Perú

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[editar] Elegir Perú

Iglesia de Yanque
Vista de Machu Picchu
Cerámica mochica

Perú es un país con fuerte personalidad, con rasgos de carácter muy marcados que le dan un toque fuertemente exótico. Por ello, es también uno de los grandes destinos de América del Sur. Del tamaño de España, Francia y Alemania juntos, ofrece al viajero paisajes soberbios, monumentos de las civilizaciones precolombinas espectaculares, ciudades coloniales llenas de encanto, gentes acogedoras que conservan tradiciones y los signos de identidad de las viejas comunidades indígenas de las que proceden, una gastronomía magnífica...

Un viaje variado, lleno de sorpresas y emociones justifica la elección de Perú, asegura un recorrido por su geografía siempre interesante y, al final, el mejor de los recuerdos.

Un viaje cómodo. Es evidente que para quienes hablan español Perú pone las cosas fáciles. La lengua allana el camino y la gente, de natural amable, contribuye a hacer agradable la estancia y a simplificar las cosas. Además, Perú tiene una experiencia larga en recibir a viajeros de América del Norte, de Europa y, por supuesto, de España. Hay servicios para todos los gustos y niveles, bien rodados y eficaces. Y hay costumbre de tratar con los forasteros y una voluntad notable de que se sientan bien.

Una geografía muy variada. Una franja costera llana y en buena medida desértica, una zona de montaña de media altura donde se alojan ciudades llenas de historia, unas regiones altas donde el altiplano se convierte en puna, los picos de las montañas se cubren de nieve y el clima se hace riguroso para mostrar la fuerza de la cordillera de los Andes, y unas tierras bajas tropicales por las que se extiende la llanura amazónica crean escenarios por los que transcurre el viaje en medio de imágenes y de sensaciones siempre distintas.

Un pasado espectacular. Los restos de las culturas precolombinas tienen en Perú las muestras más brillantes. No hay que ser un especial amante de la cultura para disfrutar de ellas porque su monumentalidad, el misterio que las acompaña y el paisaje que las envuelve las convierten en sorprendentes y las hacen únicas. Pero no solo los incas, los mochicas o los chimúes llaman la atención. El Perú colonial tiene expresiones magníficas en ciudades, en edificios y en obras de arte que ofrecen al viajero trazas de una historia más reciente y ocasiones más que sobradas para disfrutar.

Las gentes. La población de Perú es una mezcla. Blancos-blancos e indios muy indios, conviven con una amplia población que resulta de la combinación de unos y otros en las más diversas proporciones. Por supuesto, los blancos acostumbran a vivir en las ciudades, y las comunidades indias, muy numerosas y diversas, dominan el medio rural. Estas últimas forman un mosaico lleno de colorido que compone el paisaje en el campo, en los mercados de los pueblos y en las ciudades a las que acuden desde las tierras de alrededor. Con sus atuendos tradicionales, los campesinos -que es como se designa a quienes mantienen su identidad ligada a las comunidades indígenas- forman parte de la riqueza de Perú y de su exotismo y permiten al viajero acercarse a mundos muy distintos de aquellos a los que está acostumbrado.

Un país moderno. Perú forma parte de los países exitosos de América Latina. No quiere ello decir que no tenga problemas. Los tiene y la división entre el mundo indígena, ligado a la tierra, y el urbano, orientado hacia una economía moderna, parece dibujar mundos opuestos y genera tensiones difíciles de manejar. Pero el caso es que por todas partes surge una población joven y educada, una clase media cada vez más extensa y profesionales más y más numerosos que han dado un cambio al aspecto del país. El viajero encontrará en Perú a gente preparada, instalaciones que funcionan adecuadamente y servicios, con los que satisfacer sus necesidades, que le harán sentirse cómodo y atendido.

Para todos los gustos. Los aficionados a la gastronomía sostienen que solo con la cocina queda justificado el viajar a Perú. A quienes gusta caminar, numerosos senderos -el famoso Camino del Inca que lleva a Machu Pichu, entre ellos- les darán la oportunidad de ejercitarse a gusto. La bicicleta para quienes prefieren las dos ruedas, el surf para los amantes de las olas o la exploración en el Amazonas para quienes apuestan por la naturaleza tropical dan color al viaje y permiten a cada cual encontrar en Perú el sabor de su aventura preferida.


[editar] Geografía mínima

Con cerca de 1.300.000 km2, Perú casi triplica la superficie de España. Al norte limita con Ecuador, con quien ha tenido desencuentros históricos importantes, y también con Colombia. Al este con Brasil y con Bolivia, con quien comparte el lago Titicaca. Y al sur con Chile, con quien tampoco ha tenido relaciones fáciles.

