Quito

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Contenido

[editar] Una leve introducción

Situada teóricamente en la línea del ecuador, Quito se convirtió en capital de uno de los dos reinos en que se dividió el imperio inca. La capital de la otra mitad del imperio se situaba en Cuzco y la relación entre ambas era de guerra civil a la llegada de Pizarro, en 1532. Los españoles vencieron al soberano inca Atahualpa y mantuvieron para la ciudad la primacía dentro de las nuevas tierras conquistadas. Aunque la capital del virreinato se asentó en Lima, y la importancia de las tierras de Ecuador fue menor comparada con las de Perú o Bolivia de las que se extraía oro y plata, pronto se concedió a Quito la categoría de Real Audiencia.

De estos orígenes, Quito conserva hoy un centro histórico que se considera uno de los grandes conjuntos de arquitectura colonial latinoamericana y que le valió el reconocimiento de primera ciudad en el mundo amparada por el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Pero conviene advertir al viajero de un matiz. Siendo Quito un conjunto único, no tiene la sensualidad barroca ni el aire provinciano y señorial que muestra, por ejemplo, Antigua en Guatemala. Ni tiene tampoco la atmósfera despejada, luminosa y caribeña de Cartagena de Indias. Quito refleja el entorno más duro de la cordillera de los Andes y tal vez, con sus calles no muy anchas y sin apenas árboles, una sobriedad que la acerca a las ciudades castellanas. Quito, asentada en un suelo de relieve intrincado, a los pies de un volcán, a una altura que la convierte en la segunda capital más alta del mundo ofrece su propia versión de ciudad colonial, de corte más contenido y menos sonriente.

Quito, con dos millones de habitantes (más de tres, si se considera el distrito entero) es la segunda ciudad de Ecuador, después de Guayaquil, en lo que a población se refiere. Capital del Estado, sede de la administración y el gobierno y situada en el centro del país mantiene una larga rivalidad con esta última, convertida en capital financiera, históricamente más inclinada a los negocios y con salida al mar.


[editar] Situación

El 'Crédito Agrícola'
El Panecillo
Fachada en la ciudad vieja

Quito se halla 2.850 m sobre el nivel del mar. Una altura suficiente para que a la llegada algunos perciban los efectos del llamado soroche. Se asienta a lo largo de un valle que discurre de norte a sur y que está limitado a occidente por el Pichincha, un volcán cuyas cumbres alcanzan casi los 4.700 metros y que entró en erupción por última vez en 1999 cubriendo la ciudad de ceniza.

Aunque la superficie urbanizada se extiende por el valle a lo largo de muchos kilómetros, el visitante recorrerá normalmente la ciudad vieja, donde se asientan la mayoría de edificios históricos, y el barrio de la Mariscal, un poco al norte, donde se sitúan los negocios, los bares y tiendas de corte actual y el bullicio propio de la ciudad moderna.


[editar] Visita a la ciudad

A efectos de una visita, la capital de Ecuador no es una ciudad enorme. Concentra los principales lugares de interés en un espacio relativamente pequeño. Dos días serán suficientes para conocer lo más importante.

Seguridad. Quito es una ciudad razonablemente segura. Se recomienda circular por las zonas concurridas y evitar las calles o espacios vacíos. El Panecillo es una loma al sur de la ciudad vieja coronada por una enorme -y poco afortunada- imagen de la virgen. Es un excelente mirador, pero los que saben del asunto aconsejan evitarlo justamente por incidentes de pequeños robos que se han producido.

Por la noche se pude caminar por los barrios del centro, procurando no salir de las áreas iluminadas.

Desplazarse. Las distancias no acostumbran a ser grandes dentro de cada barrio, pero de un barrio a otro el desplazarse puede llevar tiempo y esfuerzo. Por supuesto, la ciudad cuenta con transporte público, pero para los forasteros lo económico del precio de los taxis suele aconsejar tomarlos. Los taxis funcionan con taxímetro, pero por la noche la realidad es que el precio lo fija el conductor. Conviene negociarlo al subir para evitar sorpresas desagradables.

[editar] El centro colonial

Ver mapa de localización (en nueva ventana)

Con una planta de cuadrícula que permite orientarse con facilidad, data en buena medida de los siglos XVI a XVIII.

