arte de la guerra, de modo que enseguida vieron con hostilidad la presencia de los barcos del holandés Abel Tasman y éste tuvo que abandonar la exploración para sobrevivir al ataque indígena. Muy malas debieron ser las noticias que Tasman difundió a su regreso a Europa porque a nadie se le ocurrió repetir la experiencia hasta 1769, cuando aparecieron una expedición francesa y otra inglesa, esta última capitaneada por el célebre James Cook.

Con sus más y sus menos, europeos y maoríes aprendieron a conocerse e iniciaron una relación de mutua confianza. A finales de siglo aunque no hay una población extranjera estable, se inicia la llegada de barcos balleneros y de cazadores de focas que se refugian en las bahías neozelandesas para descansar y para aprovisionarse de los suministros que ofrecen los maoríes. Hay que esperar hasta después de 1814 para que en tierra se instalen los primeros asentamientos con una pequeña población europea, norteamericana y maorí.

Pero la convivencia en las islas se resintió con ello. Algunos conflictos entre extranjeros y maoríes se produjeron, amortiguados quizás porque había ya una población mezclada y porque los balleneros deseaban una buena relación con la población local para hacer su trabajo. Pero quienes se vieron envueltos en graves hostilidades fueron los propios maoríes. La llegada de las armas de fuego envalentonó a los reinos del norte que primero las recibieron y que vieron la ocasión de vencer a sus enemigos del sur. Comenzaron así las llamadas Guerras de los Mosquetes que se prolongaron casi hasta 1840 con gran desgaste para la población autóctona.

Entre tanto, los europeos se habían afincado ya y reclamaban su propio gobierno. En 1840 su número era de unos dos mil, en 1850 superaban los 20.000 y en 1880 el medio millón. Como siempre, lo que estaba en juego era quién mandaba. Los británicos convencieron en 1840 a los jefes de las tribus maoríes para firmar un tratado que reconocía la autoridad inglesa y también la igualdad de derechos de los ciudadanos cualquiera que fuera su origen. Pero el problema surgió cuando los ingleses manifestaron que la autoridad y el gobierno eran la misma cosa y los maoríes sostuvieron que lo hablado se refería a una autoridad nominal de la monarquía inglesa, que el gobierno era otra cosa y que ellos debían disponer también de áreas de poder.

Los conflictos renacieron involucrando a ingleses, a maoríes 'amigos' de los ingleses y a maoríes rebeldes. Con el tiempo, la superioridad militar británica inclinó la balanza a su favor aunque los últimos rescoldos del conflicto no se apagaron hasta 1916.

La época moderna

Con todo, el país entero se había movido. Los gobernadores británicos fueron ganando autoridad convirtiéndose en una especie de jefes de estado y el gobierno central se fue imponiendo a los provinciales y a los de las tribus maoríes. En 1887 el parlamento crea un parque nacional -en ese momento sólo había tres en todo el mundo- sobre tierras que habían cedido los maoríes , en 1893 NZ se convierte en el primer país del mundo en dar el voto a la mujer, en 1898 se crea un sistema de pensiones y en las primeras décadas del siglo XX los gobiernos liberales consiguen implantar un avanzado estado del bienestar.

¿Todos felices? No, ni hablar. En paralelo a todos los avances, la vida siguió siendo extremadamente dura para los neozelandeses que se vieron abrumados por la llegada masiva de inmigrantes desde Inglaterra e Irlanda. La fiebre del oro que impulsó la economía la derrumbó también en poquísimo tiempo, la crisis de 1929 afectó al país de manera especialmente dura y las guerras mundiales también.

Como todos los países dependientes del Imperio Británico, los neozelandeses quisieron la máxima autonomía, pero lo cierto es que mantuvieron una vinculación con el Reino Unido singular. A pesar de la distancia, los barrios tradicionales, sus casas y sus parques mantuvieron una fidelidad al modelo inglés que ha permitido hablar de una 'recolonización'. Y no sólo eso, la participación del país en la guerra de los Boers y sobre todo en la primera y segunda guerras mundiales al lado de Inglaterra con un enorme contingente de soldados puso de relieve una 'conexión' con la metrópoli llamativamente intensa.