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Perú está recorrido de norte a sur por la cordillera de los Andes. Son las tierras de relieve intenso que forman en realidad un sistema de cadenas montañosas que discurren en paralelo, a veces, dejando valles entre ellas y formando agrupaciones que se conocen con distintos nombres. La Sierra Norte, la cordillera Blanca, un poco más al sur, o la escarpada cordillera Huayhuash componen secciones de esa espina dorsal que son los Andes, con picos siempre nevados, que superan los 6.000 m.

Los Andes dan lugar a espacios habitados a gran altura. El altiplano y la puna, con una elevación entre 3.500 y cerca de los 5.000 m, forman regiones de clima riguroso donde la agricultura se desarrolla pobremente y las condiciones de vida se hacen difíciles. Suelos yermos y pequeños rebaños de llamas y alpacas son las fuentes de la escasa riqueza que da vida a las comunidades instaladas en las tierras altas. Pero no todo es aridez porque las montañas dejan también en muchos lugares espacio a valles amplios con temperaturas más benignas, por los que corren los ríos y donde los cultivos muestran una tierra viva y una naturaleza fértil.

Los Andes forman en buena medida una barrera que separa la región costera que bordea el Pacífico de la llanura amazónica. Esta barrera tiene un efecto climático muy llamativo. Contiene las nubes que vienen del océano y origina en muchos lugares -en Lima, por ejemplo- cielos permanentemente cubiertos que sólo se despejan unos pocos días al año cuando llega el verano.

Con nubes casi siempre, ¿quiere ello decir que la costa es un vergel? Todo lo contrario. Resulta que es un desierto, un desierto duro, de tierra las más de las veces, que corre a lo largo del litoral, pero en ocasiones también de arena y que se ve cortado por el cauce de ríos, amenudo secos, que reviven cuando se producen lluvias o deshiela en las tierras elevadas de los Andes. Estos ríos, cortos, cuando son de caudal más continuo permiten el aprovechamiento del suelo para la agricultura y dan lugar a plantaciones de caña, de espárragos o de alcachofas que rompen con su verde el continuo marrón del suelo.

Al otro lado de los Andes, en la vertiente que mira a Colombia y Brasil, predomina la selva. Dicen que la selva representa el 60% de la superficie del país. Pero hay que distinguir. Todavía en las estribaciones de la cordillera, el bosque coloniza las tierras de altura. Es la 'ceja' de selva que asoma, por ejemplo, en el Machu Picchu y que muestra que Perú ocupa una región tropical. Es bosque de montaña que a medida que se desplaza hacia el este desciende a la llanura y penetra en el espacio de la gran cuenca amazónica.


[editar] La población

La población peruana supera los 30 millones de habitantes y es básicamente multirracial. Indios, mestizos y blancos componen, en proporciones muy distintas, el grueso del país. Algo así como el 40% de los habitantes son mestizos, el 30% indígenas puros y el 15% blancos.

Tras la conquista, inmigrantes fundamentalmente españoles se instalaron en Perú. Con el tiempo, la falta de mujeres en edad de casarse dio lugar sobre todo en las ciudades al crecimiento de una importante población mestiza que acabó por hacerse mayoritaria.

Al margen del mestizaje, la población india mantuvo su división en numerosas etnias, que con el tiempo fueron desapareciendo. Las enfermedades, poco después de la llegada de los españoles, afectaron duramente a la población indígena. Luego, los reasentamientos de comunidades enteras, el trabajo en las minas, la explotación de la agricultura en forma de plantaciones, la explotación de la región del Amazonas como consecuencia de la 'fiebre' del caucho, entre otros motivos, supusieron severas cargas para la población que vio afectado su hábitat y los recursos de los que vivía. Como supusieron también verdaderas catástrofes las guerras. La guerra del Pacífico con Chile, la guerra con Ecuador, y en época reciente el gravísimo enfrentamiento que rodeó a la aparición de Sendero Luminoso dio lugar a desplazamientos de la población campesina que debió abandonar sus tierras y quedó sin medios de vida.

Hoy existen más de cincuenta etnias, de una población que se acostumbra a denominar 'campesina', muchas de ellas en rápido proceso de extinción. Vestidos, costumbres, oficios se mantienen en ellas, además de la lengua. Como se mantienen también formas sociales de organización que afectan a las autoridades, al mantenimiento de la justicia en algunos niveles, al trabajo cooperativo y al reparto del uso de la tierra de propiedad comunal. Más de un 10% de los peruanos pertenecen a comunidades diversas cuya lengua principal es el quechua. El aymara, la segunda de las lenguas indígenas todavía vivas, lo habla una población que no alcanza las 500.000 personas.