Plaza Grande. Rectangular y amplia es la plaza principal y el lugar habitual por donde empezar cualquier recorrido. A un lado se halla el Palacio de Carondelet, con una galería de columnas que lo convierten en un edificio de porte clásico, a pesar de sus dimensiones chiquitas. Real Audiencia primero y palacio de gobierno después fue muy modificado en el siglo XIX. Hay quien dice que la columnata procede del palacio de las Tullerías de París. Sede del gobierno, sólo se puede visitar en grupo, previa inscripción, aunque si la seguridad lo permite es accesible el vestíbulo de entrada desde el que se ve, tras una bella reja, un amplio patio de estilo español.

En otro de los lados de la plaza se levanta la Catedral. No es el templo más bello de la ciudad, aunque fue construido para ser el más grande. Terminarlo fue tarea de siglos a lo largo de los cuales fue acumulando una decoración teatral y ampulosa que da al interior la necesaria espectacularidad. En ella está enterrado el mariscal Sucre, el héroe de la independencia, y se guardan pinturas de la célebre escuela quiteña que llaman la atención por la mezcla de elementos locales (un cui -el llamado conejo de indias- o alguna llama) que se cuelan en las escenas religiosas de la Santa Cena o de la Navidad.

Pegada a la Catedral, en la calle contigua, la iglesia del Sagrario muestra una elaborada fachada (s.XVII) y es otra muestra del barroco quiteño.

Palacio Carondelet
La Catedral
Capilla del Sagrario
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Muy cerca de la catedral -en la calle García Moreno- se halla el Centro Cultural Metropolitano. Fue propiedad de los jesuitas -cuya iglesia está justo al lado- y ahora, muy bien restaurado conserva un claustro y un bello espacio destinado a biblioteca en los que merece la pena detenerse un momento.

En un edificio contiguo se halla la iglesia de la Compañía de Jesús. Muy bien restaurada, su interior es una explosión de oro y de filigranas ornamentales que la convierten en la iglesia más bella de Ecuador. Constituye un plato fuerte en cualquier visita de la ciudad y habrá que detenerse en ella para disfrutarla sin prisa.

Claustro del Centro Cultural
La Compañía
La Compañía
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Saliendo de la calle García Moreno por una perpendicular, a menos de un centenar de metros aparece la plaza inmensa de San Francisco, con la iglesia dedicada al santo en uno de los lados y tras ella la imponente silueta del volcán Pichincha. La iglesia sufrió a lo largo de su vida la inclemencia de los terremotos, pero ha sido cuidadosamente restaurada y muestra, entre otras cosas, un altar barroco con un enorme retablo dorado de gran calidad.

Próximo a la puerta de entrada a la iglesia está el acceso al museo. Merece la pena entrar en él, lo mismo que admirar el gran claustro del convento con sus palmeras y su suelo ajardinado y subir -por una escalera que da al claustro- hasta el coro de la iglesia. Desde la altura del coro se admira el interior entero del templo y un sorprendente y muy bello techo mudéjar.

Monasterio de San Francisco
Claustro de San Francisco
Artesonado del coro
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De regreso a la calle García Moreno se encuentra enseguida la Casa de María Agustina Urrutia. Es una casa patricia, convertida en museo y que no se suele visitar. Pero quien desee ver cómo era el palacete de una familia acaudalada y culta allá por el siglo XIX, con sus muebles, cuadros, salones y patio podrá satisfacer su curiosidad.

El Arco de la Reina
Teatro Sucre
Basílica del Voto Nacional

Siempre cuesta abajo por la calle García Moreno, aparece el arco de la Reina y enseguida el Museo de la ciudad.

Lo que ahora es museo funcionó como hospital desde el siglo XVI hasta finales del XX. La restauración del edificio y de sus patios es magnífica, lo que justifica una nueva parada en el recorrido por la ciudad vieja.

La calle García Moreno continúa unos metros más hasta donde parece terminar la ciudad histórica. Doblando en ángulo recto hacia la izquierda se entra en la Ronda. Es una calle estrecha, cálida, de casas antiguas, con sus pasillos de entrada y su patio abierto por el que se cuela el sol, llena de sabor. Ha sido ´colonizada' por pequeños restaurantes, bares con actuaciones musicales, galerías y espacios culturales modestos pero llenos de gracia y atractivos todos ellos. Es un lugar de atracción para los jóvenes, especialmente los fines de semana.