¿Y la independencia? A lo mejor el tener a Londres tan alejado hacía menos vivo el impulso por conseguirla. A lo mejor también, la autonomía de que gozaba su gobierno ponía al país en una posición cómoda bajo el paraguas inglés. Y también es verdad que el tamaño tan pequeño de la población en relación a la superficie del país hacía confortable la vida y pequeño el peso que suponía una metrópoli lejana se notaba poco ante las oportunidades que el país ofrecía. La cuestión es que NZ no adquirió el estatus de país independiente hasta 1947, dieciséis años después de Canadá y casi al mismo tiempo que la India y Palestina.


[editar] ¿Qué llevar en la maleta?

Tan importante como lo que hay que llevar es lo que no hay que llevar. Y lo que no hay que llevar es alimentos de ninguna clase, semillas, calzado que pueda llevarlas adheridas en las suelas... La prohibición no se anuncia como una amable sugerencia del gobierno. Es imperativa y se amenaza a quien la contravenga con sanciones que no son ninguna tontería.

Lo que sí hay que llevar depende del clima. Si se viaja en invierno, y además a la isla del sur, toda la protección contra el frío parece poca. Las temperaturas son severas.

En verano es imprescindible un sombrero. El sol pega fuerte y parece que el grosor de la capa de ozono no es suficiente para proteger la atmósfera. Por ello, crema solar y gafas de sol van a ser también necesarias.

En determinados lugares se aconseja llevar un repelente de mosquitos. No es que sean una plaga, pero muchos folletos señalan la conveniencia de contar con ellos.

Los enchufes eléctricos tienen las patillas alineadas oblicuamente. Hará falta un adaptador.

El viaje a NZ acostumbra a ser 'itinerante', es decir programado en etapas sucesivas. Para mantener la maleta en orden lo mejor será llevar bolsas con cierre de cremallera para camisas, para pantalones, para ropa interior... de modo que sacar lo de abajo no suponga desordenar todo lo de arriba.

Una chaqueta de abrigo un poco consistente hará falta si se visita el Franz Josef Glacier o se navega por los fiordos. También hará falta un impermeable que se pueda llevar en la mochila porque el tiempo suele ser muy variable y puede uno encontrarse con chaparrones inesperados.

Las camisas de tejido técnico y secado rápido se agradecerán y si además llevan un tratamiento de filtro de rayos solares, mejor que mejor.

Y, sin duda, hará falta zapatos cómodos para andar por los senderos.

Como siempre, habrá que pensar también en otros objetos que debieran estar presentes en cualquier maleta.

Parque Abel Tasman
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Lago Wakatipu
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Milford Sound
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[editar] Costumbres y Dinero

La moneda oficial de NZ es el dólar neozelandés, que cotiza parecido al dólar norteamericano. Pueden cambiarse euros en cualquier banco, pero pueden también sacarse dólares en los numerosos cajeros automáticos mediante tarjeta.

Las tarjetas son ampliamente aceptadas. Pero quienes cobran tienen el derecho a sumar a la cantidad cobrada el importe de la comisión que el emisor de la tarjeta les carga. No es raro que al total de la cuenta se le añada un pequeño porcentaje si el pago es con tarjeta.

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Al contrario de lo que ocurre en la mayoría de países, los neozelandeses no esperan una propina cuando ofrecen un servicio. Sin embargo, tampoco es raro que quien lo recibe recompense a quien se lo ha dado con una pequeña suma de dinero.


[editar] Algunos viajes

La visita a las dos islas es un viaje redondo que no va a defraudar. Aunque quien tenga algo más de tiempo puede combinarlo con una pequeña estancia en algún otro lugar y aprovechar así la ida hasta las antípodas. Las islas Cook, o Bora Bora o Sidney en Australia pueden ser un aliciente añadido que encaja bien en el viaje.

Ver los viajes


[editar] Qué ver


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