Además de mestizos, indios y blancos, llegaron a Perú chinos y africanos, sobre todo cuando, a mitades del XIX, se abolió la esclavitud de la población indígena y fue preciso contar con mano de obra nueva para trabajar en las plantaciones. Y llegaron también, a principios del XX, japoneses a los que llamaron nikkey como resultado de una campaña del gobierno asiático que acordó con distintos países sudamericanos facilidades para la emigración de ciudadanos de Japón.

Chiclayo: vendedor en el Mercado Modelo
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Artesana en Chinchero
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Hombres en la isla de Takile
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[editar] Un resumen de la historia

Al principio

Ruinas de Sillustani
Templo de Viracocha
Huaca de la Luna
Cuzco, convento de la Merced
Pintura de la escuela Cuzqueña
Arequipa, convento de Santa Catalina
Casona en Trujillo
Trujillo: Casa de la Emancipación
'Bazar' en el mercado de Cuzco
Museo de El Brujo

Los incas, que encontraron los españoles a su llegada a Perú, han sido la estrella de las culturas precolombinas. Pero la historia empieza mucho antes y otras culturas y pueblos con un nivel de desarrollo extraordinario se desarrollaron en tierras peruanas desde los inicios de nuestra era. Los mochicas, sin ir más lejos, se asentaron en las regiones costeras próximas a lo que hoy es Trujillo entre el 200 y el 800 y dejaron construcciones monumentales -las huacas-, cerámica y joyas en gran número y de una calidad sorprendente.

En la misma época y algo después, los huaris, otro grupo étnico nacido en las tierras altas, emparentados con las tiahauanaco de Bolivia, crearon también una importante cultura -cerámica, tejidos, esculturas, arquitectura, cultivo en terrazas...-, y destacaron también como conquistadores. En esta faceta expansiva sometieron a un buen número de comunidades en un territorio extenso, para lo que hubieron de construir una importante red de calzadas que ampliarían más tarde los incas.

Un mosaico de reinos fueron apareciendo con mayor o menor fuerza y con mayor o menor dependencia de sus vecinos. Entre ellos, alrededor del año 1000 se localizan los chimúes cuya capital, Chan Chan, pasa por ser la ciudad de adobe más grande del mundo. Y se halla también el reino de Sicán, cerca de Lambayeque, que desarrolló una importante metalurgia.

Los incas

En medio de estos pequeños estados, en la región de Cuzco, se consolidó un reino que al cabo del tiempo iniciaría un poderoso movimiento de expansión. Estamos en el siglo XII y se trataba de los incas. A mediados del siglo XV el rey Inca Yupanqui se lanzó a la conquista de los reinos vecinos sometiendo bajo su imperio a una población que alcanzó los 10 millones de súbditos. El territorio que ocupa el Perú actual, una parte de Bolivia y de Chile quedó bajo su dominio.

Por supuesto, el dominio de los incas fue más allá de lo militar. Su administración se extendió, los caminos también para asegurar las comunicaciones, los mitos y los ritos religiosos incas cubrieron todo el territorio, la arquitectura con grandes bloques de piedra y las formas urbanas se hicieron patentes allí donde la presencia inca fue más poderosa, los cultivos en forma de terrazas se extendieron y los graneros que aseguraban la riqueza y el poder del estado también.

Los sucesores del Inca Yupanqui extendieron el imperio y ocuparon Ecuador. Pero entre tanto Colón había llegado a América y solo era cuestión de tiempo el encuentro de incas y de españoles. No había pasado un siglo desde que se había creado el imperio inca cuando en 1525 el rey Huayna Capac murió, seguramente contagiado por una epidemia de viruela que procedía de Europa y que asoló a la población indígena. La muerte prematura del rey enfrentó a dos de sus herederos, Atahualpa y Huáscar, provocando una guerra civil que no sólo supuso una enorme sangría para el pueblo inca sino también un grave enfrentamiento con los pueblos que había sometido el imperio. La victoria de Atahualpa en 1532 no le dio tiempo a reponerse de la catástrofe porque solo unos meses después de obtenerla tuvo que afrontar la llegada de Pizarro.

Llegan los españoles

Que los españoles buscaban oro no es ningún secreto. Pero tampoco era esa una manía que les afectara solamente a ellos. Para poner las cosas en su sitio hay que recordar la desesperación de los bizantinos cuando, de camino a Tierra Santa, los cruzados arrasaron su imperio en busca de joyas y se llevaron todo el oro que encontraron como un inmenso botín.

El caso es que Pizarro, con su pequeño ejército, encontró un imperio inca colapsado, con buena parte de la familia real asesinada en el curso de la guerra civil y con aliados para combatir a Atahualpa. Hecho prisionero tras una cruenta batalla, el rey inca pagó un elevado rescate para recuperar su libertad y Pizarro ofreció confusas esperanzas con el fin de aumentar su beneficio. Al fin, grandes cantidades de oro fueron a parar a los conquistadores que al cabo de un tiempo ajusticiaron a Atahualpa.