La calle Guayaquil toma la dirección hacia el norte y llega enseguida a la plaza de Santo Domingo. Espaciosa y animada, la bordea la iglesia de Santo Domingo, otro de los templos por el que los quiteños sienten especial devoción. La mayor cofradía de la ciudad se asienta en ella. Parte de la decoración se perdió a lo largo de tiempo, pero se ha conservado el retablo dorado y la ornamentación de la capilla del Rosario, una de las obras barrocas más importantes de la capital.

La calle Flores continúa hacia el norte y es una más del casco viejo salpicada de tiendas tradicionales. Desemboca en la plaza donde luce, renovado, el elegante teatro Sucre.

Un quiebro a la izquierda y otro a la derecha por la calle Venezuela se llega a la basílica del Voto Nacional. Gótica de pastiche -se empezó a construir a finales del XIX y no se dio por concluida hasta casi cien años después-, es obra de un arquitecto francés que parece que se inspiró en Notre Dame. Con el propósito de convertirse en el templo en ese momento más grande de la América Hispana, bendecida por el gobierno y apoyada por el papa, es muestra de la versión ecuatoriana del nacional catolicismo que tantos adeptos cosechó en la época. El visitante, aparte de satisfacer su curiosidad, podrá subir hasta la cubierta de la nave y desde allí gozar de la mejor vista que puede obtenerse sobre los tejados de la ciudad.


[editar] La ciudad nueva

Ver mapa de situación (en nueva ventana).

Hay mucha ciudad nueva en quito, pero la que interesa al visitante se sitúa inmediatamente al norte del centro histórico, en un espacio que estuvo ocupado por las grandes mansiones de los mas ricos de las que quedan algunos parques que ahora dan aire a la ciudad.

[editar] Museos

Museo del Banco Central

Casa de la cultura ecuatoriana. Junto al parque del Egido, en un edificio de cristal se halla el museo del Banco Central. El Banco, con la dolarización, perdió buena parte de su actividad pero guardaba una extensa colección de piezas de arte ecuatoriano que cubren la época precolombina, la virreinal y la posterior a la independencia. El museo no suele formar parte de las visitas turísticas, aunque tiene piezas sobresalientes. Los aficionados a la cultura encontrarán en él uno de los mejores museos del país.

Museo Guayasamín. Bastante apartado (calle Bosmediano 543) se encuentra la antigua residencia de Oswaldo Guayasamín, convertida en museo. Guayasamín (1919-1999) es el pintor y escultor más conocido de Ecuador pero también fue un gran coleccionista. Su casa, blanca, de estilo colonial, aunque moderna, muestra su extraordinaria colección de piezas prehispánicas y de arte religioso.

La Capilla del Hombre. A muy poca distancia del Museo Guayasamín se levanta un edificio moderno, de diseño estricto, de fachadas planas construido en bloques de piedra negra. Es la Capilla del Hombre que Guayasamín dedicó a la humanidad y de modo muy especial a los indígenas. Los murales que se muestran están entre los mejores del artista. Merece la pena la visita.

Museo Guayasamín
Museo Guayasamín
Museo Guayasamín
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Capilla del Hombre
Capilla del Hombre
Capilla del Hombre
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[editar] Mariscal Sucre

Aunque tiene pocos años de vida, si se compara con la ciudad colonial, merece la pena pasearse por Mariscal Sucre porque como barrio tiene su encanto y ofrece una imagen más dinámica de la ciudad. Por oposición a la ciudad vieja, es un lugar animado y vivo que refleja el Quito moderno. Tiendas, centros comerciales, oficinas de negocios se han instalado en este lugar. Gente de compras y oficinistas que a la salida de su trabajo toman alguna copa en cualquier bar animan el ambiente. Numerosas casitas unifamiliares, de cuando Mariscal Sucre era un barrio exclusivamente residencial, se han convertido en restaurantes o en locales con música que se llenan de jóvenes por la noche, especialmente los fines de semana. La vida en el barrio se centra principalmente alrededor de la Avenida Amazonas y de la Avenida Foch. Aseguran que conviene andarse con cuidado, sobre todo por la noche, para prevenir el trabajo de los rateros.