La toma de la capital, Cuzco, supuso el derrumbe de la administración y del poder militar del imperio inca. Tras ella, el desvanecimiento de la organización social, las enfermedades, las guerras, las hambrunas y el reasentamiento de las gentes que perdieron sus medios de vida diezmaron la población.

Enseguida Pizarro trasladó la capital a la costa y fundó Lima y se enfrentó a los últimos episodios de resistencia inca. Pero la discordia enfrentó a los conquistadores más notables, que acabaron en una una sangrienta disputa con asesinatos y condenas a muerte, una de cuyas víctimas fue el propio Pizarro.

La creación del virreinato puso en pie una organización enteramente nueva del país. La minería pasó a ser la nueva fuente de riqueza y el trabajo forzado -la mita que existía ya en época inca- el modo de obtener de la población indígena los recursos con que explotar la riqueza del suelo. Muchas tierras pasaron a manos de los encomenderos y de propietarios españoles y el adoctrinamiento de los indígenas en la religión cristiana se convirtió en una tarea primordial.

La riqueza fabulosa de Potosí no hizo de la vida en Perú un bálsamo de rosas. Los indígenas vivían sometidos y maltratados. Al menos la mitad de los hijos de españoles eran ilegítimos, nacidos de madres indias y crecidos en la miseria y sin protección. Los criollos que estaban por encima de los mestizos se veían superados por los españoles recién llegados con título de nobleza y con un nombramiento en el bolsillo. Y los recién llegados, pobres y sin nombramiento pasaban a engrosar una población irregular y de fortuna incierta.

Las tensiones afloraban y culminaron cuando en 1780 un descendiente de la realeza inca con el nombre de Tupac Amaru II encabezó una rebelión que haría historia, que se extendió rápidamente y que generó una durísima represión que hubiera debido desalentar cualquier otra aventura contra la Corona. Tupac Amaru II fue descuartizado en público y la paz asegurada por un tiempo.

La independencia

Pero la semilla de la revuelta estaba sembrada porque eran muchos los que no comulgaban con el gobierno español. Los criollos, nacidos en Perú, hartos de impuestos y de órdenes venidas de fuera defendían cada vez con más fuerza la independencia en toda la América española. En 1820 San Martín, procedente de Chile y al frente de un ejército, propuso al virrey un acuerdo para la independencia. La respuesta fue, lógicamente un no. Pero las cosas no eran fáciles para el poder de la corona. El gobernador de Trujillo a la misma propuesta contestó que sí y declaró para su dominio la independencia. Las fidelidades cada vez menos claras y la fuerza creciente de los sublevados llevó al virrey a retirarse de Lima que se pasó también al bando de los independentistas. Bolívar finalmente hizo su aparición en escena, dejó en un segundo plano a San Martín, terminó la conquista militar de las plazas fieles al virreinato, negoció la retirada del ejército real y, desaparecido el virreinato, hizo posible la proclamación de la independencia, en 1824.

La independencia no abrió un camino de rosas. Interminables peleas y pronunciamientos marcaron una etapa de gran inestabilidad. Pero el guano, el fertilizante que habían producido los detritus de las aves en la costa del Pacífico, se convirtió en una enorme fuente de dinero y a mitad de siglo el país pareció prosperar, abolió la esclavitud y empezó a dotarse de ferrocarril, de escuelas y de las modernidades que anunciaban el progreso.

Lo cierto es que pesaba más el enfrentamiento y Perú entró en la senda de los conflictos. Peleas entre caudillos, escaramuzas en la frontera de Ecuador, la famosa batalla de El Callao que enfrentó a la armada española con las defensas de la ciudad llevaron al país a la bancarrota.

Para acabarlo de arreglar, en 1881 estalló la Guerra del Pacífico por la que Bolivia perdió a manos de Chile su salida al mar y por la que Perú, en desorden total se vio invadida por el ejército de un Chile mejor organizado y con buen apoyo de Inglaterra. Los chilenos ocuparon Lima, la saquearon y se quedaron con un buen mordisco de la región más meridional de Perú, justamente la más rica en guano.

El siglo XX

Perú sigue dando tumbos. Otro período de recuperación mejoró la situación del país hasta la crisis del 29. Y a partir de ahí regresa la inestabilidad, emergen los partidos populistas como el APRA de Haya de la Torre y vuelve la presencia de los militares en la política. Desfile de dictadores, golpes de estado y crisis se suceden y hunden al país.

Velasco Alvarado era militar y era la época de lucha en todo Sudamérica contra el comunismo. Tomó el poder en 1968 pero en lugar de echarse en brazos de los conservadores se alineó con los populistas desbordando al Apra. Nacionalizó tierras, repartió propiedades entre los indios, hizo del quechua lengua oficial, fomentó las propiedades peruanas frente a los capitales extranjeros pero acabó fracasando y siendo él mismo víctima de otro golpe de Estado.

La aparición de Sendero Luminoso en 1980 marca el inicio de los que los peruanos llaman el Conflicto interno que duraría 20 años. La guerrilla maoista de Abimael Guzmán, apoyada en sectores de la población indígena, competía con el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru más próximo a la izquierda tradicional e igualmente alzado en armas.

Ambas guerrillas, con operaciones espectaculares, abrieron el camino a una verdadera guerra donde la población rural se encontró en medio del frente de batalla y que provocó grandes éxodos de población que buscó refugio en las ciudades. Episodios de guerra sucia por todas las partes, atentados que alcanzaron a las principales ciudades e inestabilidad política marcaron esta época.

Alán García, el primer presidente del Apra que llegaba al poder arruinó al país con una política económica desastrosa y tuvo que salir huyendo perseguido por la justicia. Tras él, en 1990 ganó las elecciones Fujimori.

Fujimori, hijo de japoneses, fue la eficacia oriental. Abrió el frente de la economía y el de la guerra y con el apoyo de una sociedad que buscaba soluciones aplicó los remedios más drásticos sin detenerse en sutilezas. Recortó donde quiso, subió precios en una medida estratosférica allí donde consideró, puso y quitó donde hizo falta sin importarle los sacrificios. Y la realidad es que consiguió estabilizar la economía. ¿A que precio? Al de llevar a buena parte de la población a una situación de auténtica catástrofe. Y con la guerra hizo lo mismo. Se valió de Montesinos para movilizar los bajos fondos del estado y poner contra las cuerdas a la guerrilla.

Si los resultados fueron los deseados, los costes fueron terribles. Montesinos fue juzgado y encarcelado por tráfico de armas y acusado de graves crímenes. Fujimori huyó a Japón, que lo protegió, pero fue detenido en Chile, extraditado a Perú, juzgado y condenado. Una Comisión de Verdad y Reconciliación -cuyos resultados quedaron expuestos al público en el Museo de la Nación de Lima- ha tratado de cerrar las heridas y de sacar a la luz los excesos en los que incurrió el estado además de los de la guerrilla y reconocer el sufrimiento de las víctimas.

Perú hoy

'¿En qué momento se jodió el Perú?' exclama el personaje de Vargas Llosa, en una pregunta que ha hecho fortuna.

La cosa viene de lejos. Pero la realidad es que tras años de sufrimiento, la historia atormentada de Perú parece cambiar de ciclo. Con la llegada del nuevo siglo Perú ha iniciado una senda de crecimiento económico sostenido que lo sitúa en el grupo de los países más exitosos. Alejandro Toledo, el primer presidente de origen indígena, terminó con normalidad su mandato y tras él regresó Alán García, seguramente más experimentado y con mejor orientación económica que tras su primer nombramiento. Ollanta Humala, teóricamente nacionalista radical, ha venido después, resultó moderado y a pesar de la buena marcha de la economía sufre el reproche de quienes esperaban de él una política más radical y populista.

Perú sigue teniendo graves problemas. Como toda la región, el de la población indígena, envuelta en la precariedad, con sus aspiraciones y sus particularidades y con una larga historia de injusticias a la espalda está en el centro de un conflicto unas veces latente y otras explícito y violento. La pobreza que sigue afectando a buena parte de la población a pesar del fuerte crecimiento de las clases medias urbanas, el temor a la reactivación de alguna forma de terrorismo en una región donde las guerrillas han sido un mal endémico, los casos de corrupción que afectaron a los últimos gobiernos, el narcotráfico ... son también problemas pendientes a los que habrá que dar solución para que queden encauzados y dejen de ser una amenaza.

En cualquier caso, el presente está resultando más que esperanzador. Da la impresión de haber roto una maldición que se cebaba en la historia peruana y parece hacer realidad el deseo que expresaba Jorgue Donayre, en ese poema cuyo título se convirtió en el mejor eslogan y que sigue vivo como el primer día: 'Viva el Perú, carajo'.


[editar] Las culturas

Cultura mochica (img. Museo Larco)

El mundo precolombino se construyó mediante la sucesión de pueblos y de culturas de características distintas y de una complejidad que ha llevado de cabeza a los arqueólogos. Para no perderse del todo en las visitas a los centros arqueológicos o entre las vitrinas de los museos se puede proponer el siguiente resumen:

Cultura Nazca. Se desarrolló ente los siglos I y VI en la franja costera del sur de Perú, aunque se extendió también tierra adentro. Dejaron canalizaciónes para uso agrícola, algunas pirámides escalonadas y las célebres líneas de Nazca próximas al litoral. Pero destacaron sobre todo en los tejidos y en la cerámica.