[editar] Teleférico

Vista desde el Teleférico

El volcán Pichincha es, cuando no hay nubes, la mejor atalaya desde donde contemplar la ciudad. Un teleférico que arranca de uno de los barrios del norte asciende por su ladera y permite alcanzar la cota de 4.100 metros. Las vistas son espectaculares y la sensación de estar en la naturaleza es muy atractiva también.

[editar] La Mitad del Mundo

La Mitad del Mundo

A algo más de una veintena de kilómetros de Quito se encuentra La Mitad del Mundo, un parque público que recuerda que estamos en la línea del ecuador. Para los turistas es casi una visita obligada y se incluye en todos los programas. Y para los quiteños es un espacio al aire libre donde pasar el domingo en un ambiente animado.

Se trata del lugar donde La Condamine (1736) hizo los cálculos que le permitieron situar de manera precisa el ecuador y poner las bases para la medición del meridiano. Un espacio ajardinado y con algunas esculturas rodea al monumento que sostiene en su cúspide la bola del mundo, cuyas aristas señalan los cuatro puntos cardinales y que supuestamente se halla sobre la línea del ecuador. El tiempo y el gps demostraron que el ecuador de verdad quedaba a 240 m de donde estaba el monumento, pero ni era cuestión de mover el parque ni tampoco de perder la emoción de estar en un lugar muy singular del planeta.

Museo Inti Ñam

A poca distancia, un museo -éste de iniciativa privada- pretende situarse en la verdadera línea ecuatorial. Es el Museo Solar Inti Ñam, un espacio al aire libre, algo destartalado, recorrido por senderos donde unos guías explican detalles de la vida primitiva de los indígenas, de sus costumbres y su cultura. El plato fuerte lo pone la ciencia y las explicaciones sobre los múltiples efectos que tiene la línea del ecuador en el equilibrio y la fuerza de las personas -algo parecido a las pulseras magnéticas- y en el giro del agua al pasar por el desagüe según se haga la prueba a un lado o al otro de la línea. Un lavabo provisto de unas patas transita de un hemisferio a otro y suelta una y otra vez agua por el sumidero ante la mirada encandilada de la mitad de los visitantes y la sonrisa incrédula de la otra mitad poco convencida por el trato que recibe el 'efecto coriolis'.


[editar] Dormir

La mayor parte de hoteles modernos están en el barrio de Mariscal Sucre. Pero dormir en la ciudad vieja tiene sin duda un encanto especial.

En la gama alta de precios, el hotel Patio Andaluz -García Moreno N.6-52- ocupa una vieja mansión perfectamente restaurada a muy poca distancia de la Plaza Grande.

Mucho más económico, el Hostal Quito Cultural -Flores N.4-160- está muy bien situado, con instalaciones agradables, en un edificio de corte tradicional.

En el barrio Mariscal Sucre, el Café Cultura -Robles 513 Y Reina Victoria- encaja en la categoría de hotel con encanto. Ocupa una casita de aires coloniales, decorado con personalidad, con un deje tradicional y al mismo tiempo con vocación artística.


[editar] Comer

Ciudad vieja

En la misma Plaza Grande en el lado opuesto a la catedral se halla el palacio arzobispal. Una parte del mismo se ha convertido en un pequeño centro comercial. Asomados al patio dos restaurantes merecen la pena. Uno es El café del fraile y el otro Si Señor...

Ciudad nueva

La Choza (Av. 12 de Octubre N24-551) pasa por ser uno de los mejores restaurantes de cocina ecuatoriana de la ciudad.

Pavarotti (misma dirección), en un local muy cuidado y atmósfera tranquila y agradable, ofrece una excelente cocina italiana.

También italiano, el Carmine (Catalina Aldaz y Av de Portugal) es uno de los lugares elegantes y de moda, considerado entre los mejores de la ciudad.

La cocina peruana tiene en Ecuador fama reconocida. Segundo Muelle (Isabel La Católica N24-883) es muy recomendado.




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