Cultura Mochica. Conocida también con el nombre de Moche, coincidió en el tiempo con la cultura Nazca. Nació igualmente cerca de la costa, pero su implantación tuvo lugar sobre todo al norte del Perú. Tuvo un desarrollo extraordinario. Los mochicas avanzaron en los conocimientos agrícolas y los regadíos y sobresalieron como extraordinarios ceramistas y también en trabajos de joyería en metal. Las huacas del Sol y de la Luna corresponden a la cultura mochica, lo mismo que el enterramiento del Señor de Sipán.

Cultura Huarí. La civilización Huarí se mantuvo aproximadamente entre los siglos VII y XIII. Los huarís tuvieron una fuerte vocación de conquista y su imperio abarcó desde la franja costera al norte del país hasta las regiones elevadas de la Cordillera. La escultura (monolitos), la cerámica y los tejidos, no alcanzaron la finura de otras culturas como la mochica.

Cultura Chimú. se expande entre los años 1000 y 1200, coincidiendo con el declive de los huari, y se asienta en la franja costera al norte de Perú, en un territorio parecido al que ocupó la cultura mochica. Dejaron muestras importantes de cerámica y de trabajos en metal y tuvieron como capital la enorme ciudad de adobe de Chan Chan.

Cultura Chancay. Tuvo su desarrollo entre los años 1200 y 1470, en la región costera central donde hoy se asienta Lima. Los chancay vivieron de la agricultura, la pesca y el comercio. Tuvieron su propia cerámica y destacaron en los tejidos y en el uso de fibras textiles para la fabricación de objetos de uso cotidiano, en el empleo de plumas para adorno, en la pintura y la joyería.

Cultura Inca. Fue la última de las grandes culturas precolombinas. Se fue formando con el desarrollo del imperio de los incas que aparecen en el siglo XIII y mantienen su estado hasta mediados del siglo XVI, tras la llegada de los españoles. La cultura inca recogió en realidad muchas de las aportaciones de los pueblos que fue conquistando a medida que expandió su imperio. Arquitectura, cerámica, joyería... florecieron en la época inca, aunque seguramente no alcanzaron en muchos casos la finura a la que llegaron otras culturas que les precedieron y de las que recogieron la influencia.

Cultura huari (img. Museo Larco)
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Cultura chimú (img. Museo Larco)
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Cultura inca (img. Museo Larco)
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[editar] Para leer

Como cualquier selección es discutible y, por supuesto, mejorable.

  • Guías
Perú Lonely Planet. O Geoplaneta, en su edición en español. Es ya un clásico y contiene un montón de información práctica, pero también cultural.
  • Revistas
Traveler, Condé Nast, nº 43. Muy interesante, bien editada, con mucha fotografía y tocando innumerables temas.
Altair nº 69. En el estilo propio de la revista, documentada y con artículos de lo más sugerentes.
  • Novelas
Lituma en los Andes. Mario Vargas Llosa. Planeta. Dicen que no es la mejor novela de Vargas Llosa y sin embargo sobrecoge. Toca el tema indígena, la guerrilla de Sendero Luminoso y la agobiante -y casi mágica atmósfera- de los duros años del terrorismo.
Conversación en la Catedral. Mario Vargas Llosa. Alfaguara. Un clásico y una novela soberbia.
Un mundo para Julius. Bryce Echenique. Anagrama. Algunos han dicho que era la mejor novela del autor. Premiada y muy celebrada, es una mirada a la clase acomodada en Lima.
Abril Rojo. Santiago Roncagliolo. Premio Alfaguara. Una novela de suspense que se desliza por los oscuros recovecos de la época de Fujimori.
Un millón de soles. Jorge Eduardo Benavides. Alfaguara. Una incursión en la vida de Velasco Alvarado y en la época de su dictadura.
  • Cultura
Mitos y leyendas peruanos. Ed. Siruela
  • Historia
Breve historia contemporánea del Perú. Fondo de Cultura Económica
Breve historia de los incas. Nowtilus
Historia de la conquista de Perú. Prescott. Ed. Antonio Machado. Convertida en un clásico y fundamental para comprender la época de la conquista.

Ver más libros


[editar] Qué ver

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  • Puno y el lago Titicaca



[editar] Algunos viajes por Perú

Perú es un país grande y con muchas cosas que ver. Diez días debiera ser lo mínimo, mínimo, para ver lo más importente: Lima, el lago Titicaca, Cuzco y el Valle Sagrado y Machu Picchu.

Sería mejor viajar un poquito más lento y parar además en Arequipa, una ciudad colonial llena de encanto, y perderse en los paisajes del cañón del Colca.

Pero todo lo anterior se refiere al sur. El norte es otro mundo y se está abriendo al turismo que hasta hace poco pasaba de puntillas. Trujillo, de casonas coloniales pintadas en vivos colores, sus célebres 'huacas', Chiclayo, con el Señor de Sipán, la Cordillera Blanca... dan mucho más juego al viaje.

Y todavía habría que hablar de la Amazonia, de paisajes y naturaleza totalmente distintos de los anteriores.

Los lugares mencionados no agotan ni de lejos todo lo que Perú ofrece (Nazca, para poner un ejemplo relevante). Pero para hacerse una idea ordenada del abanico de posibilidades entre las que elegir nada como entrar en los viajes por Perú.


[editar] Clima

Perú está en el hemisferio sur, muy cerca del ecuador. Las temperaturas no acostumbran a mostrar grandes variaciones y el viaje puede efectuarse con comodidad durante todo el año. Pero no hay que confundirse porque lo que marca el clima, tanto como la localización, es la altura y puede ocurrir que buena parte del viaje transcurra por tierras altas.

Lluvias: la temporada seca corresponde al invierno (a su invierno, entre mayo y agosto) y la húmeda al verano. Pero hay que saber que la zona costera es en buena parte desértica, lo que significa que llueve muy poco incluso en temporada de lluvias. Y algo parecido le ocurre a la fachada de los Andes que mira al Pacífico donde las lluvias son muy moderadas cuando se producen. En cambio, en las regiones más orientadas al Amazonas las lluvias se hacen más intensas. Alrededor de Cuzco, por ejemplo, las precipitaciones se acentúan entre diciembre y finales de abril y en la misma Amazonia su régimen es el típico de los trópicos con lluvias que suelen durar un tiempo corto.

Temperatura: la altura es la que manda. En la costa las temperaturas suelen ser moderadas todo el año. En la Amazonia hace calor incluso en invierno. Pero en el altiplano, en el área del lago Titicaca o en Cuzco el frío puede ser intenso y alcanzar los cero grados o descender por debajo de ellos por las noches en los meses de invierno.


[editar] Qué llevar en la maleta

Si se viaja en el verano europeo, lo primero que hay que llevar el ropa de abrigo. En lugares como Cuzco, de visita obligada, incluso durante el día puede hacer fresco y por la noche frío. Si se visitan tierras más altas -el lago Titicaca, el cañón del Colca, la Cordillera Blanca... - el aire frío y el viento pueden ser muy molestos si no se lleva ropa adecuada incluso durante el día.

¿Qué llevar? De acuerdo con lo dicho más arriba, habrá que estar preparado para el frío y al mismo tiempo para el sol. Lo ideal será ropa de abrigo y la posibilidad de quedarse en manga corta si hace falta. Conviene llevar un buen anorak, y algún forro polar o alguna chaqueta con una fibra aislante ligera como abrigo intermedio, alguna camiseta de un tejido técnico que se seque con facilidad y que ayude a guardar el calor, y pantalones cómodos para andar y para subir los escalones a los que los incas parece que tenían afición.

Calzado muy cómodo para caminar por los recintos arqueológicos -a veces muy extensos- y hacer las excursiones que suponen muchas de las visitas (Machu Picchu, las huacas, las islas en el Titicaca, el Valle Sagrado).

Bastones de marcha quien tenga necesidad de apoyos al caminar o sienta más fácil con ellos el andar en altura.

Llevar agua en la mochila será muy conveniente y quienes quieran disponer de su propia botella no debieran olvidarla en casa.

Sombrero, de ala un poco ancha, gafas de sol y crema para la piel son imprescindibles. Lo mismo que un repelente si se visita la Amazonia. Muchos recomiendan que se lleve también a Aguas Calientes para la visita a Machu Picchu.

Finalmente un adaptador para los enchufes, que en Perú son de patillas planas.


[editar] Mal de altura

El llamado soroche es una amenaza que no hay que subestimar pero tampoco darle exagerada importancia. Sus efectos dependen de las personas y tienen relación con la adaptación a la altura. En casos muy excepcionales se convierte en una dolencia grave porque sus efectos pueden acumularse. Pero lo normal son dolores más o menos intensos de cabeza, malestar de estómago y vómitos incontrolados.

Algunas partes del viaje pueden transcurrir entre los 3.500 y 4.000 metros y en ocasiones llegar cerca de los 5.000. Lo ideal es programar las etapas para hacer el ascenso de la manera menos brusca posible y dar tiempo al cuerpo a que se adapte. En todo caso, la recomendación en esos primeros días de contacto con la altura es comer con mucha moderación, prescindir del alcohol y beber mucha, mucha, agua.

El mal de altura se produce por la falta de concentración de oxígeno en la atmósfera. Con independencia de que afecte a la salud, la escasez de oxígeno se manifiesta en un mayor cansancio cuando se efectúa un ejercicio físico. Habrá que prestar atención a moverse lentamente, a subir escaleras a un ritmo más pausado que el habitual y a descansar cada poco hasta haberse acostumbrado.

Los peruanos que viven en las tierras altas son fervientes partidarios de la hoja de coca y para los turistas recomiendan el té de hoja de coca, que suelen ofrecer en todas partes. Sostienen que es buena para casi todo, su venta y cultivo es legal e insisten en que nada tiene que ver con el famoso polvo blanco con el que negocia el narcotráfico.


[editar] Seguridad

Perú transmite por lo general sensación de seguridad. Las personas son atentas y acogedoras, al menos en los lugares que suelen visitar los viajeros. Caminar por el centro de las ciudades o por los pueblos es una experiencia agradable y tranquila.

Los peruanos, sin embargo se muestran más precavidos y llaman la atención para que el visitante extreme la prudencia ante los hurtos o pequeños incidentes que puedan producirse. Recomiendan que se dejen los pasaportes, las tarjetas de crédito que no se utilicen y el grueso del dinero en la caja fuerte de la habitación cuando el hotel disponga de ella. Y que se vigilen bolsas y bolsillos en los lugares con aglomeraciones. Algunos bares tienen en las mesas cadenas con las que sujetar mochilas y monederos para que no se los lleve nadie en un descuido.

Es aconsejable llevar una fotocopia de los documentos importantes (el pasaporte, por ejemplo) y dejar el resto en el hotel.

¿Suena todo ello muy amenazador? Seguramente es puro sentido común y es la manera de ahorrarse un disgusto durante el viaje.


[editar] Documentación

Perú exige -al menos para los turistas españoles- disponer de pasaporte con una vigencia mínima de seis meses. Y exige igualmente rellenar un formulario de entrada que se entrega en el avión.

El pasaporte será de uso frecuente dentro de Perú. De manera que parece casi exagerada, será requerido en todos los hoteles, a la hora de tomar el tren y en algunas visitas a lugares importantes.

Y el formulario de entrada será requerido a la salida del país, de manera que hay que guardarlo como oro en paño si no quiere ganarse uno una regañina y a lo peor una multa.

[editar] Dinero

La divisa de Perú es el Nuevo Sol (abreviado PEN). Sujeto a fluctuaciones, la equivalencia es de algo más de 3 PEN por 1 euro.

El cambio de euros o dólares a nuevos soles se puede efectuar en los bancos y también en casas de cambio que son habituales en las ciudades turísticas y proliferan en Cuzco. Algunas casas de cambio tienen vendedores en la calle y casi todas ellas ofrecen un trato mejor que el de los bancos.

Se asegura que circulan billetes falsos y lo confirma el hecho de que quien cobra con frecuencia examina atentamente los billetes para garantizarse de que son de curso legal. Ello significa que conviene ser prudente con el cambio en mitad de la calle y dirigirse a una casa de cambio instalada en un comercio y debidamente anunciada.

En las ciudades los euros se cambian sin problema alguno. Lejos de ellas los dólares tienen mejor acogida, o lo que es lo mismo los euros reciben peor cambio. Una pequeña reserva de dólares puede resultar de utilidad, pero el caso es que con euros se puede cambiar en casi cualquier sitio.

Como precaución, será bueno preguntar si alguna tasa de aeropuerto está pendiente de pago y si este pago hay que efectuarlo en dólares.


[editar] Propinas

Como en tantos otros países, no son obligatorias pero son muy bien venidas. Algunos restaurantes incluyen en la factura un cargo por 'servicio', pero son una minoría. Los salarios acostumbran a ser modestos para camareros, mozos de equipajes, conductores y demás personal de servicio. Por ello agradecerán una propina si este servicio ha sido del agrado del viajero.


[editar] Taxis

Son baratos y en las ciudades grandes van pintados de forma que son claramente identificables. Coches particulares se ofrecen a veces como taxistas. Lo recomendable es emplear a taxis con la debida licencia.

Los precios no son caros, pero hay que negociarlos porque no está implantado el uso del taxímetro. Conviene informarse en el hotel, por ejemplo, sobre el precio aproximado de un recorrido para tener una orientación sobre lo que puede pedir el taxista.

En las ciudades pequeñas y pueblos el servicio de taxis lo realizan sobre todo triciclos. Los usan todos los peruanos y resultan más baratos que los coches.

En todos los casos no es habitual dejar propina al conductor.


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